El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu.
Si lo intentas, a menudo estarás solo y a veces asustado.
Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo.
23 noviembre, 2012
El miedo a pensar
21 noviembre, 2012
Reflexiones y preguntas sobre la monogamia y la monoandria
(Agradecería vuestros comentarios -aunque sea como anónimos- con todo el debate que pueda surgir de este post, me parece un tema de lo más interesante)
20 noviembre, 2012
Aquellos días de cine y cerveza
02 noviembre, 2012
Agnósticos y ateos; misma filosofía, distinta percepción de "dios"
01 noviembre, 2012
Dolorosas e ingenuas preguntas retóricas
30 octubre, 2012
Esto de escribir y de esta escribiente
26 octubre, 2012
Esos escalofríos
03 octubre, 2012
Despedidas y comienzos
14 septiembre, 2012
Cien días
Como una luna nueva,
como el metro de Madrid,
negro como una caries
o un septiembre estudiantil.
Como la certeza de que no sueñas conmigo,
negro era aquel bar
donde se esconden los malditos
de los amaneceres,
de los repartidores de periódicos,
de las agujas del sol,
del amor del prójimo.
Allí la encontré.
Como un suicida asomado
al borde del precipicio,
amontonando maldiciones
sobre la barra de aluminio.
Temblaba en sus ojos
el humo de mil cigarros
que fumó con un tipo
que la había besado,
que la dejó una mañana
dormida entre las dunas de su cama,
que se fue con otra una madrugada.
Así la encontré.
Alguien me contó que llevaba cien días
encerrada en aquel bar,
pidiendo fuego o alguna pista
que le ayudara a encontrar
la luz dentro del laberinto,
el mapa donde está escondido,
el mar donde arden las promesas
donde solías naufragar.
Cien días escondiéndose del gris
cielo de marzo y sus atascos,
tragando niebla por la nariz,
soñando contigo en los lavabos,
jurando no salir con vida,
sellando todas las salidas,
buscando en un mar de ginebra
una playa en la que encallar.
Besó una copa llena
de cenizas, me miró,
me dio el humo de sus manos,
lo fumé. A cambio yo
le conté que la ciudad
la estaba esperando,
que afuera llovían madreselvas,
que se acercaba el verano,
que qué iba a ser de nosotros
si decidía no venir conmigo,
que saliera a desafiar
al alba y sus asesinos.
Así le hablé.
Sonrió cansada y perdida,
se abrió su boca azul.
Besó de nuevo la copa,
se marchó y toda su luz
fue devorada por la puerta de un servicio
donde mujeres sin alma te empujan al precipicio.
Serán ciento un días
encerrada en la negrura de este bar,
yo salí a la calle y olvidé pagar.
Y me marché.
-Ismael Serrano-
10 septiembre, 2012
Encrucijada
Es realmente poético que ésta sea mi entrada número 500.
¿Casualidad?
Y así pasan los días,
con la sensación de que cada decisión
que vayas a tomar
conseguirá dolerte un poquito más
que la anterior,
haciéndote insensible a tu alrededor
y dejándote el corazón hecho trizas.
Vivir es esto de lo que te habían protegido
durante tanto tiempo,
ahora puedes entenderlo.
Y sí, te atrae el acantilado
casi tanto como una cuchilla,
no puedes evitarlo
sólo te queda como antaño
elegir si continuar el libro
o darlo ya por terminado.
Cansada de vivir a los veintidós
quién vas a ser dentro de un año,
llegarás viva a los veintitrés
y si lo haces, ¿te gustará lo que ves?
Por eso te pones tantas trabas,
por eso la vida siempre es tan complicada
quien esté a tu lado te hará daño
y quien no esté...
quien no esté, también.
Aunque peor que estar solo
es ser mal acompañado.
Podrás soportar tanto dolor
sin venirte abajo.
Cómo lo harán los demás
para seguir respirando.
Si reniegas de dios,
de la convención,
de las fechas del calendario,
qué te queda para seguir respirando.
Sólo el humo del cigarro,
¿y si te lo quitan?
No habrá forma de acortar tus días.
¿Merecerá la pena escribirlos, acaso?
Si te leen la tristeza en los ojos
hacia dónde vas a mirar,
quién te va a curar,
cómo vas a aguantar.
Es terrible cuando llega el momento
en el que ya sólo te inyectas vida
para calmar el síndrome de abstinencia,
y así huir de la angustia existencial.
Y si era este el secreto
que estaba guardado desde hace tanto tiempo,
que sólo queda el sufrimiento
y sólo con fe puede ignorarse
para seguir caminando.
¿Se puede vivir de escepticismo,
te puedes morir de pesimismo?
Ellos tienen ya bastante con lo suyo,
tú, con lo tuyo,
¿hacia dónde vas a caminar?