11 diciembre, 2008

Delirio empírico



La sal se arrastra por los tejados.
Es el almíbar de los vórtices
que crea el caos.

Mi neuroquímica
se desgasta y se frena
en cada viaje de tren que le dedico
a los muertos que están por nacer.

Desangrada por amor,
cubro la arena del camino con hastío.
(Quién iba a decir que la sirena
moriría en la vereda de los besos marchitos).

Mi existencia
se debe a la probabilidad genética,
de ahí que ame las matemáticas.

No me miréis,
que puedo corromper el silencio
con el sonido de quien deshoja sus heridas.

Hoy lloraré por ti,
y por él,
y por todos los caídos
a merced de mi sonrisa.

Soy una coleccionista de cadáveres
entre esmeraldas cristalinas.

La maldad pervive
en mis cromosomas.
Si observas mi estereotaxis
verás el arsénico del que se nutren
mis neuronas,
la belladona y el acónito
que diluyen mis átomos
hasta que los electrones excitados
descarguen la corriente
que tortura mi conciencia.

No sonrías
si se cruzan nuestras miradas.
En realidad me odias desde que existes,
sólo oculto mis eucaliptos
con aroma de manzana.
Tal vez sería una buena pista.

Déjame dibujar espirales
con mi lengua en tu espalda.
Quizá te arranque los fotones del dolor.

Soy elástica, olvídame.

Acaricio el látex
con motivo de hacer viajes astrales
y dejar el sufrimiento
en el plano terrenal.
(Ésas son las únicas veces
en las que cuestiono mi ateísmo).

No te puedo abandonar
porque nunca te dejé laberintizar mi alma
ni arrastrarme en las esferas de cristal.

¿Soy humana?
¡Miénteme!
Hacer estúpida mi existencia
sería deseable.

Visto de negro para que no descubras
mis matices de gris.

Mis dudas.

Dejarlas entrever
sería como lijarme la garganta con un beso.

Mi karma está ensombrecido,
destroza en mil astillas mi destino,
y luego...
mírame si eres ido.
Te aliviaré con mis lágrimas.

La primera de ellas justificará tu alegría,
la dicha de los momentos compartidos.

La última limpiará tu amargura,
diluirá tu estandarte.

...No susurres mi nombre
hasta que me marche...



06 diciembre, 2008

De los celos






"Si le mostramos a un hombre normal

la foto de un grupo de colegialas

y le pedimos que señale a la niña más hermosa

no siempre elegirá

a la pequeña nínfula que hay entre ellas.

Hay que ser un artista,

un loco abrumado por la vergüenza,

la melancolía y la desesperación

para distinguir entre todas al diablillo mortífero.

Y allí está,

no reconocida por los demás

e inconsciente ella misma de su fantástico poder."

(Lolita de Adrian Lyne-1997)







"¡Esta dichosa criatura

se está poniendo imposible!"

(Lolita de Kubrick- 1962)







Tu Lolita





Mi dulce y pequeña niña...


Pensar que eres como las demás me alivia.

Es el refugio del cuerdo que se ha vuelto loco,

del anciano cuando ya no tiene fuerzas

para ser niño.


Libar de mis labios no te reconforta,

te llena de miedos y pesares,

tú, que estás acostumbrada a la luna nueva,

a cambiar el color de tu vida cuando quieres.


Me condeno a mí mismo,

porque aunque fuiste mía,

no eres tan mía como creí que serías.

Tu vida propia me asusta.


Volar contigo siempre es tan dulce...

pero cuando vuelas sola, mis temores se acrecentan

¿no te bastó la jaula de oro que construí para ti?

Querías volar lejos, tanto conmigo como sin mí,

llevar en tu linaje la sangre del viajero

puede ser la maldición que te acompañe en este viaje.


Que continúes escribiendo poemas

sin rima o métrica fija no te hace más libre,

si bien aumenta tu adicción a los versos,

a las odas, las églogas y elegías.


