14 agosto, 2012

Cenicero


Enciendo una cerilla

contra el fósforo de tu corazón.

Apenas brota una leve chispa

y ya me ahogo como ella

en lo gris de tus entrañas.


Como esta música que me acompaña

yo soy azul, una breve risa

se me escapa de mis alforjas

en silencio y qué vas a decir

si todo lo que fuiste era bueno.


Tan vacía, desordenada habitación.

Qué vas a pensar, crueles palabras

tendrás para mí, me odiarás,

me buscarás como el pájaro al vuelo,

y en tus labios estallará sin remedio

todo lo que no fui para ti.


Muero por que acaricien mi pelo

está bien así, de tan dulce no me sale el amargo,

de tan amarga empalago y ahora

siento estar tan sola cuando estás a mi lado

necesito tener algo que perder

o demasiado que ganar.


Siento no leer tus poemas,

duelen tanto que lo entenderás.

Triste es no encontrarse en un verso triste,

más triste es encontrarse,

o darte de bruces conmigo en un abrazo

y que ni siquiera esté yo allí.


No le pongas rima a mis letras

yo lo quise así, el caos danza con ritmo

dentro de mí y me ayuda a dormir caliente

en mis sábanas frías.

No tienes reservada ni un poco de ternura

para mis ojos, poner tanta distancia

desde mí hasta todo lo demás es el precio a pagar

por confundir el bien y el mal.


Sólo dime que pensarás un poco en mí

cuando despiertes y algo mínimamente estúpido

te haga sonreír.


12 agosto, 2012

Dadaísmo tu puta madre


Canónigo estepario,

caléndula.

Homóplato silente

hasta el ombligo.


Plaisir.

Titilantes carromatos

estridentes asustadas

carolingias.


Inhóspito, óptica

arreglada.

Qué dolor, salir.

Anatomía

pluscuamperfecta

de supermercado.


Bisílaba

lechuza sátiro.

De la de los.

Azucenas.


Mercurio,

cántaros rabiosos.

Ignonimia.


Califato de cable.

Karma saltando al pil pil.

Quieres oír mezcolanza.

Esto no es una pipa.


10 agosto, 2012

La fábrica de hielo


Perdona si hoy despierto un poco melancólica,

si tengo la mirada perdida,

y no me encuentro en las palabras que dictas.

Suena ahora una canción de despedida,

y me identifico con la mujer alcohólica protagonista.

A mí también me gustan los personajes llenos de desgracias.


Voy buscando sin parar

palabras hermosas como perlas de mar,

las colecciono en una cajita de recuerdos

y las saco una a una en los tristes momentos

y me imagino que van dirigidas a mí.

Es suficiente motivo para sonreír.


Tranquilo, no te puedo perder porque no te tengo.

Así es como todo lo he dispuesto

para no tener que poner a nuestra historia un punto y final.

Soy una fábrica de hielo,

a veces puedo ser un buen refresco

pero a veces hielo, hielo...


Así caen los minutos sobre mí,

como cubitos de hielo.

Si te busco a deshoras no es que haya perdido la razón,

es que me duele el corazón y no sé cómo entenderlo.

Mándame besos desde lejos

ahora es todo lo que necesito para ser feliz.


Mañana vestiré falda hasta el tobillo

serán mis labios más rojos que el carmín.

Quiero que me recuerdes así,

como un impoluto angelito que baja del cielo

aunque sepas que yo no bajo, que caí,

que mi sudor es de verdad,

y que detrás de la espalda tengo las manos entrelazadas,

perdidas de barro como un alfarero.


Así soy yo, una mujer muy segura llena de inseguridad,

una niña que duda en qué momento saltar,

una cría que todavía cree en cuentos de hadas,

y desea con el alma que sean de verdad.

Si me equivoco, no me lo tengas en cuenta,

nunca he sabido qué es lo mejor para mí

me basta ir por el mundo y verte reír,

entretenerme con las historias que inventas.


08 agosto, 2012

Por eso la señorita es una vagabunda

Eso dice una canción de Sinatra que me hizo recordar hace meses una serie inconfesable que ahora no viene a cuento y que me pongo -la canción, no la serie- cuando se me va la cabeza, para reírme de mí y reafirmarme en lo que soy.

