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10 mayo, 2011

Galiza. Poemas (II)


Rebeldía desde la cama


Estoy en una habitación de piedra y tú, desnudo,

a un lado, duermes tan tranquilo,

como mecido por las olas del mar.


¿Qué estarás soñando?

Quizás en tus sueños veas los campos de algodón

tan blancos como las sábanas que te acogen.


Sigo siendo tan Lolita como entonces. Muy poco inocente.

Incluso tal vez ahora un poco más traviesa.

No soy una princesa,

odiaría ser perfecta.


Tengo el rostro quemado, la bondad polvorienta

y las botas llenas de barro.

Lo que piensen los demás me importa una mierda.

Ahora sonrío desde el cuarto que nos hemos apropiado.


Alargas una mano y la posas, suavemente, en mi cintura

tan desnuda como la tuya.

No se puede ser tan descarado,

o tan verdaderamente hija de puta.

Así me quieres, así te quiero.


Me acurruco a tu lado

apago la vela con un soplo

y desde las mantas, contigo,

desaparezco entre las sábanas.




Una hora y veinte minutos


-Descuide, es una hora y veinte.

Y la hora y veinte va creciendo,

las estupideces se acumulan en la estancia

donde el equipaje se reúne

frente a un avión que no llega.


Y es que lo peor de la espera es que mata el ingenio

y agudiza la risa torpe y floja sobre las losas del aeropuerto.


No sé si dormir y olvidar

o si volver a esta tierra de la que marcho triste

hacia una posible sonrisa que será mi hogar.


Y la hora y veinte sigue creciendo y se transforma en hora y media

y las conversaciones siguen cayendo pesadamente

unas sobre otras en terminal.


Y no sabes si es el tiempo o las greñas

que caen perezosamente por la espalda

mientras un escalofrío te recorre

y tú te dejas mirar.


La estabilidad se torna estrecha

y la tarde plomiza se desploma sobre un vuelo

que no asoma la cabeza entre las nubes

mientras la noche, en esta hora y media,

amenaza con estallar.



09 mayo, 2011

Galiza. Poemas (I)


Unidad de Psiquiatría 23.

CARA A: Depresión.

Cuando el amor termina

sólo queda sufrir juntos.

IMPRESIONES

El amor que siento por ti me corta la piel.

Se parece al granizo, al frío,

a las bromas de una habitación sobria

que han perdido su gracia.


Rompen las olas en mi alma vacía

y mis deseos se asemejan al jarrón de flores secas

que descansa sobre la mesa.


Y es en la cadena de favores sin pasión cuando yo no te beso,

cuando das tus gentilezas a alguien que no soy yo.


Soy una mujer difícil porque no me sumo al juego

y, en cambio, me divido constantemente.


Cuando olvidamos las pequeñas cosas

perdemos nuestra grandeza,

y yo me voy volviendo cada vez

más y más pequeña.


Quizá no esté del todo perdida

porque aún me importa

que no me importe.

Finjo las sonrisas.


Todo se reduce al estado físico.

Ya no hay matices de gris.


¿Quieres navegar conmigo lejos de aquí?

Surcaremos los mares del Impresionismo.


Tal vez tengamos valor suficiente

para decirle al silencio

que no es nada.



CARA B: Esquizofrenia


DESCENSO A LOS INFIERNOS

No soy yo, lo sabes,

sabes que estoy llena de sonrisas sinceras, de aplausos,

de gotas de rocío, de besos,

de muecas que te hacen sonreír,

del modo en el que abres las pupilas

cuando paso de cien a cero en un coche

que no controlo –del todo- bien.


Y a veces, sin embargo, me apago,

lo arrojo todo al río,

te destapo por las noches

y finjo que yo no he sido

y el día se echa a llorar.


Tengo frío,

abrázame como cuando eras un niño perdido

que al final ha encontrado su hogar.


