(Agradecería vuestros comentarios -aunque sea como anónimos- con todo el debate que pueda surgir de este post, me parece un tema de lo más interesante)
El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu.
Si lo intentas, a menudo estarás solo y a veces asustado.
Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo.
21 noviembre, 2012
Reflexiones y preguntas sobre la monogamia y la monoandria
(Agradecería vuestros comentarios -aunque sea como anónimos- con todo el debate que pueda surgir de este post, me parece un tema de lo más interesante)
20 noviembre, 2012
Aquellos días de cine y cerveza
29 julio, 2012
Breves reflexiones melancólicas
La naturaleza del insulto está claramente ligada a la intención de causar dolor. Si el insulto no consigue el efecto buscado y pierde toda su eficacia, no puede disimularse, como sucede con otras palabras, la vacuidad del mismo, pues la intención dañina se mantiene impertérrita como una sucia mancha sobre un vestido blanco, independientemente del resultado neto que éste provoque en una persona. Hay que ser elegante y certero para insultar, pues nada queda tan ridículo, tan absurdo y tan carente de sentido como un insulto sin efecto.
Los insultos de las personas que nos aman tienen un impacto emocional particular, haciéndonos encoger sobre nosotros mismos como si de una puñalada trapera se tratase. Duele más que cualquier golpe físico que podamos recibir. Y ese escozor repentino, esa quemadura sin marca visible, esa falta de respiración mantenida durante unos segundos, tiene un efecto tan devastador capaz incluso de dejarnos minutos y minutos sin palabras.
Pero ¿qué ocurre cuando una persona amada utiliza como arma la palabra equivocada y no produce efecto alguno en nosotros? Hasta del dolor más intenso puede uno inmunizarse y escapar ileso. Cuando tal suceso ocurre, la situación es todavía más escalofriante que cualquier pausa en la respiración. Quedan dos personas mirándose a los ojos, una tratando de dañar a la otra pero incapaz de lanzar las palabras apropiadas que la hagan temblar, y la otra con una tristeza aún mayor en los ojos que si la hubieran dañado, a sabiendas de que quien la ama no sólo pretende herirla sino que además, ni siquiera la conoce lo suficiente como para conseguirlo. Y eso, tal vez, duele más que cualquier insulto.
***
Independientemente de nuestra condición, todos somos nómadas en algún momento de nuestra vida. Todos nos perdemos y nos buscamos a tientas en la oscuridad, sólo que algunos se encuentran y otros no. Algunos además encuentran a otras personas, no sólo tienen la enorme satisfacción de encontrarse a sí mismos, y es en ese instante de reconocimiento mutuo en que todo encaja y por fin tiene algún sentido. Todos buscamos a una persona con la que sentirnos seguros, como se sienten los lobeznos recién nacidos con su madre. Un sentimiento primitivo que nace desde lo más hondo de nuestra naturaleza humana y nos inunda, nos hace buscar al otro, aunque solos estemos perfectamente bien. Al final todo se reduce a eso, encontrar a una persona a la que llamar Hogar.
***
Se suele hablar mucho de los besos, concretamente de los besos en los labios. Se les concede una importancia tan enorme, que no darlos tal y cómo se nos pide puede llegar a ponernos realmente nerviosos y a escatimar nuestro valor a los ojos de los demás. Y así, los besos en los labios o en las mejillas -ya sean rápidos de cortesía o maternalmente intensos- acaparan toda nuestra atención y parece no ser relevante nada más. Sin embargo, los besos más significativos son los que se dan en la frente. Cualquier persona no está capacitada para hacerlo y por ello son los más especiales. Un beso en la frente significa que esa persona es la adecuada. Para qué, da igual. Es una persona adecuada, y punto. Lo demás no importa.
21 mayo, 2012
Sobre la comunicación
07 mayo, 2012
Reflexiones personales, provocadas por la puesta de sol y las jornadas marxistas
30 noviembre, 2009
Mi vida diluida en vodka
Concédeme un instante
y deja que me oculte tras un velcro,
que te diga categórica que no podrás observarme,
que se terminaron los “hasta luego”.
Hoy, para siempre, he venido a despedirme.
Mis ojos ya se ocultan tras tu reflejo,
y en un ademán desbaratas
lo que, entre vinagre y perfume de puta barata,
viniste a decirme.
No te abriré mi alma, pues carezco de ella.
