27 noviembre, 2008

Aniquilando el romanticismo



... que no el magnífico movimiento artístico iniciado en el siglo XIX, sino la idea de romanticismo entendida como dice la RAE: cualidad de romántico, definiendo romántico como sentimental y soñador.


Cuando me fui a estudiar a Sevilla, era consciente de que cambiarían muchas cosas en mi vida, aunque nunca pensé que eso modificaría la percepción que tenía de mí misma. Y precisamente, eso es lo que ha hecho.
Pensaba que era una joven romántica, que en ciertas ocasiones valoraba más la belleza que cualquier otra cualidad... Y no.


Cuando me levanto en estas mañanas gélidas de invierno disfrazado de otoño, con el pelo tan frío que parece que estuviera húmedo, sólo se me ocurre vestirme en dos minutos con todas las prendas de manga larga y cuello vuelto que puedan existir en mi armario. Entonces es cuando bajo a la cocina tiritando y me sirvo un
zumo de naranja, para después quedarme anclada en el sillón intentando acurrucarme para obtener algo de calor.
Al cabo de una media hora en la que he estado con la vista clavada en el infinito y el pensamiento en otra parte, es cuando aparece
ese ángel maravilloso en pijama y con el cabello perfectamente arreglado, como si en lugar de dormir se hubiera pasado toda la noche arreglándolo para ese momento, y me hace la misma pregunta de todas las mañanas: Buenos dias. Acha... ¿tengo ojeras?. Ésa es mi compañera de piso.
Y yo le sonrío y le digo que se deje de tonterías, pensando interiormente que cómo una mujer tan bella puede preocuparse por
estupideces como esa.
Entonces es cuando ella se pone a preparar el desayuno mientras yo sigo acurrucada y con los puños cerrados en el sillón y ella comienza a explicarme que duerme mal, que ayer
algún habitante desaprensivo de la residencia puso a las tres de la mañana el disco de "El arrebato",y que no tiene ganas ninguna de ponerse a estudiar ahora, que lo que quiere es dormir, y yo asiento para darle la razón y bajo la mirada. A estas alturas mi ángel matutino ya no necesita corroborar que la escucho obligándome a entablar conversación con ella: sabe que prefiero el silencio.
Es entonces cuando dice esa frase musical,
las palabras más hermosas existentes en todo el mundo que echan por tierra todos los versos escritos de Bécquer, de Rubén Darío, de Shakespeare y cuasi de Baudelaire, más todos los que están por escribir, junto con todas las canciones y novelas creadas:


-¿Te preparo
una tostada calentita?


Y a mí en esos instantes casi se me llenan los ojos de lágrimas y la cara se me transfigura como por arte de magia en una
mueca infantil de ilusión, y aunque por orgullo no quiero aceptarla, antes de que diga nada ya me la está preparando.
Me asalta de pronto la idea de si me estaré volviendo
materialista, si de veras me conmuevo más ante un trozo de pan que ante la representación de una obra de teatro con argumento lacrimógeno. Y entonces me digo a mí misma que no, que la razón por la que amo a esa tostada es porque representan los largos años de cariño maternal, que lo que hecho en falta son esos gestos que me hacían porque sí y que lo que me ocurre es que aquí estoy más sola de lo acostumbrado.


También me vienen a la mente esas noches (sobretodo los lunes) en que llego a casa después de clase exhausta del día. Tras cenar aparto los platos en el fregadero con desgana y pienso en esa máxima agridulce de mis momentos de pereza:
"Ya fregaré mañana", sabiendo que mañana por la mañana hará frío y que no me apetecerá mojarme las manos ni siquiera con agua caliente.
Y es entonces cuando mi ángel, ahora nocturno, me ve con cara de abstracción, hastiación, sueño y cansancio y me dice sonriendo: Acha...
¿cuáles son tus platos, que te los friego?
Y yo intento crear una protesta verbal, llegando a levantarme incluso y a echarla del fregadero para que no lave lo mío porque me da mucho coraje y ella me reprocha: Pero si se te ve muerta.
Quédate tranquila, que bastantes preocupaciones tienes ya, que se te ve con mirarte.
Y de pronto mi afecto hacia ella empieza a adquirir unos peligrosos
matices lésbicos achacándolos al cansancio y a la gratitud de que alguien se preocupe por mí en la casa. Al final me siento con cara de fastidio mientras le digo que esta noche friega ella los míos, pero que mañana yo lavaré los suyos.
Y con esta promesa suelo ir a mi habitación para esperarla a ella para cuando suba y comience a relatarme sus preocupaciones a lo largo del día. Y cuando se marcha a su cuarto a dormir,
mi mente enciende su motor de cuestiones nocturnas entre las que se encuentra el hecho de lo mucho que he llegado a valorar situaciones que antes no valoraba, que cómo han cambiado mis ideas como por ejemplo, de ser para mi romántico el acto de que me regalaran flores a que pase a ser la mayor demostración de amor del mundo que me laven los platos.
Y te planteas que si una idea tan arraigada en mí como la del romanticismo se ha evaporado, lo mucho que todo puede llegar a transformarse.


