18 marzo, 2010

Susto o muerte


Tiembla la cocina. Vociferas. Callas. Estrépito.

Tu voz ensordece mientras tiras platos, cucharas, ollas al suelo.

Al otro lado de la ventana, un niño en el parque se entretiene en chutar el balón, estamparlo contra un árbol y hacer que se estremezcan sus ramas y caigan varias hojas alteradas.

Pero a ti te da igual y sigues tirando tenedores, vasos, sartenes al suelo y gritas; y el agua del fregadero deja de estar caliente porque el termo ha decidido no calentar más el ambiente.

Tus gritos llenan el aire, lo ahogan y lo rasgan. El oxígeno se deshace en jirones y el helio radia en hidrógeno.

Tú sigues molesto y desoyes los gemidos de la lavadora, porque ahora tiras el mantel al suelo, y los cuchillos y la batidora, y no paras hasta que estrellas la cafetera contra el suelo de mosaico.

El frigorífico tiembla y pregunta con extraños estertores. La puerta de la cocina deja pasar a una mosca que zumba y hace piruetas dignas de un piloto acróbata experimentado, y zumba y zumba y se estrella contra el cristal, mientras tus improperios la ponen nerviosa y la llevan al suicidio.

Sigues maldiciendo y ahora el agua del fregadero se ha convertido en hielo y tú la insultas porque sabes que lo ha hecho a propósito. Tienes las manos tan frías y mojadas como la ira que se te resbala por las comisuras.

Tiras la radio, las estanterías, el aceite, el vinagre y la sal.

“Si querías una ensalada variada, no tenías por qué haber organizado esto”, te digo mientras sonrío.

Pero tú ya eres un huracán que se estampa contra las paredes y que ruje, mientras el agua de la olla que reposa en la vitrocerámica se convierte en vapor. Y tú no te has dado ni cuenta.

“¿Conoces la diferencia entre evaporación y vaporización?”, pregunto divertida.

Y tú te desbordas por dentro, pataleas el suelo que has cubierto de trozos y más trozos de lo que antes eran loza y electrodomésticos. Y sangras, porque has roto la batidora. Y lloras, porque has roto la cafetera.

Y cuando no puedes más, estallas y te rompes en mil pedazos, dejando como testigos de tu presencia millones de volutas de humo y mis ojos dubitativos, entre sorprendidos y cabizbajos.


17 marzo, 2010

Blog


Un resplandor. Blanco. Azul.

Ahí estás. O eso parece. Realmente solo veo tu huella. La firma de un ausente, diría Freud.

Rojo, amarillo.

Verde.

Te has convertido en cursivas, en círculos y runas, en más runas, en códigos, en manchas. ¿Qué significan tus manchas? No lo sé, pero ahí estás. Ahí está tu alma.

Fogonazo.

Palabras que destruyen. ¿Eres ellas también? ¿Eres parte de la destrucción que parafraseas?

¿O eres solo tus palabras? ¿Trazos sin sentido? ¿Tienen sentido?

¿Lo tienes tú?

Rosa.

Gris.

Leo cada vez más rápido. Cada vez entiendo menos lo que escribes debido a la velocidad con que comienzan a girar mis pupilas, mis retinas, mis fóveas, mis cristalinos.

Mi rostro.

Todo mi ser.

Más rápido, más rápido.

Espiral de colores.

¿Eres una vorágine? ¿Atrapas a aquellos que te leen?

Morado. Naranja.

Un suspiro.

Termino.

¿A dónde has ido?

¿Sigues estando ahí, o eres como el periódico que tras leerse se transforma en un montón de hojas hasta que alguien lo vuelve a coger?

Ya no hay nada de tu ser.

Nada con lo que puedas sorprenderme.

Y cierro la página, y ya no hay rastro visible de tu cadáver.

Has muerto.

Inicio, Apagar.

Negro.



16 marzo, 2010

Ciudad Jardín


Paseo por tus calles. Tus calles que ya no son tus calles, sino las mías. Paseo por mis calles, que en su día fueron tus calles y percibo tu ausencia.

Recuerdo con cariño nuestras tardes, pero no siento ninguna otra cosa que me sepa a nostalgia. No percibo tristeza, quizá tan solo algo de pena hacia aquello en lo que te has convertido. O tal vez lo que ocurrió es que siempre fuiste un monstruo y yo no me quise dar cuenta. O tal vez nunca tuviste a alguien como yo a tu lado y por eso, cuando me conociste, acaricié sin darme cuenta los mecanismos que te harían caer en la más absoluta locura y desesperación. O quizá ya estabas loco y desesperado y solo querías que alguien te hiciera compañía en tu viaje hacia el abismo.

