El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu.
Si lo intentas, a menudo estarás solo y a veces asustado.
Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo.
23 noviembre, 2012
El miedo a pensar
15 agosto, 2012
Ser mi propia madre
17 mayo, 2012
Cortometraje real: atrapada por un yonqui
El otro día estaba esperando el metro, miré el reloj y quedaban chorrocientos minutos para que viniera el próximo, así que me armé de paciencia y me apoyé como pude en una de las paredes del metro para no caer fulminada al suelo -tenía un cansancio de mil pares de narices porque llevaba todo el día corriendo por la ciudad en tacones-.
En esto que estaba ocupada en bombear sangre del corazón a la cabeza, cuando veo pasar un yonqui con una bicicleta -tengo un yonqui-radar excelente gracias a mi padre, que me enseñó de pequeña a detectarlos aunque por aquel entonces no tuviera ni idea de lo que era un yonqui-. Total, que el tío me mira de arriba a abajo y se para a unos metros de mí. Yo paso de él -no por ser yonqui, sino porque paso de la gente de la calle en general, y de la gente que me mira de arriba a abajo en concreto-, y trato de hacerme la invisible.
De pronto, el hombre se acerca un poco y me hace la clásica pregunta:
-¿Tienes fuego?
Le miro como si acabara de descubrir una nueva forma de vida y le respondo educadamente:
-No, lo siento, no fumo.
-Ah, vale.
El tío entonces se aleja un poco con la bici y yo respiro de nuevo, porque no hay cosa que me desagrade más que un extraño que se acerque para ligar conmigo y encima de una forma tan tópica.
Total, que vuelvo a meterme en mis pensamientos y al minuto o así, el hombre se me vuelve a acercar y me pregunta:
-¿Tienes hora?
Nooooooo por quéeeee... calma, calma, a lo mejor es que simplemente es idiota o todavía le duran algunos efectos de la heroína, no se centra y no sabe que hay tres relojes en el metro. No seas malpensada, no quiere ligar contigo...
-Sí, son las xx:xx
-Ah, vale.
-Lo pone ahí -y le señalo el reloj.
-Ah...
El tío se planta a dos metros de mí y me mira.
Mierda, va a sacar las armas.
Mi mente, que a veces es una cabrona, de pronto me recuerda que esta situación parece un documental. Casi escucho la voz del comentarista de los documentales de naturaleza de la 2: El macho ha visto a una hembra joven que parece disponible, de modo que comienza su ritual de cortejo estandarizado, basado en una serie de sonidos interrogativos que los machos suelen iniciar para establecer un primer contacto...
Se me escapa una sonrisa, claro, porque la situación es del todo ridícula, yo estoy muerta de cansancio, tengo un yonqui plantado delante y para colmo estoy escuchando la voz del comentarista de la 2. El tío se percata de ello -de la sonrisa, no de mis delirios mentales- y, oh, error, parece creer que le doy vía libre. Voy a demandar a RTVE...
-¿Tú sabes el lenguaje de los sordos?
Claro, me suelta esto y me deja fría, aunque por otro lado es una pregunta bastante más original que las dos anteriores.
-No -le digo, sin saber si va a seguir dándome coba o si me va a pedir ayuda económica para su centro de yonquis discapacitados.
-Pues yo sí -me dice lleno de orgullo, y esboza una sonrisa idiota.
-Qué bien -digo para zanjar el tema y miro hacia otro lado.
En esto que aparece el segurata y el encargado del metro, que parece que están al loro de lo que pasa con el yonqui. Yo les miro de reojo pensando que al menos, si el tío se pone pesado, ellos pueden intervenir. Que no digo que yo no sepa usar mis tacones como es debido, para eso los llevo, pero en una situación violenta llevo claramente las de perder.
-¿Cómo te llamas? -me pregunta el yonqui sin cortarse un pelo.
Mierda, mierda, a ver... ¿qué le digo? Si no le respondo o le digo que no le importa, a lo mejor se pone más pesado todavía... a ver, diplomacia, si le digo un nombre quizás me deje tranquila. A ver, nombre de mujer por defecto... dilo con seguridad, como si fuera tuyo...
