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21 noviembre, 2012

Reflexiones y preguntas sobre la monogamia y la monoandria

Las preguntas y reflexiones que voy a plantear son fruto de las cosas que leo, vivo y escucho. Sin pretender en ningún momento dogmatizar el asunto, ni tener ni puta idea en qué concluye todo esto, salvo datos antropológicos y psicológicos acerca de cómo viven y resuelven los conflictos en distintas partes del mundo lo seres humanos y de por qué sentimos lo que sentimos, procuraré plantear una serie de preguntas que me hago cuando veo lo que veo.

Nuestra sociedad nos pide que, cuando nos enamoramos, guardemos fidelidad eterna a la persona de la que lo hacemos y esto genera muchos conflictos, según veo. Bien es cierto que cuando dos personas están enamoradas normalmente no tienen ojos para nadie más durante un período del tiempo, pasado el cual, la bestial reacción química desaparece y la relación se transforma en una cálida relación amorosa basada en el respeto y la confianza. Pero, ¿puede haber respeto y confianza en una relación cuando la sociedad nos pide encarecidamente que ocultemos a los demás y a nosotros mismos nuestros deseos?

A día de hoy no he conocido jamás a una persona que, teniendo una relación estable con un alguien, no se haya sentido atraída por otra persona -o incluso haberse enamorado-. Como confidente de algunas personas que soy, no ha faltado en mi vida ver a personas llorando amargamente por ser infieles a su pareja y preguntándose por qué han actuado así, personas reprimidas con sentimientos de culpabilidad por desear a otra persona además de su pareja sin saber qué hacer, personas destrozadas al saber que su pareja les ha sido infiel. Y cuando veo todas estas situaciones llenas de sufrimiento, angustia, ansiedad, estas vidas llenas de mentiras, de represión, de negación para consigo mismas me pregunto ¿realmente es todo esto necesario?

¿Cuándo decidimos privatizar el amor? ¿Cuándo decidimos que había una sola forma de amar, de follar, de formar una familia en detrimento de todo lo demás? ¿Es realmente respetar a tu pareja el hecho de negar nuestros impulsos sexuales, es decir, es respetar una pareja el no serte fiel a ti mismo? ¿Tan mal estaría destrozar de una vez por todas esa imposición, que nadie elige pero que tienes que cumplir a rajatabla, de ser fiel hasta que la muerte os separe sin una previa negociación de las partes? Pensad en cuántas escenas de celos ahorradas, cuántos sufrimiento ahorrado, cuánta ansiedad eliminada si pudiéramos comprender que se puede amar a muchas personas, que se puede terminar con la idea de que el amor y la posesión son la misma cosa. ¿Acaso cuando te acuestas con una persona significa que dejas inmediatamente de amar a otras? No, porque crear nuevas relaciones, nuevos sentimientos, no eliminan mágicamente los que ya hay. Los sentimientos caducan por otros motivos. Igual que quieres a mamá y a papá, porque son personas distintas y cada uno te aporta algo diferente, se podría querer también a Fulanito y Meganita y todas sus variantes, cada uno por lo que son, cada uno por lo que te aportan. Amar sin limitaciones, amar sin celos de por medio, amar sin culpabilidad. Amar sin sufrir, en definitiva.

Leo a la antropóloga Helen Fisher, leo a Marvin Harris, hablando sobre otras culturas. De cómo todos cuidan a los hijos que nacen de una mujer en otros lugares, donde un niño no tiene preferencia sobre otro en la tribu, donde todos son hijos de todos y por eso merecen el mismo cuidado y respeto. Donde no hay lugar para el egoísmo, ni el sentimiento de que una persona sea sólo para el disfrute privado de otra. Lugares donde parecen sin duda más felices sin el concepto de propiedad privada, más allá de una choza o una porción de tierra donde poder vivir. 