No sabes mirar con los ojos de una arpía,

que te advierten con presteza que peligra tu vida

en cuanto en ellos clavas tus pupilas.

Tal vez seas una amante de Ulises,

sin belleza, contenido, pero con voz

para arrastrar a los barcos de los hombres al abismo.


Si pudiera, alertaría a todos de ti,

bruja cruel y sin corazón

que deja a los navíos del amor a su suerte

cuando en alta mar rasguean sus velas

al avecinarse la tormenta.


Me causa dolor no haber encerrado

en una cajita de metal tu sonrisa

para que se vuelva fría y te devuelva

con sutil indiferencia

todo el sufrimiento que me infligía.


Pero de qué sirve ésto,

si mañana te reflejarás en los ojos de otros hombres

y te olvidarás de que eres un caos mudable

cuando te susurren en la alcoba

las maravillas que les has hecho sentir.


Ángel y demonio,

Lolita insaciable que Kubrick

nunca pudo retratar,

por no alcanzar a su imaginación

criatura tan malvada.


Una vez impresa en un corazón,

nunca dejas de ser amante.

Déjame prevenir a los hombres de ti,

de tu risa, de tu ingenio, de tu astucia...

déjame que te odie, déjame que te quiera,

que te atornille a la cama lastimera

y robarte el corazón, una pulsera,

salivarte hasta que el sol te prenda,

quemar a fuego tu risa,

tu ingenio, tu astucia,

ardiendo en tu propio infierno terrenal

mi dulce y pequeña furcia...







"Me vuelve loco la doble personalidad

de esta pequeña ninfa.

Tal vez de todas las ninfas.

Esa mezcla de una soñadora ternura infantil

y cierta temerosa vulgaridad."








—¿Me has echado de menos?

—Sí.

—Yo no. De hecho, te he sido asquerosamente infiel.


03 diciembre, 2008

Tiempo cíclico





Cada día me muero un poco más.
Siento como pierdo vitalidad.
Me asfixio.
Me asfixio dentro de mi pobre existencia
Dicen que los años no perdonan
Y yo siento como cada vez,
voy haciéndome más vieja.
Vacía de energía,
del hálito vital que me hace ser quien soy.
Demasiadas preguntas
y muy pocas respuestas.
Soledad.
La odio tanto como la deseo.
Y la siento continuamente.
No puedo escapar de mí.
Vago entre mundos tan distintos entre sí
que he perdido aquel al que pertenezco
si es que alguna vez lo tuve.
Soy una partícula desorienteda
de las miles que flotan por el universo.
Hueca, rota, vacía, desterrada,
sin dios, patria ni amo.
Permanentemente incompleta.
Alma aislada que se pierde en el universo,
camino hacia ninguna parte.

Do you know the real consequences?


Poema fechado el 24 de Noviembre de 2007






01 diciembre, 2008

Canción dedicada a ese personajillo que vaga por la residencia, me ofrece caramelos de limón y me hace sonreír aunque esté alicaída, a pesar de tener que limpiar la cocina a conciencia debido a la anarquía establecida por sus otros tres compañeros de piso.

Yeah.

29 noviembre, 2008




"Usted es un hombre feliz.
Le compadezco, señor, por ser tan fácilmente feliz.
¡Ya tiene que haber caído bajo un hombre para creerse feliz!
¡Ah!, usted es feliz, señor ¡y qué!
Si usted dijera: Soy virtuoso, comprendería
lo que en esta frase se sobreentiende: sufro menos que otros.
Pero no, usted es feliz.
¿Fácil de contentar, entonces?
Le compadezco, y considero más distinguido mi mal humor
que su felicidad celestial.
Llegaría incluso a preguntarle si los espectáculos
de la vida le bastan.
¡Qué!
¿Nunca sintió ganas de irse, aunque sólo fuera
por cambiar de espectáculo?
Tengo muy serias razones para compadecer
a quien no ama la muerte."
-Baudelaire-

27 noviembre, 2008

Aniquilando el romanticismo



... que no el magnífico movimiento artístico iniciado en el siglo XIX, sino la idea de romanticismo entendida como dice la RAE: cualidad de romántico, definiendo romántico como sentimental y soñador.


