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23 noviembre, 2012

El miedo a pensar

Ayer estuve en un taller analizando un par de mitos griegos. En el taller se nos pedía que los reescribiéramos a nuestro gusto, que le diéramos una vuelta de tuerca a la historia. Mis compañeras más cercanas, en cuanto les dijeron que había que escribir se pusieron a resoplar como colegialas fastidiadas -hablo de mujeres que rondan la treintena, allí yo era la más joven con diferencia-. Como si escribir quince líneas aportando un poco de tu pensamiento costase la vida o algo por el estilo.

-Puff... es que a mí no me apetece pensar -decía una- yo estar aquí escuchando vale, pero pensar como que no.
-Yo es que no sé escribir -decía otra- a mí me sacas del tema de las bodas (¿?) y no sé qué decir.
-Yo es que no tengo imaginación ninguna -decía la tercera- yo te cuento si quieres algo que sé, pero ponerme ahora a inventar una historia...

A mí me entraron un par de arcadas sinápticas cuando escuché esto y me mordí la lengua para no convertir el taller en una batalla campal. Una de las vocecitas malvadas que tengo en la mente me dijo: ¿ves? por eso no te gusta la gente aleatoria, porque dicen burradas como esa, te revuelven la bilis y encima como cuentan con el apoyo del grupo, al final siempre quedas como abogada del diablo -de hecho ya les había discutido algunas cosas antes de haber llegado a este punto en el taller y me habían mirado como si estuviera loca-.

Hoy me encuentro con una entrevista a Julio Anguita donde dice lo siguiente:

"El miedo a pensar, ¡un país que tiene miedo a pensar! Este es un país en el que se pone un hombre delante de un toro, pero póngale un libro y sale huyendo. “Yo no quiero saber nada, yo no quiero saber nada” es la confesión de una parte de la población que tiene miedo a pensar. Eso está ahí, lo veo todos los días. Viene de muy atrás, de la época de Fernando VII. ¿Por qué? Porque ha habido una Iglesia y la historia pesa: tú no pienses, tú te vas a salvar, hijo mío, todo lo que es pensar es nefando. "

Imagino que sí, que en parte la herencia católica pesa bastante y que ha ensalzado el dogma por encima del pensamiento, pero el problema llega desde muchos ámbitos. Comentaba ayer el bajón que han pegado todas las Artes en cuanto a calidad. Cómo se estimula la venta de best-sellers facilones, de películas con guiones precarios y cargadas de edulcorante, de cuadros de Ikea simplones y anodinos... La cultura del envase. Todo muy bonito por fuera, pero carente de contenido. Y eso es lo que se vende y lo que nos intentan hacer comprar.

En el tema que me toca de forma más personal, la literatura, lo veo claramente. Es mejor leerte una bazofia que te ocupa dos tardes o menos porque las estructuras sintácticas son típicas de preescolar, sin giros en el lenguaje, sin tramas complicadas, y luego puedes comentarlo rápidamente con tus amigos más cercanos. Después te lees otro libro en otras dos tardes y vuelta a empezar. Y así se dice que la gente "lee" y va de megaculta por la vida. Pero es que leer "A tres metros sobre el cielo", "Crepúsculo" y "50 sombras de Grey" tiene menos valor que leer las etiquetas del champú en el baño. Mis compañeras de taller se los habían leído todos pero cuando les habían dicho: venga, piensa un poco en lo que acabamos de comentar y escribe quince líneas en un folio, se echaron a temblar. Porque se puede leer libros sin pensar, ver películas sin pensar, votar sin pensar y hablar sin pensar, pero pararse a pensar para hacer lo anteriormente descrito es otro tema.

Se ensalza lo rápido, lo que no te hace pensar y lo que te "entretiene". Que no es que el entretenimiento porque sí no esté bien, no es cuestión de ser nazi tampoco; pero joder, pasarse la vida como un zombie lobotomizado es peligroso. Es peligroso porque vivir en sociedad requiere esfuerzo, y requiere esfuerzo porque echa mano del pensamiento inevitablemente. Y pensar necesita tiempo, necesita probar A y B y C, y luego darte cuenta de que Z es una solución viable. Pensar significa equivocarse, cambiar cada día, pasarte tres meses leyendo un libro que ni siquiera llega a las 400 páginas porque cada capítulo te deja la cabeza llena de cosas sobre las que reflexionar y necesitas tiempo para digerirlo y enfrentarte al siguiente. Y eso no estimula la compra compulsiva en las librerías, el pensamiento adormecido necesario para encontrarte con una bazofia y opinar que es una obra maestra.

¿Cómo se puede vivir así? Imagino que fácilmente, ya que lo raro es lo contrario, vivir en un mundo donde te sientes una marciana todos los días porque entras a discutir un tópico que los demás apoyan y retroalimentan como si fuera una verdad universal, y quedarse callados luego, como si acabaras de tirar un petardo en mitad de la sala. Es más fácil decir que "no tengo imaginación", "no sé escribir", "no me apetece pensar", que cultivar el mayor don que tenemos como especie. Porque una excusa rápida la ponemos todos, pararte a pensar, invertir en eso tu tiempo y comprometerte con tu propio pensamiento es mucho menos frecuente. Y luego la conflictiva soy yo, encima. Conflictiva tú, so zorra, que me estás haciendo dudar acerca de si pegarme un tiro en la frente o pegártelo a ti.

