30 agosto, 2012

La importancia de llamarse absurdo


Anoche soñé que desayunaba en otra ciudad,

y que ésta no dormía, que París retumbaba de risa

a las dos de la mañana y que el río se desperezaba lento

como un gato que no sabe muy bien donde está.

En el ensueño se encuentran a menudo

los días azules de los que hablan las canciones,

esas que cantan los fantasmas que te llenan con su voz

y te hacen retroceder cinco años en el tiempo.

Guárdame el secreto, por favor,

tengo adicción a los conciertos

y la verdad es que estoy dispuesta a viajar

allá donde la música me llame,

aunque tenga que tocar en la calle para pagar el viaje.

Será ligero mi equipaje,

sólo dos botellas de vino, cigarrillos y un vaso de licor,

lo que tenga, se comparte,

es mi forma de celebrar la comunión.

Merlín puede acompañarme.


29 agosto, 2012

Personaje de viejas canciones en días templados


Menuda mierda de director,

ya intuía nada más nacer

que me iba a dar el papel equivocado.


Estoy cansada de ser la sal de la herida

pero también el ungüento que cura otra

o la saliva hasta volver a ser la sal,

y así hasta el infinito.


Después de debutar en varias obras de teatro

aún busco mi argumento y tal vez

vaya a morir sin conocerlo.


Que no me inquieta.


Siempre vengo con mil frases aprendidas

de los libros que llevé bajo el brazo cuando niña

esperando con paciencia aplicarlas

a una realidad que nunca llega,

y que al darme alcance me dé cuenta

de que se deshacen y quedan en nada.


Y tú,

¿tú inventarías frases para mí?

Ya ves que no tengo escudo.


Y me encierro a cal y canto

entre las paredes del pensamiento

como si no hubiera nada más allá de este cuarto,

alejándome de ti como si huyera del diablo

para llamarte asustada a las dos de la mañana

desde mis sueños.


Pero qué voy a hacer, salvo mirarte,

soy demasiado cobarde para decirte

que eres para mí un acantilado

y sé que si voy a por ti

en el salto puedo matarme

y por eso no lo hago.


27 agosto, 2012

Anuncio por palabras






Guapa esquizofrénica busca lavavajillas simpático para intercambiar pastillas.






26 agosto, 2012

Ni de izquierdas ni de derechas


Hay personas de mi generación -y algo más mayores y pequeñas- que suelen decir que no son ni de izquierdas ni de derechas. Lo que realmente quieren decir es que no son ni del PP ni del PSOE, pero han sido educadas en que la derecha es el PP y la izquierda el PSOE y no ven más allá -ese ha sido el juego del sistema y hasta hace poco he escuchado pocas protestas acerca de ello-. Si te sientas a hablar con ellas, sueles descubrir que en la mayoría hay ideales de izquierdas, pero no saben identificarlos como tal porque NADIE LES HA ENSEÑADO QUÉ ES LA VERDADERA IZQUIERDA. No todas las personas saben que lo de "ni de izquierdas ni de derechas" fueron palabras del dictador Primo de Rivera por la pésima educación recibida, y sí, hay personas que juegan con ello al equívoco, no digo que no, y son la ultraderecha camuflada en una aparente tibieza política, pero sinceramente no creo que sean mayoría y mucho menos lo representativo. Y yo pregunto: ¿cómo queremos una juventud de izquierdas plenamente consciente de ello si los más mayores no sólo habéis permitido en muchas ocasiones -no en todas- que se le llame democracia a una continuación encubierta de la dictadura sino que, además, ni siquiera nos habéis hablado acerca de lo que vivisteis en aquellos años aciagos? ¿O esperábais sinceramente que en el colegio y el instituto nos dieran verdaderas clases de Historia y nos volviéramos revolucionarios de la noche a la mañana, cuando se ha procurado por todos los medios "acomodarnos" al sistema incluso desde la propia familia y que no rechistáramos? Si hay una clara ruptura generacional en cuanto a información, ¿cómo esperáis que parte de la juventud no esté realmente confusa? Y que desde los sectores de izquierda se los tache directamente de fascistas no creo que sea una buena solución para darles la bienvenida a los más jóvenes. A lo mejor es un buen momento para sentarse a hablar y que la verdadera izquierda dé un paso al frente. Claro, que si depende la cosa de gente como Valderas o Cayo Lara vamos de cráneo... pero recordad, cuando alguien diga -sobre todo si es joven- que no es de izquierdas ni de derechas es muy probable que tal vez no tenga ambas nociones demasiado claras y no hace falta llamarlo falangista. Todos hemos visto la permisividad "progresista" en cuanto al retroceso de los derechos sociales año tras año y la tibieza sindicalista si se jugaban unos cuantos liberados o una suculenta subvención... Por eso hay personas que no quieren marchar con ellos en las manifestaciones y por eso el 15M al erigirse como movimiento exclusivamente social y declararse apartidista -a pesar de reivindicar posturas claramente de izquierdas- ha tenido éxito.