En nuestra sociedad se nos entrena para consumir. Para tener. Tener casa, tener coche, tener pareja, tener hijos. La perfecta cadena del consumo incontrolado. Por eso se protege el matrimonio, donde tu marido es sólo tuyo, tu mujer es sólo tuya y por lo tanto los hijos tienen unos padres muy claros -casi siempre, claro-. Interesa sacrificarte por tu prole, que tus hijos sean competitivos con los hijos de otros para poder escalar en la jerarquía social y así tener más cosas que nadie. Consumir más que nadie, pagar más que nadie. ¿Esto es lo que queremos en nuestra sociedad, competitividad en lugar de cooperación?

Si todas y cada una de las personas que he encontrado en la vida, entre las que me incluyo, hemos deseado a personas más allá de lo estrictamente normativo, será que la monogamia y la monoandria que nos imponen falla por algún lado, ¿no? Ay, ¿será que no estamos hechos para ser propiedad de alguien y ser felices a la vez? Hay personas que viven en monopareja toda su vida y se declaran felices, ¿lo son realmente? me pregunto. Cuando les preguntas muchas veces cómo han durado tanto tiempo juntas, te suelen responder con una palabra: sacrificio. Sacrificio de deseos personales, imagino. Sacrificio de tu propia individualidad en nombre de la pareja. Dos personas sacrificando aquello que podrían llegar a ser si no tuvieran una pareja que las "castrara". O no, quién sabe. Las parejas que llegan juntas a su lecho de muerte después de cincuenta años de matrimonio feliz son pocas. Es una fórmula a la que se supone que todos aspiramos, pero que funciona sólo en una  parte de la población casi residual.

¿De veras deberíamos en nombre de la fidelidad, del "sólo soy tuyo y de nadie más", llevar una vida ya sea de mentiras o de represión? ¿No estaríamos más sanos mentalmente si pudiéramos besar a quien nos diera la gana, acostarnos con quien nos diera la gana, amar a quien nos diera la gana, simplemente siendo sinceros con respecto a nuestros sentimientos y deseos? ¿Mantener el enamoramiento de dos, tres personas a la vez, sin tener que sacrificar un amor por otro con el consiguiente sufrimiento? ¿Entender que los celos no tienen cabida si esa persona afirma que te quiere, pero sin que tenga que renunciar a amar a otra persona si así sucede? Tener libertad, en definitiva, para establecer qué relación queremos tener y no dar nada por sentado, en lugar de poner una etiqueta a una persona y otorgarle así una serie de derechos y responsabilidades que no ha elegido.

Pensar que las parejas llenas de amor que duran para siempre apenas son reales. Que nuestras mentes piden otra cosa, otra manera de vivir. Terminar con conceptos como el adulterio y la infidelidad, con sentimientos negativos como los celos y la inseguridad, dejar de ver bien el llamado sufrimiento por amor. Acabar con la imposición irreal y ficticia de las relaciones monoafectivosexuales. O lo que tendría un valor incalculable: terminar con los asesinatos o maltratos que intentaran justificarse con "la maté porque era mía".

Decía Helen Fisher que el ser humano está en el mundo para reproducirse, no para ser feliz. Y yo me pregunto, ¿podría el ser humano ser feliz si supiera cómo?


(Agradecería vuestros comentarios -aunque sea como anónimos- con todo el debate que pueda surgir de este post, me parece un tema de lo más interesante)

29 junio, 2009

Censura del sexo, la violencia y la muerte



Siempre me ha llamado la atención desde pequeñita el hecho de que cuando veía la televisión junto con mis padres, en ciertas ocasiones se comportaban de manera muy extraña cuando se veían imágenes en la pantalla que yo no llegaba del todo a comprender, y terminaban cambiando de canal o mandándome a la cama alegando que lo que iba a pasar a continuación me iba a dar miedo y por eso no debía verlo.


Desde mi punto de vista infantil, lo que yo llegaba a entender es que había algo en la televisión que era muy malo, que probablemente me daría pesadillas o me resultaría muy desagradable. Así que en un principio no protesté.