No lo sé.

El caso es que camino por mis calles y me siento libre sin tu presencia. Camino por mis calles y me siento en paz. Recuerdo los problemas que has intentado causarme y el lugar en que eso te deja. Recuerdo que no has podido conmigo.

Y te recuerdo que nunca podrás. Ahora menos que nunca.


Desaparece de mi vida.

Me resulta tan fácil olvidarte…

¿No te das cuenta?

Un, dos, tres.

Y ya no estás.

13 marzo, 2010

Para todos, menos para ti


Se encontraba sentada en la estación expectante, después de haber estado media hora aparentemente ajena al resto de transeúntes que caminaban a su alrededor. Le guiñó un ojo con picardía a un individuo que había estado largo tiempo mirándola, obligando a que éste bajara los ojos avergonzado. Libre de todo asedio, cogió el teléfono móvil y marcó un número.

Esperó.

-Hola, soy yo.

...

-Voy vestida como siempre: ropa oscura, gafas de sol, labios rojos y zapatos de tacón. Cuando llegues, entra por la parte izquierda. Justo enfrente, busca en los asientos a la mujer que tenga la postura más descarada. Maleta de Megadeth, ya sabes.

…

-Se ve despejado, parece que aún no tienen ni idea. De todas formas aún tengo que sortear a un grupo de cazadores de brujas que anda por ahí. Recuerda que conocen mi rostro.

…

-Sí, ya sé que me lo busco sola. Si me lo buscara otro no tendría gracia, ¿verdad?

…

-No, tiempo para aburrirnos no tenemos desde luego. Ah, se me olvidaba. He envenenado al gato antes de salir.

…

-¿Mejor eso a que hable, no crees?

…

-¿Una serpiente para la próxima, dices? En ese caso que sea venenosa. No creo que su ponzoña nos afecte.

…

-Bicho malo nunca muere, ¿verdad? La gente nunca aprenderá.

…

-Bueno, pero mientras tanto nos reímos. Si supieran… Si supieran lo que yo sé. Pero esa es la mejor baza que tengo, ¿no crees? Que parezco inofensiva y que no tengo ni puta idea de nada.

…

-Me seguiré haciendo la tonta, no te preocupes. Nadie tiene idea de lo mala que puedo a llegar a ser. Ni siquiera tú.

…

-Sí, forma parte de nuestro encanto. Tal para cual. Oye, te dejo. Acabo de ver pasar a la Muerte con la guadaña. Solo quiero asegurarme una plaza en el Infierno. ¿Le pregunto si tiene otra para ti?

…

-Vale, perfecto. Pues que no se diga que tenemos humanidad. Le daré recuerdos a la Señora Muerte de tu parte, en plan Bukowski. Hasta luego.

Y la joven se levantó, sacó de su bolso una manzana y le dio un mordisco.


12 marzo, 2010

El caballero (Dedicado)



Ruego disculpen las molestias, queridos lectores, por hacer gala de un humor tan negro hacia cierto personaje. Trato de imitar su forma de redacción y su forma de pensar, aunque solo de lejos he podido conseguirlo (si lo hubiera logrado del todo esta entrada sería prácticamente infumable). Perdonen de nuevo las molestias y ríanse si pueden imaginar a tal esperpento. Desde luego en Sapere Aude si algo toca los cojones, es alguien que no piensa por sí mismo. He aquí mi relato:

La luz de la mañana entraba por las persianas del Castillo Familiar donde esa noche se había quedado a dormir. “¡¡Oh, vaya!! ¡¡Otro nuevo día!!”, pensó el caballero. Comenzó a acordarse de todos sus amigos: “¿Se habrá despertado ya la Dama de las Camelias? ¿El Señor del Fuego seguirá roncando en su habitación? ¿La Dama de los Mazapanes estará en los albores de su ducha diaria? ¿La Señora de Los Floripondios habrá empezado a trabajar? ¿La Dama del Estiércol ya estará cantando entre las calabazas?"

Se levantó perezosamente del lecho de seda, terciopelo, oro, diamantes y rubíes. “Me voy a poner con el ordenador un rato, no vaya a ser que empiece a pensar”.

