Si bien no he dejado de mirar
hacia el futuro,
(futuro incierto)
ahora me refugio en el pasado.
La lluvia me acompaña,
esta noche.
La oscuridad queda rota
y se descascarilla lastimera
por la luz de algún
pobre, triste y frío
farolillo extinto.
Sé que parezco insensible,
pero los besos me delatan.
No sé si la pasión
me condena a los besos,
o acaso son los besos
los que me arrastran a la pasión.
Qué más da, estoy enferma.
Creo ver el mundo bajo una luz nueva,
como si todo cobrara ahora sentido,
en un instante.
Pero el rastro de lucidez que me resta
me cuchichea al oído que,
lo que me ocurre,
es que por momentos pierdo el norte.
(Y ya deshojé la rosa de los vientos)
Me pienso estable
y la más ligera brisa me quiebra.
Qué más dan las noches que pienso en ti
y cómo me hiela el pensarlas.
Déjame perder la noción del tiempo
en tu mirada.
Yo te soñaré suspiro libre,
rompiendo las cadenas de tus dudas,
de tu inseguridad.
Que el olor de tu almohada me ciega,
y el sabor del tabaco se me hace...
mortalmente dulce.
(Ya sólo veo nuestros reflejos
en la pantalla de tu ordenador).
Grábate en mi mente
por otros seis meses.
Aún no han dado las dos.
Esta es la ciudad que nunca cambia,
mas yo dejaré de ser tan niña,
tan distante o tan extraña.
Una sonrisa se prende en mi rostro,
jamás calculé mis palabras...
soy espontánea.
