El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu.
Si lo intentas, a menudo estarás solo y a veces asustado.
Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo.
28 noviembre, 2011
Cambio de planes
21 noviembre, 2011
Sexta convocatoria
02 noviembre, 2011
La falacia de "ser libre para creer"
Yo antes era una hippie de la vida. Había convencionalismos “bienpensantes” que tenía asumidos como mi propio credo. El que encabeza esta entrada era uno de ellos “cada uno debe ser libre de creer en lo que quiera”. Yo estaba de acuerdo con ello.
Hasta cuasi mis doce años me consideré cristiana. Católica no, porque ni comulgaba con la Iglesia ni estaba bautizada.
Luego estuve coqueteando con el budismo, aunque no cuajó.
Fue a los doce años cuando me declaré atea.
Durante los siguientes siete años, me consideré una atea “tolerante”. Es decir, yo no creía en ningún dios, pero respetaba firmemente lo que otros pudieran creer. Yo era atea como otros eran judíos o budistas e independientemente de eso yo debía tratar a todos por igual y nunca poner en duda sus creencias. Esa es otra falacia que se me ha caído con el tiempo “todos somos iguales”(que no quiere decir que todos no debamos tener los mismos derechos, cosa que no se cumple en nuestro país a día de hoy).
Había una serie de cosas que chocaba de frente con mis ideales: yo trataba igual a los demás, pero los demás no me trataban igual a mí. Eso quería decir que un cristiano podía colgar un trapo rojo con un nenuco dibujado que dijera “Dios ha nacido”, pero yo no podía colgar una pancarta que dijera “Dios no existe” en mi balcón sin que me rompieran los cristales. Los amantes de la Semana Santa sí podían ocupar mis calles para ver procesionar cadáveres sangrientos con su correspondiente madre depresiva detrás, pero si yo quería pasar sin otra pretensión que la de llegar a mi casa, me cerraban el paso y me miraban mal si insistía en proseguir mi camino.
Los escándalos de pederastia y abusos por parte de sacerdotes comenzaban a manchar la buena imagen de la Iglesia y resulta que aquellos que pretendían darnos clases de moral a los demás tenían metidos en su propia casa a un montón de criminales. La Iglesia se ponía de parte de los partidos de derechas y, cuando supe algo de historia, me di cuenta del alcance criminal de la Iglesia situándose siempre de parte de los ideales más inhumanos. Luego hubo percances menores, ya se sabe, el que me llamaran hereje con desprecio y me dijeran que iba a ir al infierno. No es que me afectaran a nivel emocional, más bien a nivel cognitivo, al darme cuenta de que los cristianos de pura cepa me miraban por encima del hombro con una superioridad moral que no se sabía de dónde la sacaban.
Pero lo que me hizo responder a los ataques, a dejarles bien claro a cristianos, judíos y a quien se me pusiera por delante que lo que creía era una soberana gilipollez, lo que me hizo dejar de ser una hippie de la vida y dejar pensar que “todo valía” fue algo que me tocó en lo personal.
Mis padres, que no son cristianos, y que en su día me metieron a mí en un colegio católico, iban a hacer lo mismo con mi hermano.
Mi madre consideraba la religión cristiana como inofensiva e incluso como deseable para la crianza de un niño y eso me hizo afilar los dientes.
Miraba a mi hermano y su mente infantil. Yo había sufrido en mi propia piel el creerme las mentiras y las patrañas de la religión para descubrir desilusionada que no había nada más allá. La de horas desperdiciadas rezando, hablando con Dios, y resultaba que no había nadie al otro lado, nadie que velara por nosotros. Como descubrir que los Reyes eran los padres, pero a un nivel emocional mucho más profundo, ya que para los cristianos, la vida gira en torno a Dios.
Yo no quería que la mente de mi hermano fuera absorbida por monjas y pelagatos ni que, si un día conseguía superar el infantilismo moral en el que te sumerge la religión, como hice yo, sufriera el desprecio de los demás por tener una mente abierta y libre.
Pataleé para que mi hermano fuera llevado a un colegio público, pero como no era mi hijo, terminó en un colegio religioso.
Mi madre me dijo aquello de que si mi hermano quería ser cristiano, que lo dejara, que él era libre de creer lo que quisiera. Y yo le repliqué que defendería que mi hermano eligiera lo que quisiera, con tal de que lo hiciera con plena conciencia de lo que hacía, no que le impusieran un modo de ver la vida desde pequeño para que luego tuviera remordimientos si decidía abandonar esa creencia.
La religión, siempre desea acaparar la mente infantil, pues así se garantiza tener soldados fieles y leales que no la cuestionarán al estar arraigada en su mismo corazón. La religión, que desprecia la ciencia y el sentido común, que hace elegir a un niño entre su fe y su razón, llevándolo a que abandone la razón para abrazar su fe. Y recompensa que lo haga.