Y así lo hizo. Cogió el ordenador y encendió el msn. “¡Oh, cuántos amigos me hablan! Eso es que soy superimportante.” Al cabo del rato se aburrió y lo cerró, no fuera a ser que comenzaran a invitarlo demasiado a todos esos bares que conocía. Abrió el blog de su hermano en el navegador y pensó: "Vaya, tiene entradas sobre trenes y estaciones, sobre poemas de Goethe, críticas a la sociedad, sobre escritoras que reflexionan y poemas propios. ¡Yo también quiero ser así de guay!".

De modo que se puso manos a la obra: Escribió sobre trenes y estaciones, horribles críticas contra la sociedad -no por su acidez e ingenio sino por su superficialidad, escasa argumentación y poco gusto, a decir verdad-, incluso una entrada haciendo referencia a Goethe: “Y como no me queda más remedio, pues enlazo a mi hermano ya que tiene parte del trabajo hecho, y de paso añado un vídeo de Youtube, que, por cierto, también me enseñó él, pero no pasa nada porque esto nadie lo sabe”, pensó.

Sin embargo tenía un problema con los poemas y es que eso no se le daban muy bien. “¿Qué hago ahora?”, se preguntó desesperado. “¡Ya sé! Me dedicaré a poner poemas que escriben otros, así al menos todo el mundo podrá ver lo cosmopolita que soy”.

Claro, que su hermano cuando lo vio no pudo menos que hacerle algún que otro comentario.

“Lo censuraré”, pensó el caballero. “Así nadie verá que sus críticas son bastante acertadas y de paso me ahorro tener que contestarle, porque total, en realidad no tengo ni puñetera idea sobre cómo hacerlo y que sea yo el que quede bien”.

Después, en el blog de su hermano, se dio cuenta que no había ningún enlace a su blog “El amanecer del Invierno”. El caballero se echó a llorar: “Oooh, nadie me quiere”. Así que como venganza también quitó de su blog “El amanecer del Invierno” el enlace del blog de su hermano. “Ja, así aprenderá. Para que vea que no es el único tipo duro aquí”.

Siguió observando su blog “El amanecer del Invierno” cuidadosamente. “Le falta relleno”, pensó. “¿Qué hago?”, se preguntó. “Ya lo tengo. Empezaré a contar mi vida épicamente, de modo que no se parezca a los miles de millones de blogs que tiene la gente que se dedica a contar su vida”. La pena era que aún así, sí que se parecía. Y para más inri, era aún más intragable.

“No quiero buscar trabajo. Debí de hacerlo durante el verano, pero preferí beberme mi beca y pasarme las noches delante del ordenador. Uy, eso no lo he puesto en el blog. Voy a escribirlo superépico y que parezca que me lo he estado pasando en grande en lugar de aburrirme como una ostra como es la verdad. Ya de paso comento haciendo una perfecta metáfora de fuentes y ríos con la que realmente hablo de mujeres, y de esa forma dejo constancia que intenté ligar con toda tía que se me cruzó y no tuve éxito ninguno. Aunque ahora que me doy cuenta, este escrito me lo ha inspirado un poema de mi hermano. ¡Si no fuera por él, no sabría ni qué pedir para Navidad!”, pensaba mientras se acordaba de su petición navideña: regalos que le permitirían parecerse más a su hermano.

Se dio cuenta de que habían dejado un comentario en su última entrada del blog al abrir el correo. El caballero se alegró una barbaridad cuando se dio cuenta de que era su fiel comentarista lameculos Francesco Manué, famoso por comentarios como: “Oh, fabuloso, me has alegrado el día, no como este asqueroso video porno que acabo de ver”, “Qué adorable entrada, casi me entran ganas de pajearme con ella”, “Eres un escritor de la hostia, sigue así y llegarás lejos”. Efectivamente Francesco Manué no le decepcionó.

Al cabo de un rato, el caballero pensó que le apetecía salir a tomar algo, así que bajó las escaleras del Castillo Familiar y se dirigió al Rey, su padre:

-Papi, papi, ¿me dejas 50 euros para salir? –lloriqueó poniendo cara de corderito.

Tras mucho insistir, la respuesta fue no.

Así que el caballero volvió a refugiarse en su ordenador y abrió el msn para contarles a todos sus amigos lo mucho que sus padres le oprimían.

“Son malos, malos todos ellos”, se le podía leer en el nick.