Transcurrió algo más de tiempo y, como niña inquieta que era (y persona morbosa, sí, todo hay que decirlo) empecé a tener un interés desmedido por aquello que me querían ocultar. Comencé a tejer las semejanzas existentes entre las escenas que me censuraban: ocurría siempre cuando uno de los personajes se encontraba gravemente herido, tendido en un lecho; también cuando una pareja se ponía cariñosa y comenzaban a besarse y a acariciarse; y por último, cuando había escenas muy sangrientas.
Por otra parte, cuando moría alguno de mis animales de compañía, siempre decían que se había escapado o que se lo habían llevado a otro sitio para que lo cuidaran mejor.
Yo no lo entendía. ¿Por qué se lo habían llevado o se había escapado si lo cuidábamos bien?


Después, comprendí que cuando mis padres cambiaban de canal era porque se veía claramente que iba a comenzar una escena de sexo, o había demasiada sangre en la pantalla o algún personaje moría. En cuanto a mis animalitos “llevados a la granja” habían muerto.


Y yo me pregunto ahora ¿por qué esa censura? ¿en qué argumento se basa para fundamentarse?
A la mayoría de los niños se les permite jugar a videojuegos en los que tienen que pegar tiros, cortar cabezas, desmembrar personas, acuchillar a todo el que esté delante… pero no se les habla del sexo hasta que son mayores, o directamente, no se les da ninguna explicación. También se les suaviza el hecho de que sus mascotas no van a volver a despertarse, y si te hablan de un familiar fallecido, te dicen que “está con Dios” (Sí, para más inri se amparan en la existencia de seres mitológicos).


Veo innecesario ese tipo de actuación. Erróneo, ilógico y perjudicial para el niño.


¿Por qué (y ya esto lo decía a mis quince años) un niño aprende antes el significado de la palabra “matar” que el de la palabra “follar”? ¿Por qué quitarle la vida a una persona no es censurable (e incluso se anima a los chavales a que se diviertan con este tipo de entretenimiento, ya sea en forma de televisión, videojuego..., mediante una actitud activa o pasiva de los padres) y, sin embargo, si lo es el coito? ¿Qué tipo de moral tenemos cuando censuramos uno de los instintos más básicos del ser humano, tanto como beber o comer? ¿Por qué el placer es censurable y sin embargo se llega a ensalzar el dolor?


También así ocurre con la muerte. La muerte es algo intrínseco a la existencia humana. Tanto es así que la vida sin la muerte no tendría sentido, ya que forma una dualidad inseparable. ¿Por qué no tomárnoslo con naturalidad en lugar de con miedo? ¿Por el simple hecho de ser desconocido? ¿Porque nadie nunca ha vuelto a la vida? (No apelen aquí tampoco a la mitología, por favor) ¿Por qué transmitir ese miedo a nuestros hijos, si ni siquiera nosotros comprendemos qué es? Además, tarde o temprano, terminaremos pasando todos por el mismo lado. Afrontémoslo con madurez y digamos claro que si el animalito se ha muerto, se ha muerto. Ya está. Es menos traumático para un niño comprender su propia naturaleza y la naturaleza de los seres vivos que irlo engañando poco a poco con falacias haciendo que construya miedos innecesarios (¿o acaso tener miedo a la muerte es un infalible método para evitarla?), así como una gran ignorancia en ciertos temas, tales como el sexo.


Si acaso, comprendería la censura a la violencia en los primeros años de edad, ya que el niño tiende a imitar con mayor frecuencia los modelos que se le presenta a esas edades y lo último que se desea es un niño que manifieste un patrón de conducta agresivo adquirido mediante aprendizaje por observación vicaria. Pero transcurridos unos años, más que censura, el niño ha de tener una educación. Debe saber que el mundo es cruel, que el ser humano es violento por naturaleza y que se encontrará a lo largo de su vida con agresores tanto físicos como psicológicos; al mismo tiempo se le debe inculcar que la violencia no es una conducta deseable y por lo tanto, que debe de hacer todo lo posible por rechazarla, siempre que no exista un riesgo para su integridad y como última opción ante una situación hostil (eso de dar la otra mejilla tampoco es una conducta inteligente si uno se aprecia a sí mismo).

