06 diciembre, 2011

El final del cuento de hadas, 6 de diciembre.

En 4º de E.S.O. di Ética como todos los compañeros de mi edad. En la asignatura, más que Ética, se veía un derivado de ciencia social. Recuerdo a mi profe hablando del Parlamento, de la Democracia, de la Transición, de lo que supuso el final de la dictadura.

Ahora que lo veo desde la distancia, me parece un soñador engañado. Aunque desprendía cierto tufillo derechoso, como casi todos los profesores de mi colegio, a mí me parecía una persona sensata en lo esencial.

Le recuerdo enseñándonos vídeos de la transición: la muerte de Franco, la incertidumbre de lo que iba a hacer el rey, la creación de la Constitución, Suárez, el 23-F...
Y a él le brillaban los ojos hablando de la Democracia, de lo que era poder coger elegir varios periódicos para leer, del miedo que pasó cuando Tejero intentó dar el golpe de estado, de cómo el rey le "plantó cara", de cómo iban los ciudadanos a votar por primera vez desde hacía varias décadas...

Y parecía un cuento de hadas. Parecía que vivíamos en un país (por fin) civilizado, que el Bien había triunfado sobre el Mal y que el rey estaba ahí a modo de paladín para espantar a los malos y que la Constitución era la hostia y se cumplía a rajatabla, y que el país estaba lleno de políticos honrados -salvo los del PSOE, para él- que querían lo mejor para España...

Era un buen orador. Casi daban ganas de levantarse y aplaudir, por no ser... por no ser que yo sabía que había cosas que no estaba diciendo, incluso entonces. No se lo achacaba a una supuesta maldad. Era un hombre comprometido con unos ideales en los que creía firmemente, no pienso que intentara dogmatizar ni adoctrinarnos en lo bienpensante... porque él se lo creía. Él daba Ética en aquel colegio porque era un hombre ético. Ético pero equivocado.

Me imagino que se creería lo que decían muchos periódicos, que no venía de una familia que lo hubiera pasado especialmente mal durante la guerra y la postguerra, que era monárquico porque pensaba que ese sistema era bueno para el país -y me imagino que era un monárquico "romántico"-, que de joven muy probablemente había tenido ideas progresistas pero se había topado con el PSOE... y con una familia "de centro" y con nefastos políticos de izquierdas, su ideología viraba más hacia la derecha pero no tanto por convicción sino por decepción, por tener una idea "del Bien" cuadriculada, obviando lo que no le gustaba para sentirse cómodo en sus convicciones... una persona buena con la información equivocada y, por lo tanto, con conclusiones equivocadas.

Ahora han pasado los años, todo se ha ido al traste, su querida democracia está muerta y aunque me figuro cómo pensará -igual que siempre, creyendo a los que le dicen cómo tiene que pensar-, me gustaría hablar con él.

Y aunque soy joven ya no soy una niña, creo que soy sensata en lo esencial, como él, y me gustaría poder charlar tranquilamente con un café delante y ver cómo se monta sus historias para que sus creencias no se vayan al garete.
O llevarme una sorpresa y ver que él también se ha dado cuenta de cómo nos venden una democracia que sólo lo es en el nombre, que aunque el 15M haya tomado decisiones equivocadas ver que él también está de acuerdo con las ideas fundamentales...
Quizá descubrir que él no es una marioneta tal y como le recuerdo, que efectivamente se da cuenta de las cosas, que ahora que es más viejo también es más sabio y que aunque no apueste por una serie de ideas que no van con él ni con su experiencia, notar que debajo de todo eso están "las ideas peligrosas", las ideas que le hacen pensar que el mundo no es tan bonito como lo pinta, que se siente engañado y... que ha sido más listo que los medios de comunicación.

Le confesaría que yo mantuve durante cierto tiempo la idea de que mi país "era bueno" gracias a él, pero que luego la realidad me resultó dolorosa y que la caída hubiera sido menor si una de las últimas imágenes que guardo del colegio no hubiera sido él llenándose la boca de una Democracia que no existía antes y que no existe ahora.

Tal vez él representa para mí a mucha gente buena y equivocada que no ha tenido el valor suficiente de enfrentarse a la realidad, que sigue construyendo castillos en el aire que cada vez cuesta más mantener. Quizás tengo la esperanza de ser lo suficientemente convincente para sembrar en él la duda si no la tiene, de ver que reacciona cuando le plantan lo que hay sin tapujos y que, aunque diga "es verdad, pero"... saber que en el fondo lo sabe y que si lo sabe, se puede hacer algo con él... y con los demás.

