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23 noviembre, 2012

El miedo a pensar

Ayer estuve en un taller analizando un par de mitos griegos. En el taller se nos pedía que los reescribiéramos a nuestro gusto, que le diéramos una vuelta de tuerca a la historia. Mis compañeras más cercanas, en cuanto les dijeron que había que escribir se pusieron a resoplar como colegialas fastidiadas -hablo de mujeres que rondan la treintena, allí yo era la más joven con diferencia-. Como si escribir quince líneas aportando un poco de tu pensamiento costase la vida o algo por el estilo.

-Puff... es que a mí no me apetece pensar -decía una- yo estar aquí escuchando vale, pero pensar como que no.
-Yo es que no sé escribir -decía otra- a mí me sacas del tema de las bodas (¿?) y no sé qué decir.
-Yo es que no tengo imaginación ninguna -decía la tercera- yo te cuento si quieres algo que sé, pero ponerme ahora a inventar una historia...

A mí me entraron un par de arcadas sinápticas cuando escuché esto y me mordí la lengua para no convertir el taller en una batalla campal. Una de las vocecitas malvadas que tengo en la mente me dijo: ¿ves? por eso no te gusta la gente aleatoria, porque dicen burradas como esa, te revuelven la bilis y encima como cuentan con el apoyo del grupo, al final siempre quedas como abogada del diablo -de hecho ya les había discutido algunas cosas antes de haber llegado a este punto en el taller y me habían mirado como si estuviera loca-.

Hoy me encuentro con una entrevista a Julio Anguita donde dice lo siguiente:

"El miedo a pensar, ¡un país que tiene miedo a pensar! Este es un país en el que se pone un hombre delante de un toro, pero póngale un libro y sale huyendo. “Yo no quiero saber nada, yo no quiero saber nada” es la confesión de una parte de la población que tiene miedo a pensar. Eso está ahí, lo veo todos los días. Viene de muy atrás, de la época de Fernando VII. ¿Por qué? Porque ha habido una Iglesia y la historia pesa: tú no pienses, tú te vas a salvar, hijo mío, todo lo que es pensar es nefando. "

Imagino que sí, que en parte la herencia católica pesa bastante y que ha ensalzado el dogma por encima del pensamiento, pero el problema llega desde muchos ámbitos. Comentaba ayer el bajón que han pegado todas las Artes en cuanto a calidad. Cómo se estimula la venta de best-sellers facilones, de películas con guiones precarios y cargadas de edulcorante, de cuadros de Ikea simplones y anodinos... La cultura del envase. Todo muy bonito por fuera, pero carente de contenido. Y eso es lo que se vende y lo que nos intentan hacer comprar.

En el tema que me toca de forma más personal, la literatura, lo veo claramente. Es mejor leerte una bazofia que te ocupa dos tardes o menos porque las estructuras sintácticas son típicas de preescolar, sin giros en el lenguaje, sin tramas complicadas, y luego puedes comentarlo rápidamente con tus amigos más cercanos. Después te lees otro libro en otras dos tardes y vuelta a empezar. Y así se dice que la gente "lee" y va de megaculta por la vida. Pero es que leer "A tres metros sobre el cielo", "Crepúsculo" y "50 sombras de Grey" tiene menos valor que leer las etiquetas del champú en el baño. Mis compañeras de taller se los habían leído todos pero cuando les habían dicho: venga, piensa un poco en lo que acabamos de comentar y escribe quince líneas en un folio, se echaron a temblar. Porque se puede leer libros sin pensar, ver películas sin pensar, votar sin pensar y hablar sin pensar, pero pararse a pensar para hacer lo anteriormente descrito es otro tema.

Se ensalza lo rápido, lo que no te hace pensar y lo que te "entretiene". Que no es que el entretenimiento porque sí no esté bien, no es cuestión de ser nazi tampoco; pero joder, pasarse la vida como un zombie lobotomizado es peligroso. Es peligroso porque vivir en sociedad requiere esfuerzo, y requiere esfuerzo porque echa mano del pensamiento inevitablemente. Y pensar necesita tiempo, necesita probar A y B y C, y luego darte cuenta de que Z es una solución viable. Pensar significa equivocarse, cambiar cada día, pasarte tres meses leyendo un libro que ni siquiera llega a las 400 páginas porque cada capítulo te deja la cabeza llena de cosas sobre las que reflexionar y necesitas tiempo para digerirlo y enfrentarte al siguiente. Y eso no estimula la compra compulsiva en las librerías, el pensamiento adormecido necesario para encontrarte con una bazofia y opinar que es una obra maestra.

¿Cómo se puede vivir así? Imagino que fácilmente, ya que lo raro es lo contrario, vivir en un mundo donde te sientes una marciana todos los días porque entras a discutir un tópico que los demás apoyan y retroalimentan como si fuera una verdad universal, y quedarse callados luego, como si acabaras de tirar un petardo en mitad de la sala. Es más fácil decir que "no tengo imaginación", "no sé escribir", "no me apetece pensar", que cultivar el mayor don que tenemos como especie. Porque una excusa rápida la ponemos todos, pararte a pensar, invertir en eso tu tiempo y comprometerte con tu propio pensamiento es mucho menos frecuente. Y luego la conflictiva soy yo, encima. Conflictiva tú, so zorra, que me estás haciendo dudar acerca de si pegarme un tiro en la frente o pegártelo a ti.

Al contrario de lo que la gente suele pensar, no me gusta discutir a cada tres frases, ni escribir textos largos como este a menudo, con las mejillas encendidas por la rabia y la indignación. Llega un punto en el que  hasta a mí me da pereza buscar los cimientos del pensamiento de la persona e ir tirándoselos uno a uno. Primero porque que a una persona le hagan eso no le gusta y segundo porque detenerme a hacer eso con cada puñetera persona que me encuentro no suele servir para nada, ya que a la mínima de cambio pasan a otro tema, borran ese instante en el que les he desarmado el discurso y siguen con su vida. Y si ya son un grupo confabulándose entre ellos y diciendo todos los mismos tópicos, de verdad que me entran ganas de quedarme en casa con mis gatos. Me consta que ellos piensan más que la mayoría de personas que me rodean a diario. 

Encontrar a alguien con el suficiente valor para pensar es un tesoro, si encontráis a alguien así no os libraréis de los debates, las discusiones y los puntos de vista radicalmente opuestos, pero joder ¡qué puto placer hablar el mismo idioma!

21 noviembre, 2012

Reflexiones y preguntas sobre la monogamia y la monoandria

Las preguntas y reflexiones que voy a plantear son fruto de las cosas que leo, vivo y escucho. Sin pretender en ningún momento dogmatizar el asunto, ni tener ni puta idea en qué concluye todo esto, salvo datos antropológicos y psicológicos acerca de cómo viven y resuelven los conflictos en distintas partes del mundo lo seres humanos y de por qué sentimos lo que sentimos, procuraré plantear una serie de preguntas que me hago cuando veo lo que veo.

Nuestra sociedad nos pide que, cuando nos enamoramos, guardemos fidelidad eterna a la persona de la que lo hacemos y esto genera muchos conflictos, según veo. Bien es cierto que cuando dos personas están enamoradas normalmente no tienen ojos para nadie más durante un período del tiempo, pasado el cual, la bestial reacción química desaparece y la relación se transforma en una cálida relación amorosa basada en el respeto y la confianza. Pero, ¿puede haber respeto y confianza en una relación cuando la sociedad nos pide encarecidamente que ocultemos a los demás y a nosotros mismos nuestros deseos?

A día de hoy no he conocido jamás a una persona que, teniendo una relación estable con un alguien, no se haya sentido atraída por otra persona -o incluso haberse enamorado-. Como confidente de algunas personas que soy, no ha faltado en mi vida ver a personas llorando amargamente por ser infieles a su pareja y preguntándose por qué han actuado así, personas reprimidas con sentimientos de culpabilidad por desear a otra persona además de su pareja sin saber qué hacer, personas destrozadas al saber que su pareja les ha sido infiel. Y cuando veo todas estas situaciones llenas de sufrimiento, angustia, ansiedad, estas vidas llenas de mentiras, de represión, de negación para consigo mismas me pregunto ¿realmente es todo esto necesario?

¿Cuándo decidimos privatizar el amor? ¿Cuándo decidimos que había una sola forma de amar, de follar, de formar una familia en detrimento de todo lo demás? ¿Es realmente respetar a tu pareja el hecho de negar nuestros impulsos sexuales, es decir, es respetar una pareja el no serte fiel a ti mismo? ¿Tan mal estaría destrozar de una vez por todas esa imposición, que nadie elige pero que tienes que cumplir a rajatabla, de ser fiel hasta que la muerte os separe sin una previa negociación de las partes? Pensad en cuántas escenas de celos ahorradas, cuántos sufrimiento ahorrado, cuánta ansiedad eliminada si pudiéramos comprender que se puede amar a muchas personas, que se puede terminar con la idea de que el amor y la posesión son la misma cosa. ¿Acaso cuando te acuestas con una persona significa que dejas inmediatamente de amar a otras? No, porque crear nuevas relaciones, nuevos sentimientos, no eliminan mágicamente los que ya hay. Los sentimientos caducan por otros motivos. Igual que quieres a mamá y a papá, porque son personas distintas y cada uno te aporta algo diferente, se podría querer también a Fulanito y Meganita y todas sus variantes, cada uno por lo que son, cada uno por lo que te aportan. Amar sin limitaciones, amar sin celos de por medio, amar sin culpabilidad. Amar sin sufrir, en definitiva.

