14 junio, 2009

Ab aeterno


Hay veces en las que no puedo evitar conectarme a Internet y comenzar a navegar con avidez, deseosa de encontrar en la red los resquicios de mi pasado, para así poder recordar y conseguir que la sucesión de contenidos me sepulte en la nostalgia.
Un antiguo poema, relato, escrito por otros o por mí... una fotografía de un momento especial, un comentario, una conversación guardada en un documento de Word...


A veces, entro en el blog de alguna persona querida (y aquí me detengo a pensar en la ambigüedad de la forma verbal que empleo) y me enfurezco cuando observo la misma entrada de hace unos meses, de cuando esa misma persona abandonó aquel trocito de su mente en la red.
En ocasiones, no sé dónde encontrar lo que busco y me desespero tratando de recrear en mí un sentimiento ya extinto. Y entonces me asalta la duda de si ese sentimiento realmente se encuentra ya muerto, pues ¿cómo entonces puedo rescatarlo del olvido y ganarle así la partida al tiempo, relativamente?

Cuando consigo observar, gracias a Internet, los rincones virtuales de aquellas personas que ya se olvidaron de mí, me entran ganas de ponerme en contacto con ellas. Pero entonces una voz aparece en mi mente y me aconseja que, si la situación ha devenido así, así se ha de quedar, que no soy nadie para desenterrar lo que hace mucho dejó de ser una realidad. Así que me contento con observar cómo crecen y cambian esas personas, cómo van evolucionando, mientras me hago consciente de que las personas que son ahora poco o nada tienen que ver con lo que eran ni, por ende, conmigo.

Me doy cuenta de la fragilidad de la red; de que si la persona a la que admiro desde la lejanía quisiera, podría destruir su rincón virtual y entonces ¿dónde podría buscar a la persona que era sino es en mi recuerdo? ¿Y dónde podría encontrar a la persona que es, si es muy posible que ya no tenga otra forma de contactar con ella, de seguir su evolución y poderla sentir cercana a mí aunque esa proximidad sea solo de pensamiento?

El tiempo es un río que se traga todo lo que existe. Aquello que nace en él, muere en él. Y nosotros, pobres desgraciados, sólo podemos luchar para que permanezca aquello que nos importa a flote el mayor tiempo posible. Pero estamos irremediablemente condenados a una vida efímera.
Me da por pensar en el Carpe Diem, en lo triste que es que esa cita se haya "puesto de moda" en los últimos años, confiriéndole así la banalidad de lo vulgar.
Porque si realmente existe algo que merece la pena es disfrutar de la vida el máximo tiempo posible. Todo lo que tiene un inicio tiene un fin, y solo podemos atrapar el presente y vivir el momento, porque es lo único que el ser humano puede realmente poseer.

Aunque suene contradictorio, adoro poder mendigar mis recuerdos de cuando en cuando, porque significa que he vivido y que ahora que ya no poseo ese presente, lo he hecho mío en forma de pasado y que estará presente en mi futuro de alguna forma, porque ha conseguido moldearme y conformarme como la persona que voy a ser.

Y ese es el único premio del paso del tiempo: nosotros somos los únicos recuerdos tangibles de nuestra vida, aquello que da testimonio de que existieron personas que nos amaron y nos odiaron, que nos hirieron o abrazaron, pues sus huellas de algún modo permanecen grabadas en nuestra piel, así como las arrugas son los testigos mudos de nuestro tácito vagar por la Tierra.

3 comentarios:

Daella dijo...

Hacer un pequeño cofre interior donde guardar los mejores recuerdos, e incluso los peores es algo que no se debe desperdiciar en esta vida.
Cuando quieras aprender, echas mano de lo malo, cuando quieras sonreír, echas mano de lo bueno. Yo siempre pensé que todo lo que nos pasa puede ser asociado a un color, de manera que al final de todo, podemos ver la obra de arte que ha sido nuestra vida.

No tiene más. Me alegra saber que hay alguien que piensa algo parecido y a su manera.

Elvira, el Cisne Negro dijo...

Saludos, Daella. Quise darte antes la bienvenida a mi blog, solo que el clima que se creó en la otra entrada me disuadió de ello.
¿Hace mucho que visitas este lugar?

Daella dijo...

No, llegué aquí por casualidad y me gustó la entrada en la que te comenté por primera vez.

Sigue así, pues.