Mira por donde que fue Francesco Manué, que estaba por el msn a las 6 de la tarde, a quien le tocó hacer de pañuelo de lágrimas:


Caballero Petulante que parece tener alguna idea de Historia, pero ni puta idea de la vida - Son malos, malos todos ellos dice:

“Oh, mi fiel amigo. No sabes cuánto sufro. Desde que la Orden de Caballería de Orcos Adoradores de Mitología y Dogmas Antinaturales me dio la patada en el culo, mi vida no es la misma. Ahora tengo que pensar. ¡Pensar! ¿Tú sabes lo que es eso? Me figuro que no a juzgar por los comentarios lameculos que me haces en el blog, pero imagínatelo por un momento. ¡Yo solo sé ser un parásito y apropiarme de formas de ser y vestir ajenas, de amigos ajenos! ¿Qué va a ser de mí? ¿Y si tengo algún día que ser yo? ¿A quién volveré a engañar entonces?

Además los Reyes (mis padres, por si no estás acostumbrado a la jerga medieval que suelo gastar) me oprimen. No encuentro trabajo y me siento como una mierda. Claro, que yo tampoco pongo mucho interés y espero a que un empleo me caiga del cielo, pero es que no sé hacer nada salvo esperar y que me lo den todo hecho”.

Francesco Manué se desconectó, así que el caballero cogió una botella de whisky del que bebía su hermano y le echó un trago. Se dio cuenta de que no le gustaba, así que fue a por coca cola para poder seguir diciendo que se estaba tomando un whisky, en lugar de tirarlo por el desagüe como le estaba apeteciendo hacer.

"Con lo asqueroso que está este licor, lo mejor que puedo hacer es que me sirva de inspiración para escribir algo contra la sociedad. Lo llamaré... Reflexiones (para que todo el mundo sepa que reflexiono) junto a... ¿La lavadora? Así todo el mundo se creerá que me harto de hacer tareas domésticas. No, no... junto a... ¿mi hermano? ¡No, por Dios, que esto sí que es hacerle una reseña directa!. Junto... ¡a la hoguera! ¡Eso! Reflexiones junto a la hoguera, para hacerlo más épico y costumbrista como en el siglo XIX".

De forma que se puso a trabajar.

"Un poco de Historia por aquí...: Cuando Paquito I, Rey de las Galias (o de Francia, para que parezca que estoy en la onda) ... Bueno, ya sé me ocurrirá qué poner. A lo mejor meto el Génesis, un libro tan retrógrado como mal traducido que todo el mundo se ha tomado superenserio y lo pongo como inicio de la reflexión. Bla bla bla... por aquí un montón de paja para aburrir al lector. Génesis bla, Adán bla... ¿Qué más? Voy a hablar de hybris y así queda patente que sé idiomas. Y de Herotodo ¿O era Herodoto? Así saben que leo. Y ahora meto el tema de la libertad de paso, que está muy de moda. Ahora un montón más de bla. Y ahora voy a centrarme en la sociedad y decir que todos son unos bárbaros. Y ya de paso aprovecho y pongo algo como que pobres bárbaros que no se me recen tal comparación, y así todo el mundo recuerda que recién me saqué la licenciatura de Historia (que tienen millones de personas más en el mundo, aparte de mí, pero como el que la tiene soy yo, pues me creo especial). Hablando de la licenciatura, voy a poner otra cosa que creo a pies juntillas, que es que formo parte de la última generación bien formada. Jajajajajaja. Qué importante, culto y sabio soy. Además de los últimos, que eso me hace original. Jajajajajaja. Ahora voy a ir terminando hablando del legado que Adán dejó a sus hijos. Aunque me pregunto que qué legado es éste. ¿Caín, Abel, follaros a vuestra madre Eva, ya que Dios ha sido tan poco previsor como para poblar al mundo con tan solo una mujer? Además Abel va a terminar bien muertecito. Si es que Papi Jehová cuando la lía, la lía. Y para terminar, una frase aplastante. Voilà. Otra entrada hecha. Pero no nos chupemos las pollas todavía, ¿Eh, Francesco Manué? Que aún puedo sorprenderos más"

Y se le fue pasando la tarde… perdón, las horas vespertinas sin las Musas, haciendo como que pensaba en mitología griega y escribiendo textos fatalmente redactados además de quejarse a todo aquel dispuesto a oírle.

Yo no, desde luego.


10 marzo, 2010

Ignorancia



Qué sabrás tú de tu ausencia. Qué sabrás tú de las imágenes fugaces que aparecen repentinamente en mi mente como el estallido de un trueno y que aparto de ella encendiendo bruscamente un cigarro.