Leo a la antropóloga Helen Fisher, leo a Marvin Harris, hablando sobre otras culturas. De cómo todos cuidan a los hijos que nacen de una mujer en otros lugares, donde un niño no tiene preferencia sobre otro en la tribu, donde todos son hijos de todos y por eso merecen el mismo cuidado y respeto. Donde no hay lugar para el egoísmo, ni el sentimiento de que una persona sea sólo para el disfrute privado de otra. Lugares donde parecen sin duda más felices sin el concepto de propiedad privada, más allá de una choza o una porción de tierra donde poder vivir. 

En nuestra sociedad se nos entrena para consumir. Para tener. Tener casa, tener coche, tener pareja, tener hijos. La perfecta cadena del consumo incontrolado. Por eso se protege el matrimonio, donde tu marido es sólo tuyo, tu mujer es sólo tuya y por lo tanto los hijos tienen unos padres muy claros -casi siempre, claro-. Interesa sacrificarte por tu prole, que tus hijos sean competitivos con los hijos de otros para poder escalar en la jerarquía social y así tener más cosas que nadie. Consumir más que nadie, pagar más que nadie. ¿Esto es lo que queremos en nuestra sociedad, competitividad en lugar de cooperación?

Si todas y cada una de las personas que he encontrado en la vida, entre las que me incluyo, hemos deseado a personas más allá de lo estrictamente normativo, será que la monogamia y la monoandria que nos imponen falla por algún lado, ¿no? Ay, ¿será que no estamos hechos para ser propiedad de alguien y ser felices a la vez? Hay personas que viven en monopareja toda su vida y se declaran felices, ¿lo son realmente? me pregunto. Cuando les preguntas muchas veces cómo han durado tanto tiempo juntas, te suelen responder con una palabra: sacrificio. Sacrificio de deseos personales, imagino. Sacrificio de tu propia individualidad en nombre de la pareja. Dos personas sacrificando aquello que podrían llegar a ser si no tuvieran una pareja que las "castrara". O no, quién sabe. Las parejas que llegan juntas a su lecho de muerte después de cincuenta años de matrimonio feliz son pocas. Es una fórmula a la que se supone que todos aspiramos, pero que funciona sólo en una  parte de la población casi residual.

¿De veras deberíamos en nombre de la fidelidad, del "sólo soy tuyo y de nadie más", llevar una vida ya sea de mentiras o de represión? ¿No estaríamos más sanos mentalmente si pudiéramos besar a quien nos diera la gana, acostarnos con quien nos diera la gana, amar a quien nos diera la gana, simplemente siendo sinceros con respecto a nuestros sentimientos y deseos? ¿Mantener el enamoramiento de dos, tres personas a la vez, sin tener que sacrificar un amor por otro con el consiguiente sufrimiento? ¿Entender que los celos no tienen cabida si esa persona afirma que te quiere, pero sin que tenga que renunciar a amar a otra persona si así sucede? Tener libertad, en definitiva, para establecer qué relación queremos tener y no dar nada por sentado, en lugar de poner una etiqueta a una persona y otorgarle así una serie de derechos y responsabilidades que no ha elegido.

Pensar que las parejas llenas de amor que duran para siempre apenas son reales. Que nuestras mentes piden otra cosa, otra manera de vivir. Terminar con conceptos como el adulterio y la infidelidad, con sentimientos negativos como los celos y la inseguridad, dejar de ver bien el llamado sufrimiento por amor. Acabar con la imposición irreal y ficticia de las relaciones monoafectivosexuales. O lo que tendría un valor incalculable: terminar con los asesinatos o maltratos que intentaran justificarse con "la maté porque era mía".

Decía Helen Fisher que el ser humano está en el mundo para reproducirse, no para ser feliz. Y yo me pregunto, ¿podría el ser humano ser feliz si supiera cómo?


(Agradecería vuestros comentarios -aunque sea como anónimos- con todo el debate que pueda surgir de este post, me parece un tema de lo más interesante)

20 noviembre, 2012

Aquellos días de cine y cerveza

Imagino que estoy igual que muchos de vosotros. A medio camino entre el estrés, la ansiedad, la tristeza y el enfado. Lo que vulgarmente se llama "frustración", vaya. Y a pesar de esto soy consciente de que soy muy privilegiada porque hay bastantes más personas de las que me gustaría que tienen menos que yo -y eso que yo tengo poco- y esto no es más que una pataleta por "tonterías".

El otro día me puse nostálgica. Me puse a recordar aquellos días en los que llegaba el fin de semana y siempre podía salir, a donde fuera. ¿Os acordáis de esos días en los que ir al cine era un plan, aunque cada día estaba más caro, plausible? Incluso al principio, cuando una entrada todavía se situaba entre los 3 y 4,5 € (aunque recuerdo el cine a 300 pesetas), yo me pasaba los fines de semana allí metida -siempre que no hubiera bazofia que ver, claro, si no no me veían el pelo-. Eso era hace unos cinco, seis años. Madre mía. Cinco o seis años. Desde hace por lo menos tres, ir al cine se convirtió en un lujo. De ir tres veces al mes pasé a ir tres veces al año, mirando con lupa qué película ver porque no tenía dinero para acudir tanto como me gustaba. Creo que he llegado a pasar más de un año sin pisar un cine. Cuando me enteré de la subida del IVA me concedí los últimos caprichos, entre el cine de verano -más barato- y mi última entrada al cine convencional (después de llevar meses y meses sin aparecer por una sala). Eso fue en agosto, para despedirme. No sé cuándo volveré a pisar un cine, no veo probable que lo haga en mucho tiempo, ¿tal vez nunca más?. Entre la engañifa del 3D, la basura que proyectan y el precio de la entrada, no tengo posibilidad de ir ni motivación. Salvo la nostalgia. Me gustaba la experiencia de ir al cine. Era un espectáculo, joder. Llegar, sentarte frente a esa pantalla que parecía que te iba a comer, que se hiciera el silencio en la sala y verte envuelta en sonidos e imágenes. Me emocionaba, me asustaba o me sentía eufórica. A menudo salía con el corazón en un puño, destrozada o con ganas de comerme el mundo. Y cuando ibas con amigos o familia era triplemente divertido. Elegir la película, sentarte con ellos y luego comentar lo que a cada uno le había parecido. Y luego pasaba el tiempo y un día decías: ¿Te acuerdas cuando fuimos a ver...? Y te reías con esa persona recordando que a ti te pareció bazofia y le dieron un Oscar después a la película por alguna cosa absurda, o que al de delante se le cayeron las palomitas y cuando se encendieron las luces estaba muerto de vergüenza, o que le tuviste que dar a tu amiga un pañuelo porque se le caían los lagrimones, o porque te sentiste identificada con algún personaje, o porque después tenías un subidón de adrenalina, o porque de la tensión se te saltó una lentilla en mitad de la sala -soy un desastre, lo sé- o porque luego te pasaste una semana con la banda sonora en la cabeza tarareándola a todas horas. Tengo muchos buenos recuerdos ligados al cine y ahora a menos que me pase tres meses ahorrando no voy a tener posibilidad de construir nuevos. Y me jode enormemente. Me jode porque ya no es un plan. Y llega un domingo lluvioso y me pregunto: bueno, ¿yo que hacía en estos días para que no me entrara el bajón? Algo que ya no puedo hacer: ir al cine.

No ya sólo el cine, ir a tomar una cerveza con alguien cada día resulta más difícil. Se ha notado muchísimo el IVA en la compra. Con 9 euros yo hacía maravillas. Ahora nueve euros te dan para comprar 3 productos básicos y da las gracias. No es de extrañar que cierren tantos sitios, ahora la cerveza te la tomas en tu casa y cada día incluso esto es más un lujo, porque con ese dinero puedes comprar macarrones para comer, por ejemplo. 

Y luego abres el armario y está lleno de ropa "por si acaso". Jerseys llenos de bolitas, camisetas con agujeros, pantalones con descosidos que no has tirado porque no sabes cuándo vas a poder comprar ropa, de atuendos cochambrosos que normalmente utilizarías para trapo de limpieza pero que ahora guardas con celo "por si acaso" no puedes comprar ropa dentro de un mes o tres. Y como encima la ropa que hacen a día de hoy es una mierda, hecha para que la tires al año en plan obsolescencia programada, cada día te das más cuenta de que te vas quedando en harapos. Y no puedes renovar armario. Y comprar unos malditos calcetines vale casi igual que una entrada al cine, o cuatro cervezas o seis paquetes de pasta. Y haces las cuentas y te compensa más sobrevivir que ir guapa o pasar un rato con los amigos. Nos van arrinconando en nuestras casas, saliendo para lo mínimo imprescindible porque eso es ahorrar en transporte, en cerveza y en vida social. Y si luego te cortan la luz, el agua y al poco te llega una carta del banco echándote de tu casa, normal que la gente se suicide. Primero te vas sintiendo cada vez más solo durante meses a base de recortes, los comedores sociales no dan de sí y de pronto no tienes dinero para no dormir en la calle. Es un drama. Por eso dentro de todo, aún me considero afortunada. Pero ¿hasta cuándo? Unos cuántos recortes más -aunque mi precaria economía no sé hasta qué punto es sostenible en el tiempo tal cual está- y me tendría que replantear seriamente muchas cosas. Como si me compensa vivir en otra ciudad distinta a la de mi familia, o si me compensa seguir estudiando, o si...

Hemos perdido tantas cosas, poco a poco en nuestro día a día, que echas la vista atrás y se te saltan las lágrimas. Mi mente había tenido a bien no echar cuenta de esto y el otro día algunas cosas que he perdido me vinieron de sopetón -he procurado no hacer un buen análisis de la situación por el bien de mi estado anímico-. Y las noticias son un golpe bajo, uno tras otro, varios cada día y así un día y otro y otro... Y con la moral por los suelos sólo puedes tirar hacia delante mirando a quienes te quedan alrededor, lo que te queda alrededor y los buenos recuerdos de aquellos días de cine y cerveza.