Cuando me fui a estudiar a Sevilla, era consciente de que cambiarían muchas cosas en mi vida, aunque nunca pensé que eso modificaría la percepción que tenía de mí misma. Y precisamente, eso es lo que ha hecho.
Pensaba que era una joven romántica, que en ciertas ocasiones valoraba más la belleza que cualquier otra cualidad... Y no.


Cuando me levanto en estas mañanas gélidas de invierno disfrazado de otoño, con el pelo tan frío que parece que estuviera húmedo, sólo se me ocurre vestirme en dos minutos con todas las prendas de manga larga y cuello vuelto que puedan existir en mi armario. Entonces es cuando bajo a la cocina tiritando y me sirvo un
zumo de naranja, para después quedarme anclada en el sillón intentando acurrucarme para obtener algo de calor.
Al cabo de una media hora en la que he estado con la vista clavada en el infinito y el pensamiento en otra parte, es cuando aparece
ese ángel maravilloso en pijama y con el cabello perfectamente arreglado, como si en lugar de dormir se hubiera pasado toda la noche arreglándolo para ese momento, y me hace la misma pregunta de todas las mañanas: Buenos dias. Acha... ¿tengo ojeras?. Ésa es mi compañera de piso.
Y yo le sonrío y le digo que se deje de tonterías, pensando interiormente que cómo una mujer tan bella puede preocuparse por
estupideces como esa.
Entonces es cuando ella se pone a preparar el desayuno mientras yo sigo acurrucada y con los puños cerrados en el sillón y ella comienza a explicarme que duerme mal, que ayer
algún habitante desaprensivo de la residencia puso a las tres de la mañana el disco de "El arrebato",y que no tiene ganas ninguna de ponerse a estudiar ahora, que lo que quiere es dormir, y yo asiento para darle la razón y bajo la mirada. A estas alturas mi ángel matutino ya no necesita corroborar que la escucho obligándome a entablar conversación con ella: sabe que prefiero el silencio.
Es entonces cuando dice esa frase musical,
las palabras más hermosas existentes en todo el mundo que echan por tierra todos los versos escritos de Bécquer, de Rubén Darío, de Shakespeare y cuasi de Baudelaire, más todos los que están por escribir, junto con todas las canciones y novelas creadas:


-¿Te preparo
una tostada calentita?


Y a mí en esos instantes casi se me llenan los ojos de lágrimas y la cara se me transfigura como por arte de magia en una
mueca infantil de ilusión, y aunque por orgullo no quiero aceptarla, antes de que diga nada ya me la está preparando.
Me asalta de pronto la idea de si me estaré volviendo
materialista, si de veras me conmuevo más ante un trozo de pan que ante la representación de una obra de teatro con argumento lacrimógeno. Y entonces me digo a mí misma que no, que la razón por la que amo a esa tostada es porque representan los largos años de cariño maternal, que lo que hecho en falta son esos gestos que me hacían porque sí y que lo que me ocurre es que aquí estoy más sola de lo acostumbrado.


