El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu.
Si lo intentas, a menudo estarás solo y a veces asustado.
Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo.
23 noviembre, 2012
El miedo a pensar
21 noviembre, 2012
Reflexiones y preguntas sobre la monogamia y la monoandria
(Agradecería vuestros comentarios -aunque sea como anónimos- con todo el debate que pueda surgir de este post, me parece un tema de lo más interesante)
20 noviembre, 2012
Aquellos días de cine y cerveza
02 noviembre, 2012
Agnósticos y ateos; misma filosofía, distinta percepción de "dios"
01 noviembre, 2012
Dolorosas e ingenuas preguntas retóricas
06 septiembre, 2012
Visibilización de la causa feminista
A raíz de lo que le ha ocurrido a la artista feminista Alicia Murillo y a varias publicaciones que he leído en diversos medios, he decidido aportar mi granito de arena en cuanto a una serie de cosas.
Para empezar, quiero denunciar públicamente el acoso sexual que sufrimos todas las mujeres en España sin excepción. Acoso sexual normalizado, al que te enseñan desde bien pequeña a quitarle importancia cuando lo sufres porque “son cosas normales que hacen los hombres” y que se solucionan con “tú ve modestita y sin destacar, agachando la cabeza para que no te miren”. Como he dicho en otras ocasiones, normal es sinónimo de mediocre la mayoría de las veces, de modo que esa respuesta ya no me satisface.
La normalización de la violencia no elimina el problema. Hasta a las propias mujeres nos cuesta darnos cuenta muchas veces de que la sufrimos, porque hemos interiorizado el excusar cierto tipo de comportamientos y tratar de olvidar el suceso en cuestión lo más rápido posible. Irónicamente nunca dejamos de sufrirlos, de modo que da igual cuánto los obviemos, siempre los vamos a padecer a menos que la sociedad en la que vivimos cambie.
Parecería que el “puñetazo” que Alicia ha pegado en la mesa con su proyecto de “El cazador cazado” a simple vista es bastante violento. Sin embargo, leyendo los comentarios que ha suscitado su trabajo, una se da cuenta de la mucha falta que hacen este tipo de acciones. Comentarios del tipo: “vete a fregar”, “vistes como una puta”, “te llega el wifi a la cocina”, “lo que te hace falta es una polla que te tape la boca” y otras lindezas del estilo consiguen que a mí me hagan hervir la sangre. Me hacen hervir la sangre porque están dichos por gente “normal”, gente que está ahí, que va contigo en el autobús, que te cruzas por la calle, que puede ser incluso hasta un conocido, un compañero o un amigo al que a la minima de cambio le sale un ramalazo de este tipo. Pero ella se lo ha buscado, ¿no? Claro que sí, la culpa es siempre de nosotras. Luego nos asustamos con las escalofriantes cifras de violencia machista que hay en nuestro país... ¿cómo puede ser con tooodo lo que se promueve la igualdad desde la familia, las escuelas y el gobierno, verdad? (ja!) Porque el machismo está ahí, inculcado con el biberón, y luchar contra él parece una barbaridad ya que es un principio “básico”.
Y si te quejas a la más mínima de cualquier percance que te ocurra -a menos que sea una violación en toda regla, que se ha conseguido que al menos no se vea bien aunque ha costado ¿eh?- ya estás siendo una exagerada, ya te estás pasando, ya estás loca. "Venga, que no es para tanto, sólo te ha dicho que estás muy buena" / "Si sólo ha sido un piropo, una cosa sin importancia" / "¿Tocarte el culo? Deberías sentirte halagada por eso".
Pues bien, me he animado a contaros experiencias propias en las que “un hombre normal” hacía una de esas conductas “normales” y animo a otras chicas y mujeres a que hagáis lo mismo y contéis vuestras experiencias sea donde sea para visibilizar el problema y lo lejos que estamos de una solución definitiva.
Recuerdo que esto es sólo una muestra. Si tuviera que hacer recuento tan sólo de las miradas lascivas que recibo cuando voy sola -o acompañada, para el caso- por la calle, os diría que en un trayecto de 5 minutos puedo recibir unas 30, más o menos según esté la calle de transitada. A veces uno o dos comentarios más o menos asquerosos, en ese tiempo. Y sólo os estoy hablando de 5 minutos de mi vida. Empezad a sumar y a mis tiernos 22 añitos os puedo contar varias anécdotas desagradables:
1.La primera, la que más me marcó. Un intento de violación a los 7 años.
2.He visto cómo compañeros de clase molestaban a las chicas ya sea subiéndoles la falda, tocándoles el culo con la mano o una regla o cualquier otra cosa. Desde Primaria.