-María -superconvencida, claro que sí.
-¿Cómo? ¿Luisa? -se está haciendo el sordo y lo sé, para tener la excusa de acercarse más a mí. Está claro que aunque ese tío supiera de verdad el lenguaje de signos, no es sordo, porque los sordos son personas sensibles que agudizan otros sentidos y se dan cuenta de cuando molestan a alguien.
-Sí, Luisa... -digo con sorna, para que el tío recoja velas.
-¿Mari Carmen? -me pregunta, haciéndose el gracioso mientras se acerca.
-Sí, Mari Carmen, por ejemplo -digo en alto con un tono de “me estás poniendo de mala leche”.
El tío se para, porque obviamente nota que yo no estoy por la labor, así que saca su vena poética para encandilarme:
-Tienes una cara que voy a grabarme en el corazón durante 300 noches. Tú te irás, pero el que está aquí pensará en ti durante 300 noches.
Genial, ahora trata de imitar a Sabina... aggghh... Si no estuviera tan cansada a lo mejor me iba a otro sitio donde el pesado no me moleste. Pero estoy destrozada, llevo despierta desde las siete de la mañana, cada paso que doy es un dolor, estoy muerta de calor y como ese tío me busque las cosquillas me voy a poner de una mala leche increíble... que venga ya el metro, por favor...
En serio ¿a algún hombre el decirle cosas así a una mujer le funciona? Porque si lo hace es que, efectivamente, hay mujeres que directamente son gilipollas. Y digo yo, que si todavía hay hombres que lo usan es porque alguna vez les funcionará. O quizá no, simplemente hay hombres que repiten un esquema hasta la saciedad aunque no les funcione. A saber la de mujeres que este tío en concreto lleva a día de hoy “grabadas en el corazón” durante 300 noches, tiene que tener un corazón más multitudinario que el desfile del orgullo gay...
El yonqui sigue con su retahíla a pesar de que estoy mirando hacia otro lado:
-Con esos ojos encandilarías a cualquiera...
Miro al segurata y al encargado suplicante, a la espera de que se acerquen y le digan al yonqui algo así como: disculpe caballero, está molestando a la señorita. ¿En qué mundo vivo? Al mirarlos, me los encuentro mirándome las piernas fijamente. Genial. Estoy atrapada en un triángulo de babosos donde no sé si es peor lo que está pensando el yonqui o uno de ellos. Esto es España, donde los encargados de protegerme son los primeros que me violarían. No me va a ayudar nadie con el tío pesado. O salgo sola de aquí o salgo sola.
-¿Ese quién es? ¿Tu consorte? -me sigue preguntando el yonqui, refiriéndose al de seguridad.
-No -se me ha dibujado una sonrisa sarcástica de la hostia.
-Pues no deja de mirarte... desde que ha llegado no te ha quitado los ojos de encima.
-Ya me he dado cuenta -digo mirando al de seguridad con cabreo. El de seguridad se pone colorado, no sabe donde meterse y finge iniciar una conversación con el encargado.
-Chiquilla... -sigue el tío desesperado por captar mi atención- chiquilla...
Lo que faltaba ya. Chiquilla. Mujeres del mundo, cuando un tío que te asalta por la calle sin conocerte de nada te llama chiquilla, es porque cree que tiene el terreno ganado. Usa “chiquilla” o “niña” para que veas que estás en situación de desventaja, que el que maneja la sartén por el mango es él. Al fin y al cabo, tú solo eres una chiquilla... aunque tengas sesenta años.
-Chiquilla, pero cómo no vas a llamar la atención con ese pelo, esos ojos, ese bolsito, esos zapatos... Aunque claro... -de pronto se le pone una mirada aviesa- estarías mejor sin el bolso... sin los zapatos... sin ropa...
Mientras va diciendo eso, a mí se me va poniendo cara de pocos amigos paulatinamente hasta que siento como estalla la furia. Ya está, lo ha conseguido, he intentado ser diplomática pero no, está visto que con los imbéciles hay que ser borde desde el principio o se pasan tres pueblos. No voy a permitir que un tío cualquiera me desnude con la mirada.