También me vienen a la mente esas noches (sobretodo los lunes) en que llego a casa después de clase exhausta del día. Tras cenar aparto los platos en el fregadero con desgana y pienso en esa máxima agridulce de mis momentos de pereza:
"Ya fregaré mañana", sabiendo que mañana por la mañana hará frío y que no me apetecerá mojarme las manos ni siquiera con agua caliente.
Y es entonces cuando mi ángel, ahora nocturno, me ve con cara de abstracción, hastiación, sueño y cansancio y me dice sonriendo: Acha...
¿cuáles son tus platos, que te los friego?
Y yo intento crear una protesta verbal, llegando a levantarme incluso y a echarla del fregadero para que no lave lo mío porque me da mucho coraje y ella me reprocha: Pero si se te ve muerta.
Quédate tranquila, que bastantes preocupaciones tienes ya, que se te ve con mirarte.
Y de pronto mi afecto hacia ella empieza a adquirir unos peligrosos
matices lésbicos achacándolos al cansancio y a la gratitud de que alguien se preocupe por mí en la casa. Al final me siento con cara de fastidio mientras le digo que esta noche friega ella los míos, pero que mañana yo lavaré los suyos.
Y con esta promesa suelo ir a mi habitación para esperarla a ella para cuando suba y comience a relatarme sus preocupaciones a lo largo del día. Y cuando se marcha a su cuarto a dormir,
mi mente enciende su motor de cuestiones nocturnas entre las que se encuentra el hecho de lo mucho que he llegado a valorar situaciones que antes no valoraba, que cómo han cambiado mis ideas como por ejemplo, de ser para mi romántico el acto de que me regalaran flores a que pase a ser la mayor demostración de amor del mundo que me laven los platos.
Y te planteas que si una idea tan arraigada en mí como la del romanticismo se ha evaporado, lo mucho que todo puede llegar a transformarse.


Aunque quién sabe, a lo mejor no he dejado de ser romántica, sino que por el contrario ahora lo soy más al observar romanticismo donde antes no lo había.
Depende de por dónde se mire...


Y sí, hoy no me apetecía escribir relatos, ni poemas, ni reflexiones ni nada por el estilo, sino contar algo más cotidiano, lo que puede suponer en parte alivio para aquellos lectores que me habéis dicho que lo que escribo es siempre muy denso (¿d=m/v? [Frikada de Física]). Por otro lado me gustaría agradecer el seguimiento de vosotros, mis lectores, tanto antiguos como más recientes, y vuestros comentarios que a menudo suelen enriquecer este lugar.
Se merece una especial mención el señor
Sharif Bujanda (http://sharifbujanda.blogspot.com/) por ser uno de mis comentaristas más activos y antiguos, cuyos valientes pensamientos han destacado siempre por su calidad.


También quiero dar la bienvenida de forma significativa a los que a partir de Septiembre se han incorporado a este lugar.


Y como sabéis, me expreso mejor a través de otras formas de escritura que no sean tan personales, así que no añado nada más, o esta publicación adquirirá una densaidad superior a los 3g/m3.


Un saludo para todos y gracias por estar ahí.


23 noviembre, 2008

La ciudad que callaba

Ella retiró la mano velozmente. Fue la primera vez que le negaba su compañía, aunque en muchas otras ocasiones hubiera sentido la tentación de hacerlo. Se habían acabado las oportunidades.


Esos ojos no eran de este mundo, y ella lo sabía.
Detectaba en su saliva el sabor del diablo, en el humo que exhalaba su malicia, en el modo de acariciarla, su lujuria.
Él la había atraído enredando su aura oscura a la de ella, y tal vez ella simplemente se había dejado envolver sabiendo el peligro que existía en aquellas ataduras, por el placer de sentir el miedo confundido con deseo que experimentaba cuando estaba cerca de él, consciente de que ponía su vida en juego, consciente de ser la mosca que se enamora de la araña que no tardará en devorarla, para más tarde abandonar su cadáver en el río del destino por el que vagan los troncos muertos.


Aquella noche en el cementerio había sido mágica. Frío, sauces y metal. Y el fuego de sus entrañas fundiéndose en la red de mentiras, ante cómplices que no necesitaban ser impelidos a guardar silencio ante la pasión.
Pero se acabó.
Para ella había sido la primera vez que la besaban bajo la luna.
Para él, sólo la rutina de quien sabiéndose manipulador ahoga la ilusión en un cubo de gasolina al que después se le prende fuego.


Y él la había abandonado.