Por otro lado, si la sexualidad se comprendiera como una expresión de amor o como un comportamiento placentero que objetivamente no tiene nada de malo (siempre que haya acuerdo por las dos partes y los dos sujetos tengan plena consciencia de lo que están haciendo) la sociedad no tendría tantos problemas en esa materia, ya que los padres hablarían con los hijos progresivamente sobre el tema, de un modo adecuado a su desarrollo cognitivo para que pudieran comprender lo que se les dice y por lo tanto, podrían entender que la sexualidad bien enfocada puede ser algo maravilloso y no algo que censurar, que despreciar, que negar o algo que cause vergüenza. Las grandes lagunas que tienen muchos adolescentes en cuanto al uso de anticonceptivos podrían disiparse en la familia y, entre otras cosas, podría reducirse el número de embarazos no deseados con la consecuente disminución de abortos (Y aquí aprovecho para decir, que si bien defiendo el derecho al aborto, estoy totalmente en contra de utilizar ese mismo derecho de forma irresponsable e indiscriminada. La mujer debe tener la posibilidad de una vía de escape si se queda embarazada sin su consentimiento, pero ello no es excusa para utilizar el aborto como método anticonceptivo, entre otras cosas, porque resulta negativo para ella).

La censura causa ignorancia a todo el mundo, y el deseo irresistible de quebrar las normas y conocer lo prohibido entre aquellas personas que son un poco más inteligentes e inquietas.


En cambio, tenemos una sociedad más que tolerante para con la violencia en series de televisión, programas, anuncios… hasta los “objetivos” telediarios de noticias se recrean en las imágenes macabras y sangrientas. Además, de la muerte no se habla. Y es fundamental aprender a morir. Porque por mucho que ignoremos el tema, muertos vamos a terminar. Así que es mejor enfrentarse al hecho con valentía que con miedo (Además, los más pequeños tendrían un trauma menos con sus animalitos y dejarían de culparse por no haber tratado a sus mascotas como deberían. No pensarían que el que era su amiguito ha dejado de quererlo y por eso se ha ido, creando en ellos un fuerte sentimiento de culpabilidad. Es mejor decirles la verdad y que lloren a su compañero, comprendan lo que ha pasado y puedan exteriorizar sus sentimientos a que se queden impotentes cuestionándose a sí mismos e iniciándose en la costrucción de la peligrosa baja autoestima).


Y en cuanto al sexo, ya me he pronunciado. El resultado es un individuo ignorante de su responsabilidad y del funcionamiento de su cuerpo, tal como se vio en la compañera de piso y amante de los que hablé en otro post (“Transmisión local de la señal eléctrica: propiedades eléctricas pasivas de la neurona”, Etiqueta de Sexualidad, publicado a 2 de Junio de 2009).

Y como siempre digo, la solución a todos estos problemas es siempre la misma: educar en valores humanos a las personas desde que son pequeñas. Y casi que añadiría educar en Biología. Así tendríamos que escuchar menos estupideces de, por ejemplo, los fanáticos religiosos.


02 junio, 2009

Transmisión local de la señal eléctrica: propiedades eléctricas pasivas de la neurona *



Utilizando la ecuación de Goldman se puede calcular el potencial de membrana esperado, en respuesta a un conjunto de gradientes de concentración iónica y permeabilidad de la membrana. Solo se aplica a la situación de equilibrio, donde el voltaje no sufre variación. Cuando una neurona genera señales para comunicarse, el voltaje varía.

Existen tres propiedades eléctricas pasivas: la resistencia de la membrana en reposo, la capacitancia y la resistencia axial intracelular.

