01 marzo, 2010

Querido Padre: Tengo sexo con un mueble


-Buenos días Padre, vengo a confesarme.
-Qué gusto volver a ver a una mujer
tan hermosa y tan pura.
Cuénteme sus pecados, señorita.
-No me diga eso, Padre.
He cometido un error muy grave.
-¿Ha matado usted a alguien? -sonríe
el muy tunante.
-¡Ay, no! ¡Dios mío!,
pero estoy casada y tengo un amante.
-¿Y cómo es eso, hija mía?
-No fue mi culpa, quizá tampoco la suya.
Apareció en una de estas terribles noches frías.
-¿Y usted cayó en pecado, hija mía?
-¡Ay, no! Yo estaba muy triste y afligida,
y él, al ver mi agonía,
desde un rincón dio alivio a mi tristeza
y recuperó mi alegría.
-Pero hija, eso no es un amante.
Usted quiere ser su amiga.
Y él, lejos de querer conquistarle,
quiso animarle.
Mostró franqueza y fue sincero.
-¡No es así, Padre!
En una mirada me sedujo y,
casi sin quererlo, alargó sus brazos
y me acunó entre ellos.
-Entonces él desea que usted sea su niña-
dijo el cura con disimulada lascivia.
-¡Dios le oyera, Padre!
Pero no contento con esto, una sonrisa pícara
le valió para que me acercara a su oído
y le contara, uno a uno, mis secretos.
-¿No será que él desea,
no como un amante, poder amaros?-
y el cura apoyó el mentón en su brazo.
-Yo también creí en su inocencia hasta que,
cuando me vio perdida e insegura,
como intentando darme respaldo,
alargó las manos y me estiró la falda
con alarde y desparpajo.
-¿Y por qué no lo mandasteis al carajo?
-¡Oh, Padre! Porque él alivia el dolor
de mi cuerpo y mi mente.
Me incita a la lectura
mientras deja que repose mi mano en su brazo
con dulzura.
Entre mis piernas me acaricia suave,
cual si fuera una pluma.
¡Ojalá mi marido
tuviera tales atenciones conmigo!
-¿No pensará usted en dejar a su marido?
-¡Claro que no, Dios mío!
Pero es bastante estresante vivir bajo el mismo techo
con marido y amante.
-¿Y su marido lo permite?
-Ni siquiera lo sabe,
y eso que con constancia me acecha;
pero luego pasa por delante de mi amante
y ni siquiera sospecha.
-¿Acaso su marido es tonto, sordo o ciego?
-Sordo no mucho,
aunque hace lo que sea con tal de no escucharme.
Ciego, un poco. Los achaques de la edad,
ya sabe.
Pero ¿tonto?
Tonto, bastante.
Padece un retraso ligero.
-Con semejante marido
no debió usted casarse.
-Eso pienso yo,
así que me enamoré de un viejo sillón.
Es quien me hace las veces de amante.
El sexo es mejor entre cuero
y cojines de terciopelo.
-Pero si es el sillón el amante
del que me viene usted hablando,
se ha equivocado.
Usted no necesita un cura,
necesita un loquero.
-Padre, ¿iré por fetichismo
al infierno?
-Bueno, ya veremos cómo arreglamos eso.
Usted pásese por aquí la semana que viene,
ligera de ropa,
y ya hablaremos...


2 comentarios:

Unknown dijo...

Señorita, es usted muy malvada.


Si el marido lo supiera...
Lo extraño es que no sospeche nada.

Argeseth dijo...

Qué barbaridad con estos curitas, pero éste como que me cayó bien :)