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23 noviembre, 2012

El miedo a pensar

Ayer estuve en un taller analizando un par de mitos griegos. En el taller se nos pedía que los reescribiéramos a nuestro gusto, que le diéramos una vuelta de tuerca a la historia. Mis compañeras más cercanas, en cuanto les dijeron que había que escribir se pusieron a resoplar como colegialas fastidiadas -hablo de mujeres que rondan la treintena, allí yo era la más joven con diferencia-. Como si escribir quince líneas aportando un poco de tu pensamiento costase la vida o algo por el estilo.

-Puff... es que a mí no me apetece pensar -decía una- yo estar aquí escuchando vale, pero pensar como que no.
-Yo es que no sé escribir -decía otra- a mí me sacas del tema de las bodas (¿?) y no sé qué decir.
-Yo es que no tengo imaginación ninguna -decía la tercera- yo te cuento si quieres algo que sé, pero ponerme ahora a inventar una historia...

A mí me entraron un par de arcadas sinápticas cuando escuché esto y me mordí la lengua para no convertir el taller en una batalla campal. Una de las vocecitas malvadas que tengo en la mente me dijo: ¿ves? por eso no te gusta la gente aleatoria, porque dicen burradas como esa, te revuelven la bilis y encima como cuentan con el apoyo del grupo, al final siempre quedas como abogada del diablo -de hecho ya les había discutido algunas cosas antes de haber llegado a este punto en el taller y me habían mirado como si estuviera loca-.

Hoy me encuentro con una entrevista a Julio Anguita donde dice lo siguiente:

"El miedo a pensar, ¡un país que tiene miedo a pensar! Este es un país en el que se pone un hombre delante de un toro, pero póngale un libro y sale huyendo. “Yo no quiero saber nada, yo no quiero saber nada” es la confesión de una parte de la población que tiene miedo a pensar. Eso está ahí, lo veo todos los días. Viene de muy atrás, de la época de Fernando VII. ¿Por qué? Porque ha habido una Iglesia y la historia pesa: tú no pienses, tú te vas a salvar, hijo mío, todo lo que es pensar es nefando. "

Imagino que sí, que en parte la herencia católica pesa bastante y que ha ensalzado el dogma por encima del pensamiento, pero el problema llega desde muchos ámbitos. Comentaba ayer el bajón que han pegado todas las Artes en cuanto a calidad. Cómo se estimula la venta de best-sellers facilones, de películas con guiones precarios y cargadas de edulcorante, de cuadros de Ikea simplones y anodinos... La cultura del envase. Todo muy bonito por fuera, pero carente de contenido. Y eso es lo que se vende y lo que nos intentan hacer comprar.

En el tema que me toca de forma más personal, la literatura, lo veo claramente. Es mejor leerte una bazofia que te ocupa dos tardes o menos porque las estructuras sintácticas son típicas de preescolar, sin giros en el lenguaje, sin tramas complicadas, y luego puedes comentarlo rápidamente con tus amigos más cercanos. Después te lees otro libro en otras dos tardes y vuelta a empezar. Y así se dice que la gente "lee" y va de megaculta por la vida. Pero es que leer "A tres metros sobre el cielo", "Crepúsculo" y "50 sombras de Grey" tiene menos valor que leer las etiquetas del champú en el baño. Mis compañeras de taller se los habían leído todos pero cuando les habían dicho: venga, piensa un poco en lo que acabamos de comentar y escribe quince líneas en un folio, se echaron a temblar. Porque se puede leer libros sin pensar, ver películas sin pensar, votar sin pensar y hablar sin pensar, pero pararse a pensar para hacer lo anteriormente descrito es otro tema.

Se ensalza lo rápido, lo que no te hace pensar y lo que te "entretiene". Que no es que el entretenimiento porque sí no esté bien, no es cuestión de ser nazi tampoco; pero joder, pasarse la vida como un zombie lobotomizado es peligroso. Es peligroso porque vivir en sociedad requiere esfuerzo, y requiere esfuerzo porque echa mano del pensamiento inevitablemente. Y pensar necesita tiempo, necesita probar A y B y C, y luego darte cuenta de que Z es una solución viable. Pensar significa equivocarse, cambiar cada día, pasarte tres meses leyendo un libro que ni siquiera llega a las 400 páginas porque cada capítulo te deja la cabeza llena de cosas sobre las que reflexionar y necesitas tiempo para digerirlo y enfrentarte al siguiente. Y eso no estimula la compra compulsiva en las librerías, el pensamiento adormecido necesario para encontrarte con una bazofia y opinar que es una obra maestra.

¿Cómo se puede vivir así? Imagino que fácilmente, ya que lo raro es lo contrario, vivir en un mundo donde te sientes una marciana todos los días porque entras a discutir un tópico que los demás apoyan y retroalimentan como si fuera una verdad universal, y quedarse callados luego, como si acabaras de tirar un petardo en mitad de la sala. Es más fácil decir que "no tengo imaginación", "no sé escribir", "no me apetece pensar", que cultivar el mayor don que tenemos como especie. Porque una excusa rápida la ponemos todos, pararte a pensar, invertir en eso tu tiempo y comprometerte con tu propio pensamiento es mucho menos frecuente. Y luego la conflictiva soy yo, encima. Conflictiva tú, so zorra, que me estás haciendo dudar acerca de si pegarme un tiro en la frente o pegártelo a ti.

Al contrario de lo que la gente suele pensar, no me gusta discutir a cada tres frases, ni escribir textos largos como este a menudo, con las mejillas encendidas por la rabia y la indignación. Llega un punto en el que  hasta a mí me da pereza buscar los cimientos del pensamiento de la persona e ir tirándoselos uno a uno. Primero porque que a una persona le hagan eso no le gusta y segundo porque detenerme a hacer eso con cada puñetera persona que me encuentro no suele servir para nada, ya que a la mínima de cambio pasan a otro tema, borran ese instante en el que les he desarmado el discurso y siguen con su vida. Y si ya son un grupo confabulándose entre ellos y diciendo todos los mismos tópicos, de verdad que me entran ganas de quedarme en casa con mis gatos. Me consta que ellos piensan más que la mayoría de personas que me rodean a diario. 

Encontrar a alguien con el suficiente valor para pensar es un tesoro, si encontráis a alguien así no os libraréis de los debates, las discusiones y los puntos de vista radicalmente opuestos, pero joder ¡qué puto placer hablar el mismo idioma!

15 agosto, 2012

Ser mi propia madre

De irresponsabilidades va la cosa.

Yo sé, porque a lo largo de mis años lo he comprobado empíricamente, que la gente cuando vive sola tiene que aprender a autorregañarse, y a decirse por aquí no, por aquí sí. Lo que nunca he conseguido averiguar es cómo lo hacen. Porque a ver, no se trata de convertirse en tu madre, qué horror, no podría beber cerveza estando tranquila, ni tener medio armario tirado por el suelo sin que me entrara un tic nervioso; sino de encontrar el equilibrio, ese punto medio entre el superego y el subconsciente que hace que todo fluya en armonía. ¿Cómo se convierte uno en una madre responsable pero a la vez demócrata? Un misterio. Por ahora tengo bandazos de superego y subconsciente a partes iguales.

Los manuales de Psicología Evolutiva ya me avisaban de esto cuando hablaban de los peligros de vivir con padres cuyo estilo educativo era autoritario:

Estilo autoritario:
-Normas rígidas.
-Alto nivel de exigencia.
-No existe el diálogo ni la negociación.
-Bajos niveles de afectividad.

Consecuencias en los hijos:
-Impulsividad.
-Rebeldía.
-Escaso control sin la personalidad paterna presente.
-Elevadas dosis acumuladas de frustración y agresividad.

Y ahora intento ser mi propia madre y quitarme las trabas del estilo educativo paterno. Me desfreudizo. Pero va a costar, sabe el cielo que me va a costar. Aunque tengo todo un año por delante para aprender. Como siempre, para describir los problemas siempre hay libros, para ver cómo se arreglan, no.

Estaría bien tener a mano un título: Sea responsable en 10 cómodos pasos/ Pereza, esa mala consejera / ¿Tendencia a la autodestrucción? No desespere /Por qué está mal hablar con una lata de cerveza a las 3 de la mañana.

Y así.

Soy consciente del todo inmaduro de la entrada, pero me da igual.

17 mayo, 2012

Cortometraje real: atrapada por un yonqui

El otro día estaba esperando el metro, miré el reloj y quedaban chorrocientos minutos para que viniera el próximo, así que me armé de paciencia y me apoyé como pude en una de las paredes del metro para no caer fulminada al suelo -tenía un cansancio de mil pares de narices porque llevaba todo el día corriendo por la ciudad en tacones-.

En esto que estaba ocupada en bombear sangre del corazón a la cabeza, cuando veo pasar un yonqui con una bicicleta -tengo un yonqui-radar excelente gracias a mi padre, que me enseñó de pequeña a detectarlos aunque por aquel entonces no tuviera ni idea de lo que era un yonqui-. Total, que el tío me mira de arriba a abajo y se para a unos metros de mí. Yo paso de él -no por ser yonqui, sino porque paso de la gente de la calle en general, y de la gente que me mira de arriba a abajo en concreto-, y trato de hacerme la invisible.

