23 noviembre, 2012

El miedo a pensar

Ayer estuve en un taller analizando un par de mitos griegos. En el taller se nos pedía que los reescribiéramos a nuestro gusto, que le diéramos una vuelta de tuerca a la historia. Mis compañeras más cercanas, en cuanto les dijeron que había que escribir se pusieron a resoplar como colegialas fastidiadas -hablo de mujeres que rondan la treintena, allí yo era la más joven con diferencia-. Como si escribir quince líneas aportando un poco de tu pensamiento costase la vida o algo por el estilo.

-Puff... es que a mí no me apetece pensar -decía una- yo estar aquí escuchando vale, pero pensar como que no.
-Yo es que no sé escribir -decía otra- a mí me sacas del tema de las bodas (¿?) y no sé qué decir.
-Yo es que no tengo imaginación ninguna -decía la tercera- yo te cuento si quieres algo que sé, pero ponerme ahora a inventar una historia...

A mí me entraron un par de arcadas sinápticas cuando escuché esto y me mordí la lengua para no convertir el taller en una batalla campal. Una de las vocecitas malvadas que tengo en la mente me dijo: ¿ves? por eso no te gusta la gente aleatoria, porque dicen burradas como esa, te revuelven la bilis y encima como cuentan con el apoyo del grupo, al final siempre quedas como abogada del diablo -de hecho ya les había discutido algunas cosas antes de haber llegado a este punto en el taller y me habían mirado como si estuviera loca-.

Hoy me encuentro con una entrevista a Julio Anguita donde dice lo siguiente:

"El miedo a pensar, ¡un país que tiene miedo a pensar! Este es un país en el que se pone un hombre delante de un toro, pero póngale un libro y sale huyendo. “Yo no quiero saber nada, yo no quiero saber nada” es la confesión de una parte de la población que tiene miedo a pensar. Eso está ahí, lo veo todos los días. Viene de muy atrás, de la época de Fernando VII. ¿Por qué? Porque ha habido una Iglesia y la historia pesa: tú no pienses, tú te vas a salvar, hijo mío, todo lo que es pensar es nefando. "

Imagino que sí, que en parte la herencia católica pesa bastante y que ha ensalzado el dogma por encima del pensamiento, pero el problema llega desde muchos ámbitos. Comentaba ayer el bajón que han pegado todas las Artes en cuanto a calidad. Cómo se estimula la venta de best-sellers facilones, de películas con guiones precarios y cargadas de edulcorante, de cuadros de Ikea simplones y anodinos... La cultura del envase. Todo muy bonito por fuera, pero carente de contenido. Y eso es lo que se vende y lo que nos intentan hacer comprar.

En el tema que me toca de forma más personal, la literatura, lo veo claramente. Es mejor leerte una bazofia que te ocupa dos tardes o menos porque las estructuras sintácticas son típicas de preescolar, sin giros en el lenguaje, sin tramas complicadas, y luego puedes comentarlo rápidamente con tus amigos más cercanos. Después te lees otro libro en otras dos tardes y vuelta a empezar. Y así se dice que la gente "lee" y va de megaculta por la vida. Pero es que leer "A tres metros sobre el cielo", "Crepúsculo" y "50 sombras de Grey" tiene menos valor que leer las etiquetas del champú en el baño. Mis compañeras de taller se los habían leído todos pero cuando les habían dicho: venga, piensa un poco en lo que acabamos de comentar y escribe quince líneas en un folio, se echaron a temblar. Porque se puede leer libros sin pensar, ver películas sin pensar, votar sin pensar y hablar sin pensar, pero pararse a pensar para hacer lo anteriormente descrito es otro tema.

Se ensalza lo rápido, lo que no te hace pensar y lo que te "entretiene". Que no es que el entretenimiento porque sí no esté bien, no es cuestión de ser nazi tampoco; pero joder, pasarse la vida como un zombie lobotomizado es peligroso. Es peligroso porque vivir en sociedad requiere esfuerzo, y requiere esfuerzo porque echa mano del pensamiento inevitablemente. Y pensar necesita tiempo, necesita probar A y B y C, y luego darte cuenta de que Z es una solución viable. Pensar significa equivocarse, cambiar cada día, pasarte tres meses leyendo un libro que ni siquiera llega a las 400 páginas porque cada capítulo te deja la cabeza llena de cosas sobre las que reflexionar y necesitas tiempo para digerirlo y enfrentarte al siguiente. Y eso no estimula la compra compulsiva en las librerías, el pensamiento adormecido necesario para encontrarte con una bazofia y opinar que es una obra maestra.

¿Cómo se puede vivir así? Imagino que fácilmente, ya que lo raro es lo contrario, vivir en un mundo donde te sientes una marciana todos los días porque entras a discutir un tópico que los demás apoyan y retroalimentan como si fuera una verdad universal, y quedarse callados luego, como si acabaras de tirar un petardo en mitad de la sala. Es más fácil decir que "no tengo imaginación", "no sé escribir", "no me apetece pensar", que cultivar el mayor don que tenemos como especie. Porque una excusa rápida la ponemos todos, pararte a pensar, invertir en eso tu tiempo y comprometerte con tu propio pensamiento es mucho menos frecuente. Y luego la conflictiva soy yo, encima. Conflictiva tú, so zorra, que me estás haciendo dudar acerca de si pegarme un tiro en la frente o pegártelo a ti.