Pero eso no suponía nada nuevo. No para ella. Siempre supo que lo que él sentía no era verdad, que sus palabras eran la retahíla que uno necesita repetir con desgana para conseguir su propósito. Si ella se dejó seducir por su maldad, era porque la necesitaba tanto como el oxígeno. Se había cansado de ser ella misma.


Y sin embargo, contra todo pronóstico no sucumbió a la tentación de albergar al mal en ella, quizá porque en el fondo estaba hecha de impermeable de miradas hipnóticas.


Él supo beber de su bondad. Supo secarse las lágrimas con cobre y los fragmentos de su voz. Supo calmarse con los besos de niña que bordaba para él.
Pero nunca le pareció suficiente.
Quizá se desintegraba por dentro al saber que ella había visto tanto lo bueno como lo malo de él, y aún así, no lo había salvado entregándose con furia ante sus brazos anhelantes.


Él la llamó desde la cama una vez más.
Ella se acercó cautelosa.
Y ante los últimos estertores que él profería, ella los tomó en terciopelo junto con los recuerdos de su juventud en que ambos se rebelaban contra todo lo establecido.
Después lo arropó y lo dejó en la montaña de cadáveres.

...Hacía tiempo que él había muerto...

Y el anhk que colgaba de su cuello se rompió.
"En el principio de los tiempos los hombres utilizaban armas de piedra, que se quebraban con facilidad; pasados los siglos las sustituyeron por utensilios de hierro, que si bien eran mucho menos resquebrajadizos, presentaban la desventaja de oxidarse rápidamente.
Y entonces a un herrero se le ocurrió la feliz idea de crear una aleación de metales que llamó acero. Pero el acero, para llegar a serlo, debe pasar por las pruebas de los elementos: primero por el fuego para fundirse, acto seguido por el agua y el aire para endurecerse y finalmente por la piedra para forjarse. Y por fin se convierte en una espada de acero, la más resistente de las armas."

- Y supongo -dije yo irónica- que la moraleja de la historia es que uno solo se hace fuerte después de superar todo tipo de pruebas.

- Fuerte no. Fuertes lo eran ya la piedra y el hierro -afirmó categórica-. Flexible. Ahí radica la diferencia. No puedes sobrevivir si no lo eres. "



-Beatriz y los cuerpos celestes-

17 noviembre, 2008

Olivar, relato de soledades compartidas de seres desiguales



Me encontré con él después de muchos años, mientras caminaba por un sendero de gravilla delimitado por granados en medio del campo. Sus cabellos se arremolinaban en torno a su cabeza con rebeldía, creando espirales y bucles que no terminaban de encajar con la apariencia sosegada que quería mostrar al mundo. Vestía una gabardina gris, un jersey azul y pantalones negros como sus zapatos. Llevaba un sombrero que le otorgaba cierta semejanza a un detective novelesco, pero no fumaba ninguna pipa.
Claro que no. Él era médico, sabía que eso era perjudicial para la salud, y de todos modos, en el ambiente en el que había pasado la mayor parte de su vida no estaba bien visto. También llevaba gafas como en su juventud, quizá con los cristales más gruesos debido a la vista cansada producida por todas aquellas horas de estudio que, seguro, había pasado encerrado en alguna alcoba de su casa rural.
Sin embargo, no me detuve hasta que casi me di de bruces con él, ávida de encontrar sus ojos y escrutar directamente los secretos que me había estado guardando durante tanto tiempo.
Mi respiración se entrecortó cuando me clavó sus pupilas inteligentes, con ese brillo de ingenio (¿malicia?) mezclado con bondad (¿quizá condescendencia?), no se sabe si ésta era innata o creada por la fuerza a base de máscaras.
Había conseguido lo que se proponía: Había dejado de ser él mismo para convertirse en la persona que siempre había soñado ser.
Pero su expresión, aunque ensayada, no conseguía ocultar el horrible desasosiego que le producía el mantener a su alma encerrada, amordazada, sacrificada por lo que él había considerado correcto.
Me miró evaluadoramente.