Aunque quién sabe, a lo mejor no he dejado de ser romántica, sino que por el contrario ahora lo soy más al observar romanticismo donde antes no lo había.
Depende de por dónde se mire...


Y sí, hoy no me apetecía escribir relatos, ni poemas, ni reflexiones ni nada por el estilo, sino contar algo más cotidiano, lo que puede suponer en parte alivio para aquellos lectores que me habéis dicho que lo que escribo es siempre muy denso (¿d=m/v? [Frikada de Física]). Por otro lado me gustaría agradecer el seguimiento de vosotros, mis lectores, tanto antiguos como más recientes, y vuestros comentarios que a menudo suelen enriquecer este lugar.
Se merece una especial mención el señor
Sharif Bujanda (http://sharifbujanda.blogspot.com/) por ser uno de mis comentaristas más activos y antiguos, cuyos valientes pensamientos han destacado siempre por su calidad.


También quiero dar la bienvenida de forma significativa a los que a partir de Septiembre se han incorporado a este lugar.


Y como sabéis, me expreso mejor a través de otras formas de escritura que no sean tan personales, así que no añado nada más, o esta publicación adquirirá una densaidad superior a los 3g/m3.


Un saludo para todos y gracias por estar ahí.


3 comentarios:

Just a Perfect Stranger dijo...

..Dejé el corazón en un camino que solo existía en las noches de verano, y guardé los mil y un recuerdos en la brecha de un cascabel.
(Los recuerdos desvirtúan.)
En la cuerda Floja.

-Simplemente, escúpelo.
No hubo besos, era la despedida. La gran despedida. Una despedida gris al final de un verano que dejó sabores diferentes en sus bocas. Dar un paso al frente y tropezar con esos labios densos y esquivos era alargarlo todo demasiado. Demasiado. Por ser el último gozaría de una textura distinta, de un gusto intenso aunque fugaz y la saliva revelaría lo más insospechado por sus silencios; el tiempo apremia.
Sería tan corto que marcaría el ritmo del adiós mientras arderían cómo verdadero fuego los deseos de mantenerlo por siempre.
Quería guardar todas las palabras, los gestos, el aroma que desprendía y del cual siempre se impregnaba. Lo quería todo, y se le humedecieron los ojos mientras él la miraba. Por su mente dos ideas totalmente opuestas concurrían; Moría de ganas por vivir aquello. Sin embargo, la fugacidad de los días le había otorgado un punto amargo, agridulce.
La rodeó con sus brazos, ella se acercó hasta su oído.
-Imagina que es la primera noche.-Musitó.

Todo permaneció en silencio y se encontró perdido en el encuentro. Los recuerdos desvirtúan. Él revivió los ojos que brillaban en la oscuridad las madrugadas pasadas cargados de ilusión. Deseos, promesas,…Y se vio a él mismo sosteniéndola en sus brazos a la par que susurraba “Imagina que es la última noche.”
Ella negaba con la cabeza y se resignaba a concebirlo. Infinidad de cosas pulularon por su mente aquel instante. ¿Por qué la última?... Tan solo unas horas y ya preveía lo inevitable, lo triste. Porque tenían todo, todo menos tiempo.
“-Vamos, ¡Solo piénsalo!”-Repetía, pero al fin y al cabo, por aquellos entonces aún seguía siendo el primer día y todo era demasiado reciente. Se podría decir, que se sentían como dos desconocidos que se conocen muy bien. Aún tímidos con un haz de soltura.
“-Va a ser muy duro. Nos costará mucho más que otros años.”
“-Lo sé.”-Concluyó.
“-Te voy a echar mucho de menos.”

Echos of a dream dijo...

A cada momento, su magnitud de sonrisa... Que no debería ser menos por ser momento, ni por ser sonrisa...

Green dijo...

Matices lésbicos...
uhm...
xD...
tortillera.