09 enero, 2011

Ebook, 3D y el panorama tecnológico actual y futuro. Una visión personal.

Uno de los regalos que los Reyes me han traído este año es un libro electrónico, Papyre 6.2 de Grammata.

El avance de la tecnología es algo que no puedo evitar mirar con cierta suspicacia. Sobretodo si tenemos en cuenta cómo marcha el mundo. Eso de fabricar aparatitos tecnológicamente avanzados que se estropean a los dos meses después de haberte gastado un pastón en ellos, para que luego saquen uno al mercado que tiene una tontería más que lo encarece un 30% y que te inciten a comprarlo, me parece el colmo de lo absurdo y del mal gusto. Esto me pasa mucho con los teléfonos móviles, por ejemplo. A mí me interesa un aparato que llame y que mande mensajes. Nada más. La cámara, el bluetooth, la conexión Wifi, la pantalla táctil, las quinientas canciones, el GPS, la videollamada, el poder de bilocación, cantar ópera y hacer los deberes de matemáticas son aplicaciones que verdaderamente me sobran. De verdad. El hecho de que las pantallas táctiles estén invadiendo el mundo de la telefonía es algo que me horroriza. ¡Con lo que me gustan a mí los teclados! Y la tecnología 3D en cines, que ahora nos la quieren meter en casa. ¿Pero de veras somos tan imbéciles? La pantalla 3D es algo que lleva años inventado y que ahora se utiliza para encarecer las entradas de cine –como si no estuvieran ya suficientemente caras-, y que, a mi parecer, va en contra de la creación de películas con un buen argumento. Porque, ¿para qué darse el trabajo de componer un buen guión y crear una buena historia, si con un bodrio y 4 efectos especiales la gente te lo compra y, encima, lo paga más caro? Además, la visión 3D me produce dolor de cabeza y no me da la gana de ponerme unas gafas cada vez que quiera ver una película. Y, definitivamente, no quiero una televisión así en casa. Es más, ya no quiero para nada la televisión. Si antes la desdeñaba con sus anuncios idiotizantes y sus programas cada vez más estúpidos… ahora que cierran CNN+ y ponen Gran Hermano 24 horas al día es para tirarla a un contenedor. Porque si ponía de vez en cuando la televisión, a horas casi siempre indecentes, en la que la parrilla televisiva ya estaba inundada de series de dudosa calidad, de fútbol, programas del corazón, Gran Hermano, películas repetidas hasta lo indecible, concursos de ineptitud… lo que yo sintonizaba era CNN+. O un canal de noticias 24H. Y eso me lo han quitado también. Luego, para colmo, quieren meter mano en Internet con la Ley Sinde. ¿Dónde me voy a poder refugiar, si esto sigue así?

…pues esa pregunta tiene respuesta. En los libros. No en los más comercializados. No en Crepúsculo, A tres metros sobre el cielo y tres pelotazos más que tienen de literatura lo que yo de católica. Sino en los de verdad. En los clásicos. En nuestra amplia biblioteca mundial llena de libros de calidad, que no envejecen, que no pierden su valor. El buen whisky de la humanidad.

Retomando el inicio de todo esto, comentaba que me han regalado un Ebook. Un libro electrónico.

Nunca me había llamado la atención, la verdad. El tacto del papel, el olor de la tinta, el sentir que tienes entre manos a los personajes y al delicado hilo argumental es algo que es irreemplazable para mí. Sin embargo, no quiero cerrarme tampoco. Así que he decidido darle una oportunidad. Es cierto que el Ebook ha resuelto temas a los que tenía pavor, como el cansancio visual. No se parece en nada leer el Ebook a leer en el ordenador. No pesa nada, aunque es cierto que el procesador del mío tarda un poco a veces en, por ejemplo, pasar la página. Eso no me parece un avance. Además, después de haberme pasado dieciséis años de mi vida leyendo, el pasar la página no es ningún obstáculo para mí. Hasta me gusta. Este gesto queda reducido en el Ebook a darle a un simple botón. Más cómodo, sí, pero menos romántico. Otra ventaja que si le veo es que te permite tener muchísimos libros almacenados en un espacio reducido. Eso sí que es importante, al menos para mí, que tengo la costumbre de leerme varios libros a la vez. Así que para los obsesivos y mentes inquietas como yo, que sepan que al comprar un Ebook ya no tienes que levantarte a coger otro libro cuando te cansas de uno, ni tratar de recordar dónde lo dejaste –para los que, también como yo, suelen ser despistados y corretean por la casa con el libro en la mano-.