3.Cumplir los 13 años y tener que soportar no sólo los cambios de la edad, sino que los hombres empezaran a mirar mi pecho, mis piernas o mi trasero.
4.Una vez había quedado con unas amigas en una plaza y un viejo se me acercó y mirándome las tetas me dijo babeando: estás buena, como para follarte. Yo tenía 13 años.
5.Ésta es curiosa porque ilustra perfectamente que cualquier hombre, por el hecho de ser hombre, sea de la edad que sea, no tiene reparos en hablarle a una chica en cualquier tono. Un crío de 10 años, yo con 15, que me dijo: estás tan buena que te comería todo el coño.
6.Yo, 14 años. Defendiendo el papel de la mujer en la sociedad en clase de Lengua y Literatura, y un compañero de clase se me acerca cuando la profesora se hubo marchado y me dice: las mujeres lo que tenéis que estar es fregando. Que os ponéis muy chulitas y luego normal que terminéis muertas.
7.Yo, 16 años. Vuelvo a casa de noche y noto como dos chicos empiezan a seguirme. Empiezo a caminar más deprisa, ellos también. Echo a correr con la suerte de que los pierdo de vista.
8.Esto me lo dijo una persona cercana a mis 15 años: No vistas así, no ves que vas de mujer objeto. (Llevaba una minifalda bastante decente, qué queréis que os diga). Un hombre puede ir en cambio sin camiseta cuando hace calor y no se le acusa de ir “provocando”.
9.Miles de comentarios de hombres resentidos, porque no me plegaba a sus deseos, acerca de que yo “era una puta”, tratando por todos los medios de aislarme socialmente.
10.Iba a mis 16 años con una amiga mía y su madre, paseando las tres por la calle y un viejo se le acercó a mi amiga con total impunidad y le dijo: como te descuides, te la meto.
11.Verano, 40 grados a la sombra. Yo, pantalones y camiseta de tirantes y un hombre por la calle mirándome riéndose y diciéndome: anda que no vas fresquita ¿eh?
12.Típicos comentarios de: Rubiaaaaaaaaaa.
13.Ir caminando por la calle y que un coche me deje sorda porque al cerdo que lo conduce se le ha ocurrido hacer la gracia de llamar mi atención tocando el claxon en mi oreja.
14.Aguantar cada dos por tres que hombres que van en coche o que van caminando, aminoren la velocidad para poder mirarme más tiempo el trasero. Después, meter un acelerón o en su defecto, continuar detrás de mí.
15.Primer año de carrera. Un tío decide que le gusto y sin mediar palabra empieza a intentar meterme mano y a acercarme la boca, convencidísimo de que yo estoy por la labor.
16.Un seminarista -no de los religiosos- que quería explicarme ciertas cosas, al terminar la charla quiso hacerme “el favor” de llevarme en coche, cuando accedí -ingenua de mí- aprovechó para ponerme una mano sobre mi pierna mientras conducía y empezar a acariciarla mientras comentaba que a ver cuándo nos volvíamos a ver.
17. Notar como en el transporte público un hombre “sin querer” pone una mano donde no debe, o trata de restregarse contra mí por donde pilla.
Voy a parar aquí porque creo que he ilustrado bastante bien el problema, aunque os aseguro que me dejo muchas cosas en el tintero. Si todas las mujeres tenemos historias que contar de este tipo ¿acaso no es un problema sobre el que hay que llamar la atención? ¿acaso no nos da derecho a denunciar públicamente a cualquiera de estos cerdos en lugar de seguir calladas y fingir que no pasa nada, que esto es normal? Porque yo, si tuviera una hija o una hermana, no querría que tuviera que sufrir este tipo de cosas. Y todo esto puede parecerle hasta gracioso a un machista cualquiera, hasta que una cosa así le pasa a su madre, a su hija, a su tía ¿verdad? Debe ser muy divertido acosar a las mujeres por la calle para ver qué cara ponen y comentarlo entre risitas con los amigos. Normal que muchas de nosotras hayamos optado por estar a la defensiva, hacer otra cosa sería cuanto menos imprudente.
El hecho de que prácticamente ningún hombre se haya visto envuelto en esas situaciones y en ningún caso, en todas ellas, como yo, o como cualquier otra mujer, pone de manifiesto que el problema es claramente el machismo y parece que tengo que conformarme con que haya hombres que me traten como basura por el mero hecho de tener vagina. Pues no lo voy a tolerar.
Es muy curioso que tachen de “maricones” a los hombres que se sensibilizan con la causa femenina. Una vez más, la femineidad es utilizada como insulto para todo aquel que se resista a mantener el patriarcado machista, violento y terrorista que atenta de manera leve o grave contra cada mujer.