Hace mucho calor, es casi insoportable, pero este verano me está trayendo tantas cosas buenas que por momentos se me olvida. En mis años anteriores de blog, estos meses eran en los que tanto yo como mis lectores desaparecíamos. Cada uno se iba a su casa, por así decirlo, durante el verano y en paz, ya nos reencontraríamos en Septiembre, yo quejándome como suelo hacer durante este mes y vosotros leyéndome. Pero este año es diferente, este año estoy escribiendo como una hija de puta incluso en verano. Y me gusta, me encanta, me pongo cachondísima cada vez que me pongo a escribir con la misma facilidad que como si bebiera un vaso de agua.

Este post es un pequeño paréntesis para decir que aunque a veces lo parezca, no me he vuelto loca. Al menos no más de lo que ya estaba. Y quiero aclarar algunas cosas, porque sé que últimamente sueno muy directa en lo que escribo y puedo dar miedo:

1. El motivo por el que escribo de forma tan intensa es porque vuelvo a escribir de verdad. A veces parezco eufórica, otras deprimida, pero ando de un intensismo que hace preguntarse a más de uno si no estaré excavando mi propia tumba. Nada más lejos de la realidad.

2. Lo que escribo no tiene por qué ser actual. De modo que no hace falta imaginarme con una soga de horca alrededor del cuello cada vez que publico, ni con una sobredosis de anfetaminas. De hecho estoy pensando publicar cosas que escribí hace meses y ahí están tranquilas, dormitando.

3. No siempre lo que escribo está relacionado conmigo y con mi estado de ánimo. Así podría ser durante mi adolescencia, pero veo lejos esa etapa. Ahora lo que escribo es mucho más rico, menos dependiente de mí. Hay cosas imaginadas, cosas que veo, que leo, que escucho...

4. Ésta es importante: el que escriba en primera persona no hace que sea yo la que hable.

Dicho ésto, seguiré vagabundeando con el fantasma de Frank. Saludos y feliz verano.

07 agosto, 2012

Grito egocéntricamente desesperado


Muchas son las noches en las que me siento a escribir.

Noches en las que, como hoy,

me asaltan recuerdos de un bar que ya no existe

donde iba a soñar a los quince.

Qué fácil era la vida entonces,

quedaba todo por hacer.

Siete años después,

fumo, bebo y me arrastro,

hago todo lo que dije que nunca iba a hacer.

He aprendido mucho,

pero no tanto como para no volver a caer.

Siempre se me exigió ser responsable

por parte de aquellos que nunca consigo lo fueron,

qué pasa si ahora soy yo la que no quiero,

qué pasa si soy yo la que no quiero.


Dicen que estoy sumida en una especie de locura,

y tal vez tengan razón,

pero si quiero navegar a la deriva

estoy en mi derecho.

Soy una persona adulta

aunque no sepa qué voy a hacer con mi vida

a los veintidós.

Sólo sé lo que no quiero,

lo cual ya es bastante más

de lo que he oído decir por ahí.

Pegan tirones de mi ser hacia todas partes,

sigue la senda elegida, sigue la senda correcta,

es lo mejor para ti.

Qué van a saber qué es lo mejor para mí

si ni siquiera me conocen.

Tal vez yo tampoco, pero hey,

estos ojos son mis ojos

esta boca es la que hay

y si quiero la pinto de rojo.

Si quiero me abro en canal

y cuezo mis despojos en una hoguera,

si quiero me abro las venas

y me desangro en la bañera.

No digo que lo vaya a hacer,

pero podría hacerlo si quisiera.


Cambio de parecer como de marca de cigarrillos,

lo único permanente en esta vida es el cambio,

lo único constante para unos pocos elegidos es crecer

manteniendo despierta la mirada de un niño.

Y mientras qué, mientras a fumar y a leer.

Sólo pido que si alguna vez cometo errores

sean los míos y no los de los demás.

Me quiero demasiado para volverme a perder,

pero si lo hago que sea por mi mano.


¿Es tanto pedir? ¿Es tanto rogar?

Que me dejen en paz,

que me dejen en paz,

que me dejen en paz.


Hacia lo salvaje

06 agosto, 2012

Hetairas contemporáneas

Aquella noche comprendí que la prostitución y el matrimonio no son tan diferentes,

puedes convertirte en propiedad de la otra persona […] y tu vida deja de tener valor.

-Diario de una ninfómana-


Hijas de un mundo que va demasiado deprisa,

van fugaces, al compás de la vorágine presente,

llevando las riendas de la realidad precisa

de los instantes cotidianos existentes.


Frías y educadas, astutas a la vez que ardientes,

dulces y amargas,

llenas de fuego y de escarcha,

danzan al son de los minutos silentes

que pasan desapercibidos para el resto de la gente.