Sea como sea, la verdad es que el 6 de Diciembre es él quien me viene a la mente. Él y la idea de que, aunque yo sea mucho más joven, a lo mejor ando algo menos errada en mis convicciones. Que a pesar de los cuentos de hadas que me han ido contando a lo largo de mi infancia y juventud he podido ver más allá y ahora sé defenderme mejor.

Sin embargo la realidad es triste y puedo entender a mi profesor perfectamente: porque a nadie le gusta que su Constitución sea papel mojado, que su democracia sea una farsa y que los cuentos de hadas no tengan en la realidad un final feliz.


28 noviembre, 2011

Cambio de planes


EDIT:

P.D.: Al listillo que me ha buscado por "guindilladelnorte@gmail nuevo blog" que sepa que no me puede encontrar así. El nuevo blog está puesto con otra dirección de correo y con otro nombre distinto al de Elvira. Me he asegurado de que la única forma de encontrarlo sea enviándome a mí un email. Espero que el motivo de buscarlo así sea pura pereza en lugar de tomarme a mí por idiota.


Cuando comencé este blog no tenía muy claro qué quería hacer con él. No me planteaba nada, era en plan caótico total. Que me apetecía poner una canción, pues una canción. Que quería despotricar sobre una u otra cosa, pues hecho. Pero al final, terminó convirtiéndose sobretodo en un archivador de mis creaciones pseudoliterarias.

Llevo planteándome un tiempo si cerrar este lugar o qué hacer con él.

Creo que no voy a escribir más poemitas, ni relatos, ni nada. Pero tampoco lo voy a cerrar. Le voy a dar un repaso, eso sí, más temprano que tarde, le voy a pegar unos cuantos cortes y le voy a hacer un lavado de cara profundo. Voy a echar a la Elvira de mis 17 años, que fue cuando empecé con esto.

¿Qué va a haber aquí entonces? Reflexiones, con un toque de humor ácido a ser posible. Voy a tratar de refinar lo que escribo, ser menos impulsiva y más racional. Madurar mejor los textos. Voy a tratar de escribir bien lo que sea que vaya a escribir. Va a seguir siendo un lugar de crítica pero voy a limar la parte más personal.

Por otro lado, quiero deshacerme del tenebrismo que me persigue.

He empezado un blog -¿otro?, diréis. Sí, otro, lo siento- y quiero que tenga toda la luminosidad que éste no tiene. Va a ser más personal, pero sin literatura, en plan opiniones de andar por casa, pequeñas reflexiones, un humor más simpático y básicamente un entretenimiento divertido.

Si a alguien le interesa conocerlo, que me mande un email a guindilladelnorte@gmail.com. Y es que a mí me ha leído mucha gente en este blog a lo largo de 4 años: gente a la que quiero, gente que me cae estupendamente, gente que me es indiferente y gente que me revuelve las tripas. Y no me da la gana de que todo el mundo pueda encontrarme. Así que me ahorro el poner la dirección por aquí. Por supuesto, está desligado del nombre de "Elvira". Si a alguien le interesa, ya sabéis. Desde luego creo que es bastante simpático.

Y sin más un saludo a todos por seguir por aquí, que todavía queda mucho que criticar.


21 noviembre, 2011

Sexta convocatoria

No recordaba lo mucho que me gusta ver el patio de la facultad cuando está vacío, el sol casi se ha puesto y el color rosa del cielo está a punto de desaparecer.
Siempre se me hace un nudo en la garganta y noto cómo me escuecen los ojos.

Subo por las escaleras mientras siento el corazón golpeándome fuerte contra las costillas. En el despacho son todo sonrisas y hasta estoy por pedirle al profesor que me abrace y que me diga que todo va a salir bien. Casi.

Al salir me veo catapultada a primero de carrera y en cierto momento enfilo el antiguo camino a la residencia. Tengo que hacer un esfuerzo para recordar que cuando llegue a casa no me espera un salón apestando a tabaco ni la televisión a todo volumen. Por no hablar de la despensa vacía y el bolso lleno de billetes para intercambiar por cerveza. Se me van los ojos hacia el pub irlandés y me pregunto que si la imagen que proyecto de mí en mi cabeza bebiéndome una pinta sola será demasiado patética. Probablemente.