Luego vienen políticos del PP diciendo que el aborto no es un derecho y yo me pregunto si de verdad la igualdad, no sólo la legal, la igualdad es de verdad un valor arraigado en la población española.
A veces me tachan de reaccionaria, de radical y de feminazi -cosa que, sinceramente, no se ajusta a la realidad; lo que no quiere decir que no sea una apasionada luchadora feminista- y yo digo: "Si quieres juzgar mi camino, te dejo mis zapatos".
13 julio, 2012
La mujer como fenómeno mediático, iniciativas feministas y un aplauso para Alicia
02 julio, 2012
Crítica a las revistas "femeninas"
Nota:
Los comentarios marcadamente sexistas,
como dice el Clon Malvado,
son pura mala leche.
Las revistas mal llamadas “femeninas” son el mal. Están especialmente diseñadas para lobotomizar el cerebro de las mujeres y convertirnos a todas en fotocopias zombies, en mujeres objeto. Durante años he tenido amigas, compañeras, que convertían este tipo de revistas en sus biblias particulares. Alucinante. Yo cogía cualquiera de ellas y flipaba pepinillos. Además de no ser nada originales, porque la estructura siempre es la misma, son una perfecta guía de todo aquello que una mujer nunca debería hacer.
Analicemos de forma crítica los contenidos típicos de cualquier revista “femenina”, cuya campaña de sensibilización con la estupidez es única:
1. Cómo has de vestirte/ maquillarte/ vivir tu vida: “Deep Blue Sea* Sensation, la nueva sombra de ojos de XXX (marca cosmética por defecto) que romperá este verano. Si quieres un look de boxeador de ring, como si te hubieran dado un puñetazo en cada ojo, no puede faltar en tu estuche de maquillaje”.
O sea, que quieres ir de rompedora por la vida, es eso. ¿Cómo va a “romper”, a llamar la atención, una sombra de ojos que utiliza todo el mundo? ¿Lo has pensado? ¿Tienes suficiente dinero para comprarte una sombra de ojos de 40 euros? Es más, ¿tienes algo con qué combinar el Deep Blue Sea Sensation en tu armario? NO. Te vas a gastar un pastón para comprarte una sombra de ojos que no va bien con tu vestido veraniego naranja butano y que va a llevar todo el mundo -si te juntas con una panda de borregas influenciables como tú, claro-. Al final, el objetivo de comprarte la sombra de ojos, que era para ser original, no se cumple. Pero lo más preocupante es que puedas llegar a impresionar a alguien de verdad dependiendo de la sombra de ojos que lleves. Miedito.
*Deep Blue Sea es una película. No se me ocurría uno de esos nombres megaguays que se le ponen a los cosméticos.
2. Los tests: “¿Eres aventurera? /¿Eres sexy? /¿Eres idiota? Haz nuestro test y averígualo”. (No hace falta que hagas el último para saber si eres idiota, te lo digo yo: eres idiota)
¿De verdad necesitas un test para saber eso? ¿Tan jodida tienes la personalidad? ¿Cómo narices te va a decir una revista si eres sexy o aventurera? A menos que seas una frívola sin personalidad. O que tengas unos complejos de aquí te espero y necesites que alguien te diga lo estupenda que eres. En todo caso, lo más desternillante de los tests son “los resultados” según la puntuación obtenida, excesivamente complacientes siempre para que no te sientas culpable por ser como eres:
0-20 Felicidades por tu puntuación. Bueno, mujer, sexy, lo que se dice sexy, no eres. Tú eres más de bocata de chorizo, modestita. Una tía todoterreno. Los hombres se sentirán seguros cerca de ti. Probablemente no has tenido ocasión de sacar tu lado más sensual y femenino, pero no te preocupes, porque eso es algo que todas llevamos dentro (guiño, guiño). Elige un día de la semana y vístete de forma especial, haz spinning, cómprate ropa interior bonita, mímate. Eres una chica especial y te mereces ser especial, tenemos productos para ti en la pág. 56 que te harán ser especial. Recuerda que las mujeres demasiado sexys asustan a los hombres, pero tú eres perfecta, sobre todo con dos kilos de cosméticos encima. Ser sexy es una actitud y tú puedes conseguirlo con un poco de esfuerzo, no lo olvides.