También te permite establecer conexión Wifi, incluir música, fotos y demás, a lo cual yo no le encuentro mucha utilidad por ahora -¿ponerle banda sonora al libro que te estás leyendo?-.

Pero me imagino que habrá quien sí.

Pero realmente, lo peor que le veo al Ebook es tener que descargarte los libros. Soy una perezosa para descargar cualquier cosa desde siempre. Por otro lado, quién te garantiza que los libros que te descargas están bien traducidos y transcritos. Tienes que hacer un acto de fe y confiar en otros usuarios y, como bien sabéis, la fe no es algo que se me dé nada bien. Porque cuando es una película o música, pase. Te lo descargas otra vez si la primera te salió rana –lo cual suele tardar relativamente poco- y listo. Pero descubrir de pronto en la página 344 que a partir de ahí el usuario X se cansó de traducir y tienes el resto del texto en ruso, o que se lo pasó a otro usuario que comete más faltas de ortografía que un estudiante de Magisterio pues no tiene ni puta gracia. Pero ni puta gracia.

La página web de Gramatta, en este caso, tiene un montón de títulos que te asegura que estarán bien traducidos y escritos correctamente. Pero, por supuesto, tienen un precio. – y no siempre económico, por cierto-.

Es decir, que no te salva al final de comprarte un libro o de sacarlo más barato. Y para pagar lo mismo, pues la verdad es que prefiero comprarme el libro en papel. Llamadme antigua.

Pero ya que tengo el Ebook, me descargaré lo que sea con el Ares, Taringa y demás colegas, qué remedio.

Lo bueno de que la mayoría de libros que leo sean textos clásicos es que me dejan la conciencia tranquila, ya que como la mayoría de sus autores están muertos, no me duele no pagarles el precio de su obra.

Habrá que ir adaptándose a lo que considere que puedo… y si la cosa se pone fea, que se va a poner, podréis encontrarme viviendo en una montaña, en una casa de madera con búnker, con una gran biblioteca, tres gatos, varios pájaros, lagartos, algún perro… localizada a unos cien kilómetros por lo menos de la civilización más cercana.

4 comentarios:

harazem dijo...

Yo siendo de natural más bien rancio y enemigo, como tú de novedades de tecnología circense he sucumbido totalmente al ebook ese. He estado un mes viajando con él, lo que me ha permitido poder llevar más gayumbos en la mochila que pesan menos que siete libros. Y ninguna pena, como me temía, por nostalgia del papel, oye. Después del cariño que le había tomado en mis innumerables años. Me parece un invento cojonudo que debía haber salido hace años. El problema del cacharrito actual (tengo el mismo que tú) es que está absolutamente obsoleto incluso antes de salir. Un simple cacharrito de MP3 te hace hoy día churros con chocolate si se lo pides educadamente mediante un pulsador y el puto Papyre ese no es capaz ni de justificar los márgenes de una página. Es asombroso que con lo avanzada que está hoy la tecnología digital no hayan sido capaces de instalarle un simple procesador de textos ni un bloc de notas. Como a ti me sobra lo de la musiquilla, pero necesito al menos lo mínimo indispensable que ya me da un libro papeloso.

En cuanto a lo de las descargas. Es una pena, sí, lo de los derechos de autor, pero que espabilen, como lo de la música. Aunque los escritores lo tienen más crudo porque no pueden escribir en directo cobrando entrada. Otro problema son las existencias. Aún no demasiado variadas. De todas formas prueba en el Emule.

Elvira, el Cisne Negro dijo...

Oído cocina.

Dentro de nada sacarán un Ebook con bloc de notas. 300€.

Se le añadirá meses después un Word: 500€.

Y así, hasta que más o menos cale en la sociedad. Lo que ocurre es que no sé hasta qué punto al público le interesa comprarse un aparatito así. Si los lectores ya son de por sí un grupo minoritario, aún menos serán los que quieran leer en Ebook.

Josefo el Apóstata dijo...

Pues qué queréis que os diga, yo no acabo de verle las bondades al invento, aunque también es verdad que todas las personas que conzoco con ebook (dos, y con vosotros cuatro) están encantadas con el artilugio. Me mantengo a la espera pero, conociendome, cuando me decida a tener uno, no será en vez de el papel sino además de.

Elvira, el Cisne Negro dijo...

Hombre, Josefo, eso por descontado.