-Mire, déjeme en paz. Estoy harta. Deje de molestarme de una vez.
-¿No me vas a dar tu teléfono?
-Más quisieras. Déjame en paz y vete.
El tío me mira con intensidad, como si no se creyera que lo estoy rechazando -menuda autoestima tiene-, pero finalmente se da por vencido y se aleja.
Al cabo de un par de minutos el metro llega. Espero a que entre él primero y luego busco el punto del vagón más alejado.
Moraleja:
Quizá no sea mala idea amenazar a la primera de cambio con spray de pimienta. A lo mejor es que mi educación está completamente trasnochada y tengo que empezar a escupir y a mandar a la mierda con todas las letras a cualquiera que me pregunte la hora. Joder. No se puede ser una ciudadana educada en este país.
23 abril, 2012
A-salto de planta
13 abril, 2012
Cinco pequeñas reflexiones cotidianas
28 febrero, 2012
Así que queréis leer sobre...
21 noviembre, 2011
Sexta convocatoria
18 septiembre, 2011
El mes maldito
03 agosto, 2011
Pesadillas...
Hay personas que recuerdan sus sueños, mientras que otras no.
Yo casi siempre recuerdo por lo menos uno, aunque a veces soy capaz de describir uno por uno, bastantes de los sueños que he tenido a lo largo de la noche.
Mis sueños están plagados, para mí, de interrogantes. Tengo pocos sueños bonitos, algunas pesadillas y con bastante asiduidad tengo sueños delirantes y confusos que no sé qué significan y que para mí son peores que las pesadillas.
Porque una pesadilla tampoco es tan mala. Pasas un poco de miedo unos minutos y en seguida te despiertas.
Para mí, la verdaderas pesadillas son esa colección de sueños inconexos, absurdos y a veces hasta crueles que suelo tener.
He soñado que alguien me perseguía. He soñado que estaba al borde del precipicio. He soñado que viajaba en avión. He soñado que alguien quería destruirme. He soñado con asesinatos y manchas de sangre.
Suelen ser mis pesadillas comunes.
Otras que no lo son tanto... No hace mucho soñé que era una persona con la cara desfigurada. En otra, soñé que estaba atrapada en un tren. En otra, que me perseguía un jinete sin cabeza (exceso de cine, imagino, ésta última).
Delirios absolutos.
Sin embargo, la pesadilla que más miedo me ha dado ha sido una en la que me veía a mí misma entrar en una habitación que pertenecía a alguien que se había marchado en un viaje indefinido y a quien yo quería. Y la habitación estaba casi vacía, con unos cuántos cómics y libros desperdigados en dos estanterías destartaladas, y una cama con la sábana bajera puesta y la almohada, pero nada más. Un olor a pasado y a habitación vacía llena de polvo me taladraba la nariz. Comprendía entonces que esa persona se había marchado para siempre, que nunca volvería a verla, que daba igual cuánto me aferrara a aquella habitación porque el dueño no estaba y no iba a volver. Verme en aquel sueño, agarrada a la almohada de aquella cama, sabiendo que no podía hacer nada para traer al dueño de vuelta y sentir tan claramente la impotencia y la soledad es a día de hoy el sueño en el que peor lo he pasado. Y lo he tenido hace muy poco.
Quizá lo considero tan terrible porque se parece mucho a la vida real. Hay personas y relaciones que por mucho que quieras recuperar, no puedes. Y saber que esto es así me llena de rabia y frustración.
Sin embargo, hay situaciones que sí podemos cambiar. Y es en ellas donde tenemos que actuar. Rendirse no tiene nunca sentido. Por otro lado, hay que saber manejar y cuidar el presente, que tan pronto como se le nombra, se marcha.
Tan frágiles somos, tan frágil es la vida.
Y esta realidad es, ciertamente, mi peor pesadilla.