Tu ignorancia será en esta noche tan bella
tu presente y tu castigo:
No voy a quedarme contigo,
y no aceptes mis condolencias.
Te dejo como regalo de lo que vivimos
el recuerdo de mi sórdida existencia.
Te contaré mi historia de brujas y carantoñas:
Él acababa de tomar de mis labios la ponzoña
Que pretendió olvidar al esquivar mi alma alba
y, en un vaivén de espuma blanca,
en el que creí ahogarlo en desesperación y delirio,
nos arrastramos juntos a la perdición entre aullidos:
yo, a la del recuerdo; él, hacia el olvido.
¿Me quieres?, preguntaron sus ojos ardientes.
Y yo le ofrecí una manzana y un beso, y susurré:
“Deséame, trágate el veneno y no me digas nada”.
Y él me concedió su gracia.
Esa noche volví a casa irrealmente,
prendida entre el viento que ululaba
y las estrellas destellando tenuemente,
comencé a sentir el amargo olor futuro
del incienso, el abandono y el sulfuro.
Le volví a encontrar y le pedí que me rasgara
entre sus cuerdas percutidas,
sin arena, plástico ni insecticida.
“¿Soy digna de admiración?”
Y él ahogándose por miedo en su vaso,
Sin mirarme, olvidó la contestación.
Le dije: “Mi amor, siempre fuiste un incordio”,
a lo que él respondió: “ Tu corazón jamás latió por nadie”,
y secándose las manos en el clavicordio me dejó
a merced del polvo y el arraste.
Me regaló como neurótica obsesión
el olor del alquitrán penetrante
y su amor destrozado en el asfalto.
Nada dijo, y se marchó.
Las piedras del camino aún recuerdan
mi desangro de aquel día:
Al pasar junto a la iglesia las campanas me repican
una dulce y triste letanía.
“No te quejes por las cadenas frías
que originan tu lujuria y tu desdicha”,
quedó grabado en piedra.
Entré ciega de horror en el portal de un poeta muerto
y con su voz fantasmal me follé muy lento.
Creció entre mis pechos una amapola,
y al bajarme la falda y abrocharme los ligueros,
se tatuó en mi piel a fuego:
“ Los diablos nunca lloran”.
¡Furcia de mí, que casi había derramado una lágrima por ti!
Siempre mis muestras de tristeza
fueron hijas de la rabia.
Entre sordidez y derroche
me transformé sin pretenderlo en Hija de la Noche.
Yo gritaba a oscuras:
¿Acaso alguien tiene derecho a sentirse más solo que la Luna?
Pecando, elegí como forma de morir la hoguera a la sepultura.
Le dejé un mensaje en el contestador,
y solo en él una pregunta:
“¿Es demasiado tarde?”
Y casi sin inmutarse respondió:
“Déjalo. Olvídame. Lo sabes.
Siempre has sido una zorra insoportable.”
Y entre mi desaliento y desespero
intenté enamorarme del titán de acero en balde.
Ante licor y humo quise desahogar mis penas.
“Mi buen amigo, ¿te acuerdas cuando…?”
“No malgastes por él ni un latido”.
Y descubrí entre sollozos restos de caramelo fundido
y la soga de un alemán torturado en la cerveza.
Esa noche pregunté sobre la cena
y, tras la respuesta, comenté en un sádico arrebato:
“Religious, delicious… “
Y cuando estaba ahogada en azul te encontré.
Mis fantasías sexuales quedaron a mis 10 años obsoletas,
y ya hacía mucho que había dejado de follar
con la fogosidad de mis quince primaveras.
Empezaste a hablar con la fugacidad de un lince:
“Me llamo…”
“Silencio”, dije.
Leonard.
Leonard es el nombre
perfecto para un hombre.
Y como Leonard para mí te ofreciste.
Y mientras te follaba en esas incontables noches,
me daba por pensar en todas aquellas horas en que fui seducida por la oscuridad,
recordando entre los gemidos de placer que mi sombra te prodigaba
las voces lejanas que conocí un día y que nunca volverían a mi umbral.
Escribí a viejos fantasmas y te enseñé a quemar, por brujería,
mi deseo, ímpetu y lencería.
Fue mi mortalidad carnaza de inmortales carcajadas.
Más tarde busqué besos que robar,
miradas de lujuria que coleccionar
para así recuperar mi arrojo perdido.
Mi derrota se pagó con la locura
que me ofreció Satán con dulzura.