Todo el mundo puede creer las mentiras que quiera, pero al menos debe tener la oportunidad de darse cuenta de que son mentiras. Un niño no puede y eso hará que, una vez sea adulto, sea incapaz de ver más allá de sus creencias. Por eso, el adoctrinamiento infantil me repulsa.
Un niño no es cristiano, ni budista ni mahometano, como tampoco es de derechas ni de izquierdas, ni sabe con certeza si va a ser médico o profesor. Un niño imita a sus padres, un mecanismo clave para la supervivencia de la especie que, mal usado por la religión, se convierte en un arma para despojar al niño de toda libertad de pensamiento, condenándolo al marco cosmológico cerrado que le toque creer según la religión imperante en el país en el que haya nacido. Y después, desprenderse de él es siempre doloroso y requiere esfuerzo, porque es más fácil pensar que hay un dios que nos cuida, es bello pensar que si nos pasa algo malo habrá un dios que responda por nosotros y que conseguirá que las cosas nos salgan bien.
Eso, entre otras cosas, afecta a la capacidad de responsabilidad del individuo pues, si todo está escrito y pasa según dios quiere ¿en qué lugar deja eso al individuo, mero instrumento de una divinidad?
Además, si la fe es lo único que se requiere para ser bueno, sin pruebas, sólo fe ¿cómo podría estar mi hermano a salvo de otros charlatanes, como los homeópatas, o los médiums, o los anti-antenas, si lo único que se necesita para que esas cosas “funcionen” es creer en ellas? ¿Cómo podría reprocharle yo a mi hermano que se curara un cáncer con homeopatía, si resulta que consiguió su trabajo gracias a dios y no a su currículum?
El adoctrinamiento infantil es un crimen y priva a la humanidad de seres humanos responsables y razonables, de verdaderos científicos, dificultando el avance a escala mundial.
Cada uno es libre para creer en lo que quiera, pero si lo hace, que sea capaz de responsabilizarse de las consecuencias que ello acarrea.
31 octubre, 2011
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El mes maldito
26 agosto, 2011
Por qué creo que deberías ir a votar el 20N... y siempre.
Esta entrada va dirigida a ti, posible votante que nunca va a votar o que vota en blanco, con todo mi cariño.
Soy una chica joven llena de sueños como tú, o como tu hermana, o como tu novio, o como tu hija o como tu abuelo, y quisiera contártelos para saber si puedes ayudarme a conseguirlos.
Me gustaría tener un sistema justo, equitativo, democrático, donde fueran los ciudadanos los que decidieran qué es lo que va a pasar con su país. Un país lleno de gente bien formada e informada, que tenga libertad para elegir su propio destino. Creo que esto no sólo es deseable, sino que se trata de una meta perfectamente alcanzable si cada uno pone un poco de su parte.
Esto nunca es fácil, pues todas las personas que vivimos en un país somos muy diferentes entre nosotras y podemos llegar a tener opiniones totalmente dispares. Pero si somos capaces de dejar a un lado las diferencias, podemos centrarnos en aquellas cosas que nos acercan los unos a los otros, en aquellas cosas que, independientemente de nuestra condición, creencia, sexo, edad, orientación sexual, color de piel, de ojos o de pelo, tenemos en común.
Yo quiero un sistema realmente democrático, como dije antes, y me gustaría que me concedas un poco más de tiempo para que pueda expresarte mis ideas.
Sé que probablemente serás muy distinto a mí. Pero trataré de encontrar puntos comunes entre tú y yo y crear un lazo entre nosotros de mutuo entendimiento.
Quizá tus ideas sean anarquistas. A mí el anarquismo me parece una ideología preciosa y creo que sería deseable vivir en un mundo cuyas bases estén asentadas en la bondad del ser humano y la libertad de acción. Sin embargo pienso que la anarquía es una utopía por una razón: creo que va en contra de la naturaleza del ser humano. Si todas las personas fuéramos intrínsecamente buenas, si pudiéramos convivir en paz con nuestro entorno y todos los seres que viven en él, créeme que sería la primera persona en apostar por la anarquía. Y aunque esa anarquía sea posible en ti, en mí, hay muchos millones de personas en este planeta que no son compatibles con ella. Hay seres humanos muy egoístas, crueles, belicistas y por muchos siglos que pasen esto no dejará de ser así, porque llevamos la violencia y el egoísmo en los genes. Lo cierto es que necesitamos orden, necesitamos depositar nuestro poder humano en algunas personas para que el mundo no sea un caos. El universo tiene sus normas y nosotros, como humanos que nos desenvolvemos en él, no estamos exentos de esta necesidad de orden. Quizá el poder horizontal sea posible en pequeños grupos, pero cuando somos millones y millones deja de ser plausible.