De pronto, el hombre se acerca un poco y me hace la clásica pregunta:

-¿Tienes fuego?

Le miro como si acabara de descubrir una nueva forma de vida y le respondo educadamente:

-No, lo siento, no fumo.

-Ah, vale.

El tío entonces se aleja un poco con la bici y yo respiro de nuevo, porque no hay cosa que me desagrade más que un extraño que se acerque para ligar conmigo y encima de una forma tan tópica.

Total, que vuelvo a meterme en mis pensamientos y al minuto o así, el hombre se me vuelve a acercar y me pregunta:

-¿Tienes hora?

Nooooooo por quéeeee... calma, calma, a lo mejor es que simplemente es idiota o todavía le duran algunos efectos de la heroína, no se centra y no sabe que hay tres relojes en el metro. No seas malpensada, no quiere ligar contigo...

-Sí, son las xx:xx

-Ah, vale.

-Lo pone ahí -y le señalo el reloj.

-Ah...

El tío se planta a dos metros de mí y me mira.

Mierda, va a sacar las armas.

Mi mente, que a veces es una cabrona, de pronto me recuerda que esta situación parece un documental. Casi escucho la voz del comentarista de los documentales de naturaleza de la 2: El macho ha visto a una hembra joven que parece disponible, de modo que comienza su ritual de cortejo estandarizado, basado en una serie de sonidos interrogativos que los machos suelen iniciar para establecer un primer contacto...

Se me escapa una sonrisa, claro, porque la situación es del todo ridícula, yo estoy muerta de cansancio, tengo un yonqui plantado delante y para colmo estoy escuchando la voz del comentarista de la 2. El tío se percata de ello -de la sonrisa, no de mis delirios mentales- y, oh, error, parece creer que le doy vía libre. Voy a demandar a RTVE...

-¿Tú sabes el lenguaje de los sordos?

Claro, me suelta esto y me deja fría, aunque por otro lado es una pregunta bastante más original que las dos anteriores.

-No -le digo, sin saber si va a seguir dándome coba o si me va a pedir ayuda económica para su centro de yonquis discapacitados.

-Pues yo sí -me dice lleno de orgullo, y esboza una sonrisa idiota.

-Qué bien -digo para zanjar el tema y miro hacia otro lado.

En esto que aparece el segurata y el encargado del metro, que parece que están al loro de lo que pasa con el yonqui. Yo les miro de reojo pensando que al menos, si el tío se pone pesado, ellos pueden intervenir. Que no digo que yo no sepa usar mis tacones como es debido, para eso los llevo, pero en una situación violenta llevo claramente las de perder.

-¿Cómo te llamas? -me pregunta el yonqui sin cortarse un pelo.

Mierda, mierda, a ver... ¿qué le digo? Si no le respondo o le digo que no le importa, a lo mejor se pone más pesado todavía... a ver, diplomacia, si le digo un nombre quizás me deje tranquila. A ver, nombre de mujer por defecto... dilo con seguridad, como si fuera tuyo...

-María -superconvencida, claro que sí.

-¿Cómo? ¿Luisa? -se está haciendo el sordo y lo sé, para tener la excusa de acercarse más a mí. Está claro que aunque ese tío supiera de verdad el lenguaje de signos, no es sordo, porque los sordos son personas sensibles que agudizan otros sentidos y se dan cuenta de cuando molestan a alguien.

-Sí, Luisa... -digo con sorna, para que el tío recoja velas.

-¿Mari Carmen? -me pregunta, haciéndose el gracioso mientras se acerca.

-Sí, Mari Carmen, por ejemplo -digo en alto con un tono de “me estás poniendo de mala leche”.

El tío se para, porque obviamente nota que yo no estoy por la labor, así que saca su vena poética para encandilarme:

-Tienes una cara que voy a grabarme en el corazón durante 300 noches. Tú te irás, pero el que está aquí pensará en ti durante 300 noches.

Genial, ahora trata de imitar a Sabina... aggghh... Si no estuviera tan cansada a lo mejor me iba a otro sitio donde el pesado no me moleste. Pero estoy destrozada, llevo despierta desde las siete de la mañana, cada paso que doy es un dolor, estoy muerta de calor y como ese tío me busque las cosquillas me voy a poner de una mala leche increíble... que venga ya el metro, por favor...

En serio ¿a algún hombre el decirle cosas así a una mujer le funciona? Porque si lo hace es que, efectivamente, hay mujeres que directamente son gilipollas. Y digo yo, que si todavía hay hombres que lo usan es porque alguna vez les funcionará. O quizá no, simplemente hay hombres que repiten un esquema hasta la saciedad aunque no les funcione. A saber la de mujeres que este tío en concreto lleva a día de hoy “grabadas en el corazón” durante 300 noches, tiene que tener un corazón más multitudinario que el desfile del orgullo gay...

El yonqui sigue con su retahíla a pesar de que estoy mirando hacia otro lado:

-Con esos ojos encandilarías a cualquiera...

Miro al segurata y al encargado suplicante, a la espera de que se acerquen y le digan al yonqui algo así como: disculpe caballero, está molestando a la señorita. ¿En qué mundo vivo? Al mirarlos, me los encuentro mirándome las piernas fijamente. Genial. Estoy atrapada en un triángulo de babosos donde no sé si es peor lo que está pensando el yonqui o uno de ellos. Esto es España, donde los encargados de protegerme son los primeros que me violarían. No me va a ayudar nadie con el tío pesado. O salgo sola de aquí o salgo sola.

-¿Ese quién es? ¿Tu consorte? -me sigue preguntando el yonqui, refiriéndose al de seguridad.

-No -se me ha dibujado una sonrisa sarcástica de la hostia.

-Pues no deja de mirarte... desde que ha llegado no te ha quitado los ojos de encima.

-Ya me he dado cuenta -digo mirando al de seguridad con cabreo. El de seguridad se pone colorado, no sabe donde meterse y finge iniciar una conversación con el encargado.

-Chiquilla... -sigue el tío desesperado por captar mi atención- chiquilla...

Lo que faltaba ya. Chiquilla. Mujeres del mundo, cuando un tío que te asalta por la calle sin conocerte de nada te llama chiquilla, es porque cree que tiene el terreno ganado. Usa “chiquilla” o “niña” para que veas que estás en situación de desventaja, que el que maneja la sartén por el mango es él. Al fin y al cabo, tú solo eres una chiquilla... aunque tengas sesenta años.

-Chiquilla, pero cómo no vas a llamar la atención con ese pelo, esos ojos, ese bolsito, esos zapatos... Aunque claro... -de pronto se le pone una mirada aviesa- estarías mejor sin el bolso... sin los zapatos... sin ropa...

Mientras va diciendo eso, a mí se me va poniendo cara de pocos amigos paulatinamente hasta que siento como estalla la furia. Ya está, lo ha conseguido, he intentado ser diplomática pero no, está visto que con los imbéciles hay que ser borde desde el principio o se pasan tres pueblos. No voy a permitir que un tío cualquiera me desnude con la mirada.

-Mire, déjeme en paz. Estoy harta. Deje de molestarme de una vez.

-¿No me vas a dar tu teléfono?

-Más quisieras. Déjame en paz y vete.

El tío me mira con intensidad, como si no se creyera que lo estoy rechazando -menuda autoestima tiene-, pero finalmente se da por vencido y se aleja.

Al cabo de un par de minutos el metro llega. Espero a que entre él primero y luego busco el punto del vagón más alejado.

Moraleja:

Quizá no sea mala idea amenazar a la primera de cambio con spray de pimienta. A lo mejor es que mi educación está completamente trasnochada y tengo que empezar a escupir y a mandar a la mierda con todas las letras a cualquiera que me pregunte la hora. Joder. No se puede ser una ciudadana educada en este país.


23 abril, 2012

A-salto de planta

Al ser hija de quién soy, visitar la planta de psiquiatría de un ambulatorio es una mera anécdota que se viene repitiendo en mi vida desde los once años. Sin embargo, el que anualmente esto ocurra en dos, tres ocasiones, me sigue llamando la atención. De hecho, ahora más, debido a lo que estoy estudiando.

Entrar en la planta de psiquiatría como Pedro por su casa no es moco de pavo. Al principio me daba miedo. Yo iba a ver a mi madre por cualquier motivo y la planta de psiquiatría suelen ponerla siempre en el piso más alto. Esto a mí siempre me ha hecho mucha gracia, porque suelo pensar que a un loco se le puede ir la cabeza, coger el hacha de incendios, e ir cómodamente asesinando personas planta por planta desde la quinta hasta el sótano. Sin despeinarse.
Y es que a los pacientes de psiquiatría se los quiere bien lejos, donde no molesten, para que no alteren al resto de pacientes no psiquiátricos y se líe la mundial. Y claro, como no es ético meterlos a todos en un sótano para que no los vea nadie, los ponen allí arriba, en lo más alto para poder contenerlos mejor. Además suelen ponerlos con los pacientes de neurología, la mayoría de ellos personas ancianas, que están tan hechos polvo que poco les importa que cualquier colgado se ponga a pegar gritos o se altere.