En el metro, aunque sea por la tarde, me encuentro con las mismas putas miradas grises de siempre. Por unos momentos hasta creo que mi abrigo está perdiendo color. Me apetece un cigarrillo como nunca, un sofá donde tirarme. En cambio estoy agarrada a una barra metálica preguntándome si estaré tocando todo un ecosistema de microbios patógenos. Probablemente.

De camino a casa me cruzo con una chica que va paseando a su perro. Me detengo para acariciarlo, pero la chica me advierte con la mirada y me alejo.

Unos metros delante tropiezo, pierdo pie y caigo. Noto cómo algo me moja la ceja y un dolor fuerte cerca de las sienes. Algo rojo me nubla la vista. No tengo ni fuerzas ni ganas de levantarme. Pierdo la consciencia unos minutos.

Cuando me despierto, tengo un hocico húmedo enterrado debajo de mi camisa. Es del perro que me he cruzado antes. Su dueña me mira unos instantes y me pregunta con voz obligada: oye, ¿estás bien?

Menuda ciudad de psicópatas.

"Ey, Jenny, please tell me, why are you walking this land? You've lost your way, you couldn't stay"





02 noviembre, 2011

La falacia de "ser libre para creer"

Yo antes era una hippie de la vida. Había convencionalismos “bienpensantes” que tenía asumidos como mi propio credo. El que encabeza esta entrada era uno de ellos “cada uno debe ser libre de creer en lo que quiera”. Yo estaba de acuerdo con ello.

Hasta cuasi mis doce años me consideré cristiana. Católica no, porque ni comulgaba con la Iglesia ni estaba bautizada.

Luego estuve coqueteando con el budismo, aunque no cuajó.

Fue a los doce años cuando me declaré atea.

Durante los siguientes siete años, me consideré una atea “tolerante”. Es decir, yo no creía en ningún dios, pero respetaba firmemente lo que otros pudieran creer. Yo era atea como otros eran judíos o budistas e independientemente de eso yo debía tratar a todos por igual y nunca poner en duda sus creencias. Esa es otra falacia que se me ha caído con el tiempo “todos somos iguales”(que no quiere decir que todos no debamos tener los mismos derechos, cosa que no se cumple en nuestro país a día de hoy).

Había una serie de cosas que chocaba de frente con mis ideales: yo trataba igual a los demás, pero los demás no me trataban igual a mí. Eso quería decir que un cristiano podía colgar un trapo rojo con un nenuco dibujado que dijera “Dios ha nacido”, pero yo no podía colgar una pancarta que dijera “Dios no existe” en mi balcón sin que me rompieran los cristales. Los amantes de la Semana Santa sí podían ocupar mis calles para ver procesionar cadáveres sangrientos con su correspondiente madre depresiva detrás, pero si yo quería pasar sin otra pretensión que la de llegar a mi casa, me cerraban el paso y me miraban mal si insistía en proseguir mi camino.

Los escándalos de pederastia y abusos por parte de sacerdotes comenzaban a manchar la buena imagen de la Iglesia y resulta que aquellos que pretendían darnos clases de moral a los demás tenían metidos en su propia casa a un montón de criminales. La Iglesia se ponía de parte de los partidos de derechas y, cuando supe algo de historia, me di cuenta del alcance criminal de la Iglesia situándose siempre de parte de los ideales más inhumanos. Luego hubo percances menores, ya se sabe, el que me llamaran hereje con desprecio y me dijeran que iba a ir al infierno. No es que me afectaran a nivel emocional, más bien a nivel cognitivo, al darme cuenta de que los cristianos de pura cepa me miraban por encima del hombro con una superioridad moral que no se sabía de dónde la sacaban.

Pero lo que me hizo responder a los ataques, a dejarles bien claro a cristianos, judíos y a quien se me pusiera por delante que lo que creía era una soberana gilipollez, lo que me hizo dejar de ser una hippie de la vida y dejar pensar que “todo valía” fue algo que me tocó en lo personal.

Mis padres, que no son cristianos, y que en su día me metieron a mí en un colegio católico, iban a hacer lo mismo con mi hermano.