Al contrario de lo que la gente suele pensar, no me gusta discutir a cada tres frases, ni escribir textos largos como este a menudo, con las mejillas encendidas por la rabia y la indignación. Llega un punto en el que  hasta a mí me da pereza buscar los cimientos del pensamiento de la persona e ir tirándoselos uno a uno. Primero porque que a una persona le hagan eso no le gusta y segundo porque detenerme a hacer eso con cada puñetera persona que me encuentro no suele servir para nada, ya que a la mínima de cambio pasan a otro tema, borran ese instante en el que les he desarmado el discurso y siguen con su vida. Y si ya son un grupo confabulándose entre ellos y diciendo todos los mismos tópicos, de verdad que me entran ganas de quedarme en casa con mis gatos. Me consta que ellos piensan más que la mayoría de personas que me rodean a diario. 

Encontrar a alguien con el suficiente valor para pensar es un tesoro, si encontráis a alguien así no os libraréis de los debates, las discusiones y los puntos de vista radicalmente opuestos, pero joder ¡qué puto placer hablar el mismo idioma!

6 comentarios:

Ehse dijo...

El miedo a pensar está muy arraigado en la "cultura popular", la sabiduría se basa en muchos tópicos y frases hechas, y una que siempre he odiado, siempre he discutido, y siempre que lo he hecho me han mirado con cara rara es la de "la felicidad está en la ignorancia"... y se quedan tan anchos.

También tiene mucho que ver con el pragmatismo, lo que no de dinero o no te ayude a ligar o no le vayas a sacar un beneficio directo y demostrable no sirve para nada.

Y también las apariencias, no se trata de leer un libro, se trata de poder decir que en el último año te has leído más de diez libros, por tanto eres una persona culta.

Un abrazo!

Weidner dijo...

Que cierto lo de el inmediatismo. Tanto directamente como por las redes se habla de lo estrictamente actual, expresando todos la misma alegría, descontento, escándalo o lo que sea sobre una noticia de la que han leído poco mas que el titular.

Luego está la reflexión de que hay gente que lee. Si, ¿pero que? Yo siempre he dicho y diré que no existe en el mundo un solo libro que deba ser quemado ni prohibido. Ahora bien, eso no quiere decir que los haya recomendables o no.

Saludos.

Josefo el Apóstata dijo...

Grande Elvira, grande eres.

Pensar por uno mismo es lo que más esfuerzo cuesta. Lo más fácil es pensar, pero asumiendo sin más los pensamientos de otras personas, o rechazarlos, pero sin pasarlos mínimamente por el filtro de tu cortex. Y si no usamos nuestros propios filtros no podemos deliberar con otros. Y si no deliberamos, nos perdemos lo más estimulante y rico que nos ofrece pertnecer a la especie homo spiens sapiens

Salud

Sharif Bujanda dijo...

Yo estoy convencido que una buena parte de mis angustias, enojos y frustaciones vienen de la curiosidad q me lleva a aprender cosas y a siempre estar leyendo algo que me estimule la materia gris. También sé que una buena parte de mis alegrias vienen de ahi, asi que ya es demasiado tarde para quedarme en aquella tranquila ignorancia de la que hablan algunas personas.
Un beso.

SandwichdeMangosta dijo...

Hola, es un gusto leer esta reflexión, sobre consumismo, conformismo, uniformidad y comodismo. A lo que añadiría falta de las estructuras mentales básicas para el desarrollo de la imaginación, por lo de tus compañeras que no quieren escribir 15 líneas.
Ahora es más patente, porque disponemos en internet podemos leer y escribir sobre estos comportamientos, pero han existido simpre. Tengo 47 años, podría ser tu madre seguramente porque tengo una hija de 30...lo cual me desvía de lo que decía; en mi antiguo BUP también era fácil observar en los trabajos que hacíamos la tendencia de buscar la imagen sobre el contenido.
Y tenemos mucha historia detrás, más atrás que Fernando VII, muchas invasiones, dominaciones religiosas, barbaridades de los nobles, y una larguísima lista de abusos que han favorecido dos cosas, el ser acomodaticio y poco dado a el análisis social del tipo que sea, y el amiguismo.

Te diría que no te dejes llevar por los malos ratos que puedas llevarte al observar lo básica que es la gente, y que no cultives demasiado el aislamiento; traen una amrgura que no tuene sentido ante una situación que está más allá de tu capacidad de cambiar los hechos. Pero son consejos de mamá y sé que sientan mal ;).
Creo que te gustará leer este blog,
http://divagandodivagando.blogspot.com.es/, lo que es literatura y pensar les fascina...son mayores que tú, tendrán otras vivencias...pero igual te interesa.
Te descubría a través de episcophagus.
Un saludo.

Elvira dijo...

Muchas gracias por tus palabras, Sandwich, están cargadas de razón.

Me apunto el blog que me has recomendado, estoy segura de que me será muy útil y me gustará, acabo de echarle un breve vistazo.

Me alegra que te hayas animado a comentar :)

Un abrazo y feliz entrada en el nuevo año.