24 julio, 2011
Retiro espiritual
09 julio, 2011
Vecinos invasores
08 julio, 2011
Fuck yeah
06 julio, 2011
Serie Lost (Perdidos) Opinión personal sobre los personajes

29 abril, 2011
Hasta pronto, guajes
Saludos, lectores míos. Quiero deciros varias cosas:
A)Escribo este post para que sepáis no me vais a poder leer en una semana. Mañana me marcho a Galicia, a hacer un poquito del camino de Santiago (que en realidad debería llamarse Camino Celta, ya que los celtas lo utilizaban mucho antes que los cristianos, siempre tan absorbentes con las cosas que no son suyas, pero bueno). Tengo una media de dos posts a la semana, así que siento si no cumplo con mi deber bloguero hasta el domingo que viene. También espero que no os pongáis impacientes si dejáis algún comentario y no aparece publicado hasta entonces, porque veo que la posibilidad de tocar un ordenador hasta el domingo 8 de mayo es prácticamente nula –y como bien sabéis, no soy muy amiga de las nuevas tecnologías, así que no tengo Iphone, ni Ipad, ni Ipod ni Blackberry, ni lo que sea que sirva para escribir en internet desde un dispositivo móvil, porque los considero artilugios inútiles para mi vida diaria y un gasto snob innecesario-.
B)Me voy a subir a dos aviones, así que si veis una noticia que habla de un avión que va a Galicia o que vuelve de Galicia que se ha estrellado, probablemente será el mío. No es por ponerme dramática, simplemente es que a veces la mala suerte la toma conmigo. Y puede llegar a ser una verdadera hija de puta.
C)También quiero plantear a mis lectores españoles que no lo hayan hecho ya la posibilidad de que se sumen a la iniciativa del 15 de Mayo, la de DEMOCRACIA REAL YA!, de la cual pienso bombardearos con información a mi vuelta –además de contaros otras cosas, que ya sabéis que el monotema no me va mucho-.
D)Cuando me voy me gusta dejaros un clip o varios de vídeo o audio, por si la impaciencia os reconcome y eso. O por si muero, que tengáis un recuerdo musical. Y cuando viajo en avión, no sé por qué, siempre me viene la canción de Frank Sinatra a la cabeza de Fly me to the moon. Ironías de la vida.
Saludos y hasta la próxima (espero).
Salud y libertad.
Y ésta, de pitorreo, ya que me voy a eso, a “Los caminos del Señor” y si no soy un poco hija de puta no me quedo tranquila :D
21 abril, 2011
Breve nota de Semana Santa
Sinceramente, con esto de la Semana Santa a mí me ocurre todo lo contrario a lo que suele pregonarse por ahí.
¿Que sacan mujeres llorosas? A mí me entran ganas de reírme.
¿Pena y sobrecogimiento el Jueves Santo? Me pongo ciega a base de vino.
Y aunque no sea cuaresma, pues como carne los viernes por si acaso.
Cuando veo tanto paso desfilando, tanto tonto de capirote, tanta saeta para arriba y para abajo, a mí lo que me entran son ganas de beber, de follar y de comer.
Que si los capillitas prefieren la pulsión de Tánatos, haciendo festividad de la muerte, el sufrimiento y la tortura, alguien tendrá que contrarrestar con Eros a saco ¿o no? En el punto medio está la virtud, no vamos a dejar que la balanza se desequilibre ¿verdad?
Es la fiesta de la primavera, lo de la Semana Santa vino mucho después y no es mejor.
Y bueno, poniéndonos serios: ¿Alguien me invita a unas cañas?
19 abril, 2011
Feedback: A los lectores
18 abril, 2011
De bancos, teléfonos y circos
Tengo un problema con los bancos. Como todos, imagino. No sé en quién confiar para que guarde mi dinero.
Cerré mi cuenta en Cajasur por motivos ideológicos. Por el mismo motivo no puedo tener una cuenta en Santander –bueno, en ésta también por otros motivos añadidos- ni en La Caixa.
ING podría ser una opción, pero no para una cuenta corriente, porque no cubre mis necesidades.
Lo peor de tener que decidir en qué banco metes tu dinero es que eres plenamente consciente de que eres imbécil, exactamente igual que el resto de la población, y que no puedes hacer nada para remediarlo. No estás eligiendo un banco como el que elige un amigo para que te eche una mano, estás escogiendo quién va a ganar dinero a costa del tuyo y por supuesto, quién va a robarte mejor.