02 noviembre, 2012

Agnósticos y ateos; misma filosofía, distinta percepción de "dios"


Lo que nos separa a ateos y agnósticos es simplemente un problema en la definición del contexto muchas veces más que otra cosa.

No creo que ningún ateo ni agnóstico tuviera problema en aceptar una evidencia clara y absoluta de una existencia divina si algo que identificamos como “dios” en nuestras respectivas culturas bajara o subiera o se apareciera de alguna forma ante la humanidad.

Ahí entra lo peliagudo. ¿Qué es un dios? Por lo que vemos en la mayoría de las religiones, un dios es un ente sobrenatural, mágico por así decirlo, responsable de la creación de este universo y de las criaturas que vivimos en él, algo “antropomorfoseable” con lo que los seres humanos nos identificamos, un ente con sentimientos que vela por nosotros de alguna forma, una especie de protector invisible.

No tenemos pruebas de que algo así exista -lo más parecido que conozco en mi vocabulario se llama atmósfera-, más bien lo contrario. De hecho, tanto es así, que un dios puede ser lo que nos venga en gana porque no es evidente que sea una sola cosa: un dios puede ser una persona, un animal, la naturaleza abstracta etc. Es decir, que dios no es un término absoluto y bien definido, es una palabra baúl con la que cada uno hace lo que quiere. No es algo universal, no es algo evidente por definición. Es un término que simplemente responde a las necesidades de protección de algunas personas, que se sienten muy solas en esta vida -¿y quién no?-.

De este término adaptable para lo que a cada uno le sale de la punta, las religiones han sabido cómo hacer caja y cada una te lo vende como puede para conseguir adeptos e influir en las comunidades. A veces para bien, a veces para mal, pero prácticamente todas tienen un objetivo común: hacer proselitismo de su filosofía.

Puesto que la definición de “dios” es algo social, yo me declaro atea dentro de la sociedad en la que vivo. Es decir, que no me trago las definiciones de dios que da ninguna religión. Si se demostrara que existe una fuerza creadora de este universo, no la llamaría “dios”, probablemente la ciencia -el único camino fiable que conocemos hasta ahora para conocer la verdad- le diera una terminología apropiada. Si a día de hoy esa fuerza no se ha manifestado de una forma clara ante la humanidad, ni se ha preocupado de nosotros, no tengo que llamarla “dios” puesto que la especie humana le otorga ciertas cualidades protectoras a ese término y por ahora no me siento protegida por ningún dios en absoluto. Si no tengo un dios al que adorar ni que se preocupa por mí, puedo definirme de cara a la sociedad como “atea” puesto que dios tal y como yo lo entiendo y/o me lo hacen entender no existe.

¿Eso quita que si de pronto una mano sale del cielo y nos saluda a todos y se presenta como nuestro creador, niegue esta evidencia? Sería absurdo. Aunque desde luego le pediría unas cuantas explicaciones a ese supuesto dios, a parte de estar muy acojonada en los primeros momentos.

De hecho, normalmente cuando te defines atea ante la sociedad, los religiosos te suelen dejar más en paz porque te defines como incrédula ante las patrañas que te quieren vender. Un agnóstico que parece que está ahí, pichí pichá, esperando a que alguien le demuestre algo, suele ser más la comidilla de las sectas que deambulan por el mundo. Y un agnóstico en el fondo comparte la misma visión del mundo que un ateo, lo que pasa es que al ser tan generalista en su definición y no contemplar la parte social de la religión parece que está de acuerdo con ella en que algo así debe existir y que antes o después se mostrará. Y es tan escéptico como el ateo en que sin evidencias no puede haber aceptación.

En definitiva, si hay una fuerza creadora del universo no tiene las propiedades necesarias para ser llamada “dios” a mi entender. No debe ser venerada ni tenida en cuenta puesto que a día de hoy no tenemos evidencias de la misma. Como cada uno se quiera definir esa cosa suya, pero desde luego los ateos no dejamos la puerta abierta a cuentos para adultos como sí parecen hacer -de cara a los religiosos- los agnósticos.

A los ateos ya nos dan por condenados, a los agnósticos esperan convencerlos aportando supuestas pruebas de la existencia divina que no son tal ni para ellos, ni para nosotros.

Así que lo que nos diferencia a ateos y agnósticos es que los ateos nos definimos escépticos de cara a la sociedad -que es lo que nos afecta en nuestro día a día, digamos que es una visión más pragmática de la vida- mientras el agnóstico se define escéptico de cara al universo -aunque quien le va a dar por saco para que se convierta a una religión no va a ser el universo, sino el creyente próximo-. Pero con pruebas suficientes, ateos y agnósticos no tendríamos problemas en admitir la existencia de una fuerza creadora sólo que a lo mejor a los agnósticos les da por llamarla “dios”, ya sea un alienígena con antenas lo que se manifieste así o un torrente vital, y los ateos como que no vamos a caer en esa trampa , por definición.


dios.
(Del lat. deus).
1. m. Ser supremo que en las religiones monoteístas es considerado hacedor del universo.
ORTOGR. Escr. con may. inicial.
2. m. Deidad a que dan o han dado culto las diversas religiones.


01 noviembre, 2012

Dolorosas e ingenuas preguntas retóricas


Me llega al correo una petición de una plataforma de recogida de firmas a la que estoy inscrita con una dolorosa e ingenua pregunta retórica como supuesto título atrayente: ¿Qué medidas ha adoptado España para luchar contra la corrupción? Y la recogida de firmas trata de buscar una respuesta del Gobierno para que nos dé explicaciones, para eso se promueve esta petición.

Personalmente estoy harta de estas cosas. No de las recogidas de firmas, que a veces han dado sus frutos y la unión ciudadana ha conseguido cosas realmente hermosas para mejorar la vida de una persona o colectivo. Estoy harta de esas preguntas bienintencionadas, retóricas y aparentemente ingenuas para atraer al público supuestamente despistado, que leo en ocasiones como ésta, en titulares de periódicos, en artículos de blogs etc. Cuando leo ¿Qué medidas ha adoptado España para luchar contra la corrupción? Lo que me sale del fondo del alma es: Pues ninguna, gilipollas. Tal cual. Así de brusco. Porque estoy harta de que haya gente que parece que todavía no se entera y por eso nos traten a los demás como submentales. Este Gobierno no sólo no toma medidas anticorrupción, claro está, sino que además promueve leyes que facilitan la corrupción, los paraísos fiscales y las historias mil.

Estoy cansada de todas esas benignas preguntas que pretenden informar a los incautos. Quien no se haya enterado todavía de lo que pasa en este país o es subnormal profundo o es un cínico de aúpa que hace como que no se entera, no hay más. Lo que pasa es que cínicos y subnormales hay más de lo que a muchos les gustaría admitir. Preguntas como: ¿Tienen culpa nuestros políticos del agravamiento de la crisis en España? ¿Conoces las diez claves de las medidas del Gobierno? ¿Realmente Europa manda en España? Me revuelven en el estómago, me hacen tener crisis biliares y que me den ganas de buscar un fusil. Al principio, cuando a algunos nos pilló todo esto de despistados, allá por 2008, 2009, incluso 2010, todavía tenía sentido que se hicieran cosas de este tipo. ¿A finales de 2012 y con la que está cayendo? Dejen de tomarnos por imbéciles, por favor.

He dicho, repetido y discutido hasta la saciedad que eso de que la gente dice de que “es que el PP lo está haciendo mal” es mentira. El Gobierno a día de hoy lo está haciendo de puta madre, lo está haciendo maravillosamente, magníficamente, de hecho si me permiten la licencia, son casi una obra de arte las medidas que están tomando. ¿Qué pensáis que hacen los partidos de derecha? ¿Luchar por los trabajadores? ¿Fomentar la igualdad social? ¿Cuidar de lo público? ¿Hacer recortes en la Casa Real y en la Iglesia? El PP no lo está haciendo mal, está velando eficazmente por sus intereses. Ah, que no sabíais que al PP no les interesáis vosotros, ni yo, ni la pensión de vuestra abuela, sino los banqueros, los arzobispos y las grandes fortunas. Ah. Y los votásteis. Ah. Pues no os quejéis, imbéciles.

Las medidas criminales del PP no van a hacer sino empeorar, esto lo sabe hasta el tato, y me parece muy bien que protestéis, pero que recojáis firmas con preguntas ingenuas para pedir explicaciones al gobierno y que sigáis diciendo que el gobierno lo está haciendo mal, no tiene cabida a estas alturas. Otra cosa es pegarles sustos de muerte con huelgas -muy eficaz y principal arma de la ciudadanía contra la tiranía de los gobiernos-, rodeos al Congreso, a sus casas y a donde haga falta. ¿Pero recoger firmitas y preguntar al señor Rajoy por la subida del IVA que dijo que no iba a hacer? ¿Qué edad tenéis, por favor? Yo tengo sólo 22, la política de Aznar me pilló muy joven, pero mis dos dedos de frente me dieron para saber ya por aquel entonces que, por ejemplo, no poner remedio a la subida del precio de los pisos que hacía que la gente no pudiera tener una vivienda, que no escuchar a la población en cuanto a prestar apoyo logístico en una guerra tan criminal como todas, y que mentirnos a todos con que el 11-M lo hizo ETA, está mal. Está fatal. Mis dos dedos de frente me dieron para buscar de dónde venía el PP, la Historia que tiene detrás, quién es Rato, quién era Fraga, quién es Aznar etc. etc. Y me dio para entender que la Iglesia y el PP es la misma cosa -salvo por unos cuantos no sé si héroes y/o personas profundamente equivocadas que aún profesan cierta ética humana para con los demás aunque sea en nombre de Dios y no del humanismo-, que es un partido que luchará por la monarquía, por una falsa democracia más recortada, por privatizar lo que es de todos -cosa que ya hizo Aznar en sus tiempos- y por velar por unos pocos poquísimos y no por el resto.