Y me desplomé con descuido cayendo de rodillas
ante la canción que se repetía y se repetía
y no dejaba de sonar.
Jamás volví a soñar.
Para siempre te digo adiós, ahora que termino mi historia.
No quiero un epitafio, te presto mis sábanas que invitan
a que por última vez llores entre mis piernas
lo que resta de ésta ánima maldita.
13 abril, 2009
Conversaciones
11 marzo, 2009
Calladita estás más guapa
"Y parece tan tímida...", "Soy totalmente incapaz de saber qué es lo que se le está pasando por la cabeza cuando le hablo", "Esa chica del fondo del aula, la que está siempre calladita y semioculta por el pelo", "Y es que te clava los ojos, y no sé como explicarlo... te petrifica, es como si te atravesara, como si fuera capaz de ver a través de ti", "Cuando hablas con ella, suele escucharte con atención, pero llegado el momento, te preguntas si no te estará analizando más bien", "Y a pesar de que parece buena chica, intimida, tiene como un muro que la rodea y que nadie puede traspasar, a menos que te dé permiso", "Tan silenciosa, parece un fantasma..."
Esos son algunos de los comentarios que me han acompañado a lo largo de mi vida. Los he escuchado en boca de personas conocidas y desconocidas, en distintas situaciones, con voces diferentes, dichos con objetividad, con curiosidad, cariño o malicia.
Que soy una persona introvertida nunca ha sido un secreto. Hasta el menos inteligente se da cuenta que no soy una persona de fácil trato. No me abro a una persona sin una buena razón, sin tener la certeza de encontrar cierta seguridad por la otra parte, sin saber si cumple unos requisitos mínimos para que yo pueda considerar que "merece" conocerme.
Que, en parte, mi conducta reposa sobre un cierto orgullo es innegable. Me valgo del silencio para probar a los demás, para saber si tienen la paciencia y el deseo suficientes como para perseverar en su investigación sobre mí, para llegar al fondo de la cuestión a pesar de los obstáculos que interpongo entre mi persona y el otro. Y es que el silencio tiene un curiosísimo efecto sobre los seres humanos, sobretodo en la cultura occidental. No sé si se trata de la asociación silencio-soledad que muchos establecen lo que hace que, para ellos, el silencio sea algo indeseable y digno de evitar a toda costa. Porque no hay nada que aterre más a las personas que quedarse o sentirse solas. Pero no quiero desviarme en exceso del tema. El hecho es que el silencio incomoda. Les resulta tan insoportable que intentan matarlo de todas las formas posibles, llegando hasta el extremo de hilvanar estúpidas conversaciones con poco o ningún sentido por el mero hecho de llenar el vacío acústico. Hay quienes se toman mi silencio como una afrenta personal y se apuntan miles de temas de conversación disponibles en una hoja, física o mental, con tal de tener algo de que hablar en cada momento y que yo no tenga tiempo de envolverlos en mi tela de sonidos muertos.
Por otro lado, hay quienes se sienten intimidados o aterrados ante la idea de quedarse a solas conmigo y que yo siga mostrando obstinación en permanecer con la boca cerrada.
No les culpo. Parece ser que tengo una mirada analítica que provoca inquietud y supongo que saberse examinados no termina de agradarles. Porque ciertamente estos individuos no se desvían de la realidad: mientras estoy en silencio, estoy esquematizando sus formas de ser, procesando la información que me ofrecen y haciendo balanza de la compatibilidad que tienen conmigo. Y aunque todo el mundo lo hace de una forma más o menos consciente, tal vez yo muestre de una forma rayana en lo grosero que, efectivamente, los estoy analizando y no me molesto siquiera en disimular.
De este modo, hago una criba de la gente que me rodea y así solo me acompañan los que se han gando por derecho el estar a mi lado.
Por otra parte, nunca me ha gustado hablar sin necesidad, o si no tengo nada que decir que considere de interés o de cierta utilidad. Se puede decir que soy lingüísticamente pragmática.
Eso me ha dado la oportunidad de ser una excelente conversadora no-verbal, puesto que, por muy callada que sea, soy una persona extraordinariamente expresiva... característica de la que uno se da cuenta si se es lo suficientemente perceptivo. De hecho, mis mejores batallas "dialécticas" se han desarrollado en el más estricto silencio. Y siempre me han resultado las más emocionantes y las más satisfactorias, puesto que de las palabras puedo olvidarme con facilidad, pero borrar las sensaciones que te evoca un momento es mucho más difícil.