20-40 Enhorabuena, eres medianamente sexy. Lo suficiente para atraer a unos cuantos maromos, pero sin llegar a ser un putón verbenero. Todas las chicas querrán tener una amiga como tú, porque no eres una petarda con complejos como la que puntuó de 0 a 20, pero tampoco un zorrón como la tía que ha sacado más puntuación que tú en el test. Eres perfectamente mediocre normal. A propósito, si quieres potenciar tu lado más sexy con ese chico que te gusta, tenemos unos productos especialmente diseñados para ti en la pág. 56 que te harán ser única, especial y sexy. Porque a los hombres la carne les gusta en su punto, ni muy hecha, ni muy cruda. Y tú estás en tu punto y ¡en su punto de mira! (Sí, a veces las redactoras hasta se permiten ser “ingeniosas”) Eres el trozo de carne que todos desean.
40-60 Estupendo, eres 100% sexy. No hay hombre que se resista a tus encantos y todas te envidian porque querrían haber sacado la misma puntuación que tú en el test, que para eso lo hicieron, pero se han comido una mierda y hemos tenido que consolarlas. Mientras lees esto, se te está saliendo un pezón de lo sexy que eres por encima de la camiseta. Eres especial y sabes aprovechar tu potencial. Tanto si quieres sacarte partido como tratar de ser un poco discreta, hemos diseñado para ti unos cosméticos estupendos en la pág. 56 que harán las delicias de los hombres. Porque ser original no cuesta nada, ¡que te lo digan a ti! -La revista no se hace responsable de las puñaladas que puedas recibir por la calle al haber azuzado a 2/3 de las lectoras en tu contra-.
3. Listas de consejos, sobre todo referidos al amor y las relaciones: “10 consejos para gustar a los hombres”.
Aquí depende, los hay muy generales para no pillarse los dedos:
1. A tu chico le gustará que de vez en cuando te des una ducha. Lavarse un poco no cuesta nada. Recuerda que a nadie le gusta ver los mechones chorreando de grasa de su chica.
2. ¿Falda o pantalón? A los chicos les gusta que la mujer sea sexy y enseñe su belleza, pero tampoco que se pase y que a otros se les salgan los ojos -si tienes dudas, consulta nuestro test “¿Eres sexy? Haz este test y averígualo”-. Falda o pantalón no importa, la clave está en que sea corto.
O los hay muy estereotipados, de modo que no encontrarás a un hombre al que le gusten las diez cosas a la vez. Además suelen contradecirse.
1. Sé natural. A los hombres les gusta la naturalidad. ¿Que vas por la casa con una camiseta roñosa? ¡No pasa nada, él te ve sexy! ¿Que llevas tres meses sin depilarte? Descuida, él te quiere tal y como eres.
2. Maquíllate un poco, mujer. Una mujer que no se maquilla le está diciendo indirectamente al hombre que no la atrae. Para saber cuánto has de maquillarte, llena una olla de maquillaje y mete la cara en ella. El resultado, eso es lo que él quiere.
3. A los hombres les gustan las mujeres morenas. Si no eres morena, procura al menos tomar el sol para broncearte. En la pág. 34 tenemos los mejores productos bronceadores para ti.
4. A los hombres les gustan las mujeres rubias. Tíñete si no eres rubia. En la pág. 32 encontrarás los mejores tintes para ti.
4. Dietas.
La dieta de la naranja. ¿Harta de esos quilos de más? ¡Te traemos la solución definitiva! Prueba nuestra dieta de la naranja durante un mes, y además de mear vitamina C por un tubo, ¡conseguirás el peso que siempre quisiste! En el próximo número, la dieta del limón, para aquellas a las que se les resistieron los quilos con la dieta de la naranja. Y en el próximo, la del pomelo. Luego empezaremos con los frutos secos, para equilibrar la balanza del mercado.
5. Entrevistas. Además de ser el horror, suelen poner fragmentos en las portadas.
¡Entrevistamos a Perico de los Palotes, el nuevo actor/futbolista/millonario que dentro de dos semanas nos importará un bledo! Te contamos todos sus secretos y lo que es más importante ¡lo que le vuelve loco en una mujer! -Por si eres una de esas infelices que se cree que va a dar un braguetazo con él y le va a solucionar la vida, aunque sepas de sobra que tiene novia desde hace 3 meses-.
“Para conseguir estos abdominales, lo que hago es ir 20 horas al gimnasio y dormir con la barriga puesta sobre la rejilla de la barbacoa. Lo que pasa es que me han ingresado un par de veces porque las últimas noches que me puse la rejilla estaba todavía caliente”
“A mí lo que me enamora de una mujer es la silicona. Si luego cocina y me limpia la casa está bien, pero para eso ya tengo a mi madre. A mí me das una muñeca inflable y soy más feliz que el tonto de mi pueblo. No estarás apuntando todo esto, ¿verdad?”