Qué sabrás tú de mis sábanas frías, de las noches agarrando la almohada esperando encontrarte debajo de ella. O de las duchas donde el agua caliente son caricias que se enredan en mi pelo y me recuerdan a tus manos, demasiado tímidas como para ir más allá de mi cintura.

Qué sabrás tú de los Martinis, de los tequilas, de los chupitos de vodka bebidos a tu salud en un antro oscuro lleno de borrachos que se mueren por echar un vistazo debajo de mi falda. De los vasos que dejo encima de la barra demasiado manchados de carmín como para atreverme a desmentir que estoy ebria de besos. Cómo poder decir que termino en la cama con un desconocido y que te estoy follando tan dulcemente como estos labios extraños me abren cada poro de la piel intentando absorber un alma de la que carezco.

Qué sabrás tú de esas parejas a las que envidio por la confianza que depositan la una en la otra, por la esperanza y la compenetración que se regalan, mientras que yo me escondo detrás de una máscara y finjo ser quien no soy para evitar a toda costa que llegues a conocerme.

O de las lunas que se apagan teniéndome a mí como única amante cuando el sol se enciende y decide aniquilarlas una a una, mientras yo retengo entre mis brazos su último estertor hasta que la noche desaparece y me obliga a entregar su pútrido cadáver satélico, tal y como entrego el mío níveo y cenozoico.

Qué sabrás tú de las veces que veo tus ojos pasar por las calles, tu sonrisa impresa en la cara de un niño que me invita a jugar a la pelota con el mismo ademán con el que tú me invitas a un contacto tóxico. De las heridas que me cierro con aguja e hilo de camisa vieja, preguntándome si sabré curar las tuyas. O del tiempo en que reflexiono sobre cómo convertirte en un tipo decente y digno de mí, cuando yo soy tan indigna para ti como una zorra de un bar cualquiera, solo dispensada por tener buen gusto para vestir y por saber chupártela.

O de cuando me muerdo las uñas porque dejármelas largas no me compensa, ya que no tengo tu espalda para arañarla y descargarme en ella. O de las medias que rompo para parecer un espejismo de niña modélica encerrada en su mundo subterráneo y diabólico, un lugar en el que parecer una vagabunda calentona es muestra de esnobismo catastrófico, además de una invitación a la horca dentro de una plaza que rebosa de rostros lujuriosamente curiosos.

O de las cartas dedicadas que me fumo como papel de tabaco en las que todos mis “te echo de menos” son sustituidos por “te quiero” en un último intento de hacer acopio de valentía.

Soy una cobarde, ese es el único motivo por el que no te tengo. Pero has de saber que yo me despojo de todas mis ganancias y posesiones, por lo que no quiero que te halles entre ellas. Para no olvidarte tengo que mantenerme en tu mente de forma idílicamente platónica, donde puedas borrarme y reescribirme a tu antojo, donde recuerdes que me regalo a ti como alguien con quien puedas soñar todas las noches.

Qué sabrás tú, mi amor… del calor que me abrasa en tu gélida ausencia.


06 marzo, 2010

Declaración de principios


Sé que si asomas por aquí tus ojos unos instantes te darás la vuelta abrumado por la cantidad de palabras que enlazo. Has de reconocer que es toda una ventaja que sepa de tu manía de no leer jamás hasta el final del párrafo. Siempre consigo, gracias a esta libertad que me otorgas, que mi escritura vaya cobrando fuerza cuando se aproxima el desenlace.

La primera vez que impacté contra tu vida –pues yo no aparezco en la vida de nadie, ni uno mi vida a la de ninguna persona, ni me cruzo en el camino del otro. Yo impacto contra la vida de alguien, como si se tratara de un atentado terrorista, o de una misión suicida- debiste de etiquetarme en un principio como persona normal. Por otro lado, mirándome más cuidadosamente, no estaba del todo mal. Tener el pelo de un color que no se puede definir como rubio oscuro o como castaño claro sin caer en el error, ayuda. Ésa era a tus ojos la primera prueba de que yo era un híbrido, una extraña mezcolanza de elementos químicos que no aparecían en tu tabla periódica del instituto. Me seguiste mirando y descubriste mis otras particularidades, como la de vestir normalmente ropas oscuras o la de no atreverme a hablar a menos que tenga algo realmente importante que decir.