Mi madre consideraba la religión cristiana como inofensiva e incluso como deseable para la crianza de un niño y eso me hizo afilar los dientes.

Miraba a mi hermano y su mente infantil. Yo había sufrido en mi propia piel el creerme las mentiras y las patrañas de la religión para descubrir desilusionada que no había nada más allá. La de horas desperdiciadas rezando, hablando con Dios, y resultaba que no había nadie al otro lado, nadie que velara por nosotros. Como descubrir que los Reyes eran los padres, pero a un nivel emocional mucho más profundo, ya que para los cristianos, la vida gira en torno a Dios.

Yo no quería que la mente de mi hermano fuera absorbida por monjas y pelagatos ni que, si un día conseguía superar el infantilismo moral en el que te sumerge la religión, como hice yo, sufriera el desprecio de los demás por tener una mente abierta y libre.

Pataleé para que mi hermano fuera llevado a un colegio público, pero como no era mi hijo, terminó en un colegio religioso.

Mi madre me dijo aquello de que si mi hermano quería ser cristiano, que lo dejara, que él era libre de creer lo que quisiera. Y yo le repliqué que defendería que mi hermano eligiera lo que quisiera, con tal de que lo hiciera con plena conciencia de lo que hacía, no que le impusieran un modo de ver la vida desde pequeño para que luego tuviera remordimientos si decidía abandonar esa creencia.

La religión, siempre desea acaparar la mente infantil, pues así se garantiza tener soldados fieles y leales que no la cuestionarán al estar arraigada en su mismo corazón. La religión, que desprecia la ciencia y el sentido común, que hace elegir a un niño entre su fe y su razón, llevándolo a que abandone la razón para abrazar su fe. Y recompensa que lo haga.

Todo el mundo puede creer las mentiras que quiera, pero al menos debe tener la oportunidad de darse cuenta de que son mentiras. Un niño no puede y eso hará que, una vez sea adulto, sea incapaz de ver más allá de sus creencias. Por eso, el adoctrinamiento infantil me repulsa.

Un niño no es cristiano, ni budista ni mahometano, como tampoco es de derechas ni de izquierdas, ni sabe con certeza si va a ser médico o profesor. Un niño imita a sus padres, un mecanismo clave para la supervivencia de la especie que, mal usado por la religión, se convierte en un arma para despojar al niño de toda libertad de pensamiento, condenándolo al marco cosmológico cerrado que le toque creer según la religión imperante en el país en el que haya nacido. Y después, desprenderse de él es siempre doloroso y requiere esfuerzo, porque es más fácil pensar que hay un dios que nos cuida, es bello pensar que si nos pasa algo malo habrá un dios que responda por nosotros y que conseguirá que las cosas nos salgan bien.

Eso, entre otras cosas, afecta a la capacidad de responsabilidad del individuo pues, si todo está escrito y pasa según dios quiere ¿en qué lugar deja eso al individuo, mero instrumento de una divinidad?

Además, si la fe es lo único que se requiere para ser bueno, sin pruebas, sólo fe ¿cómo podría estar mi hermano a salvo de otros charlatanes, como los homeópatas, o los médiums, o los anti-antenas, si lo único que se necesita para que esas cosas “funcionen” es creer en ellas? ¿Cómo podría reprocharle yo a mi hermano que se curara un cáncer con homeopatía, si resulta que consiguió su trabajo gracias a dios y no a su currículum?

El adoctrinamiento infantil es un crimen y priva a la humanidad de seres humanos responsables y razonables, de verdaderos científicos, dificultando el avance a escala mundial.

Cada uno es libre para creer en lo que quiera, pero si lo hace, que sea capaz de responsabilizarse de las consecuencias que ello acarrea.


31 octubre, 2011

Halloween y el ombliguismo egocéntrico de la Iglesia Católica

Leyendo el Inmundo, nos encontramos con la siguiente noticia, en la que la Iglesia Católica, haciendo gala del cretinismo narcisista que tanto la caracteriza, comenta escandalizada que Halloween tiene un "trasfondo de ocultismo y anticristianismo".

Más quisieran.

