25 julio, 2010

Abismo (Asturias III)


Entra en la parte trasera de un coche. Que la máquina vuele, ruede sobre el asfalto, haga erosión en el alquitrán, desprendiendo el archiconocido olor a quemado y a sol emulsionándose. Abre la ventanilla, saca las manos, la cabeza, el pecho.

Cierra los ojos.

Siente el viento ensordeciendo tus oídos, ahogando la molesta música de la radio. Sombras y luz proyectándose en tus párpados, creando colores negros y naranjas en tus sinapsis, torturando las contracciones de las pupilas.

Abre brevemente los ojos.

El verde, el verde que se clava dentro de ti, que te rodea y te envuelve como una manta dentro del ojo del huracán.

Y, entonces, tú eres verde. Tú eres viento. Y sol. Y agua. Y asfalto y alquitrán.

Y cierras los ojos y te has convertido en ellos. Ya no eres tú, solo un fundido silente, manchado por la eternidad, en un remolino de colores que se extiende desde siempre y no tiene final.


4 comentarios:

Guillermo Loaysa dijo...

Envidiable movimiento.

Miquel dijo...

Pues si que te ha tocado hondo Asturias...

Me encanta esa facilidad para ser a la vez agua, sol, aire y asfalto y alquitrán.
Todo es un uno.

Elvira, el Cisne Negro dijo...

Orgiástica Asturias :)

Guillermo Loaysa dijo...

Es de allí, ¿sabe usted?

Me imagino que es lo que tiene cuando pasas mucho tiempo fuera de las tierras mágicas que te vieron nacer. O algo así.