La verdad es que me lo pasaría pipa siendo la redactora de una de esas revistas.
13 junio, 2012
El mal llamado "Darwinismo social o socioeconómico"
22 mayo, 2012
Huelga en Educación #22M

10 mayo, 2012
El mito de las dos Españas*
*Se me pidió una entrada acerca de que los jóvenes de ahora no nos sentimos identificados con el tema de las dos Españas, que eso es algo del pasado que nada tiene que ver con nosotros. He aquí la entrada que he hecho sobre ello. Además, así aprovecho y lo entrego en las jornadas marxistas, ya que se nos ha pedido que hagamos un ensayo de tema político.
Nací en 1990 en Asturias, en el seno de la mal llamada democracia. Crecí sin que me faltara de nada, en un ambiente que, sin ser opulento, califico de abundante.
Recuerdo conversaciones que tenía con mis amigos, con mis compañeros de clase, en plena adolescencia. Estábamos descubriendo el mundo y por supuesto, la política formaba parte de él. Sin embargo, ninguno de nosotros tenía otra cosa clara de la política aparte del hecho de que era un rollo. Por aquel entonces no comprendíamos el alcance de lo que esta esfera significaba en nuestra vida cotidiana. Había cosas mucho más interesantes que hacer en esos días: ir al cine, salir de marcha, conseguir el número de móvil de aquella persona que nos gustaba...
A pesar de ello, como nuestras charlas eran muchas, no pudimos evitar que saliera a colación en más de una ocasión el tema de las dos Españas algo que, debido a nuestras paupérrimas clases de Historia en cuestión de información y a que en nuestras casas no se hablaba sobre ello, no sólo nos chocaba, sino que veíamos como algo muy lejano.
Para nosotros las dos Españas era un mero tema político que el patético bipartidismo español se lanzaba a la cara a la mínima de cambio. ¿Dos Españas? ¿Qué era eso? ¿No se había olvidado todo con la Transición? ¿A qué venía? Nosotros éramos hijos de la democracia y remover cosas que no entendíamos nos hacía sentir inseguros, por lo tanto, preferíamos no hablar de ello.
Era una opinión prácticamente unánime el pensar que nosotros habíamos superado esa etapa y que ahora tocaba centrarnos en el Estado de Bienestar, el lugar donde llevábamos viviendo toda nuestra vida.
Por afán de aprender, servidora se empezó a informar sobre el tema en cuestión porque en parte sentía curiosidad y porque en parte tenía familia de una de esas dos Españas que tenía mucho que decir. Yo sólo tenía una vaga idea de que la dictadura había sido horrible, pero no entendía ni cómo ni por qué se había desarrollado todo aquello. Hay una cita por ahí cargada de razón que dice que si no conoces tu Historia, estás condenado a repetirla. Creo que parte de lo que está ocurriendo en nuestro país, a día de hoy, es debido a ello.
Formo parte de una generación que sabe muchas cosas, pero que no entiende nada. Vivimos en la era de la información, somos los españoles más preparados de la Historia... pero vamos a repetir, error por error -si no somos inteligentes, claro- lo que pasó en los años treinta. En mi opinión hay una ruptura clara entre nosotros y aquellas personas que vivieron las dos Españas en su propia piel. Debido a que no es un tema agradable, debido a que hay muchas heridas que siguen sangrando y es doloroso hablar de ello, debido a que aún hay personas que tienen miedo de hablar de todo aquello por la fuerte represión, debido a que nuestros mayores han confiado en que fueran los libros y no ellos quienes nos contaran lo ocurrido, mi generación ha perdido el conocimiento que la tradición oral podría haberle otorgado. Y nos hemos quedado, de alguna forma, huérfanos de Historia -y, por lo tanto, de héroes como modelo a seguir-.
Sin embargo, a pesar de todo, hay quien no olvida y no sólo eso, sino que además ha transmitido su ideología paso por paso a su descendencia. ¿Y quién tendría tanto interés en que la tradición perviva, en que un sistema injusto como es el actual se siga manteniendo? Ésa es la burguesía española.
La derecha, que debe a la ignorancia del pueblo su continuidad, se ha asegurado muy bien de transmitir a sus vástagos las formas de opresión necesarias para pervivir y el sentimiento de odio hacia aquellos que no son sus semejantes.
La izquierda se ha visto abandonada no sólo porque quienes creían en ella han mantenido su silencio, sino porque además, en el símil de democracia actual no hay cabida para un verdadero partido mayoritario de izquierda. Los que se declaraban marxistas ya no lo son tanto y donde dije digo, digo Diego. La población que deseaba una sociedad más justa, donde el pueblo gobernara para el pueblo, se ha visto profundamente decepcionada por algunos partidos que no han sido fieles a la supuesta ideología que defendían. Empero, la derecha se ha mantenido cual garrapata anclada a su ideal.
