29 junio, 2009

Censura del sexo, la violencia y la muerte



Siempre me ha llamado la atención desde pequeñita el hecho de que cuando veía la televisión junto con mis padres, en ciertas ocasiones se comportaban de manera muy extraña cuando se veían imágenes en la pantalla que yo no llegaba del todo a comprender, y terminaban cambiando de canal o mandándome a la cama alegando que lo que iba a pasar a continuación me iba a dar miedo y por eso no debía verlo.


Desde mi punto de vista infantil, lo que yo llegaba a entender es que había algo en la televisión que era muy malo, que probablemente me daría pesadillas o me resultaría muy desagradable. Así que en un principio no protesté.


Transcurrió algo más de tiempo y, como niña inquieta que era (y persona morbosa, sí, todo hay que decirlo) empecé a tener un interés desmedido por aquello que me querían ocultar. Comencé a tejer las semejanzas existentes entre las escenas que me censuraban: ocurría siempre cuando uno de los personajes se encontraba gravemente herido, tendido en un lecho; también cuando una pareja se ponía cariñosa y comenzaban a besarse y a acariciarse; y por último, cuando había escenas muy sangrientas.
Por otra parte, cuando moría alguno de mis animales de compañía, siempre decían que se había escapado o que se lo habían llevado a otro sitio para que lo cuidaran mejor.
Yo no lo entendía. ¿Por qué se lo habían llevado o se había escapado si lo cuidábamos bien?


Después, comprendí que cuando mis padres cambiaban de canal era porque se veía claramente que iba a comenzar una escena de sexo, o había demasiada sangre en la pantalla o algún personaje moría. En cuanto a mis animalitos “llevados a la granja” habían muerto.


Y yo me pregunto ahora ¿por qué esa censura? ¿en qué argumento se basa para fundamentarse?
A la mayoría de los niños se les permite jugar a videojuegos en los que tienen que pegar tiros, cortar cabezas, desmembrar personas, acuchillar a todo el que esté delante… pero no se les habla del sexo hasta que son mayores, o directamente, no se les da ninguna explicación. También se les suaviza el hecho de que sus mascotas no van a volver a despertarse, y si te hablan de un familiar fallecido, te dicen que “está con Dios” (Sí, para más inri se amparan en la existencia de seres mitológicos).


Veo innecesario ese tipo de actuación. Erróneo, ilógico y perjudicial para el niño.


¿Por qué (y ya esto lo decía a mis quince años) un niño aprende antes el significado de la palabra “matar” que el de la palabra “follar”? ¿Por qué quitarle la vida a una persona no es censurable (e incluso se anima a los chavales a que se diviertan con este tipo de entretenimiento, ya sea en forma de televisión, videojuego..., mediante una actitud activa o pasiva de los padres) y, sin embargo, si lo es el coito? ¿Qué tipo de moral tenemos cuando censuramos uno de los instintos más básicos del ser humano, tanto como beber o comer? ¿Por qué el placer es censurable y sin embargo se llega a ensalzar el dolor?


También así ocurre con la muerte. La muerte es algo intrínseco a la existencia humana. Tanto es así que la vida sin la muerte no tendría sentido, ya que forma una dualidad inseparable. ¿Por qué no tomárnoslo con naturalidad en lugar de con miedo? ¿Por el simple hecho de ser desconocido? ¿Porque nadie nunca ha vuelto a la vida? (No apelen aquí tampoco a la mitología, por favor) ¿Por qué transmitir ese miedo a nuestros hijos, si ni siquiera nosotros comprendemos qué es? Además, tarde o temprano, terminaremos pasando todos por el mismo lado. Afrontémoslo con madurez y digamos claro que si el animalito se ha muerto, se ha muerto. Ya está. Es menos traumático para un niño comprender su propia naturaleza y la naturaleza de los seres vivos que irlo engañando poco a poco con falacias haciendo que construya miedos innecesarios (¿o acaso tener miedo a la muerte es un infalible método para evitarla?), así como una gran ignorancia en ciertos temas, tales como el sexo.