-Has cambiado - me dijo con su media sonrisa.
-En cambio, tú sigues exactamente igual que siempre -espeté intentando mostrar un tono de voz duro que pronto se convirtió en un susurro apenas audible, carente de fuerza.

Su sonrisa fue más pronunciada. Entreabrió los labios dispuesto, según estaba previendo, a entretejer las palabras que dieran forma a una conversación superficial y vacua, como la que uno elabora para dirigirse al panadero por la mañana.
Antes de que cualquier sonido escapara de su boca, inspiré y conseguí hacer la pregunta cuya respuesta nunca llegué a saber del todo, aquello que tanto me había dolido durante los años de separación:

-¿Por qué me dejaste sola?

Sus facciones se contrajeron creando una evidente mueca de fastidio entremezclado con sorpresa.
Inspiró hondo, y no me dijo nada. Me miró. Se concedió unas milésimas de segundo para observarme con cariño, con los posos de afecto que había quedado adheridos en lo que le quedaba de corazón. En seguida, sus ojos se mostraron duros.

-Hubieras sido una buena compañera con sólo dejar de luchar por seguir siendo tú misma.

Me quedé perpleja.
Él no se inmutó y continuó hablando:

-El mundo no está hecho para aquellos que van en contra de las normas, que no se agarran a las reglas sociales básicas para convivir. Si no muestras unos patrones de conducta mínimamente aceptables, estás condenado a ser un proscrito. Y yo no quise seguir un camino de soledad, como tú, por más que hubiera sido ese realmente mi camino. La admiración de los demás es muy importante para mí. Es la razón por la que me levanto cada mañana, pensando en qué es lo que haré ese día para poder sorprenderlos a todos. Te gusta el poder y eres, al igual que yo, ambiciosa. La diferencia se halla en que con un poco de práctica, he podido unirme a la masa y ser ahora un icono que brilla entre todos ellos. Sí... no te negaré que me he sentido tentado en muchas ocasiones de apartarme del mundo, de quitarme la máscara y poder tratar a los demás como realmente siento que debo hacerlo, aunque ese trato no sea el correcto. Pero mírame ahora. Sólo un poco de hipocresía y he llegado a ser todo un ídolo. En cambio, mírate a ti. Siempre tan complicada, tan encerrada en ti misma que no dejas que te vean los demás. Estás sola, sola de verdad y eso te lo has ganado a pulso gracias a esa actitud de ser tú ocurriera lo que ocurriera. Me vas a decir que te cuesta mucho dejar de lado tus dudas y sonreír un poco al que pasa por tu lado, aunque ni siquiera te importe...

-No sé quién está más solo de los dos. Si yo con mi compañía, o tú rodeado de tantas personas que, sí, se lanzarán para cubrirte si tienes la desdicha de que un coche interfiera en tu camino, pero jamás te comprenderán como lo podría haber hecho yo, si me hubieras dejado una oportunidad.

-Nuestros caminos hace mucho que se separaron, no le llores ahora a tu muerto. Déjame seguir con mi vida, no te he necesitado nunca, jamás pensé en ti en todos estos largos años. Te me apareces ahora reclamando un lugar que nunca te perteneció porque yo no quise dártelo, a pesar de poseer todo aquello que te hubiera hecho acceder a él sin reservas. No te cruces ahora en mi vida para recordarme lo que pasó, como si fueras mi conciencia... Déjame volver a casa, quiero estar solo.

Me aparté de su camino y me hice a un lado.

-Tranquilo -susurré- ya estás solo.

Y él continuó su camino, levantando el polvo con sus pasos firmes y decididos.

Tenía razón, él era un triunfador, un conquistador del día a día... Desapareció en el horizonte antes de que pudiera dedicarle un último pensamiento.

Cayó la noche.

Y cuando ese día, aquel hombre ya maduro llegó a su hogar, silencioso como de costumbre y puso las llaves en la cerradura y entró en casa, se sentó en su desvencijado sillón, se quitó el sombrero...

Y entonces encendió su pipa.