El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu.
Si lo intentas, a menudo estarás solo y a veces asustado.
Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo.
04 noviembre, 2010
YO NO TE ESPERO
22 octubre, 2010
Espectro
Es el frío. Hace frío. Tengo las manos heladas y creo que por extensión, también las palabras. Tengo frío y estoy enferma, como las antiguas niñas abandonadas en hospicios. Intento buscar alguna bufanda que tuviera guardada en el armario, pero me encuentro con su vacío. Por favor, por favor, una manta. O un abrigo. Hace frío, ¿no lo sientes? Y se me quedan las palabras congeladas en la mente, y en las manos, y en el papel y la pantalla. Es como el juego de los copos de nieve, solo que impregnados de ausencia. De carencias de afecto, o tal vez es el hambre. El fútil hambre que todo lo arrasa y controla, y yo tengo las manos heladas, ¿no lo ves? Soy un saco de huesos, las cartas están echadas. Y yo ya no sé jugar con el silencio.
Palabras amargas.
28 septiembre, 2010
Quita-miedos
Bien sabido es
que en el camino
muchas piedras hallarás;
Hoyos y escombros por doquier,
ramajes que te harán tropezar
y, con mala fortuna, perder pie.
¿Rendirte? Fácil es.
Lo difícil es aguantar.
Por eso busca el momento,
persiste, encuentra aliento
en tu calibre, seas humano
o seas un pez.
Ante cualquier duda
o vacilación en tu marcha
sé libre, coherente contigo mismo
aunque tengas miedo
o amenacen con retirarte la palabra.
en los días de desatino,
donde todo parece lo mismo,
pero nunca nada lo es:
Ante todo, sé justo contigo;
no hagas lo que no quieres hacer.
20 septiembre, 2010
Un poco de magia
A veces se crea un grupo de moléculas en el ambiente que consiguen abrirse paso desde la calle, o desde un patio interior, o quizá desde una cañería vieja, y te rodean como una gran masa de humo invisible que inhalas y consigue conmocionarte durante varios minutos. La mirada fija en ninguna parte, la mente en blanco y tú, muy lejos. Y puedes preguntarte si es el destino lo que deseas y que, sin embargo, destino no te ha elegido a ti; o que te desea un destino del que rehúyes. O quizá sea el viento, que no deja de girar entre un montón de lluvia seca y griterío persistente de niños que pasean en bicicleta, y que ya no están.
Y sabes que te vas, que te marchas a París, o a Guatemala, al Golfo de México, o a Pekín, a Marruecos o a Finlandia. Que te lías la manta en la cabeza y eres una nómada más, como la Maga de Cortázar. Que destruyes todo lo que tocas, que creas barro desde las cenizas inmundas, que amas lo que tocas, que odias lo que creas, que destruyes lo que amas y que amas lo que odias. Y que te pones nerviosa con la fina capa de polvo que se crea en la alfombra, desafiante desde el suelo de Cerámica y Gres.
Y es que el café se enfría demasiado deprisa, que no se duerme lo suficiente, que quizá las nubes no son tan benévolas cuando te sonríen desde la ventana. Que el miedo te atenaza, y la aventura y la quietud, y el silencio más absoluto de una tumba egipcia. Hasta que se rompe un vaso, saltan las canicas y las monedas ruedan por el techo, mientras te aferras a tus rodillas desde una esquina, sin saber si debes coger la escoba o tal vez ahogarte bajo la almohada.
Caminar desnuda. ¿Por qué no puedo caminar desnuda? Pintar mi cuerpo con acuarelas, estrellar un vaso lleno de aguarrás, sumergir las manos bajo vinagre o quizá introducir el dedo en una tarta de chocolate.
Dejar a los gatos maullar y poder yo arañar las cortinas, señalar defectos y virtudes y luego, tal vez, estallar en risa o en llanto o en todo a la vez. Y dormir bajo la luna.