Al contrario de lo que la gente suele pensar, no me gusta discutir a cada tres frases, ni escribir textos largos como este a menudo, con las mejillas encendidas por la rabia y la indignación. Llega un punto en el que  hasta a mí me da pereza buscar los cimientos del pensamiento de la persona e ir tirándoselos uno a uno. Primero porque que a una persona le hagan eso no le gusta y segundo porque detenerme a hacer eso con cada puñetera persona que me encuentro no suele servir para nada, ya que a la mínima de cambio pasan a otro tema, borran ese instante en el que les he desarmado el discurso y siguen con su vida. Y si ya son un grupo confabulándose entre ellos y diciendo todos los mismos tópicos, de verdad que me entran ganas de quedarme en casa con mis gatos. Me consta que ellos piensan más que la mayoría de personas que me rodean a diario. 

Encontrar a alguien con el suficiente valor para pensar es un tesoro, si encontráis a alguien así no os libraréis de los debates, las discusiones y los puntos de vista radicalmente opuestos, pero joder ¡qué puto placer hablar el mismo idioma!

02 noviembre, 2012

Agnósticos y ateos; misma filosofía, distinta percepción de "dios"


Lo que nos separa a ateos y agnósticos es simplemente un problema en la definición del contexto muchas veces más que otra cosa.

No creo que ningún ateo ni agnóstico tuviera problema en aceptar una evidencia clara y absoluta de una existencia divina si algo que identificamos como “dios” en nuestras respectivas culturas bajara o subiera o se apareciera de alguna forma ante la humanidad.

Ahí entra lo peliagudo. ¿Qué es un dios? Por lo que vemos en la mayoría de las religiones, un dios es un ente sobrenatural, mágico por así decirlo, responsable de la creación de este universo y de las criaturas que vivimos en él, algo “antropomorfoseable” con lo que los seres humanos nos identificamos, un ente con sentimientos que vela por nosotros de alguna forma, una especie de protector invisible.

No tenemos pruebas de que algo así exista -lo más parecido que conozco en mi vocabulario se llama atmósfera-, más bien lo contrario. De hecho, tanto es así, que un dios puede ser lo que nos venga en gana porque no es evidente que sea una sola cosa: un dios puede ser una persona, un animal, la naturaleza abstracta etc. Es decir, que dios no es un término absoluto y bien definido, es una palabra baúl con la que cada uno hace lo que quiere. No es algo universal, no es algo evidente por definición. Es un término que simplemente responde a las necesidades de protección de algunas personas, que se sienten muy solas en esta vida -¿y quién no?-.

De este término adaptable para lo que a cada uno le sale de la punta, las religiones han sabido cómo hacer caja y cada una te lo vende como puede para conseguir adeptos e influir en las comunidades. A veces para bien, a veces para mal, pero prácticamente todas tienen un objetivo común: hacer proselitismo de su filosofía.

Puesto que la definición de “dios” es algo social, yo me declaro atea dentro de la sociedad en la que vivo. Es decir, que no me trago las definiciones de dios que da ninguna religión. Si se demostrara que existe una fuerza creadora de este universo, no la llamaría “dios”, probablemente la ciencia -el único camino fiable que conocemos hasta ahora para conocer la verdad- le diera una terminología apropiada. Si a día de hoy esa fuerza no se ha manifestado de una forma clara ante la humanidad, ni se ha preocupado de nosotros, no tengo que llamarla “dios” puesto que la especie humana le otorga ciertas cualidades protectoras a ese término y por ahora no me siento protegida por ningún dios en absoluto. Si no tengo un dios al que adorar ni que se preocupa por mí, puedo definirme de cara a la sociedad como “atea” puesto que dios tal y como yo lo entiendo y/o me lo hacen entender no existe.

¿Eso quita que si de pronto una mano sale del cielo y nos saluda a todos y se presenta como nuestro creador, niegue esta evidencia? Sería absurdo. Aunque desde luego le pediría unas cuantas explicaciones a ese supuesto dios, a parte de estar muy acojonada en los primeros momentos.

De hecho, normalmente cuando te defines atea ante la sociedad, los religiosos te suelen dejar más en paz porque te defines como incrédula ante las patrañas que te quieren vender. Un agnóstico que parece que está ahí, pichí pichá, esperando a que alguien le demuestre algo, suele ser más la comidilla de las sectas que deambulan por el mundo. Y un agnóstico en el fondo comparte la misma visión del mundo que un ateo, lo que pasa es que al ser tan generalista en su definición y no contemplar la parte social de la religión parece que está de acuerdo con ella en que algo así debe existir y que antes o después se mostrará. Y es tan escéptico como el ateo en que sin evidencias no puede haber aceptación.

En definitiva, si hay una fuerza creadora del universo no tiene las propiedades necesarias para ser llamada “dios” a mi entender. No debe ser venerada ni tenida en cuenta puesto que a día de hoy no tenemos evidencias de la misma. Como cada uno se quiera definir esa cosa suya, pero desde luego los ateos no dejamos la puerta abierta a cuentos para adultos como sí parecen hacer -de cara a los religiosos- los agnósticos.

A los ateos ya nos dan por condenados, a los agnósticos esperan convencerlos aportando supuestas pruebas de la existencia divina que no son tal ni para ellos, ni para nosotros.