Cuando era más joven, desfilaba por el pasillo con mucha atención, mirando las caras de los pacientes y tratando de averiguar si había alguno peligroso al que no debía de acercarme. La mayoría de sus miradas eran tristes o estaban como perdidas. También he visto miradas coléricas, miradas cargadas de dudas y miradas llenas de electricidad. Yo me sentaba en la primera silla que veía más apartada y allí me hacía un ovillo, siempre soportando sus miradas llenas de curiosidad. Me imagino que chocaba ver a una chica tan joven allí metida que a los pocos minutos desaparecía escaleras abajo con la psiquiatra.

Luego mi experiencia cambió con el tiempo. Ya no me daban miedo, si acaso me inspiraban tanta curiosidad como yo a ellos. Seguía quedándome apartada, pero esta vez los miraba con atención, tratando de averiguar qué podrían tener: ése tiene pinta de haberle dado a las drogas, ésa de ahí sufre un transtorno nervioso de algún tipo, ese pobre tiene una depresión de caballo, ésa es una maníaca... Hasta el punto de que, a día de hoy, me reto a mí misma para ver qué puedo identificar. Me doy cuenta de que después de cuatro años entre libros de carrera me he academizado demasiado y ahora tengo idealizado al paciente esquizofrénico, al que sufre alzheimer, al enfermo crónico de insomnio... De modo que el visitar una planta de psiquiatría hoy me ha ayudado a darme cuenta de que tengo que volver a tomar terreno. La psicología está ahí fuera, no en los libros.

Para empezar, esta mañana me senté apartada apartadísima de los demás, junto a un cartel que ponía "sin salida" (me gusta ser protagonista de estas pequeñas escenas excéntricas que aparecen de pronto, en mitad de la normalidad).
Identifiqué un claro caso de autismo, que es con el transtorno con el que más experiencia tengo a día de hoy, de un chico que bajó en el ascensor y a los pocos minutos volvió a subir en el mismo. Un autista al que le gustan los ascensores. Los autistas tienen un sentido del humor muy particular. También vi llegar a dos mujeres monísimas de la muerte, de esas que votan al PP, que me preguntaron que qué planta era aquella, así que puse mi mejor cara de loca (decir que yo tenía una pinta horrible, con ojeras, despeinada y sin café) y les dije con un deje ansioso: Es la planta de psiquiatría, con lo cual dieron media vuelta y bajaron las escaleras sin darme las gracias, haciendo resonar sus tacones con cierta prisa. Me reí interiormente. Después una señora que venía con la hermana y la sobrina se puso a gritar como una posesa que a ella el psiquiatra le tenía que dar el tratamiento, que estaba muy alterada y que iba a hablar con no sé quién. La hermana trataba de contenerla y la mujer cada vez gritaba más. Estuve a punto de intervenir, pero afortunadamente terminó tranquilizándose.
Luego, una mujer con su hijo también autista, bajando las escaleras. Y pacientes de neurología a montones, esta vez no tan mayores como otros que he visto, que estaban un poco escandalizados por el numerito de la mujer, la hermana y la sobrina.

Finalmente salió mi madre y yo la seguí muy discretamente, porque no me gusta que sepan que soy su hija.

Mis pruebas clínicas siempre tienen escrito lo de Dpto. de salud mental -por aquello de que las pruebas me las hacen más mis padres que mi médico de cabecera- lo que me hace pensar que si eso se queda registrado en mi historial de alguna forma, cuando tenga que ir alguna vez a un hospital a lo mejor se extrañan al ver que soy una paciente crónica de salud mental desde bien pequeña.

Si es que ser hija de quien soy, a veces es un lastre. Ya me pasaba en el patio del colegio:

-¿En qué trabajan tus padres?
-Pues mi madre es enfermera y mi padre cocinero.

-¿Y los tuyos, Andrés?
-Mi madre es profesora y mi padre taxista.
-Taxista, hala qué guay.

-Pues mis padres son los dos arquitectos.
-¡Anda, como mi tía!

Y me llegaba el temido turno...

-¿Y tus padres?
(Voz casi inaudible)
-Pss... Psiquiatras.
-¿Psiquiatras? ¿Eso qué es?
-Esos... ¿esos no son los que encierran a los locos?
-Mmm...
-¡Como en La Bella y la Bestia, que el loquero quiere encerrar al padre de Bella!
-¡Qué miedo! A mí esa escena me hacía llorar de pequeña... Tenía unas pesadillas por las noches...

Y aquí se hacía un silencio sepulcral, y luego se cambiaba de tema.


...mis padres me deben muchos amigos.


13 abril, 2012

Cinco pequeñas reflexiones cotidianas

1. Para mi gato, el mayor, mi nombre es Mau. Cuando me llama, su maullido es muy distinto al que utiliza para pedirme de comer o para que le cambie el agua o la arena. Es un maullido diferente al que usa para saludarme por las mañanas o para llamar mi atención sobre cualquier cosa que se la llame a él. A veces me llama por el pasillo. En un intento de vocalizar al modo español las vocales, las pronuncia claramente, haciendo un esfuerzo para ello, consiguiendo que su voz parezca humana. Mau, Mau, me dice, y yo sé inmediatamente que me está pidiendo pasar un rato conmigo, sentarse en mi regazo o acostarse sobre mi escritorio para que lo acaricie mientras leo. ¿Que quiere abrir una puerta? Me llama para que se la abra: Mau, Mauu... y mira la puerta ansiosamente y a mí, de forma alternante. Pero cuando me llama, suele hacerlo para estar conmigo, para pedirme que lo acaricie y pase tiempo con él. Igual que para mí él es Edgar, y cuando lo llamo él aparece por la puerta, él sabe que si me llama Mau, rápidamente aparezco para cogerlo en brazos y dejarle pasar la tarde conmigo.

Los humanos solemos felicitarnos por la exclusiva capacidad de nombrar los objetos; qué poca sagacidad, pues está claro que no es así.

2. Me gusta probar cosas nuevas. El otro día le tocó al tofu. Tofu, tofu, ¿qué narices es el tofu? No tenía ni idea hasta que lo compré. Pues resulta que es leche de soja condensada a la manera del queso, capaz de adaptarse al sabor de aquellas especias o alimentos que lo rodean y con una textura muy peculiar. En Asia es relativamente frecuente; en Europa lo han popularizado los vegetarianos, haciendo que ocupe el lugar de la carne en su dieta. A mí simplemente me gusta, sin ser yo nada de eso.

3. Hubo un tiempo en el que yo era bailarina. Bailarina de verdad, de esas que van al conservatorio y tienen que sufrir durante años cuatro o cinco horas diarias de ejercicios terribles, cinco días a la semana. Tenía una coordinación sorprendente, era capaz de hacer diez cosas a la vez con mi cuerpo, incluso pensar. El otro día, sin embargo, al agacharme para coger en brazos a mi gata me golpeé la frente con la esquina de una encimera. Eso da una idea de la pobre coordinación que tengo ahora, que ni siquiera soy capaz de medir bien las distancias visuales. Quizá por eso me dedico ahora a las peripecias mentales; deben de dárseme mejor, porque no necesito tanto ejercicio. Ahora no soy capaz de hacer diez cosas a la vez, pero al menos sé pensar, sobre todo cuando me dedico a ello en exclusiva; más de lo que muchos hacen.

4. Tengo una agenda en la que apunto cosas que tengo que hacer. No las cosas rutinarias, sólo lo verdaderamente importante. Ahí escribo listas de aquellos libros que tengo que leer, aquellas películas que me quedan por ver, aquellas cosas que debo escribir. Trazo objetivos para estar en contacto conmigo, para que no me pierda en la costumbre diaria. No lo miro con frecuencia, ni significa nada el que no cumpla objetivos dentro de un marco temporal, porque no lo hay. Simplemente está ahí, como un mapa que guía mis pasos. Un espejo en el que mirarme para recordarme quién soy cuando se me olvida.

5. Ha salido un estudio que dice que dos cañas de cerveza o dos copas de vino nos hacen más inteligentes de forma temporal. Si bien la capacidad analítica se ve reducida, la intuitiva se incrementa. Es el mejor momento para resolver acertijos, entonces. Esto lo tenía muy claro, pero ahora los datos lo confirman. De modo que ya saben, señores empresarios, en lugar de máquinas de café, pongan máquinas de cerveza. Nada más insinuante que eso y un cartel que diga: ¿Hoy cómo la prefieres, rubia o morena? Y que el vino tinto y el vino blanco pasen a llamarse vino moreno y vino rubio respectivamente, con su máquina vinatera también. Así no habrá discriminación sexista. Vendrán a quejarse pelirrojos, pelirrojas, castañas y castaños; pero ya sabemos que en genética, el pelirrojo y el castaño son sólo mutaciones del rubio y del moreno. O, como mucho, un árbol de frutos secos femeninos. Y lo que tienen en común la vida basada en el carbono con el alcohol es que ambos arden muy bien.

28 febrero, 2012

Así que queréis leer sobre...

Hago esta entrada como mero entretenimiento y, de paso, para comentar los resultados de la encuesta hasta ahora.