Y el vino se me hace muy dulce y la cerveza muy amarga, y el zumo de naranja baja muy lento por mi garganta y se hace pedazos contra una gran balsa de ácido clorhídrico. Bajar rodando en bicicleta por las calles, detenerme en un parque y subirme a un columpio, gritar a los pájaros y deshacerme del aire que me agarra desde el centro de la falda.
Y que solo me falte un Rocamadour bajo el brazo y un poco menos de sensatez, quizá un poco más de vino para dejarlo todo y marcharme de una vez.
Y poder ser como la Maga de Cortázar.
16 septiembre, 2010
Indignantes declaraciones del Rottweiler de Dios
13 septiembre, 2010
Ociosidad
Me muero de hambre. Y de sed.
Ocho horas al día
tengo que coser; con cuidado,
para que no se formen nudos
en el cayado de manecillas
que calientan mi reloj.
Vivir en mi cocina, azul,
donde la lavadora chirría
con lamento estrepitoso de cacharro viejo.
Y por la ventana entran palomas blancas
que giran y giran, y apagan la luz.
¿Qué hacer si el reino prohibido
existe entre sábanas?
¿Dónde poder cerrar los ojos
a la claridad?
El café se me enfría,
las cervezas deshielan
y no puedo a la boca llevarme
ni un pedazo de pan.
¿Para qué robarte un beso, ladrón?,
Si luego descubro entre llantos
mis ganancias perdidas,
que terminan mis días
y ya no hay solución.
Y luego, ¿qué hacer?
¿Morirme de hambre?
¿Morirme de sed?
09 septiembre, 2010
Hoy, pingüinos







Tener un blog dedicado a la actualidad, la reflexión y la literatura para luego saltar a la fama en Google gracias a los pingüinos...
06 septiembre, 2010
Pensándolo mejor, me conformo con menos.
02 septiembre, 2010
Conversaciones con la muerte
¿Sabes, pequeño? Yo no soy como otros que te han sostenido entre sus dedos. No busco en ti reconocimiento. No busco identidad. Ni estética. No busco entretenimiento. No busco paz. Ni siquiera placer. Tampoco vicio. En ti, busco la muerte.
Darte caladas poco a poco, sin ansia ni gozo. Simplemente aspirar el humo y saber que estás matando a miles de células de muy diversas partes de mi cuerpo con enemigos que no puedo ver ni tocar. Tal vez por eso la gente teme al tabaco, pero yo no te tengo miedo. No porque no sea consciente de lo que me haces, pequeño. Casi puedo dibujar en mi mente con certeza televisiva lo que me estás haciendo en las arterias, en los alveolos de los pulmones, en las células de la dermis. O en la voz. O en el pelo.
Y no es que sea apática o que no me importe mi vida. Es que ya no puedo luchar más contra enemigos invisibles.
No puedo luchar, a veces, con los argumentos de un libro que me hablan de una realidad que no quiero conocer y que desearía que no existiese. No puedo encender la radio y que me dé un vuelco el corazón. O ver películas que me traen trozos de fotogramas que quemaría sin remordimiento alguno. Se me antoja insoportable.
Si hubiera algún ente que manejara los hilos, pensaría que todo se trata de una broma macabra. Pero estoy plenamente convencida de que no es así. De modo que la única alternativa que me queda es aceptar que el azar no me es favorable. Que el azar es en realidad una zorra estúpida y cruel que ansía que me vuelva loca y pierda de un plumazo toda mi credibilidad.
¿Sabes, pequeño, por qué deseo fumar? Porque, entre otras razones, sé que soy capaz de hacerlo. En cambio, no puedo llorar. Parece que estoy fabricada antinatura. Así que solo puedo intoxicarme y guardar miles de toxinas dentro de mi cuerpo, a la espera de que estalle todo por alguna parte.
Y mientras esperamos que te consuma y me consumas, solo puedo pedirte esta noche, como meta más próxima y segura, que me des luz en una noche tan oscura y siniestra, ahora que se ha agotado la última cerilla y mi amor por la vida se ha apagado.