Más quisieran porque una fiesta que nació antes de que el cristianismo comenzara siquiera a olerse no puede ser anti-algo que todavía no existe. Y es que como bien me repetían mis queridos profesores anglosajones, Halloween es una fiesta celta. Que, por cierto, en la Península Ibérica había celtas mucho antes que cristianos. Así que eso que aducen de que Halloween "va a hacer desaparecer las arraigadas costumbres cristianas" es una soberana gilipollez. Halloween existía antes de Cristo. Se celebraba de otra forma, sí, pero la festividad es la misma. Además, teniendo en cuenta que el cristianismo se ha consolidado y tiene tamaña importancia en la actualidad gracias a la demonización y aniquilación de otras creencias y/o culturas y al robo de calendarios y fechas de celebraciones paganas, si a alguien se le puede culpar de la desaparición de costumbres es a él.

Halloween es la fiesta celta que celebra el final del verano y la recolección de la cosecha con la que se vivirá en el invierno. Así que eso de que los niños recojan caramelos de las casas, haciendo su propia "cosecha" me parece original y bastante poco ofensivo. Más representativo desde luego que rezar a los pokémon de turno, los Santos. Que también se supone que Halloween tiene un cariz místico, en cuanto a que se estrecha el contacto entre este mundo "y el más allá", pero eso, lejos de ser ocultista, es tradicionalmente humano. De hecho, ¿dónde están los Santos a los que se reza si no es en el mismísimo Cielo? ¿No es eso otro "más allá"? La Iglesia Católica es la primera ocultista.

La religión Católica es una religión de muerte. Para el dios cristiano, no solamente esta vida es un mero trámite dándole suma importancia a otra vida que alcanzaremos cuando estemos muertos (jajajajajaja... absurdos son, coño) sino que además hay que ver la iconografía que se gasta. ¿Sacar a la calle torturados crucificados y mujeres llorosas no es hacer apología de la muerte? A muchos críos les da miedo ver a un tío en calzoncillos chorreando sangre. Y me parece normal. Halloween es la celebración de la vida, de la naturaleza, del trabajo del hombre ¿hay algo más vital que eso? Para la Iglesia Católica se ve que es mejor tener en mente a nuestros muertos con la esperanza de que un tío, que no se sabe muy bien dónde está, cuide de ellos, recordándonos de paso que un día nos tocará a nosotros palmarla. Como la Pascua, que esa es la muerte en todo su esplendor... pero sigamos con Halloween.

Los niños se disfrazan de lo que quieren, algunos llevan verdaderas obras de arte puestas y entienden en todo momento que celebrar Halloween con disfraces y caramelos es un juego social. Ni más ni menos. En lugar de disfrazarse como tontos del capirote del Ku Klux, yendo todos iguales en un alarde de originalidad, cada uno se pone lo que quiere, oiga. Y además es divertido, no se trata de hacer penitencia hasta que te sangren los pies. El masoquismo y el sufrimiento disfrazados de vitalidad es un engaño.

En cuanto a lo de la colonización cultural Hollywoodiense se pueden decir muchas cosas. Halloween no es lo más peligroso ni mucho menos que nos hemos traído del otro lado del charco -la catástrofe de la guerra afgana sí que sería una tradición importada, por ejemplo-. No se trata de que celebremos Acción de Gracias tampoco. Halloween es una tradición europea, preguntad a británicos e irlandeses. Que la haya popularizado y adaptado Hollywood, como ha hecho con pizzas y hamburguesas, pues sí. Pero pizzas y hamburguesas son inventos europeos, aunque en EEUU hagan "la pizza original con salsa americana".

Creo que con eso ya he dejado las cosas claras.

No quiero terminar sin añadir la gracia que me hace, el despiporre total que significa, que la Iglesia acuse de "falta de lógica" a nadie. A lo largo de la historia ha hecho aguas, la pederastia frente a la moral inocente, el estar financiando empresas que fabrican Viagra mientras por otro lado se condena el sexo...

Además, me parece muy natural que unos padres dejen a sus hijos divertirse en una fiesta social como Halloween y que no dejen que vean familiares fallecidos. Peor me parecen los padres que los llevan a ver cómo hacen desfilar y bailar a un cadáver sangriento por sus calles o los dejan en compañía de un pederasta en potencia durante la catequesis.

Que conste que a mí Halloween no me vuelve loca, pero me parece que sería bonito restaurar la fiesta dándole un toque europeo, recuperarla, como en San Juan (otra fiesta pagana, por cierto, originariamente) con las hogueras.

Menudos merluzos están hechos los cristianos en general y los católicos en particular.