Es fácil de entender si vemos cuál es la izquierda visible en muchos casos... así yo tampoco me consideraría de izquierdas.

Es tarea de todos despertar a los alelados -que los hay y muchos- y quitar a aquellos dirigentes políticos de izquierdas que no estén comprometidos con los programas del partido. Si no, la gente seguirá renegando de todos esos paladines que llevan el estandarte de "izquierda" y a los trabajadores, como siempre, nos seguirán jodiendo la vida.

24 agosto, 2012

Indomables


Pareado:

No será tan malo volver a casa a las siete

si lo que queda al final son más ganas de verte.



Tengo la ligera sensación

de que algo nos pasa por la noche,

una de esas cosas que no se pueden explicar.

Nos convertimos en vampiros,

nos salen colmillos y vamos de bar en bar

para saciar nuestra sed de cerveza;

y de vida, cuando nos miramos a los ojos.


Las calles están muertas,

creo que matamos la presencia de los demás con la nuestra,

y a esas horas, salvo nosotros no queda nadie más,

y a las aceras les damos una nueva vida,

somos como el discurrir de la sangre por las arterias

dándoles a cada paso un nuevo color.


A la luna le recogen las estrellas y lo que queda

se parece a tu sonrisa.

Donde hubo jazz quedan fuegos fatuos

sólo que los nuestros son rojos y se entrecruzan

y titilan y se estrellan los unos contra los otros

mientras suena la misma música con la que danzan los planetas,

o eso creo yo.

Lo proyectas en mí y dirás lo que quieras,

pero ambos somos igual de caóticos

solo que tú lo disimulas mucho mejor.


Me electrizas y me enciendes,

y entonces ilumino la oscuridad del asfalto

y no me hace falta nada más para continuar

que el silencio de tus pasos susurrándome al oído

que haces parte del camino junto a mí.


No sé a dónde nos llevará

esta retroalimentación fatal que nos pierde

y que como el aire invita a respirar,

nos ayuda a crecer, como la tierra,

y ahora eres grande y soy yo pequeña

y unos segundos después, viceversa.


Si miro hacia atrás una y mil veces

es porque quiero volverte a encontrar

bajo la esperanza de que una de estas noches

yo me detenga y vea que vuelves.

Entonces no tendré que marcharme para volver a verte

y podremos continuar.

Hasta ese día he de ser paciente,

sé que no ha de haber ninguna casa a la que regresar,

tal vez ni siquiera estemos en esta ciudad

o no haya nadie que nos espere.


Una parte de mí se va contigo cuando te vas

al bifurcarse nuestros caminos,

y tengo entonces un único deseo:

que no te vayas y si lo haces

no sea muy lejos, ni por mucho tiempo.



23 agosto, 2012

Antídoto para la impaciencia

El placer requiere su tiempo.
Dedicado a quienes saben buscar más allá
de la satisfacción inmediata.
Los verdaderos héroes de esta época de prisas
donde sólo hay tiempo para perder el tiempo.