¿Una mayoría de votos para política? Jajajajajajaja. Qué cabrones. Se nota qué es lo que preocupa a día de hoy. Pues nada, marchando una ración de política en breve entonces. 7 votos, no está mal...

Un triple empate con 5 votos por ahora entre Literatura, Religión y Actualidad variada. Lo de la religión lo entiendo y la actualidad variada de alguna forma se relaciona con política, pero ¿literatura? Me tengo a día de hoy por una escritora farragosa, que no escribe ni un poema ni un relato al derecho. Sin embargo me habéis pedido poemas en un comentario... No hay quién os entienda. Pero bueno, seguiré escribiendo también en ese aspecto siempre que pueda.

Psicología e Información útil con 4 votos cada una. Ahora os pregunto... ¿qué entendéis por información útil?

Y la pseudociencia no os mola, sólo ha tenido 1 voto, pero a lo mejor sí que le doy caña a, sobre todo, la homeopatía. Es que me he dado cuenta de la cantidad de crédulos que hay por ahí dispuestos a meterse en el cuerpo agua con azúcar y a quedarse tan panchos, casos muy cercanos a mí incluso. Si es que...

Me tenéis en Facebook y Twitter como siempre, aunque últimamente estoy de una dejadez...

Un saludo a todos, gracias por participar en la encuesta y si queréis hacerlo todavía quedan 10 días más.

21 noviembre, 2011

Sexta convocatoria

No recordaba lo mucho que me gusta ver el patio de la facultad cuando está vacío, el sol casi se ha puesto y el color rosa del cielo está a punto de desaparecer.
Siempre se me hace un nudo en la garganta y noto cómo me escuecen los ojos.

Subo por las escaleras mientras siento el corazón golpeándome fuerte contra las costillas. En el despacho son todo sonrisas y hasta estoy por pedirle al profesor que me abrace y que me diga que todo va a salir bien. Casi.

Al salir me veo catapultada a primero de carrera y en cierto momento enfilo el antiguo camino a la residencia. Tengo que hacer un esfuerzo para recordar que cuando llegue a casa no me espera un salón apestando a tabaco ni la televisión a todo volumen. Por no hablar de la despensa vacía y el bolso lleno de billetes para intercambiar por cerveza. Se me van los ojos hacia el pub irlandés y me pregunto que si la imagen que proyecto de mí en mi cabeza bebiéndome una pinta sola será demasiado patética. Probablemente.

En el metro, aunque sea por la tarde, me encuentro con las mismas putas miradas grises de siempre. Por unos momentos hasta creo que mi abrigo está perdiendo color. Me apetece un cigarrillo como nunca, un sofá donde tirarme. En cambio estoy agarrada a una barra metálica preguntándome si estaré tocando todo un ecosistema de microbios patógenos. Probablemente.

De camino a casa me cruzo con una chica que va paseando a su perro. Me detengo para acariciarlo, pero la chica me advierte con la mirada y me alejo.

Unos metros delante tropiezo, pierdo pie y caigo. Noto cómo algo me moja la ceja y un dolor fuerte cerca de las sienes. Algo rojo me nubla la vista. No tengo ni fuerzas ni ganas de levantarme. Pierdo la consciencia unos minutos.

Cuando me despierto, tengo un hocico húmedo enterrado debajo de mi camisa. Es del perro que me he cruzado antes. Su dueña me mira unos instantes y me pregunta con voz obligada: oye, ¿estás bien?

Menuda ciudad de psicópatas.

"Ey, Jenny, please tell me, why are you walking this land? You've lost your way, you couldn't stay"





18 septiembre, 2011

El mes maldito

Que Septiembre es un mes de cambios, de proyectos, de comienzos y finales, todo el mundo lo sabe.

Que Septiembre suele tocarme mucho la moral, lo saben menos personas.

No hay tiempo para nada, todo son problemas, los exámenes me roban el preciado tiempo que necesitaría para otras cosas y otras cosas me roban el preciado tiempo que necesito para los exámenes, o algo así.

El cansancio, la falta de tiempo de ocio sin culpabilidad, la culpabilidad por tomarme tiempo de ocio que debiera ser de negocio y un largo etcétera me hace estar muy descentrada, en un continuo quiero y no puedo, en el que la actividad de escribir en este blog se ve muy mermada en la larga lista de cosas que me gustaría hacer y no puedo por falta de tiempo. Ahora que ideas tengo, he de ocuparme de otros asuntos.

Creo que hasta que este mes termine no podré poner en orden muchas historias que tengo pendientes. Así que a los pocos lectores del blog (o muchos o regulares... en realidad sigo sin tener ni puñetera idea de quiénes leéis mi blog, ni cuándo, ni por qué) os pido disculpas por este período de descanso que me estoy tomando.

Culpad a Septiembre.

Por lo demás aconsejo que os toméis las cosas con humor. Yo ando últimamente de un ácido que no me aguanto.

03 agosto, 2011

Pesadillas...

Hay personas que recuerdan sus sueños, mientras que otras no.

Yo casi siempre recuerdo por lo menos uno, aunque a veces soy capaz de describir uno por uno, bastantes de los sueños que he tenido a lo largo de la noche.

Mis sueños están plagados, para mí, de interrogantes. Tengo pocos sueños bonitos, algunas pesadillas y con bastante asiduidad tengo sueños delirantes y confusos que no sé qué significan y que para mí son peores que las pesadillas.

Porque una pesadilla tampoco es tan mala. Pasas un poco de miedo unos minutos y en seguida te despiertas.

Para mí, la verdaderas pesadillas son esa colección de sueños inconexos, absurdos y a veces hasta crueles que suelo tener.


He soñado que alguien me perseguía. He soñado que estaba al borde del precipicio. He soñado que viajaba en avión. He soñado que alguien quería destruirme. He soñado con asesinatos y manchas de sangre.

Suelen ser mis pesadillas comunes.


Otras que no lo son tanto... No hace mucho soñé que era una persona con la cara desfigurada. En otra, soñé que estaba atrapada en un tren. En otra, que me perseguía un jinete sin cabeza (exceso de cine, imagino, ésta última).

Delirios absolutos.


Sin embargo, la pesadilla que más miedo me ha dado ha sido una en la que me veía a mí misma entrar en una habitación que pertenecía a alguien que se había marchado en un viaje indefinido y a quien yo quería. Y la habitación estaba casi vacía, con unos cuántos cómics y libros desperdigados en dos estanterías destartaladas, y una cama con la sábana bajera puesta y la almohada, pero nada más. Un olor a pasado y a habitación vacía llena de polvo me taladraba la nariz. Comprendía entonces que esa persona se había marchado para siempre, que nunca volvería a verla, que daba igual cuánto me aferrara a aquella habitación porque el dueño no estaba y no iba a volver. Verme en aquel sueño, agarrada a la almohada de aquella cama, sabiendo que no podía hacer nada para traer al dueño de vuelta y sentir tan claramente la impotencia y la soledad es a día de hoy el sueño en el que peor lo he pasado. Y lo he tenido hace muy poco.


Quizá lo considero tan terrible porque se parece mucho a la vida real. Hay personas y relaciones que por mucho que quieras recuperar, no puedes. Y saber que esto es así me llena de rabia y frustración.

Sin embargo, hay situaciones que sí podemos cambiar. Y es en ellas donde tenemos que actuar. Rendirse no tiene nunca sentido. Por otro lado, hay que saber manejar y cuidar el presente, que tan pronto como se le nombra, se marcha.

Tan frágiles somos, tan frágil es la vida.

Y esta realidad es, ciertamente, mi peor pesadilla.

24 julio, 2011

Retiro espiritual

Sí, pudiera ser. Pudiera ser que hubiera recuperado parte de la inspiración, no tengo ni idea. Me he exiliado entre Huelva y Portugal más de una semana y no me he enterado de casi nada de lo que ha pasado durante estos días. Sólo un vistazo rápido y leo la desgracia de Noruega hace uno o dos días. También algo de las marchas de miles de personas a Sol. Algunas críticas a Bene16, que viene a España en agosto para formar su campamento de niñatos católicos en pleno Madrid. Y pienso que tengo que recoger de nuevo el peso del mundo que solté y volver a devorar palabras de prensa, artículos y más artículos, entradas de blogs... y volver a estudiar, a devorar manuales y manuales y volverme una experta en este verano de un montón de cosas que apenas me interesan... y volver a escribir, a escribir de una manera decente... y hacer deporte, porque por fin he sentido la punzada del sedentarismo, he sentido a mi yo salvaje, ese yo que me incita a nadar y a buscar la abrasión del viento y del sol, y dejar de pasarme el cepillo por el pelo (creo que para mi subconsciente, el peine es un objeto esclavizador que el sistema utiliza para introducirme en su engranaje infernal... o una prolongación del pene de alguien o del pene en general, a lo mejor me estoy volviendo lesbiana, nunca se sabe con seguridad en estos casos...).

El caso es que vuelvo a lo que yo considero mi agujero-hogar, con mis gatos y con mi vida y me alegro por sentirme distinta, por sentirme más yo, más tostada por el sol pero menos quemada por la rutina. Y me gusta y siento no ponerme al día con toda esa montaña de obligaciones que veo ante mí, esperando a que les dé la patada.