Así que lo que nos diferencia a ateos y agnósticos es que los ateos nos definimos escépticos de cara a la sociedad -que es lo que nos afecta en nuestro día a día, digamos que es una visión más pragmática de la vida- mientras el agnóstico se define escéptico de cara al universo -aunque quien le va a dar por saco para que se convierta a una religión no va a ser el universo, sino el creyente próximo-. Pero con pruebas suficientes, ateos y agnósticos no tendríamos problemas en admitir la existencia de una fuerza creadora sólo que a lo mejor a los agnósticos les da por llamarla “dios”, ya sea un alienígena con antenas lo que se manifieste así o un torrente vital, y los ateos como que no vamos a caer en esa trampa , por definición.


dios.
(Del lat. deus).
1. m. Ser supremo que en las religiones monoteístas es considerado hacedor del universo.
ORTOGR. Escr. con may. inicial.
2. m. Deidad a que dan o han dado culto las diversas religiones.


02 julio, 2012

Crítica a las revistas "femeninas"

Nota:

Los comentarios marcadamente sexistas,

como dice el Clon Malvado,

son pura mala leche.


Las revistas mal llamadas “femeninas” son el mal. Están especialmente diseñadas para lobotomizar el cerebro de las mujeres y convertirnos a todas en fotocopias zombies, en mujeres objeto. Durante años he tenido amigas, compañeras, que convertían este tipo de revistas en sus biblias particulares. Alucinante. Yo cogía cualquiera de ellas y flipaba pepinillos. Además de no ser nada originales, porque la estructura siempre es la misma, son una perfecta guía de todo aquello que una mujer nunca debería hacer.

Analicemos de forma crítica los contenidos típicos de cualquier revista “femenina”, cuya campaña de sensibilización con la estupidez es única:

1. Cómo has de vestirte/ maquillarte/ vivir tu vida: “Deep Blue Sea* Sensation, la nueva sombra de ojos de XXX (marca cosmética por defecto) que romperá este verano. Si quieres un look de boxeador de ring, como si te hubieran dado un puñetazo en cada ojo, no puede faltar en tu estuche de maquillaje”.

O sea, que quieres ir de rompedora por la vida, es eso. ¿Cómo va a “romper”, a llamar la atención, una sombra de ojos que utiliza todo el mundo? ¿Lo has pensado? ¿Tienes suficiente dinero para comprarte una sombra de ojos de 40 euros? Es más, ¿tienes algo con qué combinar el Deep Blue Sea Sensation en tu armario? NO. Te vas a gastar un pastón para comprarte una sombra de ojos que no va bien con tu vestido veraniego naranja butano y que va a llevar todo el mundo -si te juntas con una panda de borregas influenciables como tú, claro-. Al final, el objetivo de comprarte la sombra de ojos, que era para ser original, no se cumple. Pero lo más preocupante es que puedas llegar a impresionar a alguien de verdad dependiendo de la sombra de ojos que lleves. Miedito.

*Deep Blue Sea es una película. No se me ocurría uno de esos nombres megaguays que se le ponen a los cosméticos.

2. Los tests: “¿Eres aventurera? /¿Eres sexy? /¿Eres idiota? Haz nuestro test y averígualo”. (No hace falta que hagas el último para saber si eres idiota, te lo digo yo: eres idiota)

¿De verdad necesitas un test para saber eso? ¿Tan jodida tienes la personalidad? ¿Cómo narices te va a decir una revista si eres sexy o aventurera? A menos que seas una frívola sin personalidad. O que tengas unos complejos de aquí te espero y necesites que alguien te diga lo estupenda que eres. En todo caso, lo más desternillante de los tests son “los resultados” según la puntuación obtenida, excesivamente complacientes siempre para que no te sientas culpable por ser como eres:

0-20 Felicidades por tu puntuación. Bueno, mujer, sexy, lo que se dice sexy, no eres. Tú eres más de bocata de chorizo, modestita. Una tía todoterreno. Los hombres se sentirán seguros cerca de ti. Probablemente no has tenido ocasión de sacar tu lado más sensual y femenino, pero no te preocupes, porque eso es algo que todas llevamos dentro (guiño, guiño). Elige un día de la semana y vístete de forma especial, haz spinning, cómprate ropa interior bonita, mímate. Eres una chica especial y te mereces ser especial, tenemos productos para ti en la pág. 56 que te harán ser especial. Recuerda que las mujeres demasiado sexys asustan a los hombres, pero tú eres perfecta, sobre todo con dos kilos de cosméticos encima. Ser sexy es una actitud y tú puedes conseguirlo con un poco de esfuerzo, no lo olvides.

20-40 Enhorabuena, eres medianamente sexy. Lo suficiente para atraer a unos cuantos maromos, pero sin llegar a ser un putón verbenero. Todas las chicas querrán tener una amiga como tú, porque no eres una petarda con complejos como la que puntuó de 0 a 20, pero tampoco un zorrón como la tía que ha sacado más puntuación que tú en el test. Eres perfectamente mediocre normal. A propósito, si quieres potenciar tu lado más sexy con ese chico que te gusta, tenemos unos productos especialmente diseñados para ti en la pág. 56 que te harán ser única, especial y sexy. Porque a los hombres la carne les gusta en su punto, ni muy hecha, ni muy cruda. Y tú estás en tu punto y ¡en su punto de mira! (Sí, a veces las redactoras hasta se permiten ser “ingeniosas”) Eres el trozo de carne que todos desean.

40-60 Estupendo, eres 100% sexy. No hay hombre que se resista a tus encantos y todas te envidian porque querrían haber sacado la misma puntuación que tú en el test, que para eso lo hicieron, pero se han comido una mierda y hemos tenido que consolarlas. Mientras lees esto, se te está saliendo un pezón de lo sexy que eres por encima de la camiseta. Eres especial y sabes aprovechar tu potencial. Tanto si quieres sacarte partido como tratar de ser un poco discreta, hemos diseñado para ti unos cosméticos estupendos en la pág. 56 que harán las delicias de los hombres. Porque ser original no cuesta nada, ¡que te lo digan a ti! -La revista no se hace responsable de las puñaladas que puedas recibir por la calle al haber azuzado a 2/3 de las lectoras en tu contra-.