Así que pedid antorchas, rodead sedes de partidos que permiten que se cometan atrocidades humanas en nombre de la banca -del PSOE también, que de esos también podría decir otras cuantas cosas-, votad partidos minoritarios y NUNCA dejéis de ir a votar, organizáos para hacer huelgas, piquetes o pedir prestadas guillotinas a los franceses, pero no malgastéis saliva ni tiempo ni esfuerzo en decir con una sonrisa de oprimido cobarde: Disculpe, señor Rajoy, ¿sería tan amable de explicarnos por qué su partido nos la mete doblada día sí, día también, nos escupe en la cara, nos mete fuego y luego se vuelve a follar nuestro cadáver? Es que hay propuestas ciudadanas muy interesantes para que usted no haga todo eso que dice que no le gusta hacer.

Al PP esta crisis le ha venido de puta madre para no dar excusas y para comportarse de la forma tan prepotente que sabe, para hacer lo que más le gusta hacer: mancharse las manos con sangre de los trabajadores y llenarse los bolsillos cueste lo que cueste. La derecha siempre será la derecha, jamás una alternativa válida aunque os prometan el oro y el moro para todos aquellos que queremos una sociedad más justa. Las soluciones para el pueblo siempre vienen por la izquierda, aunque ésta sea más difícil de encontrar que la piedra filosofal y todos los partidos “obreros” digan tenerla.


06 septiembre, 2012

Visibilización de la causa feminista


A raíz de lo que le ha ocurrido a la artista feminista Alicia Murillo y a varias publicaciones que he leído en diversos medios, he decidido aportar mi granito de arena en cuanto a una serie de cosas.

Para empezar, quiero denunciar públicamente el acoso sexual que sufrimos todas las mujeres en España sin excepción. Acoso sexual normalizado, al que te enseñan desde bien pequeña a quitarle importancia cuando lo sufres porque “son cosas normales que hacen los hombres” y que se solucionan con “tú ve modestita y sin destacar, agachando la cabeza para que no te miren”. Como he dicho en otras ocasiones, normal es sinónimo de mediocre la mayoría de las veces, de modo que esa respuesta ya no me satisface.

La normalización de la violencia no elimina el problema. Hasta a las propias mujeres nos cuesta darnos cuenta muchas veces de que la sufrimos, porque hemos interiorizado el excusar cierto tipo de comportamientos y tratar de olvidar el suceso en cuestión lo más rápido posible. Irónicamente nunca dejamos de sufrirlos, de modo que da igual cuánto los obviemos, siempre los vamos a padecer a menos que la sociedad en la que vivimos cambie.

Parecería que el “puñetazo” que Alicia ha pegado en la mesa con su proyecto de “El cazador cazado” a simple vista es bastante violento. Sin embargo, leyendo los comentarios que ha suscitado su trabajo, una se da cuenta de la mucha falta que hacen este tipo de acciones. Comentarios del tipo: “vete a fregar”, “vistes como una puta”, “te llega el wifi a la cocina”, “lo que te hace falta es una polla que te tape la boca” y otras lindezas del estilo consiguen que a mí me hagan hervir la sangre. Me hacen hervir la sangre porque están dichos por gente “normal”, gente que está ahí, que va contigo en el autobús, que te cruzas por la calle, que puede ser incluso hasta un conocido, un compañero o un amigo al que a la minima de cambio le sale un ramalazo de este tipo. Pero ella se lo ha buscado, ¿no? Claro que sí, la culpa es siempre de nosotras. Luego nos asustamos con las escalofriantes cifras de violencia machista que hay en nuestro país... ¿cómo puede ser con tooodo lo que se promueve la igualdad desde la familia, las escuelas y el gobierno, verdad? (ja!) Porque el machismo está ahí, inculcado con el biberón, y luchar contra él parece una barbaridad ya que es un principio “básico”.

Y si te quejas a la más mínima de cualquier percance que te ocurra -a menos que sea una violación en toda regla, que se ha conseguido que al menos no se vea bien aunque ha costado ¿eh?- ya estás siendo una exagerada, ya te estás pasando, ya estás loca. "Venga, que no es para tanto, sólo te ha dicho que estás muy buena" / "Si sólo ha sido un piropo, una cosa sin importancia" / "¿Tocarte el culo? Deberías sentirte halagada por eso".

Pues bien, me he animado a contaros experiencias propias en las que “un hombre normal” hacía una de esas conductas “normales” y animo a otras chicas y mujeres a que hagáis lo mismo y contéis vuestras experiencias sea donde sea para visibilizar el problema y lo lejos que estamos de una solución definitiva.

Recuerdo que esto es sólo una muestra. Si tuviera que hacer recuento tan sólo de las miradas lascivas que recibo cuando voy sola -o acompañada, para el caso- por la calle, os diría que en un trayecto de 5 minutos puedo recibir unas 30, más o menos según esté la calle de transitada. A veces uno o dos comentarios más o menos asquerosos, en ese tiempo. Y sólo os estoy hablando de 5 minutos de mi vida. Empezad a sumar y a mis tiernos 22 añitos os puedo contar varias anécdotas desagradables:


1.La primera, la que más me marcó. Un intento de violación a los 7 años.

2.He visto cómo compañeros de clase molestaban a las chicas ya sea subiéndoles la falda, tocándoles el culo con la mano o una regla o cualquier otra cosa. Desde Primaria.

3.Cumplir los 13 años y tener que soportar no sólo los cambios de la edad, sino que los hombres empezaran a mirar mi pecho, mis piernas o mi trasero.

4.Una vez había quedado con unas amigas en una plaza y un viejo se me acercó y mirándome las tetas me dijo babeando: estás buena, como para follarte. Yo tenía 13 años.

5.Ésta es curiosa porque ilustra perfectamente que cualquier hombre, por el hecho de ser hombre, sea de la edad que sea, no tiene reparos en hablarle a una chica en cualquier tono. Un crío de 10 años, yo con 15, que me dijo: estás tan buena que te comería todo el coño.

6.Yo, 14 años. Defendiendo el papel de la mujer en la sociedad en clase de Lengua y Literatura, y un compañero de clase se me acerca cuando la profesora se hubo marchado y me dice: las mujeres lo que tenéis que estar es fregando. Que os ponéis muy chulitas y luego normal que terminéis muertas.

7.Yo, 16 años. Vuelvo a casa de noche y noto como dos chicos empiezan a seguirme. Empiezo a caminar más deprisa, ellos también. Echo a correr con la suerte de que los pierdo de vista.

8.Esto me lo dijo una persona cercana a mis 15 años: No vistas así, no ves que vas de mujer objeto. (Llevaba una minifalda bastante decente, qué queréis que os diga). Un hombre puede ir en cambio sin camiseta cuando hace calor y no se le acusa de ir “provocando”.

9.Miles de comentarios de hombres resentidos, porque no me plegaba a sus deseos, acerca de que yo “era una puta”, tratando por todos los medios de aislarme socialmente.

10.Iba a mis 16 años con una amiga mía y su madre, paseando las tres por la calle y un viejo se le acercó a mi amiga con total impunidad y le dijo: como te descuides, te la meto.

11.Verano, 40 grados a la sombra. Yo, pantalones y camiseta de tirantes y un hombre por la calle mirándome riéndose y diciéndome: anda que no vas fresquita ¿eh?

12.Típicos comentarios de: Rubiaaaaaaaaaa.

13.Ir caminando por la calle y que un coche me deje sorda porque al cerdo que lo conduce se le ha ocurrido hacer la gracia de llamar mi atención tocando el claxon en mi oreja.

14.Aguantar cada dos por tres que hombres que van en coche o que van caminando, aminoren la velocidad para poder mirarme más tiempo el trasero. Después, meter un acelerón o en su defecto, continuar detrás de mí.

15.Primer año de carrera. Un tío decide que le gusto y sin mediar palabra empieza a intentar meterme mano y a acercarme la boca, convencidísimo de que yo estoy por la labor.

16.Un seminarista -no de los religiosos- que quería explicarme ciertas cosas, al terminar la charla quiso hacerme “el favor” de llevarme en coche, cuando accedí -ingenua de mí- aprovechó para ponerme una mano sobre mi pierna mientras conducía y empezar a acariciarla mientras comentaba que a ver cuándo nos volvíamos a ver.

17. Notar como en el transporte público un hombre “sin querer” pone una mano donde no debe, o trata de restregarse contra mí por donde pilla.


Voy a parar aquí porque creo que he ilustrado bastante bien el problema, aunque os aseguro que me dejo muchas cosas en el tintero. Si todas las mujeres tenemos historias que contar de este tipo ¿acaso no es un problema sobre el que hay que llamar la atención? ¿acaso no nos da derecho a denunciar públicamente a cualquiera de estos cerdos en lugar de seguir calladas y fingir que no pasa nada, que esto es normal? Porque yo, si tuviera una hija o una hermana, no querría que tuviera que sufrir este tipo de cosas. Y todo esto puede parecerle hasta gracioso a un machista cualquiera, hasta que una cosa así le pasa a su madre, a su hija, a su tía ¿verdad? Debe ser muy divertido acosar a las mujeres por la calle para ver qué cara ponen y comentarlo entre risitas con los amigos. Normal que muchas de nosotras hayamos optado por estar a la defensiva, hacer otra cosa sería cuanto menos imprudente.