Caminando con sus zapatos de tacón,

descalzas a veces,

perfumando las aceras y las ideas

de la revolución,

de los últimos hombres inteligentes.


Respetadas y temidas

provocan angustia, frustración,

pero también placer, emoción y pasión.

Qué son las noches sin sus lunas,

qué es el día sin su sol.


Reconocibles a veces por su belleza,

otras por su dulzura o su sensibilidad,

más siempre por su inteligencia.

Siempre de la mano de las artes y las ciencias.


Locas, pervertidas, exiliadas,

maltratadas, obstinadas, luchadoras

su sangre mancha todas las edades

a cada instante, a cada hora.

Existiendo desde el principio del tiempo

y distorsionándolo a placer

reducen los espacios,

potencian las ideas, alimentan los sueños,

dándole al más ciego la capacidad de ver.

En todas las épocas,

a veces gritando, otras en silencio

brujas, chamanas, hetairas, geishas,

cazadoras, cuentacuentos,

mujeres que a cada momento

modifican el transcurso de la historia

desde la minúscula magnificencia de sus cuerpos.


Gatos negros a los que hacer arder en las hogueras,

a los que destruir y someter

desde el sexo hasta el "sí quiero" para siempre,

y es que el hombre procura aniquilar todo aquello que no entiende,

lo que escapa a su control siempre es digno de la horca,

porque le provoca miedo

y miedo provoca todo aquello que es diferente.


Qué es una mujer sino la otra visión de la realidad humana,

la fémina, el caos, la luna, la oscuridad.

Pocas hetairas quedan en los tiempos presentes,

mujeres salvajes de necesidad,

pero siempre tienen alguna palabra, como Casandra,

para todo aquel que las quiera escuchar.


05 agosto, 2012

Desastre


El café se quema despacio

y sale a borbotones por la válvula de escape,

me atraganto con lo que guardo en la nevera

y voy rápidamente a quitarlo del fuego

sin protección, para quemarme.

Ha salido aguado y amargo

y tengo quemaduras de tercer grado en una mano.

Qué le voy a hacer, ya lo sabes,

sabes que soy un desastre.


Las pelusas se arremolinan en los rincones

se partió el mango de mi escoba,

tienen el tamaño de dragones

y más hambre que una loba.

Me van a devorar,

esperan su turno escuchando canciones

y cuando llegue el final

no quedará de mí más que mis pantalones.

Pálida y ojerosa, estoy para el arrastre.

Qué le voy a hacer, ya lo sabes,

sabes que soy un desastre.


Ya lo decía mi madre,

a la ensalada no se le echa tanto vinagre,

de tanta acidez me convertiré en una naranja

para hacerme zumo cuando por las noches tengas sed

y pierda la dulzura cuando descubra

que en un descuido,

se me ha caído un gato por la ventana.

Ni de mimbre ni de plata,

tengo el corazón de hojalata

y mis ideas son de alambre,

flexibles y moldeables

para que el día que se partan

pueda decir que al menos lo intenté,

que no soy corriente aunque dé calambre

y electrocute en un descuido al dios de los altares.

Qué le voy a hacer, ya lo sabes,

sabes que soy un desastre.


No me importaría que fueras tú

mi monstruo del armario

y que fueras mi guardián

ante las cosas que hacen daño.

Cuando crezcan los problemas

me esconderé en mi refugio

y cuando encienda la luz

ellos se habrán marchado

y sólo quedarás tú en la oscuridad.


Fui hija única hasta los diez,

eso es algo que me ha marcado,

por eso tengo tantas ganas de pasar sola el verano

y me lo notan hasta mis padres.

Me encerrarán bajo llave,

una chica no debe comportarse así,

en qué estarían pensando cuando dejaron sus libros a mi alcance,

ahora tengo ideas fértiles y peligrosas

como el polen de los estambres.

A lo mejor robo un banco y después de contar hasta mil

tiene que venir a sacarme un amigo de la cárcel.

No te sorprendas si algún día te llama la policía

para que vengas a buscarme.

Qué le voy a hacer, ya lo sabes,

sabes que soy un desastre.

.

Voy acabando mi café quemado,

hace días terminé el tabaco, hace eones,

y ahora tengo cafeína en vena para parar un tren.

No tengas miedo si descubres que me he marchado

tarde o temprano volveré

como los treinta grados del verano.


No me importaría que fueras tú

mi monstruo del armario

y que fueras mi guardián

ante las cosas que hacen daño.