3. Listas de consejos, sobre todo referidos al amor y las relaciones: “10 consejos para gustar a los hombres”.

Aquí depende, los hay muy generales para no pillarse los dedos:

1. A tu chico le gustará que de vez en cuando te des una ducha. Lavarse un poco no cuesta nada. Recuerda que a nadie le gusta ver los mechones chorreando de grasa de su chica.

2. ¿Falda o pantalón? A los chicos les gusta que la mujer sea sexy y enseñe su belleza, pero tampoco que se pase y que a otros se les salgan los ojos -si tienes dudas, consulta nuestro test “¿Eres sexy? Haz este test y averígualo”-. Falda o pantalón no importa, la clave está en que sea corto.

O los hay muy estereotipados, de modo que no encontrarás a un hombre al que le gusten las diez cosas a la vez. Además suelen contradecirse.

1. Sé natural. A los hombres les gusta la naturalidad. ¿Que vas por la casa con una camiseta roñosa? ¡No pasa nada, él te ve sexy! ¿Que llevas tres meses sin depilarte? Descuida, él te quiere tal y como eres.

2. Maquíllate un poco, mujer. Una mujer que no se maquilla le está diciendo indirectamente al hombre que no la atrae. Para saber cuánto has de maquillarte, llena una olla de maquillaje y mete la cara en ella. El resultado, eso es lo que él quiere.

3. A los hombres les gustan las mujeres morenas. Si no eres morena, procura al menos tomar el sol para broncearte. En la pág. 34 tenemos los mejores productos bronceadores para ti.

4. A los hombres les gustan las mujeres rubias. Tíñete si no eres rubia. En la pág. 32 encontrarás los mejores tintes para ti.


4. Dietas.

La dieta de la naranja. ¿Harta de esos quilos de más? ¡Te traemos la solución definitiva! Prueba nuestra dieta de la naranja durante un mes, y además de mear vitamina C por un tubo, ¡conseguirás el peso que siempre quisiste! En el próximo número, la dieta del limón, para aquellas a las que se les resistieron los quilos con la dieta de la naranja. Y en el próximo, la del pomelo. Luego empezaremos con los frutos secos, para equilibrar la balanza del mercado.

5. Entrevistas. Además de ser el horror, suelen poner fragmentos en las portadas.

¡Entrevistamos a Perico de los Palotes, el nuevo actor/futbolista/millonario que dentro de dos semanas nos importará un bledo! Te contamos todos sus secretos y lo que es más importante ¡lo que le vuelve loco en una mujer! -Por si eres una de esas infelices que se cree que va a dar un braguetazo con él y le va a solucionar la vida, aunque sepas de sobra que tiene novia desde hace 3 meses-.

Para conseguir estos abdominales, lo que hago es ir 20 horas al gimnasio y dormir con la barriga puesta sobre la rejilla de la barbacoa. Lo que pasa es que me han ingresado un par de veces porque las últimas noches que me puse la rejilla estaba todavía caliente”

A mí lo que me enamora de una mujer es la silicona. Si luego cocina y me limpia la casa está bien, pero para eso ya tengo a mi madre. A mí me das una muñeca inflable y soy más feliz que el tonto de mi pueblo. No estarás apuntando todo esto, ¿verdad?”


La verdad es que me lo pasaría pipa siendo la redactora de una de esas revistas.

07 mayo, 2012

Mi pasión por las fieras

Decía Anatole France eso de "hasta que no hayas amado un animal, parte de tu alma permanece dormida".

A mí me costó despertar porque en casa de mis padres un animal tiene una consideración parecida a la de cualquier objeto y a pesar de mi curiosidad innata hacia los animales y, en general, hacia todo tipo de forma de vida, siempre se me puso límites a la hora de incorporar cualquier compañero a mi casa. Tanto es así, que la mayor frustración de mi infancia fue no tener jamás un animal longevo como un gato o un perro, ya que a mis padres eso les parecía una carga. Tuve muchos pequeños animalitos, de los que recuerdo todo: sus nombres, sus peculiaridades, lo que me hacían sentir... y lo mucho que me fueron entristeciendo, una a una, cada una de sus muertes. Hasta la de mis peces, que tienen fama de no hacernos llorar cuando se van.

Yo desperté cuando me fui de casa de mis padres, gracias a un gato que a día de hoy sigue conmigo. Creo que llegar a comprender a un animal tan sensible como un gato me ha llevado a mí también a sensibilizarme. No puedo mirar a un gato callejero sin tener el impulso irrefrenable de detenerme a ver cómo está, si puedo hacer algo por él, porque comprendo mucho mejor su sufrimiento. Pero no me ocurre sólo con los gatos, sino también con otros animales -personas incluídas-.