Es que es guardar cola en la ventanilla y ya siento cómo me hierve la sangre al saber que estoy contribuyendo con este sistema de mierda. Y cómo te insultan a la cara cuando quien te atiende pone esa sonrisita de “te la estoy colando” mientras se supone que tengo que dejar todo lo que tengo en manos de esos ladrones. Es que puede conmigo.
Hoy escuché a una señorita cajera del banco decirle a un hombre que solucionaba unos trámites que era “muy buen cliente”. Por favor, que nunca nadie diga eso de mí. Yo no quiero ser una buena cliente para esa gentuza mafiosa.
¿Qué hacer? Estoy por desencajar una losa del suelo y guardarlo ahí. Y si no puedo evitarlo, al menos procurar que el dinero pase en el banco el menor tiempo posible.
Los bancos no son los únicos, también están las compañías de teléfono. Eso al menos lo tengo medio solucionado, ya que estoy con una compañía que al menos no me toca los ovarios con su forma de actuar y que me presta un buen servicio. Eso desde luego, no significa que no esté vendiendo mi alma, como todos, pero ¿qué hacer?
Darme a la indigencia supongo. Probablemente no sea tan descabellado, con la crisis y el futuro de mierda que se nos viene encima a los jóvenes. A saber.
12 abril, 2011
Fobias... ¡Fobias!
Hay fobias para todos los gustos: A la sangre, a las arañas, a las alturas, a los espacios cerrados, a los gatos negros, a los sombreros de paja, a la oscuridad…
Aunque sinceramente, yo no estoy de acuerdo en llamar “fobia” a algunos miedos que tienen las personas.
Por ejemplo, yo le tengo pánico a los aviones. Llevo viajando en avión desde los 7 años y, aunque al principio no les tenía pavor, he ido cogiéndoles miedo con el tiempo. Tanto es así que hubo una época en la que dejaba mi testamento escrito antes de tomar un avión. Sonará a que yo era una niña paranoica, pero pensadlo ¿cuántas cosas pueden salir mal en un vuelo? Ahora es cuando me sacan las estadísticas y me dicen que es más seguro viajar en avión que en coche. Pues mira, sí, será más seguro pero si lo piensas: En el coche el que conduce eres tú o es un piloto al que estás viendo conducir en todo momento y eso da seguridad –aunque sea psicológicamente-. En el avión el piloto está en la cabina y pocas o ninguna vez puedes verlo. En el coche vas pegado al suelo y lo peor que te puede pasar es que te despegues de él. En un avión ya estás despegado de él. Si tienes un accidente de coche, con suerte puedes salir del coche por tu propio pie y ponerte a salvo. Si un avión se va directo al suelo, te quedan muy pocas opciones. Yo creo que lo que me preocupa es eso: la sensación de impotencia que te entra cuando sabes que te vas a estrellar contra el suelo y lo único que puedes hacer es colocarte con oxígeno y gritar. Además, a esa altura no hay cobertura en el móvil y ni siquiera puedes llamar a alguien para despedirte por última vez. Para colmo, desde los atentados del 11-S los demás pasajeros me dan mal rollo. Basta con que haya una mujer más callada de lo habitual, un tipo con pinta extravagante o una maleta muy abultada para que yo empiece a desconfiar como del fuego.