En la distancia se te hacía fácil borrar mis defectos, maquillarme según tu deseo y convertirme en el perfecto platónico, en la femme fatale con cara de ángel que aparentaba ser, pero con virtudes excepcionales. Y yo me reía para mis adentros.

Pronto empezaste a ponerme esos apodos que se me hacían empalagosos y fuera de lugar como peque, guapa, rubia, princesa, señorita. Y yo te tachaba de poco original. Porque lo eras. Porque esos nombres ya lo habían llevado otras, cientos y miles y millones de mujeres antes que yo y, cuando me nombrabas por todos ellos, yo me daba cuenta de que te estabas equivocando del todo.

Observándome con los ojos fijos te diste cuenta de la atracción que ejercía sobre ti. Pero te volviste a confundir y me dijiste que era hermosa. En ningún momento caíste en la cuenta de que tú creías en mi belleza solo porque yo quería que creyeras en ella. Porque yo no era –soy- guapa, ni se me podía otorgar el calificativo de preciosa, hermosa o bella sin mentir. Pero si algo había de innegable en mí es que era atractiva. Violentamente atractiva, atrozmente atractiva, mortalmente atractiva. Atractiva hasta el punto de que sintieras el irrefrenable impulso de besarme cada vez que sentías mi calor cerca de ti. No me conocías de nada, pero ya era magnética.

Casi sin darte cuenta, me introduje dentro de ti. Mi nombre, las imágenes que habías capturado en tu memoria teniéndome a mí como protagonista, los sueños mientras estabas despierto centrados en mí, cada vez se hacían más numerosos. Y yo lo sabía.

Quisiste saber qué había en mi mente. Te diste cuenta de que mi presencia en internet no se trataba de un blog con las letras rosas, o de un blog blanco y letras negras, o de un blog uniformemente sobrio o completamente chillón rallante en lo hortera . Que no tenía un nombre en inglés y que no aparecían mis problemas con los compañeros de clase, o los problemas con mi mejor amiga, o lo mucho que echaba de menos a mi ex.

Te preguntaste que quién era y te acercaste más a mí. Desde esa distancia ya se podían apreciar las asimetrías de mi rostro que me impedían ser hermosa, pero ya estabas lo suficientemente envenenado como para darte cuenta.

“Eres tóxica”, me decías riendo y no te percatabas de la razón que subyacía en tus palabras.

Luego se hizo tarde, y viste que yo ya estaba completamente fuera de control. Que cuando te explicaba algo impactante, tú retrocedías aterrado y me acusabas de querer ser interesante, de tener falsa modestia. Y yo quería gritarte que no pretendía ser interesante, que mi modestia hacía tiempo que estaba muerta, pero tú no lo entendías. No podías entenderlo, eras uno más de ellos. Y esto nos condenaba a tener dos idiomas diferentes.

Aparecía y desaparecía en tu vida, una idiosincrasia mía más, pero toda una afrenta para ti. Querías terminar con todo de una vez, así que intentaste relegarme al olvido. Intentaste consolarte pensando en que yo era una niñata más de esas que tanto abundan en tu generación, solo porque era más joven que tú y que todas ellas. Yo era –soy- una mujer de los 90 y bien se sabía que mi generación estaba vacía, que todo había ido a peor desde que los 90 presidieron el calendario tras aquel 31 de diciembre. Pero si tenía una habilidad, era precisamente esa: poseía la picardía de los 80 y, habiendo crecido entre vacío, conseguía ser capaz de llenar el tuyo.

Si no me hablaste de todas tus amantes, dio igual, porque podía leer sus huellas en tu piel: Una lengua bajando por tu espalda, un mordisco apasionado, un gemido arrancado en una noche sin estrellas. Y entonces se revelaban los nombres de todas ellas: María, Cristina, Raquel, Carmen, Rosa, Carolina, Marta, Laura, Silvia. Y yo, a tu pesar, no me ponía celosa. No podía tener celos de personas tan vulgares que, a la vez, te vulgarizaban a ti. Sé que si la historia hubiera sido a la inversa, hubieras sentido cada puñalada de celos como mortal. Pero afortunadamente, yo no era tú.

Y luego te dieron arcadas al ver cómo pensaba, al verme sin máscara ninguna. Sin embargo, mi atracción había crecido tanto en torno a ti, que las fuerzas que te repelían de mi presencia fueron vanas. Y me odiaste. Me odiaste por haberme convertido en una mantis, en una planta carnívora, en una flor ponzoñosa. Te diste cuenta de que era una persona cruel, sin escrúpulos, que destrozaba todo lo que amaba y que amaba todo lo que destruía. Viste mis contradicciones encajadas en un perfecto marco de coherencia, mis cambios de humor repentinos, mis traiciones gratuitas y mis defectos. Pero ya te expliqué que yo no tenía defectos, únicamente vicios.