Eso me ha llevado a tener un total de cuatro gatos, un agapornis y ahora también, una coneja enana. Todos ellos, salvo el agapornis, con historias de abandono detrás -sí, incluso la coneja, a la gente le da igual la especie a la hora de dejarlos en la calle-. Como los tengo, en mi familia soy una especie de excéntrica -que ya lo era, sólo que parece que esto lo ha acentuado más si cabe-. A algunos les divierte, a otros les escandaliza y otros opinan que sencillamente se me ha ido la cabeza. La etiqueta típica de loca de los gatos ya la tengo puesta. Mis padres confían en que un día de estos me dé un ataque de "sentido común" y les busque a todos una casa, como debe ser, y yo me dedique a algo más convencional como hacer un máster en el extranjero, conseguir un trabajo bien remunerado y aceptado socialmente, y terminar con un par de críos que crezcan lejos de la influencia de los animales. El horror.

Pero yo no puedo abandonarlos, ni buscarles otra casa. Han crecido juntos y el día que tengan que morir, lo harán en mi casa. Y sí, yo me pondré muy triste porque habremos compartido muchos años y muchas cosas, ¿pero acaso no habrá valido la pena? ¿Qué pensarían de mí ellos si cuando los encontré hubiera pasado de largo, como todo el mundo? ¿O si de repente los dejara en una casa extraña y no volviera nunca más? Para ellos yo marqué la diferencia un día, ellos marcan la diferencia conmigo todos los días. El quid pro quo me parece justo, aunque tenga que llorar su muerte y enterrarlos cuando llegue el momento. Vivir con fieras hace que no pase ni un solo día sin que sonría con sus ocurrencias. Y sí, me dan trabajo, pero dicen que sarna con gusto no pica. No los cambiaría por nada.

Ojalá todas las personas tuvieran la oportunidad de crecer junto a un gato o un perro. Son los mejores maestros, te ayudan a entender todo lo demás. Probablemente las personas nos entenderíamos mucho mejor entre nosotras porque habríamos aprendido de ellos.

Tal vez un día un gato o un perro perdido os llame en la calle y será vuestra oportunidad para deteneros, ayudarle y tal vez incluso darle un hogar que otro le ha negado. Ese día cambiaréis irremediablemente y no volveréis a ver las cosas del mismo modo. Seréis necesariamente más sabios, más despiertos. Las protectoras de animales están llenas de pequeños ángeles con pelo esperando una oportunidad... y deseando de daros la vuestra.

Es un compromiso para toda la vida, años de esfuerzo y dedicación, de entendimiento mutuo. Nadie sabe a ciencia cierta qué significa todo esto hasta que convive con un animal y entonces, sucede.

Mi pasión por las fieras está aquí para quedarse, le pese a quien le pese. Tal vez algún día mi excentricidad se vuelva normalidad porque la sociedad española por fin habrá abierto los ojos, pero para ello tendremos que haber avanzado mucho. A día de hoy todavía mueren en nuestras carreteras miles de animales y tenemos una ley ridícula para castigar los casos de maltrato animal. Sólo hay que ver la fiesta "nacional". Y sin querer detenerme más en esto, porque me toca la fibra sensible, veo bien terminar con otra cita:

La grandeza de una nación y su progreso moral pueden ser juzgados por el modo en el que se trata a sus animales.
Gandhi.

13 abril, 2012

Cinco pequeñas reflexiones cotidianas

1. Para mi gato, el mayor, mi nombre es Mau. Cuando me llama, su maullido es muy distinto al que utiliza para pedirme de comer o para que le cambie el agua o la arena. Es un maullido diferente al que usa para saludarme por las mañanas o para llamar mi atención sobre cualquier cosa que se la llame a él. A veces me llama por el pasillo. En un intento de vocalizar al modo español las vocales, las pronuncia claramente, haciendo un esfuerzo para ello, consiguiendo que su voz parezca humana. Mau, Mau, me dice, y yo sé inmediatamente que me está pidiendo pasar un rato conmigo, sentarse en mi regazo o acostarse sobre mi escritorio para que lo acaricie mientras leo. ¿Que quiere abrir una puerta? Me llama para que se la abra: Mau, Mauu... y mira la puerta ansiosamente y a mí, de forma alternante. Pero cuando me llama, suele hacerlo para estar conmigo, para pedirme que lo acaricie y pase tiempo con él. Igual que para mí él es Edgar, y cuando lo llamo él aparece por la puerta, él sabe que si me llama Mau, rápidamente aparezco para cogerlo en brazos y dejarle pasar la tarde conmigo.

Los humanos solemos felicitarnos por la exclusiva capacidad de nombrar los objetos; qué poca sagacidad, pues está claro que no es así.

2. Me gusta probar cosas nuevas. El otro día le tocó al tofu. Tofu, tofu, ¿qué narices es el tofu? No tenía ni idea hasta que lo compré. Pues resulta que es leche de soja condensada a la manera del queso, capaz de adaptarse al sabor de aquellas especias o alimentos que lo rodean y con una textura muy peculiar. En Asia es relativamente frecuente; en Europa lo han popularizado los vegetarianos, haciendo que ocupe el lugar de la carne en su dieta. A mí simplemente me gusta, sin ser yo nada de eso.

3. Hubo un tiempo en el que yo era bailarina. Bailarina de verdad, de esas que van al conservatorio y tienen que sufrir durante años cuatro o cinco horas diarias de ejercicios terribles, cinco días a la semana. Tenía una coordinación sorprendente, era capaz de hacer diez cosas a la vez con mi cuerpo, incluso pensar. El otro día, sin embargo, al agacharme para coger en brazos a mi gata me golpeé la frente con la esquina de una encimera. Eso da una idea de la pobre coordinación que tengo ahora, que ni siquiera soy capaz de medir bien las distancias visuales. Quizá por eso me dedico ahora a las peripecias mentales; deben de dárseme mejor, porque no necesito tanto ejercicio. Ahora no soy capaz de hacer diez cosas a la vez, pero al menos sé pensar, sobre todo cuando me dedico a ello en exclusiva; más de lo que muchos hacen.