Tranquilos, queridos lectores; tranquilas, queridas lectoras. No tengo especial interés en explicaros los temas de Psicobiología de los que me examino este cuatrimestre. De hecho, hoy el tema que deseo tratar es el de la sexualidad. Pero no la sexualidad como puede entenderla una persona sensata, no, sino la sexualidad que se vive realmente. La cruda sexualidad.

Y este tema ha surgido así porque sí, debido a mi compañera de habitación en la residencia de estudiantes. ¿Y por qué por ella? Porque es el perfecto prototipo de persona sin valores humanos, como la gran mayoría de estudiantes universitarios que te puedes encontrar: personas carentes de valores éticos, de intelecto y bueno, la estética es algo muy secundario, pero lo menciono porque mi compañera, si no ya se aleja de cualquier concepto que se pueda tener de bello, causa tanto con su aspecto como con su comportamiento auténtica repulsión.

Tenemos pues a un individuo hembra cuya actividad cerebral está muy mermada ya no solo por la determinación genética y el escaso desarrollo al que esa mente se haya podido someter debido a la falta de interés por el mero aprendizaje, sino que el cerebro en sí ha sufrido los estragos del fenómeno botellón y discoteca, con la consecuente pérdida neuronal que finalmente limita a esa persona a la más profunda estupidez.
Perfecto.
Este individuo hembra tiene serias dificultades para poder mantener relaciones sexuales. Finalmente, tras mucho buscar, encuentra a un individio que sin ningún tipo de compromiso, decide mantener relaciones con ella.
Y uno se preguntará ¿qué tipo de ser humano accedería a tener esa experiencia con ese individuo hembra?
¿La respuesta?
Un individuo macho igualmente carente de intelecto, de ética y de belleza, claro, porque los individuos macho necios e inmorales que tienen la fortuna de haber sido bendecidos por Venus terminan siendo modelos, jugadores de fútbol, cantantes de OT, "tertulianos" (perdónenme por ensuciar este exquisito término) en los programas del corazón... pero definitivamente no se acuestan con individuos hembra rayanos estéticamente en la náusea (podría comentar, si el caso fuera otro, sobre la superficialidad de estos engendros en general, pero entiendo el asco que estos seres pueden causar como tema de salud física y mental).
Finalmente, los individuos van a la cama y servidora se entera por lo finos que son los tabiques en mi residencia.
De acuerdo.
Una vez consumado el acto (del que me han llegado un "Quillo, así no, que me duele" y varios "No lo hagas dentro, por favor" de ella), llega a mis oídos la siguiente conversación:


Ella, con voz apurada y angustiada: Quillo, ¿lo has echado dentro?


Él, con absoluta seguridad: No.


Ella, aún nerviosa: Tío, dímelo, porque si lo has echado dentro voy mañana a tomarme la pastilla.


Él con chulería y determinación: Pues tómatela.


Ella: ¿Pero lo has echado dentro?


Él: Sí.


Ella: ¿Que sí? ¡Hijo de puta! Al cabo de unos minutos se queda como pensativa y se ríe.


A lo que el tío pasa de ella y la empieza según creo, a toquetear, cosa que a ella le gusta y se le olvida el asunto. De pronto, como si cayera en la cuenta, mi compañera dice:
-Mañana voy a tomarme la píldora.
A lo que él ni se molesta en contestar, en decir un mero "te acompaño" (ja ja ja) o tranquilizarla y vuelve a intentar volver a la carga con ella.
Terminan el segundo acto (y vuelvo a pedir perdón, esta vez al gran arte que es el teatro, por lo que se está mi historieta asemejando al desarrollo de sus obras), él se pone los pantalones, sale de la habitación y se va a charlar con la amiga de mi compañera, que está de mejor ver en lugar de quedarse en la cama con el individuo hembra con la que acaba de tener relaciones.