Te pido por favor que reconsideres tu derecho a votar, ya que por mucho que no nos guste, vivimos en un sistema democrático con unas normas de juego muy claras y para cambiar aquellas que no te gustan hace falta participar en él. Si no lo haces, es el sistema el que se ríe de ti. El que vota, decide, y el que no, deja que los demás decidan por él. Si eres anarquista puedo considerarte una persona que no elige lo más cómodo ni lo más fácil, una persona a la que no le gusta seguir la corriente. Y eso me parece admirable. Necesitamos personas críticas, con valor para cambiar las cosas y que no tengan miedo de defender sus ideales. Por eso te pido que te atrevas a entrar en el juego, que leas las opciones que los distintos partidos políticos dan y que elijas el que más te guste y vayas a las urnas a defenderlo. Sólo así conseguiremos que nuestro parlamento esté cada vez más lleno de gente realmente elegida por el pueblo. Hay buenas ideas, muchas opciones interesantes por ahí, hay partidos que se han formado hace poco y que tienen sangre fresca y coraje para defender aquello en lo que creen. Busca aquel con el que te sientas más cómodo y dales la oportunidad de entrar en el Parlamento. Por ti, por mí, por todos aquellos que te rodean y que también merecen una sociedad mejor, aporta tu granito de arena.
Si tus ideas son anti-sistema, te diré que a mí tampoco me gusta el sistema actual de capitalismo feroz en el que vivimos. Quiero cambiarlo. Y quizá, como un anarquista, seas una gran defensor de que nadie te diga lo que tienes que hacer. Yo también odio que me impongan actos que no están de acuerdo con mis ideas. Quizá quieras destruir el sistema actual y no instaurar ningún otro, pero te diré que tal cosa nos llevaría a todos al borde del desastre. Somos muchas personas, necesitamos ponernos de acuerdo, necesitamos que alguien acepte la responsabilidad de hacer lo correcto para todos, porque si todos intentáramos decidir a la vez nunca nos pondríamos de acuerdo. Por eso necesitamos una democracia, donde todos tengamos voz y voto. En España tenemos varios partidos políticos cada uno con sus ideas a los que somos libres de votar. ¿Por qué no te informas acerca de sus propuestas? Quizá alguna te interese. Yo te propongo que cambiemos el sistema actual y busquemos uno democrático y justo para todos, donde todos podamos expresar nuestras ideas y decidir qué es lo mejor, pero para conseguirlo necesitamos entrar en el juego de la política y las urnas para lograr que los candidatos que lleguen al Parlamento sean de verdad personas al servicio de la ciudadanía. Un ciudadano bien informado es un tesoro y si te informas sabrás que no yendo a votar estarás colaborando con la perpetuación del sistema injusto en el que vivimos. Si lo odias tanto como yo, si quieres cambiar las cosas, sé más listo que ellos, no te conformes con quedarte en casa y sal a votar. Sal a defender aquello en lo que crees.
Si te quedas en casa porque no te apetece votar o porque la política te resbala, te pido que reflexiones. Tenemos este mundo no porque las personas malas sean demasiadas, sino porque a menudo las buenas no hacen nada. ¿De veras no te interesa lo que ocurre en tu país? ¿No te interesa el sueldo que te pagan, la casa en la que vives, si tus padres el día de mañana no pueden vivir con una jubilación digna, si te tratan en el trabajo como basura? ¿No te interesa tener una sanidad de calidad, que no te traten según tus ingresos económicos en un hospital público sino por el mero hecho de ser una persona que necesita atención médica? ¿No te interesa que tus hijos tengan una buena educación o que tú mismo tengas el suficiente sentido crítico como para decidir qué es lo que verdaderamente quieres y lo que no? El día de la votación dura, eso, todo un día, ¿no tienes unos minutos para ir a votar? Son sólo unos minutos de tu tiempo en el que decides tu futuro y el de las personas que quieres, el de todos nosotros. Sé responsable, por favor, y piensa que un pequeño sacrificio tiene una gran recompensa si lo haces bien. Infórmate de las propuestas políticas y vota la que quieras. Pero no nos dejes en manos de tiburones políticos sólo porque no te apetezca ir a votar o porque pases de la política. Y es que tú puedes pasar de la política, pero la política nunca va a pasar de ti. Eso dalo por hecho.