Y las turbulencias. Recuerdo uno de mis últimos vuelos en el que el avión dio varias sacudidas que a mí me pusieron los pelos de punta. Desde entonces hace más de un año que no cojo un avión. Lo peor es que, conociéndome, soy una persona que viaja y a la que le gusta viajar. Sin embargo no pocas veces me he planteado cancelar un viaje por el miedo a subirme en un avión. A pesar de la angustia que me entra simplemente estando en el aeropuerto y de la ansiedad que me invade una vez subida a él, creo que decir que “tengo fobia a volar” es excesivo. Y no por la intensidad de mi miedo, que intenso es, sino que simplemente es razonable tener miedo a volar. Caray, si no tenemos alas por algo será ¿no? Pues no, tenemos que ser tan guays como para hacer una máquina que vuela. El problema es cuando no lo hace. O cuando se estrella. O cuando lo revienta un terrorista. O que haya una ventisca, que se jodan los motores del avión, que se quede sin gasolina, que sufra un impacto… yo que sé. Además, no sé por qué, pero el viaje de Spanair que se estrelló hace unos años me llegó al alma. Mira que morirte de una forma tan estúpida… El avión es peligroso. Es peligroso y ya está. Y aunque es difícil que tenga cualquier tipo de siniestro, si lo tiene estás jodido. Siempre he dicho que me sentiría más segura si en el avión hubiera paracaídas en lugar de flotadores. Porque a ver, nadar sabe mucha gente, pero volar ninguna. Si el avión cae en picado, al menos que tengas una oportunidad de salvarte. O bueno, que haya las dos cosas, eso sí que estaría bien. Pero el paracaídas es imprescindible. Y que haya un trampilla bajo cada asiento, de modo que pulsando un botón éste se desprenda y se active un paracaídas… algo así. Estoy segura de que se podría hacer.
También he tenido episodios de agorafobia y claustrofobia. Ignoraba que se pudieran dar ambas en una misma persona, pero por lo visto es plausible. La agorafobia iba acompañada de cierta depresión y la claustrofobia de ansiedad. Esta es últimamente la que me afecta. Siento que entro en el metro y se me corta la respiración. Sobretodo si encima está puesta la calefacción, con el calor que está haciendo, y los desgraciados con el aire acondicionado puesto a 28º C. Y cuando va abarrotado por la mañana es una pesadilla. Tengo que tirar de ejercicios de respiración y relajación porque, si no, me da algo.
Lo que me sorprende de todo esto es que de pequeña nunca he tenido fobias y ahora, con el paso del tiempo las voy adquiriendo. ¿Eso tiene algún tipo de sentido?
En fin, que sinceramente, creo que hay fobias razonables. Como la de la oscuridad o la de los escorpiones o la del miedo a volar o a los tiburones o a los lugares cerrados… Otras no, como tener miedo al número 13 o a los gatos negros o a las arañas –siempre que no vivas en un país con arañas venenosas y mortíferas, que entonces sí que estaría más que justificada-.
Y un miedo razonable no debería ser llamado fobia, por muy irracional que sea tu respuesta ante ese elemento perturbador que te ocasiona pánico. Algo habrá hecho el desgraciado al fin y al cabo ¿no?
07 marzo, 2011
Amores platónicos -o no necesariamente-
Menuda pinta de no muerto tiene, ¿eh? Ya de pequeña era un poco macabra.
1. Rüdiger von Schlotterstein (Literatura, Cine). 8 años.
Detrás de ese nombrajo alemán tan complicado, se esconde el entrañable personaje de la saga El pequeño vampiro. Cuando me leí el libro la verdad es que me conquistó. Era taaaan encantador y misterioso, no como el gay ese de Edward Cullen (Saga Crepúsculo) que ahora tiene a las chicas como locas... Cuando salió la película de El pequeño vampiro en el cine fui a verla sin pérdida de tiempo. Y aunque como siempre la película tenía bastante que envidiar al libro, el actor que hacía de Rüdiger, Rollo Weeks, me enamoró. Eso sí, sólo como Rüdiger. Luego hizo otras películas y nada tenía que ver con mi amor infantil.

2. Zelgadiss Graywords. (Manga, Anime).9 años.
Lo confieso. Me gustaba ese maldito bicho azul. Era callado, misterioso, autosuficiente, solitario y se debatía entre grandes dilemas morales, siempre dividido entre ser o no ser un monstruo. Tenía, de hecho, una parte mala: era egoísta, frío, reservado, parecía no preocuparse demasiado por los demás, llegando incluso a ser cruel. Por otro lado era muy inteligente, sabía mucho de magia y de física, sus opiniones eran siempre acertadas y tenía un sentido del humor bastante negro. Creo que me gustaba por lo mucho que se parecía –y se parece- a mí. Aunque ahora lo miro y veo mi pasión por él como algo parecido a la zoofilia, la verdad es que el cabrón me tenía ganada. Lo dicho, era una macabra.