Pero es que hoy no. Hoy es día de cine en casa y cerveza.

09 julio, 2011

Vecinos invasores

Pero no, no me refiero a la película.

¿Por qué no puedo encontrar en Sevilla un puñetero lugar donde la gente tenga un mínimo respeto por las personas que viven al lado (o debajo, o encima, o en su misma casa)?

Es prácticamente imposible. Tienen que poner su flamenqueo barato a toda hostia, porque si no no se siente la pasión flamenca... Todos los puñeteros sábados igual. Y en días aleatorios también.

Y cuando la "música" no está puesta, están pegando gritos. Tampoco saben bajar las escaleras como personas normales, no, cuando alguien baja nos tenemos que enterar todo el edificio porque parecen elefantes patinando en una cacharerría.

Para más inri, la mayoría de ellos tienen varios hijos, porque claro, al ser semicanis no les llegó la neurona para ponerse el condón, y como no tienen ni puta idea de criar niños, ahí los tienes siempre llorando y gritando como descosidos. Las personas que no están capacitadas para ser padres no deberían serlo.

Y es que el que me invadan el aire de mi casa con música horrible me pone de los nervios... Así que, aunque sólo sea por joder, que parece que es la única filosofía que entienden, les voy a poner un regalito a todo volumen... Y es que yo si me pongo, también puedo ser maleducada de la hostia...



08 julio, 2011

Fuck yeah

Por fin ha llegado el verano para mí.

Días de estar entre gatos, caminando semidesnuda por casa, acostándome a las 3 bebiendo vino o cerveza o Sunny con vodka desde mi sofá y viendo pelis de terror, que es mi vicio secreto, además de tener la esperanza de coger por fin un libro que no tenga en la portada las palabras "manual", "conducta", "psicofisiología", "funcionalidad", "metodología", "¿cómo saber si usted está loco? En 3 cómodos pasos".

Ganas de volver a cabrearme a la más mínima y volver a escribir burradas en este blog, o en cualquier otro y seguir perdiendo lectores porque no tengo remedio.

Tengo que darle más carisma a este blog, está bastante apagado últimamente, con esos pseudopoemas depresivos que a nadie gustan, a mí la primera.

Buenas noches y buena suerte.

06 julio, 2011

Serie Lost (Perdidos) Opinión personal sobre los personajes


El otro día estuve recordando la serie Perdidos y bueno, teniendo en cuenta que mis entradas más exitosas son las de los Pingüinos (Why, God, why?) y la crítica que le hice a Furia de titanes, pues me vais a permitir que me gane unos lectores extra si Google lo ve bien.

Lost tiene una particularidad y es que las temporadas impares (1,3 y 5) suelen estar mucho mejor que las pares (2,4 y 6). De hecho su bodrio de final quizá no lo hubiera sido si hubieran hecho una temporada más (7) o la hubieran dejado en la 5, que creo que hubiera sido lo mejor aunque fuera una jugada tela de cabrona (para aquellos que no recordáis el final de la quinta temporada, ahí va un memorandum: "Estalla, hija de puta" golpe, golpe, explosión).

Iba a comentar toda la serie, pero me di cuenta de que iba a ser un procedimiento largo y tedioso, y es que la lían tanto que realmente un post no da de sí para poner la serie a parir donde procede.

Así que me voy a liar a guantazos con los personajes, que es más ameno y así puedo descargar parte de mi tensión (hay SPOILERS, por supuesto):



Jack. Jack es el personaje prototípicamente plano y soso que suele gustar a la audiencia porque "es el bueno" (lo cual dice muy poco de la audiencia). Es "mono", es médico y tiene una insana obsesión por "hacer lo correcto" que le hace forzar las situaciones hasta el extremo. Se suele decir de él que es un personaje "razonable y guiado por la lógica", pero yo no le veo tal. Quizá tenga de vez en cuando razonamientos acertados, yo no digo que no, pero como es un maldito mandón, sus decisiones acertadas quedan siempre ensombrecidas. Y es que, por muy médico que se sea, uno no puede decir que las cosas se hacen "por mis cojones". Es insoportable casi hasta el final de la serie, donde parece que al fin recapacita un poco y deja de ser tan capullo (el pobre es de procesamiento lento, angelico, como la mayoría de los espectadores). Lo que peor me sentó es que cuando Jack "muere" es cuando termina la serie. ¿Por qué? A mí nunca me interesó Jack, las escenas de su vida me aburrían de sobremanera. La serie se supone que giraba en torno a La Isla, no en torno a Jack.

Inciso: Eso de que los guionistas y directores etc. de la serie excusaran el capítulo final diciendo que "la audiencia lo que quería era aclarar qué pasaba con los personajes, si eran felices y comían perdices, si encontraban o no una solución a sus conflictos" me suena a "hicimos lo que parecía más fácil". A mí me daba igual si los personajes resolvían sus conflictos amorosos de niños de patio de colegio. Yo lo que quería era que me resolvieran los misterios de La Isla, que era lo interesante. Si luego quieren resolver los conflictos de sus personajes, de acuerdo, pero era absolutamente secundario. Nada, que la ambición les pudo y como querían tener contentos a los descerebrados de sus seguidores con escenas melodramáticas empalagosas metieron la pata hasta el fondo.

John Locke. Maldita sea. Locke molaba. Siempre moló. De no ser por él, Jack siempre se saldría con la suya y se le hubiera puesto el ego a niveles estratosféricos. Un tío como Locke, que siendo minusválido se levanta de pronto, que tiene una conexión especial con la isla, que sabe cazar, sabe desenvolverse por sí mismo, es el sentido común en persona y el verdadero líder natural... van y lo ponen en un lugar más secundario, porque claro, Jack es el que importa. Pues miren, no. Cuando las cosas se ponen verdaderamente putas, ¿a quién acuden los personajes? Jack tiene demasiados complejos, está siempre demasiado ocupado poniendo cara de "yo sé qué es lo que hay que hacer" para saberlo de verdad. Locke sí lo sabe, sólo que a él no le hace falta poner ninguna cara. Y claro, para que Locke no siga estorbando, lo matan. Eso me hundió. Una historia de amor que tuviera a Locke como prota si me hubiera llenado más, no como el triángulo amoroso churro que nos hicieron tragar. Lo que me lleva a...

Sawyer, que hace de tipo malo y chico duro del instituto. Uuuh... qué miedo... ¿dará el mismo miedo cuando me ate a la cama con pañuelos de seda? Cough cough, perdón, que se me va el hilo. A ver, Sawyer al principio es un capullo con mayúscula. Te entran ganas de atarlo... o de dejarte atar. Además no sabes por dónde va a salir, se le va mucho la olla, es violento y siempre está mirándose el ombligo y pasando de los demás. Es un personaje bastante anticarismático, que por muy bueno que esté no se salva porque a veces los tipos cargados de testosterona dan miedo. Pero por supuesto, evoluciona y con ello, tus ganas de... Tiene un pasado trágico y oscuro (tenían que justificar su egoísmo galopante), y tras su máscara hay un tipo sensible y culto y jooo... no sabes de qué tienes más ganas, de abrazarlo como a un niño pequeño en una casita londinense junto al fuego mientras la lluvia cae afuera o de dejar que te empotre contra la pared en cualquier lugar.

Kate, que podría haber llegado a ser una voz importante en la serie, se conforma con un papel de mierda de "chica guapa que de vez en cuando echa un cable" de lo más triste. Su pasado de ex-convicta y tener un temperamento más o menos peleón deberían de haber bastado para cerrarle la bocaza a Jack. Pero no, como es la chica más apañá de la serie, tiene que enamorarse de él. ¿Qué mujer que no vaya tras el dinero o tras un status social puede enamorarse de Jack? Pero si tiene escrito en la cara que folla bastante mal, es mandón, histérico y yo no sé a ella, pero a mí me excita tanto como las babas de un caracol. Cuando vemos que Sawyer también le presta atención piensas: genial, Sawyer se va a quedar con la chica. Pero no, Kate tiene que ser tonta y acabar con Jack porque así lo exige el guión. Cuando lo ves pones cara de ¿pero qué me estás contando? y sobretodo: si eres así de imbécil, Kate, y te quedas con Jack... ¿podrías mandarme a Sawyer? ¿Pero qué clase de mujer se queda con Jack teniendo a Sawyer? Es más, si Jack fuera el último hombre de la Tierra, ¿qué mujer no se haría lesbiana? El problema está en que Kate tiene que cumplir clichés sociales, a saber: las chicas tonteamos con "los malos", pero nos casamos con "los buenos". Kate es la esperanza de los tipos aburridos llenos de inseguridades que conforman la gran parte de la audiencia ya que: "aunque el otro tío me dé mil vueltas, al final yo sé que ELLA se va a venir conmigo". Que sepáis tipos aburridos y llenos de inseguridades que si en la vida real ELLA se va con vosotros, ELLA no mola tanto y probablemente también folla mal, es mandona y está tan llena de inseguridades como vosotros (por eso se queda con vosotros, porque le da miedo entre otras cosas no cumplir con las expectativas del tío que sí mola).