El hecho de que prácticamente ningún hombre se haya visto envuelto en esas situaciones y en ningún caso, en todas ellas, como yo, o como cualquier otra mujer, pone de manifiesto que el problema es claramente el machismo y parece que tengo que conformarme con que haya hombres que me traten como basura por el mero hecho de tener vagina. Pues no lo voy a tolerar.

Es muy curioso que tachen de “maricones” a los hombres que se sensibilizan con la causa femenina. Una vez más, la femineidad es utilizada como insulto para todo aquel que se resista a mantener el patriarcado machista, violento y terrorista que atenta de manera leve o grave contra cada mujer.


Luego vienen políticos del PP diciendo que el aborto no es un derecho y yo me pregunto si de verdad la igualdad, no sólo la legal, la igualdad es de verdad un valor arraigado en la población española.

A veces me tachan de reaccionaria, de radical y de feminazi -cosa que, sinceramente, no se ajusta a la realidad; lo que no quiere decir que no sea una apasionada luchadora feminista- y yo digo: "Si quieres juzgar mi camino, te dejo mis zapatos".



13 julio, 2012

La mujer como fenómeno mediático, iniciativas feministas y un aplauso para Alicia

Estoy haciendo últimamente muchos descubrimientos.

Uno de ellos me lo ha revelado un amigo, que se hace llamar Zan Wix, cuando me ha escuchado arremeter contra la naturaleza machista de los comentarios que se han vertido en cuanto al asunto de esa tipeja, Andrea Fabra, que nos ha gritado a todos que nos jodamos. Y mi cabreo no es porque no piense el comentario no sea desafortunado, cruel y además dicho en un lugar donde todos podamos oírlo; sino por la forma en la que cambian los acontecimientos al estar dicho por una mujer, que es cuando se abren las puertas del "todo vale" y he leído insultos desde "menuda zorra", "puta asquerosa" a "a esa le hacía yo un apaño para que se callase". Eso jamás ocurre si lo dice un hombre, el hecho de que una sarta de babosos/carroñeros, machistas al fin y al cabo, empiecen a valorar a una persona por su aspecto físico o hacer referencia explícita a su sexualidad sólo por haber hecho un comentario. Andrea será una cabrona y no tendrá ni pizca de empatía, además de ser una estúpida; pero el hecho de que hagan comentarios acerca de su naturaleza femenina no sólo me parece soez y fuera de lugar, sino que me ofende profundamente como mujer.
Ya pasó con las ministras de Zapatero. Con Chacón. Con Sara Carbonero. Ya pasaba con Clara Campoamor. Y mucho antes.

Una mujer abre la boca y ya hay un grupúsculo soltando barbaridades. Si no les resulta atractiva, ya la empiezan a valorarla por su aspecto. Si les resulta atractiva, también. Independientemente de si suelta una genialidad como si dice una burrada, ninguna mujer está a salvo de los comentarios machistas acerca de su condición de mujer en cuanto se hace notar con la palabra. Y esos insultos -así los considero- sobran. Sobran del todo.

... pero bueno, yo hoy no venía a soltar culebras por la boca, sino a enseñaros mi descubrimiento:

Se trata de Alicia, una mujer feminista que parece que comparte algunas de mis mismas calles. Además de tener un blog en el que habla de lo que le da la gana, ha comenzado una iniciativa feminista que se llama "El cazador cazado" en el que graba e increpa a los acosadores sexuales callejeros que se meten con ella, esos que se dedican a mirarnos como si estuviéramos allí puestas para ellos, o que empiezan a hacernos comentarios asquerosos.

Quiero presentaros unos vídeos, valientes y arriesgados, pero sobre todo cargados de razón.

Quiero que los veáis mientras me leéis.

El primero, una pequeña obra de arte en mi opinión, acerca del dilema que se nos presenta a todas las mujeres cuando volvemos a casa, solas, por la noche. Me siento terriblemente identificada:


Éste, un caso típico de agresión sexual, tan extendida en nuestras calles, no tiene desperdicio -y la coletilla final, fantástica, se nota que su marido es un tío también estupendo:


Éste podría haberlo hecho yo porque he pensado mil veces lo mismo. La diferencia entre un piropo y una agresión verbal:


La reflexión final del vídeo, muy importante:


El caso del asesor de moda, el agresor sexual encubierto:


El caso del jubilado con rayos X:


Y el último hasta ahora que tiene, pero el más curioso:



Chicas del mundo, ¿nos apuntamos?

Un aplauso para Alicia y gracias a Zan Wix por descubrírmela :)

02 julio, 2012

Crítica a las revistas "femeninas"

Nota:

Los comentarios marcadamente sexistas,

como dice el Clon Malvado,

son pura mala leche.


Las revistas mal llamadas “femeninas” son el mal. Están especialmente diseñadas para lobotomizar el cerebro de las mujeres y convertirnos a todas en fotocopias zombies, en mujeres objeto. Durante años he tenido amigas, compañeras, que convertían este tipo de revistas en sus biblias particulares. Alucinante. Yo cogía cualquiera de ellas y flipaba pepinillos. Además de no ser nada originales, porque la estructura siempre es la misma, son una perfecta guía de todo aquello que una mujer nunca debería hacer.

Analicemos de forma crítica los contenidos típicos de cualquier revista “femenina”, cuya campaña de sensibilización con la estupidez es única:

1. Cómo has de vestirte/ maquillarte/ vivir tu vida: “Deep Blue Sea* Sensation, la nueva sombra de ojos de XXX (marca cosmética por defecto) que romperá este verano. Si quieres un look de boxeador de ring, como si te hubieran dado un puñetazo en cada ojo, no puede faltar en tu estuche de maquillaje”.

O sea, que quieres ir de rompedora por la vida, es eso. ¿Cómo va a “romper”, a llamar la atención, una sombra de ojos que utiliza todo el mundo? ¿Lo has pensado? ¿Tienes suficiente dinero para comprarte una sombra de ojos de 40 euros? Es más, ¿tienes algo con qué combinar el Deep Blue Sea Sensation en tu armario? NO. Te vas a gastar un pastón para comprarte una sombra de ojos que no va bien con tu vestido veraniego naranja butano y que va a llevar todo el mundo -si te juntas con una panda de borregas influenciables como tú, claro-. Al final, el objetivo de comprarte la sombra de ojos, que era para ser original, no se cumple. Pero lo más preocupante es que puedas llegar a impresionar a alguien de verdad dependiendo de la sombra de ojos que lleves. Miedito.

*Deep Blue Sea es una película. No se me ocurría uno de esos nombres megaguays que se le ponen a los cosméticos.

2. Los tests: “¿Eres aventurera? /¿Eres sexy? /¿Eres idiota? Haz nuestro test y averígualo”. (No hace falta que hagas el último para saber si eres idiota, te lo digo yo: eres idiota)

¿De verdad necesitas un test para saber eso? ¿Tan jodida tienes la personalidad? ¿Cómo narices te va a decir una revista si eres sexy o aventurera? A menos que seas una frívola sin personalidad. O que tengas unos complejos de aquí te espero y necesites que alguien te diga lo estupenda que eres. En todo caso, lo más desternillante de los tests son “los resultados” según la puntuación obtenida, excesivamente complacientes siempre para que no te sientas culpable por ser como eres:

0-20 Felicidades por tu puntuación. Bueno, mujer, sexy, lo que se dice sexy, no eres. Tú eres más de bocata de chorizo, modestita. Una tía todoterreno. Los hombres se sentirán seguros cerca de ti. Probablemente no has tenido ocasión de sacar tu lado más sensual y femenino, pero no te preocupes, porque eso es algo que todas llevamos dentro (guiño, guiño). Elige un día de la semana y vístete de forma especial, haz spinning, cómprate ropa interior bonita, mímate. Eres una chica especial y te mereces ser especial, tenemos productos para ti en la pág. 56 que te harán ser especial. Recuerda que las mujeres demasiado sexys asustan a los hombres, pero tú eres perfecta, sobre todo con dos kilos de cosméticos encima. Ser sexy es una actitud y tú puedes conseguirlo con un poco de esfuerzo, no lo olvides.

20-40 Enhorabuena, eres medianamente sexy. Lo suficiente para atraer a unos cuantos maromos, pero sin llegar a ser un putón verbenero. Todas las chicas querrán tener una amiga como tú, porque no eres una petarda con complejos como la que puntuó de 0 a 20, pero tampoco un zorrón como la tía que ha sacado más puntuación que tú en el test. Eres perfectamente mediocre normal. A propósito, si quieres potenciar tu lado más sexy con ese chico que te gusta, tenemos unos productos especialmente diseñados para ti en la pág. 56 que te harán ser única, especial y sexy. Porque a los hombres la carne les gusta en su punto, ni muy hecha, ni muy cruda. Y tú estás en tu punto y ¡en su punto de mira! (Sí, a veces las redactoras hasta se permiten ser “ingeniosas”) Eres el trozo de carne que todos desean.

40-60 Estupendo, eres 100% sexy. No hay hombre que se resista a tus encantos y todas te envidian porque querrían haber sacado la misma puntuación que tú en el test, que para eso lo hicieron, pero se han comido una mierda y hemos tenido que consolarlas. Mientras lees esto, se te está saliendo un pezón de lo sexy que eres por encima de la camiseta. Eres especial y sabes aprovechar tu potencial. Tanto si quieres sacarte partido como tratar de ser un poco discreta, hemos diseñado para ti unos cosméticos estupendos en la pág. 56 que harán las delicias de los hombres. Porque ser original no cuesta nada, ¡que te lo digan a ti! -La revista no se hace responsable de las puñaladas que puedas recibir por la calle al haber azuzado a 2/3 de las lectoras en tu contra-.