4. Tengo una agenda en la que apunto cosas que tengo que hacer. No las cosas rutinarias, sólo lo verdaderamente importante. Ahí escribo listas de aquellos libros que tengo que leer, aquellas películas que me quedan por ver, aquellas cosas que debo escribir. Trazo objetivos para estar en contacto conmigo, para que no me pierda en la costumbre diaria. No lo miro con frecuencia, ni significa nada el que no cumpla objetivos dentro de un marco temporal, porque no lo hay. Simplemente está ahí, como un mapa que guía mis pasos. Un espejo en el que mirarme para recordarme quién soy cuando se me olvida.

5. Ha salido un estudio que dice que dos cañas de cerveza o dos copas de vino nos hacen más inteligentes de forma temporal. Si bien la capacidad analítica se ve reducida, la intuitiva se incrementa. Es el mejor momento para resolver acertijos, entonces. Esto lo tenía muy claro, pero ahora los datos lo confirman. De modo que ya saben, señores empresarios, en lugar de máquinas de café, pongan máquinas de cerveza. Nada más insinuante que eso y un cartel que diga: ¿Hoy cómo la prefieres, rubia o morena? Y que el vino tinto y el vino blanco pasen a llamarse vino moreno y vino rubio respectivamente, con su máquina vinatera también. Así no habrá discriminación sexista. Vendrán a quejarse pelirrojos, pelirrojas, castañas y castaños; pero ya sabemos que en genética, el pelirrojo y el castaño son sólo mutaciones del rubio y del moreno. O, como mucho, un árbol de frutos secos femeninos. Y lo que tienen en común la vida basada en el carbono con el alcohol es que ambos arden muy bien.

27 enero, 2011

Rebelde... ¿sin causa?

Cuando era pequeña en mi familia me llamaban “el espíritu de la contradicción” porque siempre que no estaba de acuerdo con algo, lo discutía –y eso ocurría con cierta asiduidad-. Como siempre mis opiniones han sido muy personales, llegando con bastante frecuencia a ser atípicas, me gané la fama de querer discutir por discutir. Sin embargo, eso nunca ha sido cierto. No suelo discutir por discutir, de verdad que no –salvo en muy contadas ocasiones que discuto por diversión… pero discutir por diversión no es discutir por discutir, que quede claro-.

Puede parecer chocante que, ante algo que no me gusta, salte. Y salto de forma violenta, airada, pasional y mordaz. Siempre intento llevar a la razón de mi mano, pero independientemente de eso, mis discursos suelen ser enérgicos. El hecho de que lo sean, no sé por qué, hace que las personas lo interpreten como que me dejo llevar por una furia divina, desatada e incontrolable y que no hay argumentos detrás de esos arranques. Y si se me lee o se me escucha con atención, cualquiera se da cuenta de que toda mi opinión se fundamenta en argumentos bien razonados –a veces con más o con menos acierto, eso lo reconozco-.

Odio con todas mis ganas a quienes identifican la pasión con la ingenuidad juvenil. Esas frases de: “ya cambiarás… la vida le acaba dando la vuelta a uno”, “ yo antes pensaba A, pero fíjate cómo es la vida, que ahora me he ido al extremo y pienso Z”, “ahora tienes mucha fuerza, pero cuando tengas mi edad verás las cosas de forma distinta” o la peor, la que empieza: “yo pensaba igual que tú a tu edad, pero…”.

Ante ésta última me entran ganas de responder varias cosas:

1. 1. Lo siento, señor, pero lo dudo mucho.

2. 2. Que tuviéramos en su momento opiniones similares no significa que las motivaciones que nos llevaran a pensar así sean iguales. Que usted se hiciera el “progre” en su momento para destacar en su pandilla de amigotes pseudorrojeras no significa que yo tenga su misma determinación, y si he llegado a pensar de una forma concreta no ha sido sin una profunda reflexión previa.

3. 3. Eso es una gran prueba de una de estas dos cosas, e incluso de ambas dos: O que usted en su juventud tenía la capacidad reflexiva de un babuino, probablemente embebido en una gran ensalada de hormonas que le impedían pensar con objetividad; y esa capacidad no ha mejorado a pesar del tiempo, por lo que usted no ha recapacitado con seriedad qué es lo que realmente apoya; o quizá es que usted es un chaquetero pseudointelectual que se raja a la primera de cambio, cuando sus ideas no se corresponden con la realidad que usted imaginaba. O tal vez es usted simplemente un capullo inseguro, adicto a las relaciones disfuncionales, que apuesta al mejor postor, aunque ni siquiera sepa qué es lo que significa tener una ideal y en qué consiste éste.

No soy una persona que hable por hablar. Yo no grito para hacerme oír, me basta con un susurro certero. Puedo tener muy mala idea a veces en la forma en la que digo las cosas, pero detrás de todo eso siempre se encuentra una motivación apoyada en fuertes argumentos. No me da la gana de dejarme llevar por el pensamiento de la mayoría si considero que ésta se equivoca, como por otro lado no dejo de participar en esa mayoría si creo que lo que opina es correcto, pues no tengo ningún ánimo de llevar la contraria por llamar la atención.

No confundan pasional con irreflexivo, por favor. Yo no voy quemando contenedores en un arranque de valentía infundada o fundada en la moda o en cualquier otro movimiento pasajero.