Por qué buscas textos breves,

si sentir un leve vuelco en el corazón

o una dolorosa punzada no es comparable

a tomar entre las manos

un texto lleno de oraciones, ahíto,

lo suficientemente extenso

para poder hacerte con él una manta

que te abrigue por las noches

o morir lentamente

bajo el peso de sus palabras.


21 agosto, 2012

Malos despertares

Hay una serie de cosas que cualquier persona que me conozca mínimamente y no quiera morir en mis manos sabe, y que, sin embargo, en casa de mis padres se "olvida" cuando quieren.

La primera es que no se me despierta con un fogonazo de luz en los ojos. Simplemente porque creo que es algo que no se debe hacer ni conmigo ni con nadie. Me parece algo básico y no muy difícil de entender. La segunda es que no se me llama por teléfono a horas intempestivas. En verano, hora intempestiva es cualquier hora antes de las diez de la mañana, a menos, claro, que se trate de una urgencia.

Si la primera mañana que amanezco en casa de mis padres, lo primero que tengo es a mi hermano encendiendo la luz de repente y sin avisar... bueno... ganas de matar aumentando. Porque eso me jode, mínimo, los primeros veinte minutos del día y si me pilla sensible, puede que toda la mañana. Si dos minutos después suena el teléfono como un hijo de puta, la cosa no mejora y más si soy yo la que tiene que ponerse al auricular. Normalmente no me gusta hablar por teléfono, todavía menos cuando sólo llevo 2 minutos despierta y se me ha metido el ring ring de los cojones en el oído. Tener una sensación desagradable de luz y sonido en los dos primeros minutos de la mañana es algo nefasto para mi humor.

Si después llaman una segunda y una tercera vez por teléfono, con una media de minuto y medio entre ambas llamadas, es ya para coger un cuchillo y liarme a puñaladas en cuanto salga a la calle.

Y es que en este mundo el motivo por el que las personas somos tan malas y estamos tan encabronadas es porque no nos dejamos vivir las unas a las otras. Partiendo de que la gran mayoría de las personas se levanta a diario entre las 6 y media y 8 de la mañana -es decir, tiene un horario de mierda-, mal. La gente cuando duerme poco o tiene que levantarse temprano por obligación, se vuelve hostil. Y si encima es algo normalizado como una forma de horario estándar para la población, es un montón de hostilidad acumulada durante años. Bien, pues pensad encima que esa gran parte de la población apenas folla y cuando lo hace, no suele hacerlo bien. Tenemos personas hostiles con las respectivas gónadas hinchadas, todas juntas, todas puestas las unas con las otras y revueltas en un maremágnum de prisas, habiendo sido además educadas desde la infancia para molestarse las unas a las otras sin tener ningún respeto por alguien que esté más allá de ellas. Luego nos extrañamos cuando hay un asesinato y nos llevamos las manos a la cabeza: pero... ¿mató a su padre? ¿por qué?/ ¿mató al primer desconocido que vio en la calle? ¿por qué? / ¿mató al perro de su vecino? ¿por qué? Pues porque esa puta persona aguantó demasiado, aguantó, aguantó y aguantó y estalló. Lo peor es que esa persona probablemente no es una enferma siquiera. Es una persona normal, que ha ido acumulando, una a una, todas las putadas del sistema en el que le ha tocado vivir. El sistema está hecho para psicopatizar a la gente. Lo que no sé es como no hay más casos de asesinato a diario. Con ese cóctel de circunstancias, lo raro es todo lo contrario. Claro, que por eso hay muchas formas de psicopatía, pero esa es otra historia.


Cuando era pequeña yo me levantaba feliz, con una sonrisa en la boca y pensando en qué haría ese día. Cuando me despiertan con un fogonazo en los ojos y tres llamadas de teléfono con ese molestísimo ring ring de los cojones, que parece hecho a posta para que te entren ganas de estrellar el teléfono, no me dejan la posibilidad de levantarme bien. Luego me dicen mis padres que me despierto de mala hostia, joder, normal. Normal que pasado un tiempo lo haya interiorizado y me levante de mala hostia por defecto. Si es que me han terminado volviendo así, porque o era eso, o matar a quien fuera que me estuviera molestando. Al menos así ya voy preparada por si tengo que gruñirle a alguien.