¿Desencantado con la política? Haz un esfuerzo. Sabemos que el panorama actual es deprimente, pero lejos de venirte abajo por eso, échale un par y trata de cambiar lo que ocurre en nuestro país. Es normal que estés contrariado con lo mal que nos han tratado los políticos en España, pero precisamente por eso no deberías cejar en tu empeño de buscar una buena alternativa que te represente. No, no digas que “ningún partido me representa”. ¿Sabes cuántos partidos políticos hay? Cientos. Sí, conocerás al PP y al PSOE. Con un poco de suerte también conocerás IU, a Equo, a UpyD. ¿Nada más? Venga, puedes hacerlo mejor. Busca más partidos, que los hay (Partido Pirata, Izquierda Republicana, Ciudadanos Cabreados... son sólo unos pocos). El caso es que no dejes que el no votar favorezca a los partidos de siempre. ¿Desencantado con la política? ¡Pues que se note! ¡Réstale votos a los partidos mayoritarios aportando el tuyo! Hazles daño, no dejes que con tu pasividad te lo sigan haciendo a ti.
Si eres una mujer o una persona de clase media o baja, tienes más delito aún si no vas a votar. Cuando se instauró el voto por primera vez sólo podían votar los burgueses, los que eran varones y tenían poder adquisitivo. Ha costado esfuerzo por parte de muchos ciudadanos el que todos los hombres puedan votar sin que se tengan en cuenta sus posesiones o la cantidad de sus ingresos. ¿Y qué me decís de las mujeres, las eternas ciudadanas de segunda, incluso a día de hoy? ¿Conocéis a las sufragistas, a los filósofos que lucharon porque recuperáramos el lugar que nos corresponde? Muchas mujeres murieron o fueron encarceladas por defender el que a día de hoy puedas ir a votar con todo el derecho del mundo. No seas ingrata. Agradece a todos aquellos que lucharon por ti lo que hicieron en su día y ve a votar con la cabeza bien alta.
Si eres de las pocas personas que vota en blanco te felicito por al menos tomarte la molestia de ir a votar. Pero tu estrategia no es nada eficaz. Supongo que lo que pretendes es comunicar que los partidos no te representan y que quieres ver escaños vacíos como castigo. Siento decirte que no vas por buen camino. Si votas en blanco, lo único que consigues es dificultar la tarea de los partidos minoritarios de llegar al Parlamento. Eso significa que estás favoreciendo el bipartidismo de este país y no los estás castigando para nada. Te agradecería que leyeras la siguiente reflexión. ¿Sigues pensando en votar en blanco? Si de verdad quieres castigar a los políticos actuales, dale tu voto a otros. Eso sí les duele. Y si sigues esperando que el Parlamento se quede vacío a base de escaños conseguidos por votos en blanco, creo que debes desengañarte y saber que eso no va a pasar, al menos si eres consciente de los fervientes seguidores del PPSOE que hay en nuestro país. Piensa además que aunque se consiguiera que el congreso y el senado se quedaran vacíos, seguiríamos necesitando que alguien tomara las riendas del sistema, porque somos seres gregarios y necesitamos que alguien nos dirija para ponernos de acuerdo. Finalmente tendrías que votar a alguien, con lo cual sólo estarías retrasando ese momento al votar en blanco. Dale su merecido al PPSOE, no impidas a los partidos minoritarios -que van a ser quienes cambien las cosas y este sistema tan poco justo- acceder al Parlamento. Quítales representación a los partidos mayoritarios, que son los que quieren seguir perpetuando esta situación de injusticia hasta el infinito y más allá. Hazlo por todos nosotros. Ve y vota un partido. Al que sea, pero vota.
Quiero un país con ciudadanos bien formados e informados, que sean conscientes de la importancia de sus decisiones, de que la unión hace la fuerza. Un voto puede no ser nada, pero si hablas con tus conocidos, con tu familia, con tu pareja, con tu círculo de amigos serán muchos votos hechos con responsabilidad y sabiendo lo que hay. ¿Y si todos hacemos lo mismo? A veces un sólo voto es lo que marca la diferencia, nunca lo olvides. Individuo a individuo, las sociedades se ponen de acuerdo y cogen el timón de la Historia.
El 15M los españoles dimos un puñetazo en la mesa y desde entonces los logros ciudadanos han sido cada vez mayores.
Sé un ciudadano responsable, toma las riendas del país, no dejes que los demás decidan por ti, no dejes que te engañen con el voto en blanco o nulo o con el no ir a votar. El deber de todos es estar bien informados. Pasar de la política es pasar de todas las personas que quieres y de ti mismo, porque los políticos nos gobiernan nos guste o no. Sé realista, actúa.
Soy una soñadora y sueño con ello.
Además de mi promesa de ir siempre a votar de forma responsable, este escrito es mi granito de arena.
... ¿Y el tuyo?