Te quiero, y a veces parece que se me olvida,

que en lo que antaño fue una hoguera

ahora sólo quedan cenizas

y cuando intento encender el fuego…

El día se echa a llorar.


Sé que la paciencia infinita tiene un límite

y yo juego a los dados y apuesto, inconsciente,

que encontrar esa línea divisoria

no tendrá lugar en este día.

Y entonces tenso la cuerda un poco más.


Mi confianza me traiciona.

A veces me pregunto qué ocurriría

si viera el precipicio y jugando y diciendo que me voy a tirar

perdiera pie y cayera en un abismo sin final.


No vendrían héroes a buscarme,

nadie que, al descender a mi infierno personal,

echara la vista atrás en el último instante.


Soy tan ambiciosa que lo quiero todo

y, como una niña caprichosa, pego golpes en la mesa

para que se sacien todos mis deseos.


Y ya no sé cuál es la cura.

Si estoy cuerda, enferma o muda.


Y entonces sólo sé que con una botella de vino me siento mejor

y aunque tenga problemas graves, por un rato, se me olvidan.


Y entonces el infierno son los otros

y ya no lo soy yo.



08 mayo, 2011

Galiza. El reportaje.

Lo prometido es deuda. Vuelvo a ser un poco más persona, de modo que os traigo las fotos que os prometí. En exclusiva.
El primer día, en Lugo. Tuve problemas con la cámara, así que sólo os subo una foto muy tonta, pero que me pareció simpática hacerme:







Y en el Camino, por supuesto, envidiables paisajes que hacen a una tener en menos estima a Andalucía:






La mascota del Xacobeo:





Un perro que aceptó muy amigablemente que le hiciera una foto y no veas cómo posó el cabrón:





Cómo se bebe vino en una pulpería gallega:






Típica escena de botas que se repite hasta el infinito en el Camino de Santiago, debido a que los peregrinos terminan reventándolas:






El Peregrino Escondido, a ver quién me encuentra:





Vale, lo admito, hice trampa... sólo un poco. Cogí un autobús para abordar 17 Km interminables y muy jodidos. Quién esté libre de pecado que tire la primera piedra, pero que no tire a dar:





La imagen que casi te hace llorar después de llevar cinco días caminando, entrando ya en Santiago de Compostela:




En Santiago, la foto del viaje:




Y finalmente, tirada en el aeropuerto, ya que el avión se retrasó una hora -para mi deleite-:





Espero que os haya gustado. Ya sólo quedan los poemas. Saludos.


He vuelto

Quién iba a decir que los aviones pueden volar sin estrellarse.

Estoy destrozada y he vuelto de Galicia con nosécuántos kilos menos y con una pequeña insolación sin importancia.

Cosas guays que he hecho allí:

1. Caminar más de 120 Km en 4 días sin más consecuencias que dos ampollas.
2. Hacer fotos a montones (ya publicaré algunas).
3. Beber vino en cuenco y comer pulpo -en Galicia sabe mejor-.
4. Reírme hasta el dolor.
5. Escribir poemas (que también ya publicaré).
6. Comprarme un sombrero de peregrina que voy a transformar en pirata.
7. Descubrir que los gallegos son muy majos, pero no tanto como los asturianos.
8. Importantes estudios sociológicos.
9. Hacer de tripas corazón -no tan divertido ni tan escabroso como pueda parecer-.
10. Comprarle un disco a Antonio Recuero, cantautor con una magnífica voz al que se le puede ver guitarra en mano cerca de la catedral de Santiago de Compostela. Si lo veis, escuchad sus canciones y echadle unas monedillas si no podéis comprarle el CD (8 euros), que se lo merece.
11. Hacerme water-proof.
12. Seguir pensando que Ryanair podría irse al carajo con esto de la crisis o metamorfosearse en una buena empresa, cosa difícil.

Vuelvo en nada con fotos y poemas. Prometido. Un saludo a todos.