Los teléfonos son un invento del diablo. Seguro que lo hicieron a mala leche: eh, ¿veis ese hombre que está tan tranquilo en su casa? Le vamos a meter un aparatito que suene como un endemoniado cada vez que alguien quiera decirle algo o hablar con él, independientemente de si está comiendo, durmiendo la siesta o follando con su mujer. De hecho en la actualidad ya es la polla con cebolla, porque encima descuelgas y: Hola, le llamo de Movistar para ofrecerle nuestro servicio de suicidio asistido por teléfono, además le regalamos un iPod 3 totalmente gratis si contrata nuestro servicio antes de finales de Agosto. El teléfono móvil por fortuna se apaga, pero un teléfono fijo sobre todo cuando no estás en tu casa no puedes apagarlo, como mucho desconectar el cable, pero entonces la lías. Por lo tanto, dejas el teléfono como está ¿y qué tenemos? Tenemos un aparatito que puede sonar cuando le dé la gana y que te hace tener que mantener una conversación cuando a lo mejor a ti no te apetece, porque si no: ¡Oye! ¿Por qué no coges el teléfono?


Yo no pido nada complicado, simplemente quiero que no me molesten. ¿Te gustaría que te despertaran con un ruido fuerte o con un fogonazo de luz? No, ¿verdad? Pues a mí tampoco. ¿Te gustaría que te lanzaran a una piscina llena de pirañas? No, ¿verdad? Pues a mí tampoco. Es sencillo de entender.

No hablo ya si quiera de que me traten de forma agradable, hablo de algo más básico: que no me molesten.


Las personas tienen la mala costumbre de pulular por ahí sin tener en cuenta la presencia de las otras. Por eso te atropellan al subir al autobús, mantienen una conversación a tu lado con un volumen que nada tiene que envidiarle a un avión supersónico, no respetan las distancias personales y cualquier desconocido tiene licencia para echársete encima... Encima, en casa, la confianza da asco.

¿Sabéis lo que hace una persona cuando entra en la misma habitación donde está otra? Le roba el oxígeno. Que tontería, ¿no? Pues no. Le roba el oxígeno, el oxígeno vital. Porque tú tienes una habitación, con su oxígeno todo para ti y el hecho de que otra persona se te acerque hace que el oxígeno que te corresponde se quede en la mitad. En la calle pasa lo mismo. Por lo tanto, debería pedirte permiso para compartir tu oxígeno o esperar a tu invitación para hacerlo. ¿Quieres compartir tu oxígeno? ¿Lo quieres compartir con esa persona en concreto? Porque a lo mejor no. A lo mejor ni quieres compartir tu oxígeno, ni tu tiempo, ni tu silencio. A lo mejor quieres que te dejen en paz, con tu horario, tus planes y tus cosas, y no quieres ruidos, ni que te hagan preguntas, ni tener que estar pendiente de alguien.

A lo mejor no quieres funcionar con un horario que no sea el tuyo, o que te despierte el ruido de la televisión o un fogonazo en la cara, o no tienes ganas de coger el teléfono. Pero como digo, las personas nacen predispuestas para molestar a los demás y pocas veces piden perdón y mucho menos permiso para hacerlo.


A todo esto, yo sólo quiero por ahora que no me despierten de forma brusca porque esto es lo primero que escribo por la mañana, hasta la punta del clítoris de todo, y el día sólo acaba de empezar.

20 agosto, 2012

Antes del café


El edulcorante que se utiliza para el café es cancerígeno. En cambio, el azúcar engorda. A esto nos lleva la sociedad moderna y la alimentación industrial: a tener que elegir cada mañana entre infarto de miocardio o cáncer.

***

Claro, que también puedes disfrutar de la vida como del café, tal cual es, sin aditivos. En tal caso, sin duda desearía que esa hipotética vida terminara cuanto antes. Tal vez los aditivos forman parte de la vida, aunque nos maten. Lo suficiente como para que sin ellos no queramos vivir.