3. Listas de consejos, sobre todo referidos al amor y las relaciones: “10 consejos para gustar a los hombres”.

Aquí depende, los hay muy generales para no pillarse los dedos:

1. A tu chico le gustará que de vez en cuando te des una ducha. Lavarse un poco no cuesta nada. Recuerda que a nadie le gusta ver los mechones chorreando de grasa de su chica.

2. ¿Falda o pantalón? A los chicos les gusta que la mujer sea sexy y enseñe su belleza, pero tampoco que se pase y que a otros se les salgan los ojos -si tienes dudas, consulta nuestro test “¿Eres sexy? Haz este test y averígualo”-. Falda o pantalón no importa, la clave está en que sea corto.

O los hay muy estereotipados, de modo que no encontrarás a un hombre al que le gusten las diez cosas a la vez. Además suelen contradecirse.

1. Sé natural. A los hombres les gusta la naturalidad. ¿Que vas por la casa con una camiseta roñosa? ¡No pasa nada, él te ve sexy! ¿Que llevas tres meses sin depilarte? Descuida, él te quiere tal y como eres.

2. Maquíllate un poco, mujer. Una mujer que no se maquilla le está diciendo indirectamente al hombre que no la atrae. Para saber cuánto has de maquillarte, llena una olla de maquillaje y mete la cara en ella. El resultado, eso es lo que él quiere.

3. A los hombres les gustan las mujeres morenas. Si no eres morena, procura al menos tomar el sol para broncearte. En la pág. 34 tenemos los mejores productos bronceadores para ti.

4. A los hombres les gustan las mujeres rubias. Tíñete si no eres rubia. En la pág. 32 encontrarás los mejores tintes para ti.


4. Dietas.

La dieta de la naranja. ¿Harta de esos quilos de más? ¡Te traemos la solución definitiva! Prueba nuestra dieta de la naranja durante un mes, y además de mear vitamina C por un tubo, ¡conseguirás el peso que siempre quisiste! En el próximo número, la dieta del limón, para aquellas a las que se les resistieron los quilos con la dieta de la naranja. Y en el próximo, la del pomelo. Luego empezaremos con los frutos secos, para equilibrar la balanza del mercado.

5. Entrevistas. Además de ser el horror, suelen poner fragmentos en las portadas.

¡Entrevistamos a Perico de los Palotes, el nuevo actor/futbolista/millonario que dentro de dos semanas nos importará un bledo! Te contamos todos sus secretos y lo que es más importante ¡lo que le vuelve loco en una mujer! -Por si eres una de esas infelices que se cree que va a dar un braguetazo con él y le va a solucionar la vida, aunque sepas de sobra que tiene novia desde hace 3 meses-.

Para conseguir estos abdominales, lo que hago es ir 20 horas al gimnasio y dormir con la barriga puesta sobre la rejilla de la barbacoa. Lo que pasa es que me han ingresado un par de veces porque las últimas noches que me puse la rejilla estaba todavía caliente”

A mí lo que me enamora de una mujer es la silicona. Si luego cocina y me limpia la casa está bien, pero para eso ya tengo a mi madre. A mí me das una muñeca inflable y soy más feliz que el tonto de mi pueblo. No estarás apuntando todo esto, ¿verdad?”


La verdad es que me lo pasaría pipa siendo la redactora de una de esas revistas.

13 junio, 2012

El mal llamado "Darwinismo social o socioeconómico"

Hago una llamada a todos los biólogos -y a aquellos filólogos preocupados en llamar a las cosas por su nombre, también- para detener este ultraje a la maravillosa figura de Charles Darwin.

Cuando escucho hablar a la gente que no ha cogido un puto libro de Darwin en su vida hablar de que "hay que ver, estamos en una situación de darwinismo atroz", "esto es puro darwinismo: la supervivencia del más fuerte", "porque con la situación darwinista del país, ya me dirás tú qué vamos a hacer los trabajadores" me entra un arrebato bilioso. Así que lo suelto aquí.

Mi infinito y monumental aprecio por la figura de Charles Darwin, a quien considero uno de los mayores genios de la historia de la humanidad -el que lleve su nombre uno de mis gatos no es casualidad-, y mi eterna manía de llamar a las cosas por su nombre e instar a los demás a que lo hagan, me lleva a escribir esta entrada desde la más absoluta indignación.

Primero, porque veo que el nombre de Darwin queda irremediablemente asociado a la situación calamitosa que vivimos a escala mundial y no precisamente para bien. Como si Darwin estuviera a favor de la voracidad y la avaricia de unos pocos y su única respuesta fuera: ah, se siente, así es la vida.

Y segundo, porque hablar de "darwinismo socioeconómico" indica que el que lo dice no ha cogido un libro de Darwin en la vida y no tiene ni idea de sus teorías.

Erróneamente se le suele atribuir a Darwin la frase de "el más fuerte es el que sobrevive". MAL.
Para empezar, quien dijo eso no fue Darwin, y encima, esa frase que no dijo Darwin no dice eso. Crimen doble.

Señores míos, Darwin no se pasó todo el libro de El origen de las especies contándonos sus hallazgos de similitudes anatómicas entre los cientos y cientos de especies que vio a lo largo de sus expediciones para que llegue el primer ignorante de turno y lo resuma como "darwinismo o la supervivencia del más fuerte". NO, tío, NO. Darwin se pasó todo el libro contándonos las similitudes entre lagartos y pájaros, de donde si acaso se deducía que los seres vivos QUE MEJOR SE ADAPTAN A LAS CONDICIONES AMBIENTALES -no necesariamente los más fuertes- son los que logran sobrevivir, porque al vivir conseguían reproducirse y traspasar esas características -Darwin no conocía la existencia de los genes en esa época, Mendel y los guisantes vinieron después- a su descendencia. Y de todos modos, eso no garantiza la supervivencia permanente, porque si las situaciones cambian y las ventajas adaptativas antes eran "a" y ahora son "b", aquellos cuya ventaja adaptativa sea la"a" y no la "b" corren el riesgo de irse al carajo. Pero todo esto es leer por encima, es sacar conclusiones que no vienen del todo explícitas porque Darwin no se metió en esos fregaos. Bastante tenía el pobre con los eclesiásticos de turno diciéndole que cómo narices iba a decir que el ser humano era el resultado de un proceso de evolución y no habíamos aparecido así tal cual en el mundo, que cómo no éramos perfectos ni podríamos serlo nunca -pues en la evolución nunca hay nada definitivo, a menos que todo el planeta implosione y se cargue a todas las especies con él. Sin especies no hay nada que evolucione- y que eso contradecía a la Biblia -y a los tebeos de Spiderman, por ejemplo-. Darwin era curioso por naturaleza, lúcido en sus conclusiones y tenía un par. Así que un poco de respeto.

Una vez limpio el nombre de Darwin, me gustaría aclarar que la frase original es de Herbet Spencer y éste hablaba de "la supervivencia del más apto". Nada del más fuerte. Spencer, que entre otras cosas era sociólogo, escribía tratados que tenían que ver con la economía, las sociedades, psicología de masas etc. etc. Y como Spencer estuvo influído no por Darwin -aunque conocía sus tratados- sino por Lamarck, para terminar de arreglar el entuerto vino un traductor gracioso -a los malos traductores habría que condenarlos por crímenes contra la humanidad- y tradujo la frase de Spencer como "el más fuerte es el que sobrevive". Hala, ya está.

Mezclamos eso con ignorancia, asociamos economía y biología, batimos bien todo lo que dijeron los autores... y voilà, se acuña el término de Darwinismo social y/o socioeconómico. Tócate los huevos.

Estoy segura de que si Darwin deambulara por estos lares a día de hoy nos diría:

1. Que sus teorías tenían que ver con la naturaleza y la biología, no con la economía.
2. Que sus hallazgos hablaban de especies, no de individuos.
3. Que no le gusta ver su nombre y su teoría en boca de ignorantes, tratándolo como a un defensor del capitalismo radical y la avaricia desmedida porque eso tiene "una excusa natural". De hecho, Darwin era un hombre muy ético a pesar de la época en la que vivía. Cosa que Spencer, por cierto, no puede decir.
4. Que el hecho es que sobrevive el que mejor se adapta, y que esto que estamos haciendo de consumir recursos a lo bestia como si no hubiera mañana es una estrategia adaptativa de mierda. Es más, es una estrategia completamente desadaptativa, que eso lo saben hasta los animalitos más básicos, hostia. Y que, por lo tanto, si seguimos así no vamos a sobrevivir, tan guays que nos creemos -y lo que es peor, vamos a arrastrar al abismo a un montón de especies que no tienen culpa de que no sepamos usar bien nuestro cerebro-.
5. Que la violencia a la que estamos siendo sometidos por parte de nuestros dirigentes es perfectamente rebatible si sabemos actuar con inteligencia, que para ello se supone que tenemos esa ventaja adaptativa frente a otros animales -aunque esto yo no lo tengo claro del todo-.

SOBREVIVE EL QUE MEJOR SE ADAPTA, NO NECESARIAMENTE EL MÁS FUERTE.

EL DARWINISMO SOCIAL NO EXISTE.

Existen unos cuántos cabrones tratando de joder al resto de la humanidad.
Pero eso se llama hijoputismo y política del sálvese quién pueda.

