22 junio, 2010

Escarcha


-Tengo frío –le dije, y me rodeé con los brazos para insuflarme algo de calor.

-¿Tienes frío? –preguntó él- ¿por qué?

-Debe ser la ventana, que está abierta y se cuelan ráfagas de viento heladas.

Él se levantó del sofá y acto seguido, cerró la ventana.

-¿Mejor? –me preguntó.

Yo negué con la cabeza.

-Me temo que no. Sigo teniendo frío.

Entonces él, voluntarioso como era, se acercó a la chimenea y prendió un cálido fuego.

-¿Ya no tienes frío? –preguntó, y su mirada me atravesó el alma.

Entonces lo comprendí todo y sentí un escalofrío recorriéndome por la espalda:

Eran sus ojos los que me helaban las entrañas.


4 comentarios:

Miquel dijo...

Puede que esos mismos ojos sean capaces de encender fogatas en tu interior.
Dos fueguitos =)

Elvira, el Cisne Negro dijo...

Desde luego, sería mucho más optimista. Pero entonces el microrrelato no tendría tanta fuerza... o sí. A lo mejor es simplemente que he perdido mi romanticismo.

Miquel dijo...

Ni mucho menos
me ha parecido un relato tremendamente romántico.

Además, me encanta el juego entre él, terriblemente enamorado y ella, yo diría que más enamorada aun, hasta el punto de que llega a dolerle.

Elvira, el Cisne Negro dijo...

Ahora eres tú la que me ha dejado fría. Tienes talento para leer entre líneas, desde luego.

Me alegro de que estés por aquí, porque muchos de mis escritos son para leer con lupa.

Gracias por comentar, de veras que a veces me llego a preguntar si lo que escribo le llega a alguien o es solo un mero pasatiempo como el que ve la televisión -lo cual me dejaría en pésimo lugar, la verdad-.

Un saludo.