Penosas situaciones como ésta se suceden cada día, en todos los rincones de nuestro país. Mi compañera seguramente se quedará esperando a que él la vuelva a llamar. Habría que comentar diversos aspectos.


En primer lugar, observémoslo desde el punto de "lo que debería haber hecho él" (Obviemos la respuesta más rápida, sencilla e inteligente de "habérsela cortado a los tres años"). Si eres un tío y quieres tener relaciones sexuales sin compromiso con una mujer, perfecto. Pero joder, ella es un ser humano, no un agujero con patas. A pesar de lo que pueda parecer, ese repulsivo ser al que te acabas de follar (¿Me permitís ser directa en el vocabulario?) tiene sentimientos. ¿Habéis escuchado alguna vez eso de que "las mujeres después del sexo, tienen ganas de llorar"? No sé si es solo un rumor, personalmente no me ha pasado y no conozco ningún caso cercano, pero supongo que si eso se dice, tendrá algún tipo de fundamento. Dejando a un lado el hecho de que cualquier mujer con un mínimo de dos dedos de frente efectivamente se echaría a llorar si le ocurriera esa situación, o si simplemente un engendro repulsivo macho intentara tocarla, más que por dignidad que por otra cosa, hay un hecho que sí es cierto.
A las mujeres nos gusta que se queden con nosotras en la cama tras el acto, mientras que los hombres, una vez alcanzado el clímax pierden el interés en su compañera y se dedican a otras cosas. Y si eres mujer y de pronto el chico al que le has abierto las puertas del cielo se levanta, se viste y se va a hablar con tu amiga que está más buena que tú, jode. Tuvo que entrarle a mi pobre compañera de cuarto un sentimiento de soledad y de "no valgo para nada" terrible.
Por otra parte, sí vas acostándote con mujeres sin preservativo (que ahora que lo pienso, ¿habrá cogido mi compañera alguna enfermedad de transmisión sexual?), al menos ten la decencia de no eyacular dentro de la chica, que para más inri, te lo lleva pidiendo desde hace tiempo. Y si además eres tan cabronazo de hacerlo y ponerla a ella en riesgo de esa forma (vaya partidazo de maromo, SIDA y embarazo en el primer contacto), ten huevos de admitirlo y no mentirle de esa forma tan descarada. ¿Qué hubiera pasado si ella no te lo hubiera preguntado? Que al mes le falta la regla, se hace la prueba de embarazo y ¡ah! ¡sorpresa!. Y los bichitos que descargas, amigo, son tuyos. Llevan TU carga genética, capullo. Ten un poco de responsabilidad, ¿no?
Encima, ella sugiere tomarse la píldora y ¿él que dice? "Pues tómatela", como diciendo "ese es tu problema". Pero a ver, niño, la pastilla postcoital qué coño te crees que es, ¿agua? ¿Sabes los efectos que tiene en la mujer esa cosita blanca tan pequeña? Pero claro, el niñato ha tenido seguramente una formación sexual pésima, si es que ha tenido acceso a ella o se ha tomado la molestia de informarse. Ese es el problema de acostarse con un engendro estúpido, que su desinformación ya no es solo de Matemáticas, Historia y Ortografía, sino que dado el sistema en el que nos desenvolvemos realmente no pasa "nada" si NO TIENES NI PUTA IDEA DE NADA. Y las películas porno no educan sexualmente, de verdad que no.
Y si la pastilla es la única opción, al menos acompáñala al centro sanitario, que follar habéis follado los dos, no ella sola. Una mujer no tendría que ir sola nunca a pedir la postcoital, aunque sea un individuo hembra repulsivo.