Así que si alguien me dice: “Yo, a tu edad…” probablemente le responda: Pues si es así, lo más probable es que si yo me convierto en lo que usted es en la actualidad, me pegue un tiro, porque significa que habrá muerto todo lo que soy. Como probablemente no me ocurrirá lo que usted dice, a pesar de lo que usted haya hecho con su vida y de sus ganas de hacerme partícipe de su frustración vital, sólo puedo desearle que eche un polvo, así quizá le vuelvan a entrar ganas de vivir y de no conformarse con la primera mierda que le den en la vida”.

17 agosto, 2010

Carta a una Taurina - sí, como lo que contiene el Redbull-

EDITADO:

Debido a que el enlace que anteriormente había puesto para que accedierais a la "Carta a un antitaurino" ha sido borrado, me he permitido la libertad de poneros otro, que si bien no conduce al mismo blog, sí os permitirá leer la carta original. De nada.


Amados lectores, aquí tenéis la perla de esta señora, para que comprendáis el por qué de esta entrada.

Y he aquí mi respuesta:

Plas, plas, plas.

Qué buen uso has hecho, querida, de la sensiblería y la sinrazón en ese vómito de entrada. Discursos así los he visto a miles, especialmente hechos para encandilar a la masa haciendo uso de una emotividad que el asunto en sí no solo no merece, sino que además, me parece despreciable y carente de fundamento.

"A ti, que te llamas antitaurino y bla bla bla"

En primer lugar, me parece que la palabra "antitaurino" no es adecuada, pero es la que hay para denominar a "gente como yo", que estamos a favor de los derechos de los animales. Antitaurina tú, que te regocijas con el dolor de un animal en mitad de una plaza. Antitaurina tú, que estás sentadita, abanico en mano, mientras a escasos metros de ti torturan física y mentalmente a un animal indefenso. Y para más inri, ovacionas su desgracia.

Me parece, querida, que en España es MUY DIFÍCIL no tener contacto con un toro. Hasta tenemos banderas nacionales con toros representados en ellas. Las personas civilizadas que no acuden a un matadero público, como es la plaza de toros, podemos disfrutar de lo que es ver a una manada de toros y vacas en mitad del campo, sin que nadie los moleste. Eso para mí es ver al toro en acción, en lugar de verlo acosado por un grupo de energúmenos gritando en una plaza.

"A ti, que dices que defiendes a un animal del que solo te acuerdas cuando toca ir de manifestación"

Que mentira tan bien dicha. A lo mejor hasta te la crees. Como si no fuéramos miles y millones de personas las que defendemos los derechos de los animales, cada uno en la medida de sus posibilidades, pero no para crear polémica.

"A ti, que para atacar lo que consideras un espectáculo desagradable, solo se te ocurre desnudarte y cubrirte de tomate".

Claro que sí, he aquí un claro ejemplo de la técnica de la simplificación, muy bien utilizada por ti. Dile a tu logopeda que te dé un caramelo como premio.

Es que no veas, los "antitaurinos" somos así de idiotas. Fíjate, el otro día le dije a un camarero que el agua que me había traído no estaba lo suficientemente fresca. De modo que, ante un espectáculo que consideré desagradable, me desnudé y me cubrí enterita con tomate. Para mí, el espectáculo de mi vaso de agua caliente continuó siendo desagradable. Para la vista del camarero, tener delante mi cuerpo desnudo no lo fue tanto.

Tratas de ridiculizar una protesta que está del todo justificada. Y que además, es original. Que tú no tengas sensibilidad ni empatía no es culpa nuestra. A lo mejor tenemos que ponernos a sangrar de verdad. Puede que así te conmuevas. Yo, como mujer, lo hago doce veces al año, personalmente. Pero chica, ¡es que eso no cuenta! Qué le vamos a hacer...

"A ti te lo digo, desde el respeto que los que nos denominamos aficionados practicamos hacia vosotros."

Vaya... yo creía que el respeto se tenía o no se tenía. Por lo visto, vosotros lo practicáis. Pues os hace falta más práctica ¿eh?

"Siéntate un día con un torero, habla con el, escúchale. Solo así podrás saber que es amar a un animal, vivir por el."

Pero... me estás diciendo que me vaya a hablar con un torero... ¿o con un zoofílico? No sé, tendrás que aclarármelo mejor.

"Déjale que te cuente como cuando todavía era un niño dejo aparcados los juguetes y decidió empezar a jugarse la vida."

Mira, cariño, yo estudio Psicología. Aunque no me hace falta estudiar nada para decirte esto, porque te lo diría cualquiera con un mínimo de sentido común. A mí me dicen que un niño no solo no juega, sino que además, su instinto de supervivencia es una mierda, y lo interno en un centro de salud. Por no hablar de que posiblemente ayude para que le quiten la custodia a los padres. A eso se le llama maltrato a la infancia.

"Pregúntale porque prefirió olvidar su juventud para sacrificarse por un sueño que sabía de antemano sería prácticamente imposible de conseguir. Intenta comprender lo que significa olvidarte de todo, hasta de ti mismo, pensando, viviendo y soñando con ese animal que tu tanto defiendes."

Este podría ser el perfil de un claro caso de esquizofrenia. Esperemos que no se olvide mucho de sí mismo o perderá la noción de la realidad. Y claro que defiendo al animal, mi arma. Es que él pretende MATARLO... después de haberlo TORTURADO.

"Imagínate alejado de tu familia, de tus amigos de tu tierra y de tu gente."