Sin embargo, sí reconozco que a veces llevo muy hasta el extremo mi voto de silencio y que ser una persona tendente a la soledad como añadidura, me otorga un modo de ser que, si bien no termina de ser antisocial, se acerca mucho a ello. Y de cierta forma me perjudica, pues me encierro excesivamente en mí en ocasiones y el muro que creo a mi alrededor ya no sólo me separa de "los desconocidos", sino que se interpone entre mis seres queridos y yo.
De esta forma lo que es la coraza que me protege de los demás, es también la espada que me hiere.
No es que me esconda del mundo... Es simplemente que me desencanta y eso me hace no querer perder tiempo con él y desear mostrar quien soy solo a aquellas personas que yo elija... pero de ese modo, ¿acaso no me vuelvo un poco hipócrita? ¿El tiempo que me ahorro en las conversaciones con mis no-intervenciones, acaso no lo pierdo representando un doble papel, la persona que soy y la persona que me oculta a conciencia tras un velo de silencio y unos cabellos suficientemente largos para esconder mi rostro?
No pretendo cambiar de una forma radical, pero a veces me da la impresión de que no saboreo los instantes que me brinda la vida debido a una terquedad que no sé muy bien por qué la mantengo.
Si bien seguiré siendo una persona analítica, callada, introvertida y orgullosa, no querría que eso me determinara a una vida recortada y pobre, poco plena, y más teniendo en cuenta las posibilidades tan infinitas de las que dispongo y que con mis capacidades puedo llegar a conseguir.
28 abril, 2008
...Y el Caos se adueñará del mundo...
Mira que he intentado racionalizar las cosas. He tratado de decirme a mí misma que lo mío sólo son impresiones.
Sin embargo, me parece que ya no soy la única que se da cuenta. Diversas conversaciones me lo han confirmado. Así que lo siento, pero no se trata de mi locura.
Últimamente tengo la sensación de que las cosas ya no son lo que eran. Más bien, que el curso natural de mi pequeño micromundo ha sido modificado sin previo aviso, de forma abrupta.
Algo así como si se hubiera abierto la puerta que conecta el mundo del Caos y el Orden, y nada es lo que parecía en un primer momento.
Las personas que conmigo eran frías, se muestran cariñosas. Aquellas que eran cariñosas, se muestran frías. Mis amigos de toda la vida se distancian de mí, y aquellos que llegaron después muestran un claro acercamiento hacia mí. Muestro rechazo por personas que quería, siento afecto por personas que me rechazan. No quiero como debería a personas que se encuentran a mi lado, quiero más de lo que debería a personas que tienen cada vez menos conciencia de mi existencia...
He caído en un vórtice de Caos, en un mundo lleno de espejos y sombras, donde nada es lo que parece...
Sé que no estoy sola. Nadie me está dando de lado, es sólo que...
¡Me siento tan sola!
Tengo que pararme a mí misma los pies para no abrazar al que tengo al lado sin "razón aparente", únicamente porque siento a veces un muro en torno a mí o un muro que rodea a otras personas y necesito derribarlo, necesito calor humano, necesito no sentirme tan lejos del mundo, de todos, de mí misma...
Me encuentro rodeada de personas y situaciones que no comprendo. Me gustaría entrar en las demás mentes, investigar sus entresijos, sacar algo en claro de todo esto. Pero no lo consigo y las palabras de la gente se me quedan cortas, ya sea por limitación del lenguaje, ya sea porque son las propias personas quienes limitan sus palabras.
Y yo estoy cansada del Caos.
Siento que voy a explotar un día de estos.
No sé cuándo ocurrirá. Ni dónde. Ni con quién.
Pero siento que estoy acumulando todo ese Caos que me rodea en mi interior, y que cuando no pueda más...
Por favor, regaladme algo de cordura y racionalidad, antes de que todo lo que siento termine conmigo...
(Impulsiva tenía que ser...)
Don't let me down,
don't give up,
don't give in.
The rain comes down,
cold wind blows
The plans we made
are back up on the road
Turn up my collar,
welcome the unknown
Remember that you said:
"One day you'll walk alone"
Who will help me up?
Where's the helping hand?
Will you turn on me?
Is this my final stand?
In a dream I cannot see
Tangled abstract fallacy
Random turmoil builds in me
I'm addicted to chaos
-Megadeth-