Y, sinceramente, veo mucha mala leche en eso de asociar a Darwin con todo esto. Una forma de desprestigiarlo, una oportunidad de la que, probablemente, la religión eche mano si es lo suficientemente lista ya que si el darwinismo es atroz, la fe es la salvación y el país de la piruleta, ¿no?

Nada más que añadir.

22 mayo, 2012

Huelga en Educación #22M


NO a los recortes en Educación.
NO a la subida de tasas.
NO a la masificación de las aulas.
NO al despido de profesorado.

POR UNA EDUCACIÓN PÚBLICA Y DE CALIDAD

10 mayo, 2012

El mito de las dos Españas*

*Se me pidió una entrada acerca de que los jóvenes de ahora no nos sentimos identificados con el tema de las dos Españas, que eso es algo del pasado que nada tiene que ver con nosotros. He aquí la entrada que he hecho sobre ello. Además, así aprovecho y lo entrego en las jornadas marxistas, ya que se nos ha pedido que hagamos un ensayo de tema político.


Nací en 1990 en Asturias, en el seno de la mal llamada democracia. Crecí sin que me faltara de nada, en un ambiente que, sin ser opulento, califico de abundante.

Recuerdo conversaciones que tenía con mis amigos, con mis compañeros de clase, en plena adolescencia. Estábamos descubriendo el mundo y por supuesto, la política formaba parte de él. Sin embargo, ninguno de nosotros tenía otra cosa clara de la política aparte del hecho de que era un rollo. Por aquel entonces no comprendíamos el alcance de lo que esta esfera significaba en nuestra vida cotidiana. Había cosas mucho más interesantes que hacer en esos días: ir al cine, salir de marcha, conseguir el número de móvil de aquella persona que nos gustaba...

A pesar de ello, como nuestras charlas eran muchas, no pudimos evitar que saliera a colación en más de una ocasión el tema de las dos Españas algo que, debido a nuestras paupérrimas clases de Historia en cuestión de información y a que en nuestras casas no se hablaba sobre ello, no sólo nos chocaba, sino que veíamos como algo muy lejano.

Para nosotros las dos Españas era un mero tema político que el patético bipartidismo español se lanzaba a la cara a la mínima de cambio. ¿Dos Españas? ¿Qué era eso? ¿No se había olvidado todo con la Transición? ¿A qué venía? Nosotros éramos hijos de la democracia y remover cosas que no entendíamos nos hacía sentir inseguros, por lo tanto, preferíamos no hablar de ello.

Era una opinión prácticamente unánime el pensar que nosotros habíamos superado esa etapa y que ahora tocaba centrarnos en el Estado de Bienestar, el lugar donde llevábamos viviendo toda nuestra vida.

Por afán de aprender, servidora se empezó a informar sobre el tema en cuestión porque en parte sentía curiosidad y porque en parte tenía familia de una de esas dos Españas que tenía mucho que decir. Yo sólo tenía una vaga idea de que la dictadura había sido horrible, pero no entendía ni cómo ni por qué se había desarrollado todo aquello. Hay una cita por ahí cargada de razón que dice que si no conoces tu Historia, estás condenado a repetirla. Creo que parte de lo que está ocurriendo en nuestro país, a día de hoy, es debido a ello.

Formo parte de una generación que sabe muchas cosas, pero que no entiende nada. Vivimos en la era de la información, somos los españoles más preparados de la Historia... pero vamos a repetir, error por error -si no somos inteligentes, claro- lo que pasó en los años treinta. En mi opinión hay una ruptura clara entre nosotros y aquellas personas que vivieron las dos Españas en su propia piel. Debido a que no es un tema agradable, debido a que hay muchas heridas que siguen sangrando y es doloroso hablar de ello, debido a que aún hay personas que tienen miedo de hablar de todo aquello por la fuerte represión, debido a que nuestros mayores han confiado en que fueran los libros y no ellos quienes nos contaran lo ocurrido, mi generación ha perdido el conocimiento que la tradición oral podría haberle otorgado. Y nos hemos quedado, de alguna forma, huérfanos de Historia -y, por lo tanto, de héroes como modelo a seguir-.

Sin embargo, a pesar de todo, hay quien no olvida y no sólo eso, sino que además ha transmitido su ideología paso por paso a su descendencia. ¿Y quién tendría tanto interés en que la tradición perviva, en que un sistema injusto como es el actual se siga manteniendo? Ésa es la burguesía española.

La derecha, que debe a la ignorancia del pueblo su continuidad, se ha asegurado muy bien de transmitir a sus vástagos las formas de opresión necesarias para pervivir y el sentimiento de odio hacia aquellos que no son sus semejantes.

La izquierda se ha visto abandonada no sólo porque quienes creían en ella han mantenido su silencio, sino porque además, en el símil de democracia actual no hay cabida para un verdadero partido mayoritario de izquierda. Los que se declaraban marxistas ya no lo son tanto y donde dije digo, digo Diego. La población que deseaba una sociedad más justa, donde el pueblo gobernara para el pueblo, se ha visto profundamente decepcionada por algunos partidos que no han sido fieles a la supuesta ideología que defendían. Empero, la derecha se ha mantenido cual garrapata anclada a su ideal.

De este modo, a día de hoy, tenemos una burguesía que sigue siendo tan fuerte como lo era hace ochenta años, con el agravante de que quienes pueden pararle los pies están tan imbuidos en la ignorancia que el propio sistema educativo ha mantenido sobre sus conciencias, que muchos congéneres míos siguen dormidos. Ahora mismo están deseando que la crisis pase, como si fuera una tormenta incontrolable y no hubiera unos claros responsables de la situación de desamparo y pobreza en la que la ciudadanía se va hundiendo poco a poco.

Necesitamos despertar. Necesitamos que el pueblo proclame no sólo las injusticias que el sistema perpetra contra la ciudadanía en la actualidad, sino aquellas que ya padeció en su momento y que tienen un claro riesgo de volver a repetirse.

El supuesto mito de las dos Españas, no sólo no es un mito, sino que es una realidad tangible aquí, ahora. A mí no me gusta definirlo como “de las dos Españas”, porque parecería que simplemente nos dividen dos visiones de la vida éticamente aceptables por igual, como si el rojo y el azul fueran meros colores aleatorios sin ser ninguno mejor o peor, como si ambos tuvieran el mismo sentido de justicia.

La nuestra es una Historia de opresores y oprimidos, de burgueses que se nutren de la sangre del pueblo de forma literal y a cualquier precio. Es una Historia de reyes, de Grandes de España, de caciques y señoritos que parasitan a millones de personas. Es una Historia de matar al que tienes en frente si hace falta con tal de perpetuar el sistema, de aplastar de un golpe -de Estado, militar, cuya consecuencia fue una dictadura criminal- la voluntad de todo un país en defensa de los intereses de unos pocos.

A veces, ser imparcial o indiferente significa ser cómplice aunque sea de forma inconsciente.

Si quieren mi opinión, España sólo hay una y será lo que los trabajadores queramos que sea a base de sacrificio, lucha y esfuerzo... o no será.


08 abril, 2012

La doctrina del shock

Creo que en los tiempos en los que vivimos es muy importante no permanecer desinformados, como nos quieren tener, es muy importante ser conscientes de la magnitud de las cosas que nos rodean, de los cambios que existen y de las consecuencias que de ellos se derivan.

Os traigo un documental cuyo visionado me parece fundamental para comprender lo que está ocurriendo con nuestro país, ya que es sólo un síntoma más del efecto dominó que ya ha tenido y sigue teniendo lugar a escala global.

Dura una hora y dieciocho minutos. Abrir los ojos a la realidad bien merece un poco de nuestro tiempo para no deambular después perdidos, perdiéndolo.

27 marzo, 2012

La mujer, el velo islámico, el feminismo y la dignidad humana

Es un tema que va a estar presente, tanto ahora como en el futuro, porque el islam es una realidad cada vez más tangible en Europa.

Cuando saltaron los “escándalos” porque mujeres y niñas en distintos puntos del continente lo llevaban, como en Francia y en España yo no sabía exactamente qué pensar.

Escuché opiniones de varios bandos: que si el pañuelo islámico era como llevar un crucifijo al cuello en el caso cristiano, que si el velo islámico era una forma de someter a la mujer, otros decían que era motivo de orgullo para una mujer llevarlo...

En fin, un batiburrillo de opiniones vertidas por los medios y por la gente más variopinta.


No hace mucho asistí a unas jornadas de cine árabe con ponentes de excelente calidad humana y profesional, cuyo objetivo era “arrinconar prejuicios”. He de decir que me encantó y que me ayudó a ver otras realidades humanas, concretamente del mundo árabe (por cierto, si algún amante del cine se anima a verlas, los títulos son: Caramel, Los limoneros, Mujeres del Cairo y Días de gloria).

Es cierto, el cine es un magnífico medio para hacernos ver otras formas de entender el mundo y he de decir que tras su visionado y la participación en la tertulia sobre todo de una mujer marroquí nacionalizada española, muy valenciana, que dedica su vida a tratar de hacer que convivan tanto inmigrantes como españoles en paz, me abrió los ojos en algunos aspectos.

Sí, claro que la mujer árabe es tan mujer como tú y como yo (si eres lector masculino, considéralo un halago). Y claro que tiene su carácter, claro que hay mujeres luchadoras árabes, claro que es mentira muchas de las imágenes que nos venden los medios sobre el mundo árabe. Y cierto es que a mí el mundo árabe me parece sencillamente fascinante, y lo es.