Si acaso, comprendería la censura a la violencia en los primeros años de edad, ya que el niño tiende a imitar con mayor frecuencia los modelos que se le presenta a esas edades y lo último que se desea es un niño que manifieste un patrón de conducta agresivo adquirido mediante aprendizaje por observación vicaria. Pero transcurridos unos años, más que censura, el niño ha de tener una educación. Debe saber que el mundo es cruel, que el ser humano es violento por naturaleza y que se encontrará a lo largo de su vida con agresores tanto físicos como psicológicos; al mismo tiempo se le debe inculcar que la violencia no es una conducta deseable y por lo tanto, que debe de hacer todo lo posible por rechazarla, siempre que no exista un riesgo para su integridad y como última opción ante una situación hostil (eso de dar la otra mejilla tampoco es una conducta inteligente si uno se aprecia a sí mismo).

Por otro lado, si la sexualidad se comprendiera como una expresión de amor o como un comportamiento placentero que objetivamente no tiene nada de malo (siempre que haya acuerdo por las dos partes y los dos sujetos tengan plena consciencia de lo que están haciendo) la sociedad no tendría tantos problemas en esa materia, ya que los padres hablarían con los hijos progresivamente sobre el tema, de un modo adecuado a su desarrollo cognitivo para que pudieran comprender lo que se les dice y por lo tanto, podrían entender que la sexualidad bien enfocada puede ser algo maravilloso y no algo que censurar, que despreciar, que negar o algo que cause vergüenza. Las grandes lagunas que tienen muchos adolescentes en cuanto al uso de anticonceptivos podrían disiparse en la familia y, entre otras cosas, podría reducirse el número de embarazos no deseados con la consecuente disminución de abortos (Y aquí aprovecho para decir, que si bien defiendo el derecho al aborto, estoy totalmente en contra de utilizar ese mismo derecho de forma irresponsable e indiscriminada. La mujer debe tener la posibilidad de una vía de escape si se queda embarazada sin su consentimiento, pero ello no es excusa para utilizar el aborto como método anticonceptivo, entre otras cosas, porque resulta negativo para ella).

La censura causa ignorancia a todo el mundo, y el deseo irresistible de quebrar las normas y conocer lo prohibido entre aquellas personas que son un poco más inteligentes e inquietas.


En cambio, tenemos una sociedad más que tolerante para con la violencia en series de televisión, programas, anuncios… hasta los “objetivos” telediarios de noticias se recrean en las imágenes macabras y sangrientas. Además, de la muerte no se habla. Y es fundamental aprender a morir. Porque por mucho que ignoremos el tema, muertos vamos a terminar. Así que es mejor enfrentarse al hecho con valentía que con miedo (Además, los más pequeños tendrían un trauma menos con sus animalitos y dejarían de culparse por no haber tratado a sus mascotas como deberían. No pensarían que el que era su amiguito ha dejado de quererlo y por eso se ha ido, creando en ellos un fuerte sentimiento de culpabilidad. Es mejor decirles la verdad y que lloren a su compañero, comprendan lo que ha pasado y puedan exteriorizar sus sentimientos a que se queden impotentes cuestionándose a sí mismos e iniciándose en la costrucción de la peligrosa baja autoestima).


Y en cuanto al sexo, ya me he pronunciado. El resultado es un individuo ignorante de su responsabilidad y del funcionamiento de su cuerpo, tal como se vio en la compañera de piso y amante de los que hablé en otro post (“Transmisión local de la señal eléctrica: propiedades eléctricas pasivas de la neurona”, Etiqueta de Sexualidad, publicado a 2 de Junio de 2009).

Y como siempre digo, la solución a todos estos problemas es siempre la misma: educar en valores humanos a las personas desde que son pequeñas. Y casi que añadiría educar en Biología. Así tendríamos que escuchar menos estupideces de, por ejemplo, los fanáticos religiosos.


1 comentario:

Mirthas dijo...

"Que filosofar es aprender a morir", uno de mis capítulos favoritos de los ensayos de Montaigne.

Como ya has dicho, todo se debe al propio miedo de los progenitores. Tal vez no comprenden algo y no lo explican -a veces la falta de comprensión viene dada por mitologías como las citadas-, otras no saben explicarlo, otras -la más- ni tan siquiera se lo plantean.

Creo que sería interesante cuestionarse hasta qué punto, en esta vida social en la que están reguladas los usos, costumbres, vida en común y, desgraciadamente cada vez más, la privada -supuestamente por el bienestar común y en pro del individuo mientras se ciña a unas normas- todo el mundo tiene derecho a tener hijos.