Cuando crezcan los problemas

me esconderé en mi refugio

y cuando encienda la luz

ellos se habrán marchado

y sólo quedarás tú en la oscuridad.


Cuando nos polaricemos

y nos convirtamos en imanes

a lo mejor descubro que no quiero separarme de tu lado

y quizá harás bien en asustarte.

Qué le voy a hacer, ya lo sabes,

sabes que soy un desastre.


02 agosto, 2012

Con el cuento a otra parte


Suele ocurrir con frecuencia

que cada cierto tiempo abro los ojos

y me doy cuenta de que han pasado muchos años

desde la última vez que desperté

y que nuevas historias han dejado

su huella impresa en mi piel.


La confianza es algo que se pinta en los labios

para luego borrarse y desaparecer

tan rápido como ha venido.

Dímelo a mí, que a veces no puedo recorrer

mis propias calles sin temblar.


Los cuentos no decían la verdad.

Nunca me contaron que podían romperse los zapatitos de cristal,

que el príncipe se quedaba hasta más tarde de las doce

y que a esa misma hora corren los lobos por el bosque

buscando una caperucita a la que engañar.

Los cuentos no decían la verdad.

El príncipe no prefiere a la sirena, sino a la bruja del mar,

a veces un beso no basta para volver a despertar,

siete hombres juntos suelen ser siete desgracias,

el dolor de un amor no se cura sólo con la magia.


Una tarde miras a tu alrededor

y no ves más que colillas en el cenicero,

el olor del cadáver de una botella de vino ascendiendo hasta ti

y piensas: ¿cómo he llegado a esto?

Mil gatos te maúllan desde el comedor.


Nunca se me dieron bien los tipos malos,

yo era más del tímido de biblioteca,

pero siempre parecía causarle pánico

y nunca dejó nada escrito en mi libreta.

Terminaba en la cama con el equivocado, días después

el corazón destrozado y tres vodkas de más.


Los cuentos no decían la verdad.

Miles de manzanas venenosas esperan pacientes su oportunidad,

la rueca que no te duerme te matará por necesidad,

el cerdito violinista no tiene crédito para construir su hogar,

Gretel se queda con la bruja y se convierte en una prostituta.

Los cuentos no decían la verdad.

El ogro se come a Pulgarcito y se merienda a Jack con habichuelas,

Caperucita descubre que al cazador le pone, más que ella, su abuela,

Alicia es una egocéntrica y se pierde en el camino de vuelta,

en las Mil y una Noches, él termina matando a la princesa.


Por mucho que lo beses es un sapo, ¡es un sapo!,

déjalo en la charca y suspira con alivio,

puedes terminar siendo la Reina de los anfibios

y ese título no lo dan en la facultad.


Tantas aventuras por vivir,

soy como Thelma pero sin Louise,

como esa estrella fugaz que pasa por tu ventana

y que habrá acabado sus días en otro universo

hastiada de amor y de besos,

aunque eso sea cuando vuelva a despertar.

Y para entonces, tendré que esperarte mil años más.


01 agosto, 2012

I


Hoy es una noche como otra cualquiera,

una alarma se oye a lo lejos,

los gatos, más juntos que revueltos,

y yo mirando por el balcón

con más insomnio del que puedo soportar

haciéndome cosquillas en los párpados,

mientras espero la brisa sureña

que me ayude a dormir.


Mataría por una botella de ron.


El frigorífico lleno,

como de ideas mi cabeza,

pero hoy me quedo sin cena y sin poema.

La habitación tan en colapso de ropa,

tirada por el suelo, que no sé

si en esa cama cabremos yo y mi sueños.


Soy más fuerte con cerveza,

qué le vamos a hacer

si soy una chica de bar

esperando no sé qué en su casa,

sácame a bailar y veremos qué pasa,

si aguanto de pie toda la noche

o trastabillo por las escaleras borracha

pero feliz.


No sé por qué Dios no me hizo ebria

de primeras, hubiera sido más fácil.

Lo hizo conmigo todo tan mal como con todos.

Tampoco me puedo quejar.


A lo mejor encuentro una canción que no duela

en el repertorio imaginario que no tengo,

mientras me conformo con quemarme

las retinas con palabras que no me dicen nada.

Y, por favor, que continúen así.


Ya está, son las dos de la mañana,

y yo aquí diciendo barbaridades insulsas

en un salón que se cae a pedazos;

cómo pasa el tiempo, cómo pasa,

cómo pasa...