Hurley/Hugo. Aunque aparece en un principio de forma esporádica y piensas que simplemente lo tienen ahí para que cumpla el papel de "chico gordito y bueno de la serie", la verdad es que al final se desmarca de ese papel desabrido. Hugo es bueno de verdad, no tiene pretensiones, destila corazón de oro por cada uno de sus poros y nada tiene que ver su apariencia física. Además, cuando tiene que plantarse, se planta. No es el típico bueno-y-tonto que tanto coraje me da. A la chita callando se va haciendo hueco entre los personajes, siempre dando un buen consejo, casi siempre siendo coherente consigo mismo, algo que es de agradecer. No se lo tiene nada creído y eso gusta: es un tío natural, sin complejos y con las cosas claras.

Jin y Sun. Está claro que de esta parejita, el héroe es él. Jin te da tres patadas en el estómago cuando lo conoces. Esa mente coreana tan cerrada lo relegan a "tío que no quiere nada con nadie y encima trata mal a su esposa". Sun tampoco es que caiga bien, porque le aguanta las tonterías y tiene una pinta bastante pusilánime y sumisa. Menos mal que cambia la cosa. Al pobre Jin lo que le ocurre es que su suegro le ha jodido la vida y Sun no deja de ser la chica rica que se casa con chico pobre. Jin se desvive siempre por estar a la altura y Sun no es muy coherente con su marido. Al final normal que haya rencillas entre ellos, pero resuelven las cosas bastante bien. Es el prototipo de pareja con problemas serios que los resuelven con éxito y siguen adelante. Un aliciente para las parejas que no se entienden de la audiencia.

Michael y Walt. Sobráis. Sobráis del todo en la serie. Lo único que hace Michael es cagarla, ser un histriónico egocéntrico donde el mayor problema del mundo siempre lo tiene él. Apuesto a que le hubiera encantado ser el líder, pero no tiene carisma suficiente. Normal que su hijo en un principio esté distante con él, corcho, si es un verdadero imbécil lleno de traumas porque su mujer le dejó. Supéralo, tío. Walt la verdad es que está ahí simplemente para poner las cosas tensas entre los personajes. Es la excusa para que Michael pierda los nervios y se ponga a hacer imbecilidades. Menos mal que los eliminaron relativamente rápido. Caían realmente mal.

Charlie. Él molaba. Era el chico simpático y además músico que anima el cotarro y siempre tiene alguna chorrada por ahí para hacerte sonreír. Su inmadurez le había hecho caer en malos rollos de drogas y malas compañías y Locke tiene mucho que ver en que se le siente un poco la cabeza. Por otro lado, que se enamore de Claire dice muchas cosas buenas de él. Joder, qué coraje me dio que muriera. Debería haberse quedado con Claire y que hubieran vivido juntos y felices. Matarlo es una verdadera cabronada. Pero claro, como era bajista...

Claire, en el papel de princesa rubia en apuros. No puede estar la pobre más jodida: su avión se estrella, está a punto de dar a luz y encima no tiene un padre para el bebé. No entiendo por qué le da tantas calabazas a Charlie, con lo bien que él se porta con ella en todo momento. Siempre haciéndose la estrecha, se le hubieran quitado las tonterías con un buen polvo. Claire, hija, no me seas tan delicada y deja que el bajista te empotre, coño, que eso viene bien para la piel. Molas mucho más cuando estás sudada y hecha un asco, te da una pinta de salvaje genial. Si Kate hubiera estado acertada, te hubiera dado un par de hostias para que te dieras cuenta de lo que tenías. Pero Kate estaba demasiado ocupada decidiendo entre el médico con pelas y el bombón que te adora y que hubiera matado por ti. Si es que de donde no hay, no se puede sacar.

Sayid. Ahora soy un torturador, ahora eso me da asco, ahora estoy nostálgico porque añoro a mi enamorada, ahora me lío a patadas contigo... Qué tío, no sé aclara con el tipo de personaje que quiere ser. Es un personaje muy realista al tocar un tema de actualidad como el terrorismo y la guerra. Hubiera estado bien que le dieran más protagonismo, no que termina la serie y no sabes qué pensar de él. ¿Molaba o no molaba? La cosa es que al final me resulta de lo más indiferente, cosa que es una pena, porque tenía papeletas para haber marcado la diferencia...


Shannon y Boone, que se ve que los metieron de relleno porque los dos personajes son realmente idiotas y odiados y sirven de catarsis para la audiencia, que pide su sangre casi desde el principio (sobretodo la de ella)... Una pena que Boone muriera cuando estaba saliendo de su pozo de mierda. Por otro lado ¿por qué lían a Shannon con Sayid? No tiene ni pies ni cabeza. Menos mal que los mataron, porque se ve que no sabían muy bien qué hacer con ellos.


Benjamin Linus. Oh, mi querido Ben. Eres un tío que mola mil. Dando siempre vueltas, haciendo magníficos discursos, desencajando a tus rivales, nunca dejando claro de qué parte estás... Eres un jodido cerebro y a mí los cerebros me enamoran. Sí, ya sé que tienes pinta de lagarto, pero siento debilidad por los empollones marcadamente inteligentes que ven allí donde los demás no. Eres el único que torea vilmente a Jack, lo cual me encanta, así como a todos los demás. Misterioso, devora-libros, analítico... ñam ñam. No me importa que penséis que soy una enferma. Este tío es carne de psicóloga, normal que lo idolatre. Es de las pocas personas que podrían mentir en un test de personalidad y no se notaría. Oh, mi querido Ben...

Richard Alpert o el freaking Guy-Liner. De verdad... Se pinta tan bien los ojos que desde que vi Lost ya no me atrevo a pintarme yo por miedo a ser comparada con él. Richard mola. Tiene la cabeza en su sitio, es inteligente, misterioso, inmortal y está ahí para echarte un cable. Una pena que no le dieran más protagonismo, amén de una historia mejor. Sí, porque en el caso de Richard es realmente sangrante que su vida haya sido una telenovela colombiana. "Oh, mi amoool, yo te procuraré un médico y te curará. Mamasita, mi amoool, guache..." Etc. Lo que no tiene sentido, porque se supone que es de Canarias, como los plátanos. Pero bueno, es lo que tiene que la serie sea norteamericana, que los de EEUU se piensan que España está en México.

Desmond Hume. Sí, a este tío también me lo tiraría. Su novia es una petarda. Hume está mal de la cabeza, pero también es sensato, es guapo, culto, inteligente y un desgraciado (¿mencioné que también tengo predilección por los desgraciados?)... combinación ganadora. Además tiene ese extraño poder que hace que no le afecte el magnetismo. Y eso de estar en una escotilla en mitad de una isla, haciendo flexiones y dándole a un botón cada 108 minutos... Es un personaje original, además le carga a Jack el muerto de seguir pulsando la tecla... eso no tiene precio. Se merecía al menos volver a casa con la petarda de su novia y ser feliz, no que siempre se está comiendo los marrones de su destino fatal.

Faraday. Es un físico (con lo que me gustan a mí los físicos o científicos locos en general), friki, muy inteligente y aunque no es guapo guapo, es bastante simpático y tiene la cabeza en su sitio. Sí, también me gusta. Tampoco le dan el protagonismo que quisiera, aunque está bien que su vida sea una paranoia total. Una pena, Faraday.

Y bueno, lo dejo aquí, porque a pesar de todo esto se está haciendo muy largo. Me dejo a mucha gente fuera, con la que no suelo simpatizar para nada, como la imbécil-con-cara-de-estar-oliendo-mierda de Ana Lucía, o el sacerdote negro petardo, o Libby -que hace una representación penosa de las psicólogas- y no, no es creíble que se líe con Hugo, o la tía esa que también le gustaba a Jack... sí, la rubia esa tontadelculo... Danielle Rousseau es una excepción, la pobre, a lo Robinson Crusoe sin su hija y muerta de miedo en una isla hostil... Esta tía sí que tiene un par, además está mediogrillada y mola que vaya armada hasta los dientes...

Pero no os entretengo más. Si habéis leído todo esto es que vosotros también tenéis un par... Si es que no sé hacer opiniones cortas... Estoy profundamente tarada...


29 abril, 2011

Hasta pronto, guajes

Saludos, lectores míos. Quiero deciros varias cosas:

A)Escribo este post para que sepáis no me vais a poder leer en una semana. Mañana me marcho a Galicia, a hacer un poquito del camino de Santiago (que en realidad debería llamarse Camino Celta, ya que los celtas lo utilizaban mucho antes que los cristianos, siempre tan absorbentes con las cosas que no son suyas, pero bueno). Tengo una media de dos posts a la semana, así que siento si no cumplo con mi deber bloguero hasta el domingo que viene. También espero que no os pongáis impacientes si dejáis algún comentario y no aparece publicado hasta entonces, porque veo que la posibilidad de tocar un ordenador hasta el domingo 8 de mayo es prácticamente nula –y como bien sabéis, no soy muy amiga de las nuevas tecnologías, así que no tengo Iphone, ni Ipad, ni Ipod ni Blackberry, ni lo que sea que sirva para escribir en internet desde un dispositivo móvil, porque los considero artilugios inútiles para mi vida diaria y un gasto snob innecesario-.