28 octubre, 2011

Canciones relajantes, mejor que un somnífero.

No lo digo yo, lo dice un estudio.

Mi padre lo compartió conmigo y yo lo comparto con vosotros.

Resulta que un estudio realizado por neuropsiquitras y fisiólogos (no recuerdo la fuente, lo siento, la pondré cuando se lo pregunte a él, que al ser psiquiatra está al tanto) ha analizado las canciones más relajantes y ha comprobado sus efectos sobre una muestra considerable de sujetos, encontrando que ponerse una de estas canciones para dormir reduce el insomnio. De hecho, el efecto de la primera, la más relajante, dicen que supera al efecto somnífero del Orfidal. Esto resulta especialmente útil para aquellas personas con insomnio o estrés, ya que reducen el ritmo cardíaco y respiratorio, induciendo un placentero sueño.

La lista de canciones es esta, de la más a la menos relajante:

Marconi Union - Weightless
Airstream - Electra
DJ Shah - Mellomaniac (Chill out mix)
Enya - Watermark
Coldplay -Strawberry Swing
Barcelona - Please don't go
All Saints - Pure Shores
Adele - Someone like you
Mozart - Canzonetta Sull'aria
Cafe del mar - We can fly

¿Interesante, verdad? Yo voy a probarlo, ya que no tiene ningún efecto negativo y, teniendo en cuenta que a día de hoy la música está al alcance de todos de forma gratuita, estoy segura de que no se trata de un estudio de márketing. Vosotros mismos :-)


22 octubre, 2011




Te quiero, ¿es que eso te concierne?

Jean Cocteau.

20 octubre, 2011

¿El fin de ETA?

Sé que tengo el blog abandonado últimamente... pero esto se merece una actualización.

ETA deja las armas.
(o eso dice).

Y aunque ahora me imagino que van a dar los cabrones de los políticos amnistías a punta pala, el símbolo significa mucho para todas las víctimas, los vascos y el resto de españoles.

De todos modos, espero que los presos sigan a la sombra una temporada más y que no vuelvan a coger las armas de nuevo.

No sé si alegrarme, porque esos hijos de puta son muy listos, pero sí me voy a atrever a esbozar una sonrisa por lo que podría significar: no más muertos.

23 septiembre, 2011

El valor de un profesor. Los recuerdos de una alumna.

Hoy se me ha comunicado la muerte de una profesora que estuvo conmigo en el colegio.

Su muerte me ha dejado muy impactada.

Yo la conocí cuando tenía 12 años y fue mi profesora hasta que tuve 16. Enseñaba Lengua y Literatura, además de Historia. Como elegí estudiar ciencias en lugar de letras, no pude asistir a su clase de Cultura Clásica -como me hubiera gustado- donde, entre otras cosas, daba nociones de latín y griego, idiomas que hubiera querido estudiar más en profundidad. Cuando a mis compañeros de Letras les enseñó el Gaudeamus, yo solía comentar irónicamente que les estaba enseñando el himno universitario a personas que muy probablemente jamás pisarían una universidad -es lo triste de las clases de letras, que suelen ser asignaturas de acogida de los alumnos menos aventajados-. Y lo decía con razón, pero también con cierta envidia. Yo quería aprender latín y griego. Yo quería aprender el Gaudeamus, por muy obsoleto que estuviera.

Pero esta señora no sólo escribía correctamente y tenía conocimientos de Historia, clásica, moderna y contemporánea. También le encantaba dibujar y lo hacía, de hecho, bastante bien. Esa es otra cualidad que admiraba. Cuando nos ponía ejercicios para hacer en clase, ella se ponía a dibujar para ocupar el tiempo, a veces interrumpida por algún alumno que necesitaba que le resolviera una duda a lo que ella accedía encantada.

Y es esto lo que más recuerdo de ella: Su sonrisa imperturbable. Solía pintarse los labios de rosa y cuando se paseaba por los pasillos de la clase dejaba tras de sí un aroma de perfume mezclado con tabaco bastante agradable, que yo identificaba con el olor de "la sabiduría". Mi clase estaba llena de energúmenos, para qué nos vamos a engañar, y no siempre la trataron todo lo bien que se merecía. Pero ella siempre era amable, siempre sonreía, siempre resolvía cualquier duda que un alumno tuviera.