De este modo, a día de hoy, tenemos una burguesía que sigue siendo tan fuerte como lo era hace ochenta años, con el agravante de que quienes pueden pararle los pies están tan imbuidos en la ignorancia que el propio sistema educativo ha mantenido sobre sus conciencias, que muchos congéneres míos siguen dormidos. Ahora mismo están deseando que la crisis pase, como si fuera una tormenta incontrolable y no hubiera unos claros responsables de la situación de desamparo y pobreza en la que la ciudadanía se va hundiendo poco a poco.
Necesitamos despertar. Necesitamos que el pueblo proclame no sólo las injusticias que el sistema perpetra contra la ciudadanía en la actualidad, sino aquellas que ya padeció en su momento y que tienen un claro riesgo de volver a repetirse.
El supuesto mito de las dos Españas, no sólo no es un mito, sino que es una realidad tangible aquí, ahora. A mí no me gusta definirlo como “de las dos Españas”, porque parecería que simplemente nos dividen dos visiones de la vida éticamente aceptables por igual, como si el rojo y el azul fueran meros colores aleatorios sin ser ninguno mejor o peor, como si ambos tuvieran el mismo sentido de justicia.
La nuestra es una Historia de opresores y oprimidos, de burgueses que se nutren de la sangre del pueblo de forma literal y a cualquier precio. Es una Historia de reyes, de Grandes de España, de caciques y señoritos que parasitan a millones de personas. Es una Historia de matar al que tienes en frente si hace falta con tal de perpetuar el sistema, de aplastar de un golpe -de Estado, militar, cuya consecuencia fue una dictadura criminal- la voluntad de todo un país en defensa de los intereses de unos pocos.
A veces, ser imparcial o indiferente significa ser cómplice aunque sea de forma inconsciente.
Si quieren mi opinión, España sólo hay una y será lo que los trabajadores queramos que sea a base de sacrificio, lucha y esfuerzo... o no será.
08 abril, 2012
La doctrina del shock
27 marzo, 2012
La mujer, el velo islámico, el feminismo y la dignidad humana
Es un tema que va a estar presente, tanto ahora como en el futuro, porque el islam es una realidad cada vez más tangible en Europa.
Cuando saltaron los “escándalos” porque mujeres y niñas en distintos puntos del continente lo llevaban, como en Francia y en España yo no sabía exactamente qué pensar.
Escuché opiniones de varios bandos: que si el pañuelo islámico era como llevar un crucifijo al cuello en el caso cristiano, que si el velo islámico era una forma de someter a la mujer, otros decían que era motivo de orgullo para una mujer llevarlo...
En fin, un batiburrillo de opiniones vertidas por los medios y por la gente más variopinta.
No hace mucho asistí a unas jornadas de cine árabe con ponentes de excelente calidad humana y profesional, cuyo objetivo era “arrinconar prejuicios”. He de decir que me encantó y que me ayudó a ver otras realidades humanas, concretamente del mundo árabe (por cierto, si algún amante del cine se anima a verlas, los títulos son: Caramel, Los limoneros, Mujeres del Cairo y Días de gloria).
Es cierto, el cine es un magnífico medio para hacernos ver otras formas de entender el mundo y he de decir que tras su visionado y la participación en la tertulia sobre todo de una mujer marroquí nacionalizada española, muy valenciana, que dedica su vida a tratar de hacer que convivan tanto inmigrantes como españoles en paz, me abrió los ojos en algunos aspectos.
Sí, claro que la mujer árabe es tan mujer como tú y como yo (si eres lector masculino, considéralo un halago). Y claro que tiene su carácter, claro que hay mujeres luchadoras árabes, claro que es mentira muchas de las imágenes que nos venden los medios sobre el mundo árabe. Y cierto es que a mí el mundo árabe me parece sencillamente fascinante, y lo es.
Pero, aquí viene el gran pero, pienso que las mujeres árabes realmente luchadoras no llevan velo, ni pañuelo, ni nada que las esconda de la vista de los demás. Y que quede claro, las hay y muchas. Se me viene a la mente por ejemplo Nawal al-Sa'dawi, un verdadero icono femenino (curiosamente ateo).
He visto también un documental en la 2 (qué gran cadena) en el que quienes hablan directamente son ellas, las mujeres musulmanas españolas. Y ahí es donde se ve claramente donde fallan sus argumentos.
