21 noviembre, 2011

Sexta convocatoria

No recordaba lo mucho que me gusta ver el patio de la facultad cuando está vacío, el sol casi se ha puesto y el color rosa del cielo está a punto de desaparecer.
Siempre se me hace un nudo en la garganta y noto cómo me escuecen los ojos.

Subo por las escaleras mientras siento el corazón golpeándome fuerte contra las costillas. En el despacho son todo sonrisas y hasta estoy por pedirle al profesor que me abrace y que me diga que todo va a salir bien. Casi.

Al salir me veo catapultada a primero de carrera y en cierto momento enfilo el antiguo camino a la residencia. Tengo que hacer un esfuerzo para recordar que cuando llegue a casa no me espera un salón apestando a tabaco ni la televisión a todo volumen. Por no hablar de la despensa vacía y el bolso lleno de billetes para intercambiar por cerveza. Se me van los ojos hacia el pub irlandés y me pregunto que si la imagen que proyecto de mí en mi cabeza bebiéndome una pinta sola será demasiado patética. Probablemente.

En el metro, aunque sea por la tarde, me encuentro con las mismas putas miradas grises de siempre. Por unos momentos hasta creo que mi abrigo está perdiendo color. Me apetece un cigarrillo como nunca, un sofá donde tirarme. En cambio estoy agarrada a una barra metálica preguntándome si estaré tocando todo un ecosistema de microbios patógenos. Probablemente.

De camino a casa me cruzo con una chica que va paseando a su perro. Me detengo para acariciarlo, pero la chica me advierte con la mirada y me alejo.

Unos metros delante tropiezo, pierdo pie y caigo. Noto cómo algo me moja la ceja y un dolor fuerte cerca de las sienes. Algo rojo me nubla la vista. No tengo ni fuerzas ni ganas de levantarme. Pierdo la consciencia unos minutos.

Cuando me despierto, tengo un hocico húmedo enterrado debajo de mi camisa. Es del perro que me he cruzado antes. Su dueña me mira unos instantes y me pregunta con voz obligada: oye, ¿estás bien?

Menuda ciudad de psicópatas.

"Ey, Jenny, please tell me, why are you walking this land? You've lost your way, you couldn't stay"





3 comentarios:

Guillermo Loaysa dijo...

Lo mejor de todo es que estamos llegando a un punto en el que casi vamos con guantes y mascarilla en el metro pero no nos importa meter en nuestras casas el primer bicho andrajoso y pulgoso que nos cruzamos.

Si es que los seres humanos damos asco.

fidel dijo...

Vamos estas para consulta de psicólogo,no lo digo por la narración de tu aventura de ciudad,aunque he de reconocer que las ciudades pueden estar en distintos puntos del planeta ,y todas tienen algo en común,algunas como aquí con aventuras a la luz del día.Lugar, autobús del transporte publico,hora 11 A.M.dos individuos subiendo en la parada,después de que arranca el vehículo sacan impresionantes armas de fuego:Sras y sres,esto es un asalto ,esperamos que colaboren ya que se acercan las fiestas decembrinas.Mi compañero va ha pasar por sus asientos ,recibimos de todo,efectivo,relojes ,cadenas de oro,celulares ,ebook,en fin todo lo que tengan.Hecha la recolecta ,le espetan al chófer ,déjanos aquí mi pana,y añaden de despedida ,gracias por colaborar y que tengan un lindo día.
Así que como veras ,esta es una ciudad de psicopatas en potencia.Nunca he comprendido ,cuando uno tiene un accidente y te ven sangrando,cojeando ,con un brazo dislocado,te preguntan muy displicentes ¿oye estas bien?.

fidel dijo...

Se me olvido lo principal .Me preocupa tus ideas con los felinos,esto aunado a tus vivencias cotidianas,me dejan ver un cuadro alarmante.