Ya entonces tenía problemas de salud. Tosía con frecuencia y a veces no asistía a las clases. Recuerdo que cuando se anunciaba su ausencia muchos alumnos se alegraban, pero a mí me preocupaba su salud.
Sin embargo luego volvía a clase y se la veía tan alegre como siempre y mi preocupación se esfumaba.

Ahora que se ha ido, que no volverá más a clase con su sonrisa imperturbable, no puedo evitar sentir tristeza.

Quizá no fue la profesora con la que más aprendí, pero era un ser humano admirable. De un optimismo y una fuerza vital a seguir. Quizá por aquel entonces ya sabía algo de su enfermedad, el mal cáncer que se la llevó, si tanto se ausentaba de clase, lo que me hace subrayar con mayor énfasis si cabe el hecho de que no perdiera nunca la sonrisa. Y me imagino lo que habrá luchado, y me imagino lo que habrá sufrido.

Nunca hablamos de algo que no fuera estrictamente académico. Pero siempre nos dedicábamos miradas de complicidad. Ella solía hacer bromas -casi siempre irónicas, hacia un intento de torpe burla por parte de un alumno desaprensivo- y yo no podía evitar sonreír ante el ingenio y la inteligencia de aquella señora tan educada que con toda la elegancia de una dama sabía poner a la otra persona en su sitio. Y a veces ella y yo nos mirábamos en aquellas ocasiones y nos reíamos, porque compartíamos un modo de ver las cosas y un fino sentido del humor.

Ahora que se está resquebrajando la figura del profesor, que tanto desprecio está recibiendo por parte de la sociedad, pediría reflexión por parte de todos, pues todos hemos sido alumnos alguna vez. No sólo está en juego la calidad de la educación, sino también la calidad humana. Todos hemos tenido profesores a los que hemos querido y admirado como al mejor de nuestros amigos. Y el que no, ha tenido que ser necesariamente imbécil.

Si queremos que nuestros hijos y nietos puedan tener una relación tan especial como la que nosotros tuvimos, debemos proteger a los profesores.

Los alumnos sabemos que muy probablemente tenemos que enterrar a quienes nos han enseñado tanto, pero tener esta triste noticia tan pronto te deja necesariamente confuso. Yo estoy triste y confusa porque aún esperaba encontrármela varias veces más, ya fuera en una visita mía al colegio o en un encuentro fortuito en la calle. Y decirle que me seguía acordando de ella aunque hubieran pasado los años, que me iba bien, que ella había conseguido darme no sólo unos conocimientos sino una enseñanza de vida y que si había llegado a ser lo que era, en parte era gracias a ella, a su paciencia, a su buen humor, a su sonrisa.

Lamento mucho su pérdida.

Si una gran profesora, que además es una gran persona, muere, el mundo tiene que ser necesariamente menos bello. Más brusco, más primitivo, más hostil.

Pero ella no. Ella siempre estará en mi mente con una sonrisa rosa. impregnada del aroma de la sabiduría.

18 septiembre, 2011

El mes maldito

Que Septiembre es un mes de cambios, de proyectos, de comienzos y finales, todo el mundo lo sabe.

Que Septiembre suele tocarme mucho la moral, lo saben menos personas.

No hay tiempo para nada, todo son problemas, los exámenes me roban el preciado tiempo que necesitaría para otras cosas y otras cosas me roban el preciado tiempo que necesito para los exámenes, o algo así.

El cansancio, la falta de tiempo de ocio sin culpabilidad, la culpabilidad por tomarme tiempo de ocio que debiera ser de negocio y un largo etcétera me hace estar muy descentrada, en un continuo quiero y no puedo, en el que la actividad de escribir en este blog se ve muy mermada en la larga lista de cosas que me gustaría hacer y no puedo por falta de tiempo. Ahora que ideas tengo, he de ocuparme de otros asuntos.

Creo que hasta que este mes termine no podré poner en orden muchas historias que tengo pendientes. Así que a los pocos lectores del blog (o muchos o regulares... en realidad sigo sin tener ni puñetera idea de quiénes leéis mi blog, ni cuándo, ni por qué) os pido disculpas por este período de descanso que me estoy tomando.

Culpad a Septiembre.

Por lo demás aconsejo que os toméis las cosas con humor. Yo ando últimamente de un ácido que no me aguanto.