Es el pan de cada día de un montón de personas. Incluída yo. No sé qué pretendes conseguir con ese argumento tan tonto.

"Y una tarde de invierno abrígate y vete al campo con el mira como nace ese animal al que tanta devoción le profesas y observa como te enviste cuando todavía no tiene fuerzas para ponerse en pie, la próxima vez no podrás decir que no nació para luchar que no tiene instinto."

Qué poético.
Claro que tiene instinto. Tú también. ¿Sabes cuál es la definición de instinto? Me parece que de interpretar conductas no tienes ni puta idea. A ver, cualquier ser vivo, incluso las plantas -que tan inertes le parecen a algunos-, tienen métodos de defensa. Eso no quiere decir que "nazcan para luchar". Quiere decir que "tienen recursos POR SI tiene que hacerlo". Claro que el toro intenta embestir -que, por cierto, se escribe así. Estarás relacionada con el mundo de los toros, pero no tanto con el de la ortografía... alguien hizo novillos (je je, novillos) en clase de Lengua... ¿eh?-. Sobretodo si algún hijo de puta con un objeto punzante se acerca a él para clavárselo en el lomo. ¿Tú no lo harías? ¿Te quedarías quieta?

"Pasa tardes, meses y años pensando en él al levantarte y soñando con él cuando llegue el final del día."

Hostia... eso es una obsesión grave. O un caso de zoofilia extremo. ¡¡Llama al médico!!

(Por cierto, me he permitido la licencia de acentuar los dos pronombres "él" que están en cursiva. Solo para mejorar la comprensión.)

"Pierde mujeres, amigo y familia que nunca llegaron a entender que lo antepusieras sobre todo, que te quisieron con locura pero que no pudieron soportar tus ausencias, que lo intentaron por todos los medios, pero que nunca llegaron a entender esa obsesión que les dejaba siempre en un segundo plano y te convirtió en un ser siempre pensativo y solitario."

Ahí está, guapa. Tú lo dices. OBSESIÓN.
Pues normal. Es un ENFERMO. ¿Desde cuando es lícito abandonar a las personas por matar animales? Yo también me largaría. Cagando leches.
Y sí, los toreros son muy pensativos. Hay casos de grandes intelectuales entre los toreros, como Jezulín de Ubrique. Mu majo y mu li'to er mushasho.
Y lo siento por el amigo. Se ve que tenía solo uno y lo perdió.
Al menos tenía varias mujeres para consolarse.

Los siguientes párrafos me los he saltado por el enorme bostezo que me provocan. Pareces la Coixet, coño. De todos modos te enlazo de nuevo, por si alguien quiere leer la mierda que has escrito.

"Estate dispuesto, convencido y mentalizado de dejarte matar."

Eso le dicen a los terroristas. Tu artículo se está poniendo muy, pero que muy peligroso.

"Después vuelve a tu casa. En la próxima manifestación, desnúdate, échate tomate por encima ponte unas falsas banderillas, alza la voz y mantén que defiendes al toro bravo, que lo amas."

Perdona, yo no AMO al toro. Los que tienen fantasías eróticas con él, según dices, son los toreros. Los antitaurinos, después de protestar, contestar a estúpidos posts como el tuyo, denunciar casos de maltrato animal a las autoridades, etc... volvemos a casa con gente que queremos y a la que no cambiaríamos por matar a ningún ser vivo.

Luego metes otro párrafo infumable. Perdona que no lo reproduzca.

"No juguéis con su futuro porque estáis jugando con el futuro de mucha gente que vive solo porque ese animal respire."

Quien "juega con su futuro", concrétamente matándolo, no parece que seamos nosotros. Y, cuando estáis en la plaza, no parece que os desviváis porque ese animal respire. Más bien estáis berreando y aclamando su muerte, cuando finalmente se desploma. Si es que están locos estos romanos...

"No quiero con este alegato convenceros de nada. No intentéis convencerme a mi que nosotros no amamos al toro bravo............."

Claro que no, llamas a la entrada "Carta a un antitaurino" en el que te pasas media hora diciendo lo que debe hacer para entender a un taurino, pero no quieres convencer a nadie.

Lo que dices también me suena a que, cuando eras chica y alguien decía algo que no te gustaba, te tapabas las orejas y decías a grito pelado: ¡No te escucho cara cartucho!

Claro que no quieres que nadie "intente convencerte". Tú eres feliz, dentro de tu secta tauricida. No es a ti a quien acribillan en un lugar lleno de macacos descerebrados que quieren ver tu sangre en la arena.

Sigue con los ojos cerrados.

Pero cada vez la gente está más concienciada de las atrocidades que hacéis. Pronto la razón triunfará sobre la irracionalidad vacua que vosotros destiláis.

El toreo ni arte, ni cultura. TORTURA.

... y no he podido evitarlo, pero yo nunca diré que no amáis al toro. Eso sí, que el ganadero no os pille metiendo la picha en ningún sitio, o poniéndoos debajo del animal para que os monte, porque os puede denunciar. Por no hablar de la gonorrea -consulta al diccionario si no sabes lo que es...y a tu ginecólogo, por si acaso-. Consejo de amiga.

23 septiembre, 2009

Benditos pingüinos





Hasta los pingüinos prefieren sacrificar la vida que no ha nacido en pro de la que ya se ha asentado en la Tierra. Por no hablar de que los pingüinos adoptan a las crías que se han quedado huérfanas, aunque sean una pareja del mismo sexo. ¿Cuando aprenderá la Iglesia Católica que la naturaleza comprende muchas cosas?