Incapaz de comprender la personalidad enmarañada, fascinante y oscura que destilaba, te fuiste. Te marchaste para siempre y una parte de ti se quedó conmigo. Y ahora debo felicitarte, pues con ello hemos podido alcanzar la inmortalidad.

Tú te convertiste en mi maldición y yo, en tu castigo.



04 marzo, 2010

Caza de brujas (Dedicado)


Citas aparecidas en "La vida de Brian"
de los Monty Python.


"¡¿Qué tú lo has pasado mal?!
¡Yo llevo aquí cinco años colgado,
y no me pusieron boca arriba hasta ayer,
así que no me vengas con historias!"
(Ben el prisionero)
Bienaventurados los gansos.
(Jesucristo)

Sionista Vil, la nueva presidenta de Judea había conseguido alcanzar el poder a través del miedo y la extorsión. Los ciudadanos vivían atemorizados y ya no se atrevían a salir de sus casas por la noche. La desgracia se adueñó del pueblo ante la ira de Sionista Vil, que padecía de un egocentrismo sonado, un orgullo pluscuamperfecto y una alergia a las amapolas que probablemente la heredó de su abuelo, muerto en extrañas circunstancias.

Pero lo realmente remarcable en ella era su obsesión con emprender acciones legales contra todos aquellos que osaran importunarla.

Su lista de leyes rezaba así:

1. El partido Frente Rural Tomejode se reserva el derecho de silenciar a todos aquellos contrarios al partido. Es lícita la censura de textos informativos, artículos de opinión, crónicas y anécdotas varias que puedan herir la integridad moral del partido. La tortura, el escarnio público, la lapidación, la horca, el fusilamiento, el desmembramiento, la hoguera, el empalamiento y la crucifixión podrán ser utilizados como medio disuasorio ante todo aquel que insista en defender ese asqueroso derecho que venía siendo hasta ahora la Libertad de Expresión.

2. Las amenazas serán constantes y reiteradas ante todo aquel que mire mal a cualquier integrante del partido Frente Rural Tomejode. La cuarentena será impuesta durante cuarenta días (pa' no confundirse) sobre todo aquel que viole esta ley.

3. Aquellas personas que tengan la desgracia de hacer gala de humor negro, completamente contrario a la política que el partido defiende, serán llevadas a la hoguera. (Entre gritos de: ¡¡Bruja, bruja!!; ¡¡Ganso, ganso!!).

4. La guillotina será utilizada contra toda aquella persona sin escrúpulos. La emotividad y la sensiblería, a la par que el sensacionalismo, camparán a sus anchas por éstas, nuestras amadas tierras de Judea.

5. La vaca que dé excesiva leche será llevada en procesión por el pueblo y arrojada por un precipicio. Esta medida no sirve para nada, pero así hasta los animales sabrán que no deben poner un pie fuera del corral.

6. El nombre de Anónimo desaparecerá de las listas del registro civil, de los municipios y de la Es-GAE (Generalmente Anónima Escoria).

7. El resto ya nos las inventaremos mientras desayunamos tripis.


Y entonces los pasteleros dejaron de hacer pasteles, los hijos empezaron a tener a los padres en lugar de los padres a los hijos, los ríos se secaron, la religión católica reinó por doquier para el sufrimiento de las mentes pensantes, el humor negro se convirtió en sangre de ballena espacial, las sevillanas se convirtieron en un rito nacional y el índice de suicidios creció sobretodo en relación a conejos que se arrojan al paso de camellos. Se les cosió la boca a los pensadores y la risa se convirtió en un cacareo semejante al tictac de un reloj que se producía ante la visión de una calabaza.


Alabada sea la calabaza
(Seguidora de Brian, el profeta)

¡Estás empeorando las cosas!
(Supervisor de lapidación)
¿Empeorándolas? ¿Es que pueden ir peor?
¡Jehová! ¡Jehová!
(Matías, hijo de Deuteronomo de Gaza,
condenado a lapidación por blasfemia.)



02 marzo, 2010

La cerveza de HB


("Poema" realmente malo debido al estado de ebriedad).