B)Me voy a subir a dos aviones, así que si veis una noticia que habla de un avión que va a Galicia o que vuelve de Galicia que se ha estrellado, probablemente será el mío. No es por ponerme dramática, simplemente es que a veces la mala suerte la toma conmigo. Y puede llegar a ser una verdadera hija de puta.

C)También quiero plantear a mis lectores españoles que no lo hayan hecho ya la posibilidad de que se sumen a la iniciativa del 15 de Mayo, la de DEMOCRACIA REAL YA!, de la cual pienso bombardearos con información a mi vuelta –además de contaros otras cosas, que ya sabéis que el monotema no me va mucho-.

D)Cuando me voy me gusta dejaros un clip o varios de vídeo o audio, por si la impaciencia os reconcome y eso. O por si muero, que tengáis un recuerdo musical. Y cuando viajo en avión, no sé por qué, siempre me viene la canción de Frank Sinatra a la cabeza de Fly me to the moon. Ironías de la vida.

Saludos y hasta la próxima (espero).

Salud y libertad.

Y ésta, de pitorreo, ya que me voy a eso, a “Los caminos del Señor” y si no soy un poco hija de puta no me quedo tranquila :D


Ahí vos quedades!!!

P.D.: Sí, sí, traeré foootooos :)


21 abril, 2011

Breve nota de Semana Santa

Sinceramente, con esto de la Semana Santa a mí me ocurre todo lo contrario a lo que suele pregonarse por ahí.

¿Que sacan mujeres llorosas? A mí me entran ganas de reírme.

¿Pena y sobrecogimiento el Jueves Santo? Me pongo ciega a base de vino.

Y aunque no sea cuaresma, pues como carne los viernes por si acaso.

Cuando veo tanto paso desfilando, tanto tonto de capirote, tanta saeta para arriba y para abajo, a mí lo que me entran son ganas de beber, de follar y de comer.

Que si los capillitas prefieren la pulsión de Tánatos, haciendo festividad de la muerte, el sufrimiento y la tortura, alguien tendrá que contrarrestar con Eros a saco ¿o no? En el punto medio está la virtud, no vamos a dejar que la balanza se desequilibre ¿verdad?

Es la fiesta de la primavera, lo de la Semana Santa vino mucho después y no es mejor.

Y bueno, poniéndonos serios: ¿Alguien me invita a unas cañas?


19 abril, 2011

Feedback: A los lectores

A pesar de todos los males, hay que reconocer que Facebook puede llegar a ser una herramienta útil.

Este blog ya cuenta con su propia página de Facebook y para aquellos lectores a los que no les gusta o les resulta incómodo por cualquier motivo dejar un comentario en el blog, les invito a utilizar esta herramienta para hacer sugerencias, reclamaciones o presentar una querella criminal contra mí -claro que cualquier otra cosa que se os ocurra y que penséis que podría tener en cuenta sin la necesidad de llevarme a la cárcel será bien recibida-.

Además, al ser una página de Facebook, iré colgando cosillas que se me vayan pasando por la cabeza, os iréis haciendo una idea de lo próximo que pienso publicar y me imagino que publicaré todas aquellas cosas que por A o por B no me ha parecido bien publicar por aquí: sobretodo vídeos y chorraditas que pueda considerar que están un poco al margen del espíritu del blog pero no por ello son menos interesantes.


Sin más, os dejo la dirección en plan bruto: http://www.facebook.com/pages/Sapere-Aude/147328595334566 por si acaso no sois de pinchar enlaces bien puestos.

También está la insignia facebookiana en el margen izquierdo: pero no seais perros y le deis al "me gusta" para luego no acordaros de saludar de vez en cuando ¿eh?

Luego diréis que no os quiero. Desagradecidos.

18 abril, 2011

De bancos, teléfonos y circos

Tengo un problema con los bancos. Como todos, imagino. No sé en quién confiar para que guarde mi dinero.

Cerré mi cuenta en Cajasur por motivos ideológicos. Por el mismo motivo no puedo tener una cuenta en Santander –bueno, en ésta también por otros motivos añadidos- ni en La Caixa.

ING podría ser una opción, pero no para una cuenta corriente, porque no cubre mis necesidades.

Lo peor de tener que decidir en qué banco metes tu dinero es que eres plenamente consciente de que eres imbécil, exactamente igual que el resto de la población, y que no puedes hacer nada para remediarlo. No estás eligiendo un banco como el que elige un amigo para que te eche una mano, estás escogiendo quién va a ganar dinero a costa del tuyo y por supuesto, quién va a robarte mejor.

Es que es guardar cola en la ventanilla y ya siento cómo me hierve la sangre al saber que estoy contribuyendo con este sistema de mierda. Y cómo te insultan a la cara cuando quien te atiende pone esa sonrisita de “te la estoy colando” mientras se supone que tengo que dejar todo lo que tengo en manos de esos ladrones. Es que puede conmigo.

Hoy escuché a una señorita cajera del banco decirle a un hombre que solucionaba unos trámites que era “muy buen cliente”. Por favor, que nunca nadie diga eso de mí. Yo no quiero ser una buena cliente para esa gentuza mafiosa.

¿Qué hacer? Estoy por desencajar una losa del suelo y guardarlo ahí. Y si no puedo evitarlo, al menos procurar que el dinero pase en el banco el menor tiempo posible.

Los bancos no son los únicos, también están las compañías de teléfono. Eso al menos lo tengo medio solucionado, ya que estoy con una compañía que al menos no me toca los ovarios con su forma de actuar y que me presta un buen servicio. Eso desde luego, no significa que no esté vendiendo mi alma, como todos, pero ¿qué hacer?

Darme a la indigencia supongo. Probablemente no sea tan descabellado, con la crisis y el futuro de mierda que se nos viene encima a los jóvenes. A saber.


12 abril, 2011

Fobias... ¡Fobias!

Hay fobias para todos los gustos: A la sangre, a las arañas, a las alturas, a los espacios cerrados, a los gatos negros, a los sombreros de paja, a la oscuridad…

Aunque sinceramente, yo no estoy de acuerdo en llamar “fobia” a algunos miedos que tienen las personas.

Por ejemplo, yo le tengo pánico a los aviones. Llevo viajando en avión desde los 7 años y, aunque al principio no les tenía pavor, he ido cogiéndoles miedo con el tiempo. Tanto es así que hubo una época en la que dejaba mi testamento escrito antes de tomar un avión. Sonará a que yo era una niña paranoica, pero pensadlo ¿cuántas cosas pueden salir mal en un vuelo? Ahora es cuando me sacan las estadísticas y me dicen que es más seguro viajar en avión que en coche. Pues mira, sí, será más seguro pero si lo piensas: En el coche el que conduce eres tú o es un piloto al que estás viendo conducir en todo momento y eso da seguridad –aunque sea psicológicamente-. En el avión el piloto está en la cabina y pocas o ninguna vez puedes verlo. En el coche vas pegado al suelo y lo peor que te puede pasar es que te despegues de él. En un avión ya estás despegado de él. Si tienes un accidente de coche, con suerte puedes salir del coche por tu propio pie y ponerte a salvo. Si un avión se va directo al suelo, te quedan muy pocas opciones. Yo creo que lo que me preocupa es eso: la sensación de impotencia que te entra cuando sabes que te vas a estrellar contra el suelo y lo único que puedes hacer es colocarte con oxígeno y gritar. Además, a esa altura no hay cobertura en el móvil y ni siquiera puedes llamar a alguien para despedirte por última vez. Para colmo, desde los atentados del 11-S los demás pasajeros me dan mal rollo. Basta con que haya una mujer más callada de lo habitual, un tipo con pinta extravagante o una maleta muy abultada para que yo empiece a desconfiar como del fuego.

Y las turbulencias. Recuerdo uno de mis últimos vuelos en el que el avión dio varias sacudidas que a mí me pusieron los pelos de punta. Desde entonces hace más de un año que no cojo un avión. Lo peor es que, conociéndome, soy una persona que viaja y a la que le gusta viajar. Sin embargo no pocas veces me he planteado cancelar un viaje por el miedo a subirme en un avión. A pesar de la angustia que me entra simplemente estando en el aeropuerto y de la ansiedad que me invade una vez subida a él, creo que decir que “tengo fobia a volar” es excesivo. Y no por la intensidad de mi miedo, que intenso es, sino que simplemente es razonable tener miedo a volar. Caray, si no tenemos alas por algo será ¿no? Pues no, tenemos que ser tan guays como para hacer una máquina que vuela. El problema es cuando no lo hace. O cuando se estrella. O cuando lo revienta un terrorista. O que haya una ventisca, que se jodan los motores del avión, que se quede sin gasolina, que sufra un impacto… yo que sé. Además, no sé por qué, pero el viaje de Spanair que se estrelló hace unos años me llegó al alma. Mira que morirte de una forma tan estúpida… El avión es peligroso. Es peligroso y ya está. Y aunque es difícil que tenga cualquier tipo de siniestro, si lo tiene estás jodido. Siempre he dicho que me sentiría más segura si en el avión hubiera paracaídas en lugar de flotadores. Porque a ver, nadar sabe mucha gente, pero volar ninguna. Si el avión cae en picado, al menos que tengas una oportunidad de salvarte. O bueno, que haya las dos cosas, eso sí que estaría bien. Pero el paracaídas es imprescindible. Y que haya un trampilla bajo cada asiento, de modo que pulsando un botón éste se desprenda y se active un paracaídas… algo así. Estoy segura de que se podría hacer.