17 agosto, 2012

Autorretrato, de ellos


Ella estaba sola en el mundo.

Sus ojos, su boca azul.


Eran tan fácil verla a ella. Sólo a ella, tal cual, sin nada más a su alrededor.


Pocas veces hablaba de su familia y cuando lo hacía, siempre parecía que era una historia que le había pasado a otra. Era difícil imaginarla teniendo una infancia como todos los demás. Costaba preguntarle cuál era el sabor de su helado favorito, la marca de su perfume, porque daba la impresión de que no tenía, de que era imposible que tuviera algo como eso.


Ella estaba sola en el mundo.


Tenía que tener -y lo tenía- un origen, un principio, un camino por el que vagar, un final; un pasado, un presente y un futuro. Un recorrido lógico y manejable que la hiciera ser tal cual era. Tan llena de sueños, de proyectos, pero por fuera no se veía nada de eso. Como si no tuviera. Como si no pudiera tener.

No tenía edad, acaso la tienen las hadas, parecía que simplemente brotaba del suelo cuando la llamabas y uno no terminaba nunca de saber del todo cómo comportarse con ella.

Los que la conocíamos sabíamos que tenía un trasfondo, una imagen tal vez más sublime o más depravada de la que ofrecía a simple vista. Pero callábamos y la veíamos sonreír, o llorar, o quejarse por cualquier motivo de suma o nula importancia y parecía que siempre había estado allí, que siempre había sido así y que no iba a cambiar nunca, que no podría cambiar nunca; tal era la seguridad de eterna permanencia que transmitía.

Y la veíamos crecer día a día, pero nunca terminaba de hacerlo. Como un ser que se metamorfosea continuamente sin llegar jamás a un estado definitivo.


Mirarla significaba olvidar todo lo demás. Verla sólo a ella. Sin contexto, sin fondo, sin historia.


Ella estaba sola en el mundo... y nosotros lo sabíamos.


15 agosto, 2012

Ser mi propia madre

De irresponsabilidades va la cosa.

Yo sé, porque a lo largo de mis años lo he comprobado empíricamente, que la gente cuando vive sola tiene que aprender a autorregañarse, y a decirse por aquí no, por aquí sí. Lo que nunca he conseguido averiguar es cómo lo hacen. Porque a ver, no se trata de convertirse en tu madre, qué horror, no podría beber cerveza estando tranquila, ni tener medio armario tirado por el suelo sin que me entrara un tic nervioso; sino de encontrar el equilibrio, ese punto medio entre el superego y el subconsciente que hace que todo fluya en armonía. ¿Cómo se convierte uno en una madre responsable pero a la vez demócrata? Un misterio. Por ahora tengo bandazos de superego y subconsciente a partes iguales.

Los manuales de Psicología Evolutiva ya me avisaban de esto cuando hablaban de los peligros de vivir con padres cuyo estilo educativo era autoritario:

Estilo autoritario:
-Normas rígidas.
-Alto nivel de exigencia.
-No existe el diálogo ni la negociación.
-Bajos niveles de afectividad.

Consecuencias en los hijos:
-Impulsividad.
-Rebeldía.
-Escaso control sin la personalidad paterna presente.
-Elevadas dosis acumuladas de frustración y agresividad.

Y ahora intento ser mi propia madre y quitarme las trabas del estilo educativo paterno. Me desfreudizo. Pero va a costar, sabe el cielo que me va a costar. Aunque tengo todo un año por delante para aprender. Como siempre, para describir los problemas siempre hay libros, para ver cómo se arreglan, no.

Estaría bien tener a mano un título: Sea responsable en 10 cómodos pasos/ Pereza, esa mala consejera / ¿Tendencia a la autodestrucción? No desespere /Por qué está mal hablar con una lata de cerveza a las 3 de la mañana.

Y así.

Soy consciente del todo inmaduro de la entrada, pero me da igual.