Cerveza en la mesa, clamor de trompetas.
Alemanas ahogadas entre jarras de jalea,
y yo, más que ninguna.
¡Seamos Fuenteovejuna!
Luz y color. ¡Borrachos!
¡Borrachos todos, yo os convoco y reclamo!
Allí los muniqueses, allí los hamburgueses
que por un partido de fútbol podrían haberse matado,
y sin embargo, se tomaron todos de la mano.
Celebremos en este día que juntos
hemos bebido hasta el fondo del vaso.
¡Más carne y cerveza!
¡Que corra el dulce alcohol por nuestras venas!
Seamos enanos:
esquilmemos elfos y matemos humanos.
¡Cerveza!
Por ti pierdo la cabeza,
dulce rubia que me acuna
entre sus rizos de cereza y su manto de espuma.
La música suena.
Todos borrachos, todos a una.
En esta noche he encontrado un pirata malhablado
que baila sin pudor al son de las tubas.
Dioniso, deja el vino
y únete a nuestra fiesta nocturna.
Hoy los españoles, los árabes, los americanos,
los gitanos, los chilenos y los eslavos
tenemos una misma patria.
¡Viva Alemania!


01 marzo, 2010

Querido Padre: Tengo sexo con un mueble


-Buenos días Padre, vengo a confesarme.
-Qué gusto volver a ver a una mujer
tan hermosa y tan pura.
Cuénteme sus pecados, señorita.
-No me diga eso, Padre.
He cometido un error muy grave.
-¿Ha matado usted a alguien? -sonríe
el muy tunante.
-¡Ay, no! ¡Dios mío!,
pero estoy casada y tengo un amante.
-¿Y cómo es eso, hija mía?
-No fue mi culpa, quizá tampoco la suya.
Apareció en una de estas terribles noches frías.
-¿Y usted cayó en pecado, hija mía?
-¡Ay, no! Yo estaba muy triste y afligida,
y él, al ver mi agonía,
desde un rincón dio alivio a mi tristeza
y recuperó mi alegría.
-Pero hija, eso no es un amante.
Usted quiere ser su amiga.
Y él, lejos de querer conquistarle,
quiso animarle.
Mostró franqueza y fue sincero.
-¡No es así, Padre!
En una mirada me sedujo y,
casi sin quererlo, alargó sus brazos
y me acunó entre ellos.
-Entonces él desea que usted sea su niña-
dijo el cura con disimulada lascivia.
-¡Dios le oyera, Padre!
Pero no contento con esto, una sonrisa pícara
le valió para que me acercara a su oído
y le contara, uno a uno, mis secretos.
-¿No será que él desea,
no como un amante, poder amaros?-
y el cura apoyó el mentón en su brazo.
-Yo también creí en su inocencia hasta que,
cuando me vio perdida e insegura,
como intentando darme respaldo,
alargó las manos y me estiró la falda
con alarde y desparpajo.
-¿Y por qué no lo mandasteis al carajo?
-¡Oh, Padre! Porque él alivia el dolor
de mi cuerpo y mi mente.
Me incita a la lectura
mientras deja que repose mi mano en su brazo
con dulzura.
Entre mis piernas me acaricia suave,
cual si fuera una pluma.
¡Ojalá mi marido
tuviera tales atenciones conmigo!
-¿No pensará usted en dejar a su marido?
-¡Claro que no, Dios mío!
Pero es bastante estresante vivir bajo el mismo techo
con marido y amante.
-¿Y su marido lo permite?
-Ni siquiera lo sabe,
y eso que con constancia me acecha;
pero luego pasa por delante de mi amante
y ni siquiera sospecha.
-¿Acaso su marido es tonto, sordo o ciego?
-Sordo no mucho,
aunque hace lo que sea con tal de no escucharme.
Ciego, un poco. Los achaques de la edad,
ya sabe.
Pero ¿tonto?
Tonto, bastante.
Padece un retraso ligero.
-Con semejante marido
no debió usted casarse.
-Eso pienso yo,
así que me enamoré de un viejo sillón.
Es quien me hace las veces de amante.
El sexo es mejor entre cuero
y cojines de terciopelo.
-Pero si es el sillón el amante
del que me viene usted hablando,
se ha equivocado.
Usted no necesita un cura,
necesita un loquero.
-Padre, ¿iré por fetichismo
al infierno?
-Bueno, ya veremos cómo arreglamos eso.
Usted pásese por aquí la semana que viene,
ligera de ropa,
y ya hablaremos...