3. Aragorn (Literatura, Cine). 13 años.
Ya leyendo los libros de El señor de los anillos me gustaba. Luchaba por su amada, a la que siempre fue fiel, y no descansó hasta que se casó con ella. Cuando fue llevada al cine y Aragorn fue encarnado por Viggo Mortensen… uf. Creo que aquí empezó mi pasión por los maduritos. Legolas también me hacía tilín, pero teniendo
en cuenta lo casto que era y que yo estaba hormonalmente desbocada, terminé decidiéndome por Aragorn porque tenía, imagino, más testosterona.

4. Casper Van Dien (Cine) 14 años.
Es un actor casi desconocido, pero a mí me volvía loca porque me parecía guapo y daba la clásica imagen de tipo duro. Sin embargo, ahora que lo pienso, si hubiera sido más famoso y le hubiera gustado más a las chicas, probablemente hubiera perdido el interés en él. Me enamoró en una película malísima (Revenant) que no recomiendo a nadie a menos que su nivel de frikismo y estómago alcance cotas estratosféricas, o que esté colado o colada por este señorito, porque desde luego es donde mejor sale –hay unas escenas en las que sale desnudo y ¡uf!-. Pero ya está. Salió como actor muy secundario –terciario o cuaternario- en Sleepy Hollow y nunca más volví a verle. Me imagino que Revenant le jodió la carrera para siempre.

5. Raistlin Majere (Pseudoliteratura). 15 años.
Lo mismo, maldita sea. Un chico extraordinario, callado, con una mala uva impresionante, lleno de humor negro. Un desgraciado, vamos. Llegó a matar a su propio hermano para conseguir poder. Se parece en algunas cosas a Zelgadis, aunque Zelgadis tenía bastante mejor corazón. Lo conocí en las Crónicas de la Dragonlance.


6. Lestat y Louis (Literatura, Cine). 16 años.
Nunca pude elegir entre estos dos personajes de las Crónicas Vampíricas. Lestat era tan sumamente cabrón… y sabio, inteligente, elegante. En cambio Louis era un personaje tan trágico, lleno siempre de traumas, de nostalgia, de pérdidas… ains. Y cuando a Louis lo encarnó Brad Pitt en Entrevista con el vampiro, Brad Pitt me terminó de conquistar… con esa y con ¿Conoces a Joe Black?. En cambio Tom Cruise nunca me llamó demasiado la atención… aunque creo que hizo un papelón con Lestat.

7. V de Vendetta (Cómic, Cine). 16 años.

LA mirada de Malkovich
8. John Malkovich (Cine). 17 años.
Si a John lo hubiera pillado con treinta años… pero no, no ha podido ser. John no es el típico guaperas ni mucho menos. Pero tiene un porte y una mirada que te dejan en el sitio. También tiene una personalidad oscura, ha encarnado a personajes bastante truculentos e incluso se ha interpretado a sí mismo en la película de culto, Being John Malkovich. Me hubiera dejado seducir por él en Amistades Peligrosas. Ahora es un elegante ancianito al que dejaría encantada ser mi abuelo, sobretodo con lo macarra que se ha vuelto con la edad.

9. Bruce Willis (Cine). 17 años.
Me encantaría que fuera mi padre. Con esa pinta de chulo, de tío duro y de “como te pases, te hostio”. Aunque luego en las películas nunca le llueven pocas. Es indestructible e inmortal. También es guapo y sensato, y si fuera más joven… pero ya no lo es, así que puede ser mi padre perfectamente.

10. Richard Dawkins (Biólogo y divulgador científico). 19 años.
Se ha ganado mi admiración y respeto por tener los huevos de enfrentarse al mundo. Es la cabeza visible del ateísmo y dice verdades como puños. Me encantaría sentarme con él a charlar y tomar el té, el plumcake y lo que haga falta. Sin embargo se le ha pasado ya el arroz… así que le dejo ser mi abuelo o mi tío marchoso.