En lo que le concierne a ella, varias cosas. En primer lugar, eres muy estúpida. Sí, eres MUY ESTÚPIDA. ¿Hola? Por más que se diga que los hombres y las mujeres son "iguales", la realidad es que seguimos viviendo en un mundo de hombres. Y nosotras llevamos las de perder. El sexo por el sexo puede ser divertido, no digo que no, pero tienes que estar preparada para atenerte a las consecuencias. Si te acuestas con un hombre para el que vales lo que vale tu cuerpo, no puedes esperar de él ningún trato especial. Y el sexo es algo muy serio, por más que se frivolice una y otra vez en la sociedad en la que vivimos.
Como dicen las mujeres duchas en hacerse un hueco en este mundo viril, (y pido perdón por el símil): "Uno no compra la vaca si puede tener la leche gratis". A un tipo descerebrado de los muchos que hay por ahí, una vez que le das sexo, se largan. Y ya está. No se va a enamorar desesperadamente de ti, ni te va a pedir de salir. ¡Despierta! Así que, querida compañera, espero por tu bien que no tengas ninguna expectativa de futuro para con ese tío, porque ha dejado bien claras sus intenciones.
Por otro lado, ¿por qué te acuestas con un don nadie sin protección? Si fuera tu pareja estable, con la que tienes confianza y sabes que si ocurre lo peor va a estar ahí para ti, pues todavía pase. Pero ¿con alguien que te puede pegar de todo y encima te puede dejar embarazada? Es que te restriegas desnuda entre las sábanas de un burdel y creo que tienes menos riesgo de pillar algo.
Si tú no abres las piernas, él no entra ¿comprendes? Debiste perderte la lección de Barrio Sésamo que versaba sobre la diferencia de "abierto-cerrado".
Además, si el cabrón tiene la indecencia de eyacular dentro de ti, lárgalo. Échalo de la cama, échalo de la residencia a patadas. Eso ha sido una enorme falta de respeto con consecuencias terribles para TI. Porque eres TÚ la dueña del útero, ¿entiendes? No te rías, no te tomes el asunto a broma. Y por favor, no dejes que se acueste contigo una segunda vez después de lo que ha pasado. Eso indica que te quieres muy muy poquito y no te llamo mujer florero porque compararte con un florero sería hacerle un flaco favor a la belleza de éste.
Y ¡luego va y duerme con él! Yo no sería capaz, qué quieres que te diga. Dormir con el enemigo al lado es cosa seria. Por no mencionar que no podría dormir por el mero incidente, pero supongo que ser una inconsciente tiene ese tipo de cosas, que te da igual ocho que ochenta.
Lo que no entendería de verdad es que volviera a acostarse de nuevo con él. Si te trata como a una mierda y para colmo es mal amante, ¿para qué follas, gilipollas?


En fin.


A este tipo de gente habría que regalarle consoladores y demás juguetes sexuales. Si quieres pasar un buen rato, pues vale, pero sé lo suficientemente inteligente para tomar medidas y estar a la altura de las consecuencias que puedan tener tus actos. Y sii no eres lo suficientemente inteligente, pues dedícate a las pollas de goma, qué quieres que te diga. Mejor eso que traer al mundo a un monstruito fruto de dos necios engendros que asegurarán que la estupidez del hijo supere con creces (¿pero es posible?) a la de los padres.


Y este es el verdadero problema de España, la educación a todos los niveles. No se trata de ponerte en contra de que repartan la píldora postcoital de forma gratuita o que promulguen una Ley del Aborto. La raíz está mucho más profunda y las medidas que se toman solo raspan la superficie. De este modo, cada vez tenemos una sociedad más degenerada formada por los hijos de los hijos de los hijos de los inconscientes, estupidizados por su linaje, por la televisión, el alcohol, las drogas, los padres, el sistema educativo, el gobierno y por sí mismos.


Y lo peor es que nos vamos a quedar inactivos mientras este mal se propaga.




* El título y el encabezado tienen como único motivo de ser la disuasión de mis compañeras de residencia a esta lectura. No creo que vayan a entrar en mi blog, pero por si acaso, el título haría que perdieran rápidamente el interés, al menos en el caso de una de ellas. El encabezado se ocuparía de disuadir a la otra, que es algo más inteligente.