08 julio, 2012

La hoguera de las convencionalidades

Hoy voy a decirlo,

¡cómo me amo!

-Love of lesbian-



Fuera el sujetador,

arriba las manos, ponte de puntillas

y ahora trata de tocar el cielo

y llegar tan lejos como puedas.

Para hacerlo debes tener el corazón

tan desnudo como el pecho,

dispuesto a todo.


Juega al póker con una cabra

y gánale la apuesta;

luego enséñale a tocar el violín para compensarla,

así podrá salir en la peli de Notting Hill

y convertirse en una prueba de amor.


Róbale una sonrisa a un condenado

y anímalo esperándolo al otro lado.

Es el sino de los malditos,

morir solos, pero bien acompañados.


Bebe vodka y tequila sin despeinarte,

con los labios pintados,

y luego revuélcate por el suelo con un gato,

como un gato.


Sé anémica

y saborea el hierro de los candados para despegar,

Allan Poe te fichará en su próximo libro.

El instante de la resurrección de los muertos está próximo ya

y tú vas a dejar a Ligeia a la altura del betún,

electroduende, electroperra de barrio pijo.


Caliéntate a fuego lento ante la sola imagen de tu cuerpo,

en el espejo un relámpago y allí estás,

quién mejor para amarte sino tú

que tan bien te conoces,

que tan sola te bastas.


Preparo una taza de café

y antes de despertar del todo

mamá pregunta suspicaz que anoche,

dónde he estado. Siempre lo mismo.

-Descubriendo el mundo;

podría ser una respuesta.

-Tomando chupitos con mi amiga,

la lesbiana – Padres, gente,

siempre pendientes de los detalles más nimios

que lo reducen todo a una sola dimensión

para poder abarcarla-.

-Cosiendo historias a la lumbre de la cerveza,

ya sabes que soy cuentacuentos.

-En la cama de Edu Galeano,

con Aventuras de los jóvenes dioses

y hasta me dedicó un verso borracho.

-Incendiando el parlamento a golpe de palabra,

redimiéndome en mi saliva para que no me gobiernen.

Da igual la respuesta, todas le resultarían

igual de fantásticas, igual de incomprensibles

aunque alguna de ellas sea verdad.

Mamá siempre sospechó que la niña le había salido rara,

niña imantada.


A mí me es igual.


Me quedo con los libros,

con las páginas me haré barcos de papel

que naveguen lejos,

donde no puedan encontrarme.

Dejaré los estudios de una vez

y me pondré a beber en serio.

Le pediré a un pirata que me muestre el lugar

donde guarda sus tesoros

y le regalaré una flor a cambio de su confianza.

Gritaré para levitar en las horas más oscuras

hasta quedarme sin voz.

Cerraré dos ojos al dormir

y todo lo que alguien pensó algún día para mí

lo ignoraré para inventar un nuevo camino; el mío.

No es mi culpa si siempre esperan lo que no doy,

si doy lo que nunca esperan.


Voy a hacer una hoguera para quemar los contratos,

los anillos de compromiso, las hipotecas,

las oposiciones al mayor mamón del reino,

los por qué llegas tarde,

el decir adiós cuando es demasiado pronto,

el rol de mujer perfecta,

los papeles de papá Estado

y las hostias consagradas que me peguen

algunos miembros del jurado.


Voy a quemar los deberías de,

los esto lo hace mejor tu hermana,

los trata de ser como tus amigos,

los esta cortina amarilla va a juego con la escobilla del váter,

los para llegar a ser alguien en esta vida...,

los llegar tan tarde a casa no es de señoritas...

Los zapatos planos, las faldas hasta los tobillos,

los escotes redondos y las perlas en las orejas.

Las mejores notas de la escuela,

el orgullo en función de matrículas de honor

y las películas edulcoradas que maquillan la realidad.

Los hombres que te hablan como si fueras una puta

y aquellos que no creen que tu alma va más allá de tu cara de niña bonita.

Y las mujeres que así lo teman.

Todo, todos, a la hoguera.


No seas convencional si no estás llamado a serlo,

sé un proscrito y alégrate de ello,

porque lo normal es lo mediocre

y eso siempre será así

por los siglos de los siglos.


Haz un aquelarre,

llama a las brujas y a los cabrones

y riéte con ellos al calor del orujo.

En la hoguera de las convencionalidades hay un lugar

para todo aquello que siempre te llamaron a ser

sin que les dieras tu número de teléfono;

un lugar para quemarlos a todos.


Y si sangras, detén la hemorragia en un poema.

Confía en el poder de las palabras y del tiempo.

Y si todo sale mal, siempre podrás empezar de nuevo

y reírte a carcajadas.

Porque aunque te pidan día a día

que te adaptes a lo que dice la sociedad

han elegido para ello

el mundo menos convencional de todos

que es éste en el que vivimos.

Siempre existiremos en un planeta mágico

donde las hadas y las sirenas tienen su lugar

donde lo que importa sólo es el presente

sólo la oportunidad de que ocurra lo imposible a cada instante,

el no saber si mañana vas a despertar.


Crea siempre tu camino y si todo se tuerce

grita al viento carpe diem.

Carpe diem, carpe diem.

Antorchas de pasión y carpe diem radical.




1 comentario:

Guillermo Loaysa dijo...

"Un neurótico se pasa la mitad de su vida poniéndose trampas y la otra mitad cayendo en ellas."

El texto es de los mejores que has escrito en mucho tiempo ;)