03 febrero, 2011

Reivindicación


En su día me dije que ser ciudadana europea era una suerte.

Teníamos Historia, Ciencia, Arte… Cultura;

parecía que habíamos aprendido de nuestros errores

y que ahora la situación no podía sino mejorar.


Cuánto me equivocaba.

Parecíamos colibríes, y en lugar de volar hacia delante

volábamos hacia atrás, sin tener siquiera sus vistosos colores

para podernos consolar.

Vivíamos tiempos en los que el dinero, la ineptitud y el consumismo

se habían apoderado de nuestras almas, cada vez menos humanas

y más instrumentalizadas, a favor de una multinacional barata

que extendía sus alas sobre el corazón de la multitud

y conseguía hacerla llorar.


Pasivos, recluidos en horarios de ocho horas,

nos hacían suplicar por un billete más.

Qué desvergüenza, vender nuestra humanidad

a cambio de la paga extra de Navidad,

sin tener siquiera un contrato que nos garantizara estabilidad,

un seguro médico o un marco de legalidad.

Sobreexplotados, humillados, amargados,

y todavía llorábamos clamando por el dinero,

diabólico invento para podernos manejar.

¿Y qué conseguíamos a cambio?

¿Un coche que pagar en cómodos plazos? ¿Una hipoteca a 50 años?

¿Más dinero que gastar en inútiles trastos?

Y a este sistema lo llamaban neoliberal, no se sabe bien por qué broma macabra

ya que nunca como hasta ahora la esclavitud había sido

tan difícil de abolir y tan fácil de instaurar.


Y ni un reproche.

Mirábamos desde nuestros televisores el genocidio de Gaza,

los crímenes de Berlusconi,

las revueltas en Egipto, y todavía algún gilipollas

mentaba no se qué de las pirámides

y en las calles se rumiaba “qué locos están”

y no movíamos ni un dedo.

¿Para qué –pensábamos- si el daño ya estaba hecho?


La clase media exterminada, engrosando las listas del paro.

La clase alta aumentando y nuestros políticos a manos llenas

les robaban a los pobres el pan.

Qué calamidad, ahora el pensionazo:

cotizamos 35 años y ellos en 8

¡todo solucionado!

Vamos a tener que resucitar a los muertos para trabajar.

¿Y dónde coño están los sindicatos?

¿Por qué hacen una parodia de Huelga General?

¡Si son los primeros que nos privan de nuestros derechos!

Jodidos vendidos sin moral…

¿Y los jóvenes…? ¡Fuera del país!

Eso sí: los tontos que se queden,

que con gente lista no podemos seguir

dándonos la gran vida.

Así que Gran Hermano 24 horas

y los ni-nis en pandilla.


Y ante este panorama ¿qué hacer?

¿Reír? ¿Llorar?

¿Entrar en el parlamento a masacrar?

¿Emigrar?

¿Crear un nuevo Estado?


Yo no soy de las que miran hacia otro lado.

Así que con mis libros en la mano

y una actitud crítica para variar,

lanzaré cien mil espumarajos que digan:

consumir y morir

o vivir y luchar.


3 comentarios:

Josefo el Apóstata dijo...

Vivir y luchar, Elvira.
Otro buen poema...

iñigo dijo...

Buenas,
A mi también me ha gustado, tanto el fondo como las formas. Y es que da gusto leerlo y reelerlo asintiendo una y otra vez.

Gracias.

Elvira, el Cisne Negro dijo...

Gracias a vosotros. No es ni de lejos mi mejor poema, pero al menos deja claro lo que pienso.

Me alegra que lo disfrutéis.

Un saludo.