26 julio, 2010

Deseo (Asturias VI)


Quiero triturar piedras con las manos. Triturarlas y esparcirlas por mi cuerpo desnudo, sin sangre, rebosando vino y óxido. Quiero hacerlas rodar, desangular sus picos y convertirlas en cantos rodados. Noto el tacto de una hoja, suave, hiriente, clavándome sus espinas en cuanto tomo el tallo entre mis dedos.

Me pierdo en amarillo. En el humo de esa montaña. En sus rastrojos. En la sombra que proyecta el roble. Y el avellano. Y el castaño con sus frutos inmaduros.

Las ciruelas están verdes y dulces. Florecen gatos siameses bajo los coches, y yo solo tengo al viento de guadaña.

Siega mi nostalgia, brisa de las montañas. Siega mi deseo. No dejes que mis pupilas se dilaten al contacto con la hierba. Déjame beber vino y arruinarme bajo un cielo que no te habla de pecados, sino de deseo.

Piérdeme, río Dobra. O hazme agua helada, hielo.

Hazme el amor o déjame al rumor de las rocas y las aves que acarician mi pelo.

Hoy quiero ser sexo o montaña estéril.

Hoy quiero ser un beso que se muere de deseo.


3 comentarios:

Miquel dijo...

Yo una vez me enamoré de una chica con nombre de río, o un río con nombre de chica, ya no me acuerdo.

Guillermo Loaysa dijo...

Pues vaya a que le miren eso...

innuendo dijo...

Fundirse con el paisaje, para olvidar. Y extrapolas tanto el deseo que quieres sustituir, que ese mismo ímpetu te lo provoca el entorno. Al final, la sensación es la misma, la ansiedad subyace.