También he tenido episodios de agorafobia y claustrofobia. Ignoraba que se pudieran dar ambas en una misma persona, pero por lo visto es plausible. La agorafobia iba acompañada de cierta depresión y la claustrofobia de ansiedad. Esta es últimamente la que me afecta. Siento que entro en el metro y se me corta la respiración. Sobretodo si encima está puesta la calefacción, con el calor que está haciendo, y los desgraciados con el aire acondicionado puesto a 28º C. Y cuando va abarrotado por la mañana es una pesadilla. Tengo que tirar de ejercicios de respiración y relajación porque, si no, me da algo.

Lo que me sorprende de todo esto es que de pequeña nunca he tenido fobias y ahora, con el paso del tiempo las voy adquiriendo. ¿Eso tiene algún tipo de sentido?

En fin, que sinceramente, creo que hay fobias razonables. Como la de la oscuridad o la de los escorpiones o la del miedo a volar o a los tiburones o a los lugares cerrados… Otras no, como tener miedo al número 13 o a los gatos negros o a las arañas –siempre que no vivas en un país con arañas venenosas y mortíferas, que entonces sí que estaría más que justificada-.

Y un miedo razonable no debería ser llamado fobia, por muy irracional que sea tu respuesta ante ese elemento perturbador que te ocasiona pánico. Algo habrá hecho el desgraciado al fin y al cabo ¿no?

07 marzo, 2011

Amores platónicos -o no necesariamente-

Sigo sin inspiración para escribir algo medianamente serio, así que os voy a enseñar a algunos de los candidatos de mi lista de amores de platónicos, algunos de ficción y otros no. Algunos me gustan por su físico, otros me llaman la atención por su forma de ser y otros por las dos cosas. Haré una pequeña regresión al pasado, de modo que colocaré en primer lugar a los que me gustaban desde que era pequeña hasta la actualidad.

Menuda pinta de no muerto tiene, ¿eh? Ya de pequeña era un poco macabra.


1. Rüdiger von Schlotterstein (Literatura, Cine). 8 años.

Detrás de ese nombrajo alemán tan complicado, se esconde el entrañable personaje de la saga El pequeño vampiro. Cuando me leí el libro la verdad es que me conquistó. Era taaaan encantador y misterioso, no como el gay ese de Edward Cullen (Saga Crepúsculo) que ahora tiene a las chicas como locas... Cuando salió la película de El pequeño vampiro en el cine fui a verla sin pérdida de tiempo. Y aunque como siempre la película tenía bastante que envidiar al libro, el actor que hacía de Rüdiger, Rollo Weeks, me enamoró. Eso sí, sólo como Rüdiger. Luego hizo otras películas y nada tenía que ver con mi amor infantil.







2. Zelgadiss Graywords. (Manga, Anime).9 años.

Lo confieso. Me gustaba ese maldito bicho azul. Era callado, misterioso, autosuficiente, solitario y se debatía entre grandes dilemas morales, siempre dividido entre ser o no ser un monstruo. Tenía, de hecho, una parte mala: era egoísta, frío, reservado, parecía no preocuparse demasiado por los demás, llegando incluso a ser cruel. Por otro lado era muy inteligente, sabía mucho de magia y de física, sus opiniones eran siempre acertadas y tenía un sentido del humor bastante negro. Creo que me gustaba por lo mucho que se parecía –y se parece- a mí. Aunque ahora lo miro y veo mi pasión por él como algo parecido a la zoofilia, la verdad es que el cabrón me tenía ganada. Lo dicho, era una macabra.







3. Aragorn (Literatura, Cine). 13 años.

Ya leyendo los libros de El señor de los anillos me gustaba. Luchaba por su amada, a la que siempre fue fiel, y no descansó hasta que se casó con ella. Cuando fue llevada al cine y Aragorn fue encarnado por Viggo Mortensen… uf. Creo que aquí empezó mi pasión por los maduritos. Legolas también me hacía tilín, pero teniendo

en cuenta lo casto que era y que yo estaba hormonalmente desbocada, terminé decidiéndome por Aragorn porque tenía, imagino, más testosterona.






4. Casper Van Dien (Cine) 14 años.

Es un actor casi desconocido, pero a mí me volvía loca porque me parecía guapo y daba la clásica imagen de tipo duro. Sin embargo, ahora que lo pienso, si hubiera sido más famoso y le hubiera gustado más a las chicas, probablemente hubiera perdido el interés en él. Me enamoró en una película malísima (Revenant) que no recomiendo a nadie a menos que su nivel de frikismo y estómago alcance cotas estratosféricas, o que esté colado o colada por este señorito, porque desde luego es donde mejor sale –hay unas escenas en las que sale desnudo y ¡uf!-. Pero ya está. Salió como actor muy secundario –terciario o cuaternario- en Sleepy Hollow y nunca más volví a verle. Me imagino que Revenant le jodió la carrera para siempre.







5. Raistlin Majere (Pseudoliteratura). 15 años.

Lo mismo, maldita sea. Un chico extraordinario, callado, con una mala uva impresionante, lleno de humor negro. Un desgraciado, vamos. Llegó a matar a su propio hermano para conseguir poder. Se parece en algunas cosas a Zelgadis, aunque Zelgadis tenía bastante mejor corazón. Lo conocí en las Crónicas de la Dragonlance.








6. Lestat y Louis (Literatura, Cine). 16 años.

Nunca pude elegir entre estos dos personajes de las Crónicas Vampíricas. Lestat era tan sumamente cabrón… y sabio, inteligente, elegante. En cambio Louis era un personaje tan trágico, lleno siempre de traumas, de nostalgia, de pérdidas… ains. Y cuando a Louis lo encarnó Brad Pitt en Entrevista con el vampiro, Brad Pitt me terminó de conquistar… con esa y con ¿Conoces a Joe Black?. En cambio Tom Cruise nunca me llamó demasiado la atención… aunque creo que hizo un papelón con Lestat.






7. V de Vendetta (Cómic, Cine). 16 años.

¿Cómo no enamorarme de este maníaco genial, refinado y con motivos y ganas de armarla? Un idealista y revolucionario con razones para cambiar el mundo después de que el mundo le destrozara la vida. Con el valor suficiente para enfrentarse a todo lo que se le ponga por delante. Y un romántico empedernido. ¿Se puede pedir más?
Bueno, sí, que exista.



LA mirada de Malkovich


8. John Malkovich (Cine). 17 años.

Si a John lo hubiera pillado con treinta años… pero no, no ha podido ser. John no es el típico guaperas ni mucho menos. Pero tiene un porte y una mirada que te dejan en el sitio. También tiene una personalidad oscura, ha encarnado a personajes bastante truculentos e incluso se ha interpretado a sí mismo en la película de culto, Being John Malkovich. Me hubiera dejado seducir por él en Amistades Peligrosas. Ahora es un elegante ancianito al que dejaría encantada ser mi abuelo, sobretodo con lo macarra que se ha vuelto con la edad.






9. Bruce Willis (Cine). 17 años.

Me encantaría que fuera mi padre. Con esa pinta de chulo, de tío duro y de “como te pases, te hostio”. Aunque luego en las películas nunca le llueven pocas. Es indestructible e inmortal. También es guapo y sensato, y si fuera más joven… pero ya no lo es, así que puede ser mi padre perfectamente.






10. Richard Dawkins (Biólogo y divulgador científico). 19 años.

Se ha ganado mi admiración y respeto por tener los huevos de enfrentarse al mundo. Es la cabeza visible del ateísmo y dice verdades como puños. Me encantaría sentarme con él a charlar y tomar el té, el plumcake y lo que haga falta. Sin embargo se le ha pasado ya el arroz… así que le dejo ser mi abuelo o mi tío marchoso.






11. Tim Minchin (Comediante, músico y actor). 20 años.

Me lo comía con patatas. Tiene 36 años y está casado y con dos hijos. Un amor platónico en toda regla, por no mencionar que vive en Inglaterra. Es guapo –o a mí me lo parece-, canta de miedo, es un gran músico y tiene las ideas bastante claras. Es un poco cabroncete, denuncia a través de sus canciones aquello que no le gusta y tiene un sentido del humor que me encanta. Por no hablar de sus pintas, que parece siempre que le falta un tornillo. Ñam ñam.



Así que resumiendo: Necesito un hombre desequilibrado, revolucionario, a ser posible bebedor de sangre, con tendencia a meterse en problemas, de humor ácido, inteligente, que lo dé todo por mí, artístico, misántropo, con interés por el conocimiento, con las ideas claras, que esté dispuesto a partirle la boca a alguien si hace falta, valiente y sensato. Y si es guapo, pues mejor, aunque está claro que viendo mi lista tengo una idea de la belleza bastante extraña.