Vi el documental con los ojos abiertos, sin enjuiciar, con todos los sentidos puestos en él para tratar de entender su realidad, para ver como ellas, para ver cómo se sienten y saber cuáles son sus razones para llevar un pañuelo en la cabeza. Puse en entredicho mis prejuicios y me lo tragué entero y, en un principio, sin rechistar. Hubo un momento en el que no pude callarme más, a pesar de mis buenas intenciones y de la neutralidad que tenía, porque sus explicaciones no hacían más que provocar mi repulsión hacia el pañuelito en cuestión. No al pañuelito en sí, sino a lo que significa.
Intenté ver que el pañuelo era un objeto de dignificación, que a lo mejor sí que había una buena razón para llevarlo, que había un sentido secreto que se me escapaba por ser yo occidental y estar contaminada de periodismo basura y superficial. Y aunque en principio algo me convencieron aquellas chicas hablándome del pañuelito, para cuando acabó el documental yo me moría de pena por ellas.
Empezaron dándole cierto sentido feminista al hecho de llevarlo, diciendo que la cultura occidental había puesto el culto al cuerpo en un pedestal, siendo la imagen lo único que importaba. Hasta aquí, casi que estoy de acuerdo. Decían, que el hecho de taparse, más que como sumisión, debería entenderse como rebeldía, ya que ellas elegían libremente taparse frente a un mundo que babeaba por ver un trozo de carne femenino.
Si la cosa la hubieran dejado aquí, pues yo a lo mejor las aplaudía. Podría decirles: ole vuestros ovarios, estáis protestando por la conversión del icono femenino en un mero objeto sexual de consumo.
Peeeeeero, la cosa no queda ahí. Las chicas siguieron hablando y me resaltaron una obviedad infranqueable: ellas llevaban el pañuelo por ser musulmanas, no por ser feministas. Dijeron que eso agradaba a Alá, que en el Corán había especificado que quería que las mujeres sólo dejaran al descubierto las manos y la cara en público. Decían que el Corán era un libro que las ayudaba a vivir, que les daba las instrucciones necesarias para entender su existencia y poder seguir unas pautas. Alegaron también que no tenían que soportar los comentarios libidinosos de los hombres gracias a llevar pañuelo.
Ya, llegados a este punto, me empezó a hervir la sangre.
En occidente, las mujeres decidimos destaparnos en lugar de tapar nuestro cuerpo como protesta por una simple razón: llevábamos muchos siglos ocultándolos. Y esto tenía un por qué religioso, igual que las chicas musulmanas del documental lo tienen a día de hoy.
Para empezar, hay una clara falta de reflexión por parte de estas chicas. ¿Por qué alguien va a necesitar un libro escrito hace muchos siglos atrás para vivir ahora? Además de que los libros religiosos no están para nada actualizados y se han quedado a años luz de la sociedad que vive hoy en día ¿dónde deja eso a tu razón? Es decir, ¿basas toda tu vida y todo lo que eres en un solo libro? Qué personalidad tan pobre. ¿Dónde queda la reflexión, el plantearte el por qué algunas cosas están mal y otras no? No necesitas un libro que te lo diga, si sabes pensar lo suficientemente bien. Y si tienes una familia que sepa impulsar tu pensamiento crítico, ya que estas chicas provenían en su mayoría de férreas familias musulmanas. La tradición se erige una vez más como una cadena de la que es muy difícil escapar. Es cierto que estas chicas estaban más espabiladas que sus madres, pero siguen siendo presas, esclavas, de un patriarcado.
Podríamos preguntarnos: si Alá creó a hombres y mujeres, ¿por qué los hizo tan libidinosos, obligando a las mujeres a tener que taparse? ¿No hubiera sido mejor hacer que los hombres no tuvieran ojos? Así cada uno podría ser uno mismo, sin tensiones de ningún tipo. Pero no, claro. Porque en el mundo de la religión, las mujeres somos las grandes agraviadas. Nos dicen: tápate, despiertas los comentarios, la líbido de los hombres. En otras palabras: eres mala, pecadora, tentadora. Tápate, contrólate, no seas tú misma. Niega tu cuerpo, escóndelo lejos de los hombres.
En cuanto al hecho de los comentarios libidinosos de los hombres... no es que los hombres occidentales sean más libidinosos, sino que tienen mayor libertad para expresarlo. Por supuesto, algunos comentarios que he llegado a sufrir como mujer no me han gustado en absoluto y he preferido que el tío se callara en lugar de soltarme una burrada digna de la horca. Claro, que ahí también tengo yo libertad para llamarlo al orden y decirle de todo, por maleducado. Pero una mujer musulmana raramente replica a un hombre, de modo que esa defensa que yo sí tengo, ellas no la tienen. Ellas se tienen que aguantar. Y digo yo, entonces la solución no es taparse, la solución es la educación. Educar a los hombres y a las mujeres en libertad, ética y buenos modales.