Pero, aquí viene el gran pero, pienso que las mujeres árabes realmente luchadoras no llevan velo, ni pañuelo, ni nada que las esconda de la vista de los demás. Y que quede claro, las hay y muchas. Se me viene a la mente por ejemplo Nawal al-Sa'dawi, un verdadero icono femenino (curiosamente ateo).


He visto también un documental en la 2 (qué gran cadena) en el que quienes hablan directamente son ellas, las mujeres musulmanas españolas. Y ahí es donde se ve claramente donde fallan sus argumentos.

Vi el documental con los ojos abiertos, sin enjuiciar, con todos los sentidos puestos en él para tratar de entender su realidad, para ver como ellas, para ver cómo se sienten y saber cuáles son sus razones para llevar un pañuelo en la cabeza. Puse en entredicho mis prejuicios y me lo tragué entero y, en un principio, sin rechistar. Hubo un momento en el que no pude callarme más, a pesar de mis buenas intenciones y de la neutralidad que tenía, porque sus explicaciones no hacían más que provocar mi repulsión hacia el pañuelito en cuestión. No al pañuelito en sí, sino a lo que significa.

Intenté ver que el pañuelo era un objeto de dignificación, que a lo mejor sí que había una buena razón para llevarlo, que había un sentido secreto que se me escapaba por ser yo occidental y estar contaminada de periodismo basura y superficial. Y aunque en principio algo me convencieron aquellas chicas hablándome del pañuelito, para cuando acabó el documental yo me moría de pena por ellas.

Empezaron dándole cierto sentido feminista al hecho de llevarlo, diciendo que la cultura occidental había puesto el culto al cuerpo en un pedestal, siendo la imagen lo único que importaba. Hasta aquí, casi que estoy de acuerdo. Decían, que el hecho de taparse, más que como sumisión, debería entenderse como rebeldía, ya que ellas elegían libremente taparse frente a un mundo que babeaba por ver un trozo de carne femenino.

Si la cosa la hubieran dejado aquí, pues yo a lo mejor las aplaudía. Podría decirles: ole vuestros ovarios, estáis protestando por la conversión del icono femenino en un mero objeto sexual de consumo.

Peeeeeero, la cosa no queda ahí. Las chicas siguieron hablando y me resaltaron una obviedad infranqueable: ellas llevaban el pañuelo por ser musulmanas, no por ser feministas. Dijeron que eso agradaba a Alá, que en el Corán había especificado que quería que las mujeres sólo dejaran al descubierto las manos y la cara en público. Decían que el Corán era un libro que las ayudaba a vivir, que les daba las instrucciones necesarias para entender su existencia y poder seguir unas pautas. Alegaron también que no tenían que soportar los comentarios libidinosos de los hombres gracias a llevar pañuelo.

Ya, llegados a este punto, me empezó a hervir la sangre.

En occidente, las mujeres decidimos destaparnos en lugar de tapar nuestro cuerpo como protesta por una simple razón: llevábamos muchos siglos ocultándolos. Y esto tenía un por qué religioso, igual que las chicas musulmanas del documental lo tienen a día de hoy.

Para empezar, hay una clara falta de reflexión por parte de estas chicas. ¿Por qué alguien va a necesitar un libro escrito hace muchos siglos atrás para vivir ahora? Además de que los libros religiosos no están para nada actualizados y se han quedado a años luz de la sociedad que vive hoy en día ¿dónde deja eso a tu razón? Es decir, ¿basas toda tu vida y todo lo que eres en un solo libro? Qué personalidad tan pobre. ¿Dónde queda la reflexión, el plantearte el por qué algunas cosas están mal y otras no? No necesitas un libro que te lo diga, si sabes pensar lo suficientemente bien. Y si tienes una familia que sepa impulsar tu pensamiento crítico, ya que estas chicas provenían en su mayoría de férreas familias musulmanas. La tradición se erige una vez más como una cadena de la que es muy difícil escapar. Es cierto que estas chicas estaban más espabiladas que sus madres, pero siguen siendo presas, esclavas, de un patriarcado.

Podríamos preguntarnos: si Alá creó a hombres y mujeres, ¿por qué los hizo tan libidinosos, obligando a las mujeres a tener que taparse? ¿No hubiera sido mejor hacer que los hombres no tuvieran ojos? Así cada uno podría ser uno mismo, sin tensiones de ningún tipo. Pero no, claro. Porque en el mundo de la religión, las mujeres somos las grandes agraviadas. Nos dicen: tápate, despiertas los comentarios, la líbido de los hombres. En otras palabras: eres mala, pecadora, tentadora. Tápate, contrólate, no seas tú misma. Niega tu cuerpo, escóndelo lejos de los hombres.

En cuanto al hecho de los comentarios libidinosos de los hombres... no es que los hombres occidentales sean más libidinosos, sino que tienen mayor libertad para expresarlo. Por supuesto, algunos comentarios que he llegado a sufrir como mujer no me han gustado en absoluto y he preferido que el tío se callara en lugar de soltarme una burrada digna de la horca. Claro, que ahí también tengo yo libertad para llamarlo al orden y decirle de todo, por maleducado. Pero una mujer musulmana raramente replica a un hombre, de modo que esa defensa que yo sí tengo, ellas no la tienen. Ellas se tienen que aguantar. Y digo yo, entonces la solución no es taparse, la solución es la educación. Educar a los hombres y a las mujeres en libertad, ética y buenos modales.

Tapar a una mujer es poner un parche: el problema sigue ahí. Porque los hombres no son más especiales que los machos de otras especies. Los hombres no han sido creados por un dios (masculino en todas las religiones prácticamente, dicho sea de paso), sino que son el resultado al igual que el gato, el conejo o el avestruz, de una selección natural que simplemente lo ha hecho tal cual es. Con su líbido y su imperiosa necesidad de procrear. Con su maravillosa “imperfección”.Y a la mujer también.

¿Por qué negar nuestra naturaleza? Ahí está el quid de la cuestión. Porque la religión lo pide, está claro, pero no hay motivo natural alguno.

Una mujer no debería sentir vergüenza por enseñar su cuerpo, debería resultarnos natural, pero como el machismo también sigue vigente en occidente continúa siendo un problema. Y se comercia con el cuerpo de la mujer. Lo han convertido en un arma para despojarnos de nuestra dignidad humana y convertirlo en un producto de consumo. Se han aprovechado de la reivindicación feminista para poner el cuerpo de la mujer al servicio, una vez más, del hombre. Y por eso habría que luchar más que nunca, para poder desnudarnos sin pudor, sin avergonzarnos de nuestro cuerpo de mujer, sin tener que ser acosadas por ello, y castigar a todo aquel y aquella que intente comerciar con algo tan valioso, ya sea de forma directa mediante la prostitución o de forma indirecta mediante el márketing y los productos audiovisuales. Porque del alma no tenemos prueba, pero del cuerpo tenemos constancia cada día. Tenemos que lavarlo, perfumarlo, abrigarlo, sacarlo a la calle, hacerlo escalar una montaña, abrazar a una persona, poner su atención en un blog.

Nuestro cuerpo es nuestro y debería estar libre de la religión, del sexismo, de las modas pasajeras que lo hacen sufrir, de todas las cadenas mentales que tenemos que aguantar y que lo convierten en algo que no es. No debería ser objeto de explotación, sino de cuidado y dignidad. La religión ha enfatizado mediante el morbo su importancia en el peor de los sentidos. ¿Si el cuerpo humano fuera algo realmente natural en nuestra sociedad, nos daría tanto morbo verlo sin ropa? Me inclino a pensar que no. Igual que a nadie escandaliza ver a un mono desnudo, lo mismo ocurriría con nosotros.


Recapitulando, el pañuelo islámico no es más que otra arma machista que, disfrazando de supuesta dignidad y orgullo a quien lo lleva puesto, lo que hace es ejercer control sobre la población. Así de claro. ¿Que las mujeres musulmanas tienen la falsa ilusión de ser realmente libres para llevarlo y reivindican llevarlo? Que lo hagan. Aunque como en el propio documental le dijo una profesora a una de las chicas: “las mujeres españolas no llevamos años reivindicando ponernos pantalones para que vengas tú aquí ahora y te pongas un velo”. Pero ya que tenemos que convivir, no hay que obligarlas a no llevarlo. Sin embargo, qué tristeza. Qué tristeza que todavía estemos encadenadas al qué dirán, a tratar de gustar a los demás sin importar el precio -ya sea tapando o enseñando nuestro cuerpo- en lugar de respetarnos a nosotras mismas tal y como somos. Tener que aguantar presiones sociales que nos incitan a llevar siempre lo más incómodo, sin pensar nunca en el cuerpo femenino en sí, sino en el efecto que éste produce en los otros.

Yo antes soy ciudadano que mujer, como dijo Clara Campoamor, y creo que es de buen ciudadano el no pasarnos la dignidad humana por el forro según las conveniencias de cada cual.

Explotar un cuerpo por el placer de otro, está mal, sea de quien sea el cuerpo, sea quien sea el explotador. Religión, prostitución, márketing sexual, ningunear el cuerpo humano en todos los casos no debería estar permitido. Porque quienes lo defiende, lo hacen por los preceptos equivocados. Se creen más libres por enseñar o por tapar, y no se dan cuenta de que simplemente son instrumentos en manos de otros.

El cuerpo sólo es un cuerpo: con toda la responsabilidad y dignidad que conlleva. El cuerpo y la persona son lo mismo. Por el respeto que le tengas a una persona, así utilizarás su cuerpo. Y viceversa.

No nos creamos más libres por agitar cuando nos dé la gana las cadenas que otros, por moda o tradición, nos han impuesto desde nuestra ignorancia, carácter acrítico y desinformación.