Tapar a una mujer es poner un parche: el problema sigue ahí. Porque los hombres no son más especiales que los machos de otras especies. Los hombres no han sido creados por un dios (masculino en todas las religiones prácticamente, dicho sea de paso), sino que son el resultado al igual que el gato, el conejo o el avestruz, de una selección natural que simplemente lo ha hecho tal cual es. Con su líbido y su imperiosa necesidad de procrear. Con su maravillosa “imperfección”.Y a la mujer también.
¿Por qué negar nuestra naturaleza? Ahí está el quid de la cuestión. Porque la religión lo pide, está claro, pero no hay motivo natural alguno.
Una mujer no debería sentir vergüenza por enseñar su cuerpo, debería resultarnos natural, pero como el machismo también sigue vigente en occidente continúa siendo un problema. Y se comercia con el cuerpo de la mujer. Lo han convertido en un arma para despojarnos de nuestra dignidad humana y convertirlo en un producto de consumo. Se han aprovechado de la reivindicación feminista para poner el cuerpo de la mujer al servicio, una vez más, del hombre. Y por eso habría que luchar más que nunca, para poder desnudarnos sin pudor, sin avergonzarnos de nuestro cuerpo de mujer, sin tener que ser acosadas por ello, y castigar a todo aquel y aquella que intente comerciar con algo tan valioso, ya sea de forma directa mediante la prostitución o de forma indirecta mediante el márketing y los productos audiovisuales. Porque del alma no tenemos prueba, pero del cuerpo tenemos constancia cada día. Tenemos que lavarlo, perfumarlo, abrigarlo, sacarlo a la calle, hacerlo escalar una montaña, abrazar a una persona, poner su atención en un blog.
Nuestro cuerpo es nuestro y debería estar libre de la religión, del sexismo, de las modas pasajeras que lo hacen sufrir, de todas las cadenas mentales que tenemos que aguantar y que lo convierten en algo que no es. No debería ser objeto de explotación, sino de cuidado y dignidad. La religión ha enfatizado mediante el morbo su importancia en el peor de los sentidos. ¿Si el cuerpo humano fuera algo realmente natural en nuestra sociedad, nos daría tanto morbo verlo sin ropa? Me inclino a pensar que no. Igual que a nadie escandaliza ver a un mono desnudo, lo mismo ocurriría con nosotros.
Recapitulando, el pañuelo islámico no es más que otra arma machista que, disfrazando de supuesta dignidad y orgullo a quien lo lleva puesto, lo que hace es ejercer control sobre la población. Así de claro. ¿Que las mujeres musulmanas tienen la falsa ilusión de ser realmente libres para llevarlo y reivindican llevarlo? Que lo hagan. Aunque como en el propio documental le dijo una profesora a una de las chicas: “las mujeres españolas no llevamos años reivindicando ponernos pantalones para que vengas tú aquí ahora y te pongas un velo”. Pero ya que tenemos que convivir, no hay que obligarlas a no llevarlo. Sin embargo, qué tristeza. Qué tristeza que todavía estemos encadenadas al qué dirán, a tratar de gustar a los demás sin importar el precio -ya sea tapando o enseñando nuestro cuerpo- en lugar de respetarnos a nosotras mismas tal y como somos. Tener que aguantar presiones sociales que nos incitan a llevar siempre lo más incómodo, sin pensar nunca en el cuerpo femenino en sí, sino en el efecto que éste produce en los otros.
Yo antes soy ciudadano que mujer, como dijo Clara Campoamor, y creo que es de buen ciudadano el no pasarnos la dignidad humana por el forro según las conveniencias de cada cual.
Explotar un cuerpo por el placer de otro, está mal, sea de quien sea el cuerpo, sea quien sea el explotador. Religión, prostitución, márketing sexual, ningunear el cuerpo humano en todos los casos no debería estar permitido. Porque quienes lo defiende, lo hacen por los preceptos equivocados. Se creen más libres por enseñar o por tapar, y no se dan cuenta de que simplemente son instrumentos en manos de otros.
El cuerpo sólo es un cuerpo: con toda la responsabilidad y dignidad que conlleva. El cuerpo y la persona son lo mismo. Por el respeto que le tengas a una persona, así utilizarás su cuerpo. Y viceversa.
No nos creamos más libres por agitar cuando nos dé la gana las cadenas que otros, por moda o tradición, nos han impuesto desde nuestra ignorancia, carácter acrítico y desinformación.